
Con todo, en el pasado quizá no se respiraba tanta calma en la zona. Cuando Jesús recorrió estas tierras, no menos de diez poblaciones se bañaban en el lago o se reflejaban en sus aguas desde las colinas circundantes. Existía un próspero comercio de orilla a orilla, sostenido por innumerables embarcaciones. Ninguna de esas ciudades bulliciosas ha llegado hasta nosotros. Solo la moderna Tiberias rememora en algo a la Tiberia romana, la más joven de las antiguas, fundada a principios de nuestra era y situada entonces más al sur. De las poblaciones que Jesús conoció, podemos hacernos una idea únicamente a través de sus ruinas.
La riqueza de la comarca se debía en primer lugar a los recursos de pesca en el lago, que tiene veintiún kilómetros de largo de norte a sur, una anchura máxima de doce kilómetros, y una profundidad media de cuarenta y cinco metros. Su caudal procede principalmente del río Jordán y de algunos manantiales que nacen en sus orillas o bajo la superficie del agua. El pescado más abundante es el “tilapie”, también conocido como “pez de san Pedro”.
La agricultura constituía el otro medio principal de subsistencia. Por encontrarse a 210 metros bajo el nivel del mar Mediterráneo, la región goza de un clima templado en invierno y primavera, mientras sufre un calor agobiante muchos días de verano. Estas condiciones favorecen una vegetación de tipo subtropical. El historiador Flavio Josefo fue testigo de la fertilidad que se daba allí en el siglo primero: «esta tierra no rechaza ninguna planta, y los agricultores cultivan en ella de todo, pues la temperatura suave del aire es apropiada para diversas especies. Los nogales, que son, más bien, árboles de climas fríos, florecen aquí en abundancia. Y junto a ellos también germinan las palmeras, que crecen en zonas calurosas, y las higueras y los olivos, que requieren un aire más templado.

Las huellas más importantes del paso del Señor por estas tierras se conservan en la parte noroeste del mar de Genesaret, alrededor de Cafarnaún. Al principio de su vida pública, después de haber abandonado Nazaret, Jesús convirtió en su segunda patria esa pequeña población de pescadores, donde algunos de los Doce o sus parientes disponían de casas. Son tantos los lugares que merecen nuestra atención en la comarca, que le dedicaremos varios artículos durante el año.
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