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sábado, 7 de mayo de 2016

Nuevo museo en la Flagelación

Terra Sancta MuseumEl 17 de marzo, se abrió la primera de las tres secciones de un museo único en su género, dedicado a las raíces del cristianismo y a la conservación de los Santos Lugares, que se podrá visitar en el Convento de la Flagelación de Jerusalén.

La sección que se inaugurará esta semana se titula Vía Dolorosa, es decir, el camino que desde hace siglos se conoce como el Vía Crucis de Jesús hacia el Calvario. Cientos de peregrinos lo han recorrido, pero por primera vez una exposición multimedia de quince minutos de duración permitirá conocer en profundidad lo que sucedió hace dos mil años en este lugar de Jerusalén.

La muestra se encuentra en el interior del Convento de la Flagelación, donde fue condenado el Señor (II Estación de la Vía Dolorosa), un lugar arqueológico de suma importancia. Además, la instalación aglutina varias dimensiones (historia, arqueología, tecnología multimedia y espiritualidad) en el intento de hacer revivir a los visitantes los acontecimientos del Evangelio y de la historia de la Ciudad Santa en primera persona. A la presentación multimedia, se suman los hallazgos arqueológicos recogidos en un entorno excepcional, que sintetizan de forma didáctica los hechos.

El custodio de Tierra Santa, fray Pierbattista Pizzaballa, puso la primera piedra de este proyecto el año pasado. La finalización de los trabajos de las otras dos secciones, la arqueológica y la histórica, está prevista para el 2018.

El Terra Sancta Museum, situado en el corazón de la Ciudad Vieja de Jerusalén, se convertirá en breve en una exposición permanente para descubrir la historia de esta tierra fascinante en donde desde hace milenios se tejen los destinos de muchos pueblos que conviven en los lugares sagrados de las tres religiones monoteístas. Se trata de una obra muy querida por los franciscanos de la Custodia de Tierra Santa, la principal promotora de la iniciativa en colaboración con el Studium Biblicum Franciscanum y la Asociación Pro Terra Sancta.

sábado, 20 de septiembre de 2014

D. Álvaro en Betania, la Visitación y la Flagelación

El domingo 20 fuimos con don Álvaro a Betania. Ya en el coche comenzamos a leer y meditar los textos del Evangelio referentes al trato de Jesús con Lázaro, Marta y María. Vemos desde fuera la tumba de Lázaro y entramos en la iglesia de la casa de los hermanos para hacer media hora de oración. A continuación don Álvaro fue a celebrar la Santa Misa en el oratorio del centro de las mujeres del Opus Dei y les hace la homilía. Tuve la ocasión de ayudarle en esta Misa. Después el Vicario don Alberto fue enseñando a don Álvaro algunas casas o terrenos que podrían servir como sede de centros, que ahora estaban en sedes provisorias, muy pequeñas. Uno de los terrenos estaba en Ain Karim. Y a Ain Karim volvimos por la tarde, para hacer un rato de oración en la iglesia de la Visitación y pasamos por delante de la iglesia de San Juan Bautista. Al volver a Jerusalem, don Álvaro tuvo, en el centro de las mujeres de la Obra, una tertulia para chicas, en las que participaron varias hebreas. Después fue al centro de varones y estuvo un rato con sus hijos. Indudablemente notamos que don Alvaro estaba cansado y, a la vez, enormemente contento de estar en Tierra Santa.
El lunes 21 fuimos con don Álvaro a visitar la iglesia de Santa Ana e hicimos un rato de oración en la cripta de la Natividad de la Virgen. Nos acercamos después a la piscina de Bethesda, donde leemos el texto del Evangelio de San Juan (cap. V) de la curación del paralítico.
Desde allí el Siervo de Dios fue a predicar y a celebrar la Santa Misa en el oratorio del centro de varones del Opus Dei. A las 12 visitó al Nuncio Apostólico.
Por la tarde, con don Álvaro, hicimos un rato de oración en la iglesia de la Flagelación, leyendo texto evangélicos del juicio del Señor ante Pilato, flagelación, Ecce homo, condena de Jesús. Visitamos el Litóstroto, el arco del Ecce homo, la Vía Dolorosa. Después vamos a la iglesia de San Pedro in Gallicantu donde leemos los textos de las negaciones de Pedro.
Más tarde, don Álvaro tiene una tertulia, en el centro del Opus Dei, a la que asisten varios jóvenes palestinos católicos y un grupo de chicos norteamericanos que van a participar la próxima Semana Santa, en Roma, al encuentro de universitarios que se organiza todos los años (Univ). Luego don Álvaro se acerca al centro de las mujeres del Opus Dei, para estar un rato con sus hijas.

www.opusdei.org

sábado, 12 de abril de 2014

Vía Dolorosa III

Interior de la capilla de la quinta estación. Firma: J. Paniello.V estación: Simón ayuda a llevar la cruz de Jesús

Enseguida se deja la calle de El-Wad y se gira a la derecha, para tomar de nuevo la Vía Dolorosa. Este tramo es muy característico de la Ciudad Vieja: estrecho y empinado, con escalones cada pocos pasos y numerosos arcos que cruzan la calle por arriba, uniendo los edificios de los dos lados. Justo en el arranque, a mano izquierda, hay una capilla que ya en el siglo XIII era de los franciscanos, donde se recuerda la quinta estación: a uno que pasaba por allí, que venía del campo, a Simón Cireneo, el padre de Alejandro y de Rufo, le forzaron a que le llevara la cruz (Mc 15, 21).

En el conjunto de la Pasión, es bien poca cosa lo que supone esta ayuda. Pero a Jesús le basta una sonrisa, una palabra, un gesto, un poco de amor para derramar copiosamente su gracia sobre el alma del amigo (...).

A veces la Cruz aparece sin buscarla: es Cristo que pregunta por nosotros. Y si acaso ante esa Cruz inesperada, y tal vez por eso más oscura, el corazón mostrara repugnancia... no le des consuelos. Y, lleno de una noble compasión, cuando los pida, dile despacio, como en confidencia: corazón, ¡corazón en la Cruz!, ¡corazón en la Cruz! (Vía Crucis, V estación ).

Columna junto a la sexta estación. Firma: Leobard Hinfelaar.VI estación: una piadosa mujer enjuga el rostro de Jesús

Poco sabemos de esta mujer. Una tradición basada en textos apócrifos la identifica con la hemorroisa de Cafarnaún, llamada Berenice; al traducirse su nombre al latín, se convirtió en Verónica. En el medievo se sitúa su casa aquí, hacia la mitad de la calle, donde hoy existe una pequeña capilla con entrada directa desde la vía y encima una iglesia grecocatólica.

Una mujer, Verónica de nombre, se abre paso entre la muchedumbre, llevando un lienzo blanco plegado, con el que limpia piadosamente el rostro de Jesús. El Señor deja grabada su Santa Faz en las tres partes de ese velo.

El rostro bienamado de Jesús, que había sonreído a los niños y se transfiguró de gloria en el Tabor, está ahora como oculto por el dolor. Pero este dolor es nuestra purificación; ese sudor y esa sangre que empañan y desdibujan sus facciones, nuestra limpieza. Señor, que yo me decida a arrancar, mediante la penitencia, la triste careta que me he forjado con mis miserias... Entonces, sólo entonces, por el camino de la contemplación y de la expiación, mi vida irá copiando fielmente los rasgos de tu vida. Nos iremos pareciendo más y más a Ti. Seremos otros Cristos, el mismo Cristo, ipse Christus (Ibid., VI estación).

La capilla de la séptima estación, que está dividida en dos ambientes, también es propiedad de la Custodia de Tierra Santa. Firma: Israel Tourism (Flickr).VII estación: cae Jesús por segunda vez

La capilla de la séptima estación, que está dividida en dos ambientes, también es propiedad de la Custodia de Tierra Santa.

Al final de la subida, la Vía Dolorosa desemboca en el Khan ez-Zait —el mercado del aceite—, el animado y concurrido zoco que viene de la puerta de Damasco. Delimita los barrios musulmán y cristiano, y coincide con el antiguo Cardo Massimo, la calle principal de la Jerusalén romana y bizantina. La séptima estación se encuentra en el cruce, donde hay una capillita propiedad de los franciscanos.

Cae Jesús por el peso del madero... Nosotros, por la atracción de las cosas de la tierra. Prefiere venirse abajo antes que soltar la Cruz. Así sana Cristo el desamor que a nosotros nos derriba (Ibid., VII estación, punto 1).

En el lugar de la octava estación, hay una piedra redonda de pequeñas dimensiones, con una cruz y una inscripción labradas: Jesucristo vence. Firma: Alfred Driessen.VIII estación: Jesús consuela a las hijas de Jerusalén

En el lugar de la octava estación, hay una piedra redonda de pequeñas dimensiones, con una cruz y una inscripción labradas: Jesucristo vence.

A pocos metros del lugar de la segunda caída, tomando la calle de San Francisco, que sube en dirección oeste y prolonga la Vía Dolorosa, se llega a la octava estación. Entre las gentes que contemplan el paso del Señor, hay unas cuantas mujeres que no pueden contener su compasión y prorrumpen en lágrimas (...). 

Pero el Señor quiere enderezar ese llanto hacia un motivo más sobrenatural, y las invita a llorar por los pecados, que son la causa de la Pasión y que atraerán el rigor de la justicia divina:

—Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos... Pues si al árbol verde le tratan de esta manera, ¿en el seco qué se hará? (Lc 23, 28.31). Tus pecados, los míos, los de todos los hombres, se ponen en pie. Todo el mal que hemos hecho y el bien que hemos dejado de hacer. El panorama desolador de los delitos e infamias sin cuento, que habríamos cometido, si Él, Jesús, no nos hubiera confortado con la luz de su mirada amabilísima.¡Qué poco es una vida para reparar! (Ibid., VIII estación ).

Desde la novena estación, se puede llegar al patio de la basílica del Santo Sepulcro a través de la terraza del convento etíope. Firma: Marie-Armelle Beaulieu/CTS.IX estación: Jesús cae por tercera vez

Para ir a la novena estación, quizá antiguamente había un paso más directo, pero hoy en día es necesario volver sobre los propios pasos hasta el zoco, seguirlo unos metros en dirección sur, y tomar una escalera que se abre en el lado derecho de la vía. Al final de un callejón, una columna señala la tercera caída. Está colocada en una esquina, entre un acceso a la terraza del convento etíope y la puerta de la iglesia copta de San Antonio.

El Señor cae por tercera vez, en la ladera del Calvario, cuando quedan sólo cuarenta o cincuenta pasos para llegar a la cumbre. Jesús no se sostiene en pie: le faltan las fuerzas, y yace agotado en tierra (Ibid., IX estación ).

Ahora comprendes cuánto has hecho sufrir a Jesús, y te llenas de dolor: ¡qué sencillo pedirle perdón, y llorar tus traiciones pasadas! ¡No te caben en el pecho las ansias de reparar! Bien. Pero no olvides que el espíritu de penitencia está principalmente en cumplir, cueste lo que cueste, el deber de cada instante (Ibid., IX estación, punto 5).

Desde la novena estación, se puede llegar al patio de la basílica del Santo Sepulcro a través de la terraza del convento etíope.

El sitio donde se recuerda la última caída del Señor queda a pocos metros de la basílica del Santo Sepulcro. De hecho, las últimas cinco estaciones de la Vía Dolorosa se encuentran en su interior. Para ir allí, una opción es volver al zoco y recorrer algunas calles hasta llegar a la plazoleta que se abre frente a la entrada, en la fachada sur; es el itinerario habitual de la procesión de los viernes. La otra opción, más corta, consiste en cruzar la terraza del convento etíope —que a su vez es la cubierta de una de las capillas inferiores de la basílica—, y descender atravesando el edificio, que tiene una salida directa a la plaza, junto al lugar del Calvario. Lo visitaremos, para meditar las siguientes escenas de la Pasión, en el próximo artículo.

sábado, 5 de abril de 2014

Via Dolorosa II

Patio de la escuela islámica de El-Omariye. Firma: Israel Tourism (Flickr).I estación: condenan a muerte a Jesús

Cada viernes, a las tres de la tarde, se celebra en Jerusalén una procesión que recorre la Vía Dolorosa. La encabeza el Custodio de Tierra Santa o uno que le representa, acompañado por numerosos peregrinos, fieles residentes en Jerusalén y frailes franciscanos. El punto de partida es el patio de la escuela islámica de El-Omariye, situada en el ángulo noroccidental de la explanada del Templo. Puesto que en el siglo I se elevaba allí la torre Antonia, que acogía a la guarnición romana acuartelada en la ciudad, tradicionalmente se identifica con el pretorio donde se realizó el juicio de Jesús ante el gobernador Poncio Pilato.

Está para pronunciarse la sentencia. Pilatos se burla: ecce rex vester! (Jn 19, 14). Los pontífices responden enfurecidos: no tenemos rey, sino a César (Jn 19, 15). ¡Señor!, ¿dónde están tus amigos?, ¿dónde, tus súbditos? Te han dejado. Es una desbandada que dura veinte siglos... Huimos todos de la Cruz, de tu Santa Cruz. Sangre, congoja, soledad y una insaciable hambre de almas... son el cortejo de tu realeza (S. Josemaría Escrivá, Vía Crucis, I estación, punto 4).

El arco del Ecce homo atraviesa la Vía Dolorosa y es en realidad el vano central de un arco de triunfo. Firma: Benjamin E. Wood (Flickr).II estación: Jesús carga con la cruz

Saliendo de la escuela y atravesando la Vía Dolorosa, se llega al convento franciscano de la Flagelación. Se trata de un complejo construido en torno a un amplio claustro, con el Studium Biblicum Franciscanum en el frente y dos iglesias a los lados: a la derecha, la de la Flagelación, reconstruida en 1927 sobre las ruinas de otra del siglo XII; y a la izquierda, la de la Condenación, levantada en 1903. En el muro exterior de esta iglesia, en la calle, está señalada la segunda estación: y, cargando con la cruz, salió hacia el lugar que se llama la Calavera, en hebreo Gólgota (Jn 19, 17).

Como para una fiesta, han preparado un cortejo, una larga procesión. Los jueces quieren saborear su victoria con un suplicio lento y despiadado. Jesús no encontrará la muerte en un abrir y cerrar de ojos... Le es dado un tiempo para que el dolor y el amor se sigan identificando con la Voluntad amabilísima del Padre (Vía Crucis, II estación, punto 2).

Un poco más adelante, cruza la Vía Dolorosa un arco de medio punto con un corredor construido encima. Se conoce popularmente como el arco del Ecce homo, y recuerda el lugar donde Pilato presentó a Jesús al pueblo después de la flagelación y la coronación de espinas. En realidad, es el vano central de un arco de triunfo del que se conserva también la puerta del lado norte en el interior del convento de las Damas de Sión: hace las veces de retablo en la basílica del Ecce homo, terminada en el siglo XIX. 

Del mismo modo que ese elemento se consideraba perteneciente a la torre Antonia, varios enlosados de piedra en la misma zona solían identificarse con el lugar llamado Litóstrotos (Jn 19, 13): sobre todo, son visibles en la iglesia de la Condenación y el convento de las Damas de Sión. En efecto, tanto el arco como los pavimentos son de origen romano, pero habría que datarlos algo más tarde, en la época de Adriano.
Cuando se recorre la Vía Dolorosa, al pasar por este punto viene a la mente lo mucho que Cristo había sufrido ya antes de cargar con la cruz: Pilatos, deseando contentar al pueblo, les suelta a Barrabás y ordena que azoten a Jesús.

Atado a la columna. Lleno de llagas. Suena el golpear de las correas sobre su carne rota, sobre su carne sin mancilla, que padece por tu carne pecadora. —Más golpes. Más saña. Más aún... Es el colmo de la humana crueldad. Al cabo, rendidos, desatan a Jesús. —Y el cuerpo de Cristo se rinde también al dolor y cae, como un gusano, tronchado y medio muerto (Santo Rosario, II misterio doloroso).

Después, llevan a mi Señor al patio del pretorio, y allí convocan a toda la cohorte (Mc 15, 16) —Los soldadotes brutales han desnudado sus carnes purísimas. —Con un trapo de púrpura, viejo y sucio, cubren a Jesús. —Una caña, por cetro, en su mano derecha...
La corona de espinas, hincada a martillazos, le hace Rey de burlas... Ave Rex judæorum! —Dios te salve, Rey de los judíos (Mc 15, 18). Y, a golpes, hieren su cabeza. Y le abofetean... y le escupen. Coronado de espinas y vestido con andrajos de púrpura, Jesús es mostrado al pueblo judío: Ecce homo! —Ved aquí al hombre (Ibid., III misterio doloroso).

El corazón se estremece al contemplar la Santísima Humanidad del Señor hecha una llaga (...). Mira a Jesús. Cada desgarrón es un reproche; cada azote, un motivo de dolor por tus ofensas y las mías (Vía Crucis, I estación, punto 5).

III estación: cae Jesús por primera vez

La Vía Dolorosa continúa en ligero descenso hasta cruzarse con una calle que viene de la puerta de Damasco; se llama El-Wad —el valle— y sigue el antiguo lecho del torrente Tiropeón. Girando a la izquierda, casi en la esquina, se encuentra una pequeña capilla, perteneciente al Patriarcado Armenio católico, con la tercera estación.

El cuerpo extenuado de Jesús se tambalea ya bajo la Cruz enorme. De su Corazón amorosísimo llega apenas un aliento de vida a sus miembros llagados.

A derecha e izquierda, el Señor ve esa multitud que anda como ovejas sin pastor. Podría llamarlos uno a uno, por sus nombres, por nuestros nombres. Ahí están los que se alimentaron en la multiplicación de los panes y de los peces, los que fueron curados de sus dolencias, los que adoctrinó junto al lago y en la montaña y en los pórticos del Templo. Un dolor agudo penetra en el alma de Jesús, y el Señor se desploma extenuado.

Tú y yo no podemos decir nada: ahora ya sabemos por qué pesa tanto la Cruz de Jesús. Y lloramos nuestras miserias y también la ingratitud tremenda del corazón humano. Del fondo del alma nace un acto de contrición verdadera, que nos saca de la postración del pecado. Jesús ha caído para que nosotros nos levantemos: una vez y siempre (Ibid., III estación ).


La tercera estación y la cuarta están pegadas y pertenecen al Patriarcado Armenio católico. Firma: J. Paniello.IV estación: Jesús encuentra a María, su Santísima Madre


La tercera estación y la cuarta están pegadas y pertenecen al Patriarcado Armenio católico.

Avanzando pocos metros, se llega a la cuarta estación, donde hay una iglesia, también de los armenios, en cuya cripta hay adoración perpetua al Santísimo Sacramento. Nuestra Señora no abandona a su Hijo durante la Pasión; de hecho, la veremos más adelante en el Gólgota.

Apenas se ha levantado Jesús de su primera caída, cuando encuentra a su Madre Santísima, junto al camino por donde Él pasa.

Con inmenso amor mira María a Jesús, y Jesús mira a su Madre; sus ojos se encuentran, y cada corazón vierte en el otro su propio dolor (...). En la oscura soledad de la Pasión, Nuestra Señora ofrece a su Hijo un bálsamo de ternura, de unión, de fidelidad; un sí a la voluntad divina.

De la mano de María, tú y yo queremos también consolar a Jesús, aceptando siempre y en todo la Voluntad de su Padre, de nuestro Padre (Ibid., IV estación ).

sábado, 29 de marzo de 2014

Via Dolorosa I

Procesión del Viernes Santo por la Vía Dolorosa, en la que participan los fieles de Jerusalén. Firma: Marie-Armelle Beaulieu/CTS.¿Quieres acompañar de cerca, muy de cerca, a Jesús?... Abre el Santo Evangelio y lee la Pasión del Señor. Pero leer sólo, no: vivir. La diferencia es grande. Leer es recordar una cosa que pasó; vivir es hallarse presente en un acontecimiento que está sucediendo ahora mismo, ser uno más en aquellas escenas (Vía Crucis, IX estación, punto 3). 

A lo largo de los siglos, así han contemplado los santos —y, con ellos, muchedumbres de cristianos— la muerte redentora de Jesús en la cruz y su resurrección: el misterio pascual, que está en el centro de nuestra fe (Cfr.Catecismo de la Iglesia Católica, n. 571). Con el paso del tiempo, la meditación de aquellos hechos ha cuajado en algunas devociones, entre las que destaca el vía crucis.

Como sabemos, este ejercicio tiene por objeto considerar con espíritu de compunción y compasión la última y más dolorosa parte de los padecimientos del Señor, acompañándolo espiritualmente en el camino que recorrió, cargado con la Cruz, desde el Pretorio de Pilato hasta el Calvario, y allí, desde que fue enclavado en el patíbulo hasta su deposición en el Sepulcro.

La práctica del vía crucis se fundamenta en la veneración por los Santos Lugares, donde no hacía falta imaginarse los escenarios de la Pasión, sino que se tenían a la vista y se recorrían físicamente. Una leyenda piadosa —recogida en De transitu Mariae, un apócrifo siriaco del siglo V— cuenta que la Santísima Virgen caminaba a diario por los sitios donde su Hijo había sufrido y derramado su sangre (Cfr. Dictionnaire de spiritualité, II, col. 2577). Por mano de san Jerónimo, ha llegado hasta nosotros el testimonio de la peregrinación a Palestina que la noble santa Paula realizó entre los años 385 y 386: en Jerusalén, «con tanto fervor y empeño visitaba todos los lugares, que, de no haber tenido prisa por ver los otros, no se la hubiera arrancado de los primeros. 

En la Ciudad Vieja, la Vía Dolorosa está señalada en árabe, hebreo y latín. Firma: Leobard Hinfelaar.Prosternada ante la cruz, adoraba al Señor como si lo estuviera viendo colgado de ella. Entró en el sepulcro de la Anástasis y besaba la piedra que el ángel había removido de aquel. El sitio mismo en que había yacido el Señor lo acariciaba, por su fe, con la boca, como un sediento que ha hallado las aguas deseadas. Qué de lágrimas derramara allí, qué de gemidos diera de dolor, testigo es toda Jerusalén, testigo es el Señor mismo a quien rogaba» (San Jerónimo, Epitaphium sanctae Paulae, 9).

También conocemos bastantes detalles de algunas ceremonias litúrgicas que se tenían en Jerusalén en la misma época, gracias a la peregrina Egeria, que viajó a Tierra Santa a finales del siglo IV. Muchas consistían en la lectura de los relatos evangélicos relacionados con cada lugar, el rezo de algún salmo y el canto de himnos. Además, al describir las funciones sagradas del Jueves y Viernes Santo, narra que los fieles iban en procesión desde el monte de los Olivos hasta el Calvario: «se va hacia la ciudad a pie, con himnos, y se llega a la puerta en la hora en que empieza a reconocerse un hombre de otro; después, en el interior de la ciudad, todos, ninguno excluido, grandes y pequeños, ricos y pobres, están presentes; nadie deja de participar, especialmente ese día, en la vigilia hasta la aurora. De esa forma se acompaña al Obispo desde Getsemaní hasta la puerta, y de ahí, atravesando toda la ciudad, hasta la Cruz» (Itinerarium Egeriae, XXXVI, 3 (CCL 175, 80)).

Según otros testimonios posteriores, parece que fue precisándose poco a poco el camino por el que Jesús había pasado a través de las calles de Jerusalén, al mismo tiempo que se determinaban también las estaciones, es decir, los sitios donde los fieles se detenían para contemplar cada uno de los episodios de la Pasión. Los cruzados —en los siglos XI y XII— y los franciscanos —desde el XIV en adelante— contribuyeron en gran medida a fijar esas tradiciones. De esta forma, en la Ciudad Santa, durante el siglo XVI ya se seguía el mismo itinerario que se recorre actualmente, conocido como Vía Dolorosa, con la división en catorce estaciones.

Esquema del recorrido de la Via Dolorosa.A partir de entonces, fuera de Jerusalén se extendió la costumbre de establecer vía crucis para que los fieles considerasen esas escenas, a imitación de los peregrinos que iban personalmente a Tierra Santa: se difundió primero en España —gracias al beato Álvaro de Córdoba, dominico—, de ahí pasó a Cerdeña, y más tarde al resto de Europa. Entre los propagadores de esta devoción, san Leonardo de Puerto Mauricio ocupa un puesto destacado: de 1731 a 1751, en el curso de unas misiones en Italia, erigió más de 570 vía crucis; y cuando Benedicto XIV hizo colocar el del Colosseo, el 27 de diciembre de 1750, fue el predicador durante la ceremonia. Los Romanos Pontífices también han fomentado esta práctica piadosa concediendo indulgencias a quienes la realizan.

La contemplación de los padecimientos del Señor empuja al arrepentimiento de los propios pecados, y esto mueve al desagravio y a la reparación. Si las escenas se reviven en la Vía Dolorosa, la inmediatez puede ayudar a que el alma se encienda aún más en amor a Dios. Ciertamente, resulta imposible saber si ese itinerario coincide con el trayecto exacto del Señor, pues el trazado de las calles data en líneas generales de la reconstrucción romana de Jerusalén realizada en tiempos de Adriano, en el año 135. Sería necesaria una investigación arqueológica que alcanzase el nivel de la ciudad en la primera mitad del siglo I, y ni siquiera así se resolverían todos los interrogantes. Al margen de esta falta de certeza, la Vía Dolorosa es el vía crucis por excelencia, el que han recorrido los cristianos durante siglos. En cuanto a las catorce estaciones, la mayoría están tomadas directamente del Evangelio, y otras nos han llegado por la tradición piadosa del pueblo cristiano. Las seguiremos de la mano de san Josemaría, que las meditó con viveza singular.

sábado, 31 de marzo de 2012

Recorrido de la Pasión del Señor



A falta de pocos días para revivir la Pasión del Señor contaré el recorrido que hizo en Jerusalén el Viernes Santo. En esta foto aérea se pueden apreciar los lugares donde estuvo el Señor. Al fondo, en el número 1, el huerto de Gesemaní. Allí, al pie del monte de los olivos, fue a rezar antes de ser apresado. El Señor vería cómo bajaban con las antorchas por la puerta de las ovejas. "Entonces Judas, al frente de un destacamento de soldados y de los guardias designados por los sumos sacerdotes y los fariseos, llegó allí con faroles, antorchas y armas" (Jn. 18,3). Desde el huerto de los olivos se puede ver esa calle. Bajaron desde un lugar elevado. Jesús vería las luces inmediatamente. En un primer momento se le encogería el corazón pensando que llegaba su hora, pero después le vendría el pensamiento de que también ya pronto nos iba a librar de los pecados y nos abriría las puertas del cielo."El destacamento de soldados, con el tribuno y los guardias judíos, se apoderaron de Jesús y lo ataron" (Jn. 18-12).
Desde Getsemaní lo llevan atado hasta la casa de Anás, suegro del Sumo Sacerdote para interrogarle. "Lo llevaron primero ante Anás, porque era suegro de Caifás, Sumo Sacerdote aquel año" (Jn. 18-13). Para eso fueron por el torrente Cedrón. Era un torrente pues por allí pasaba abundante agua. Ahora es un descampado con algunas tumbas y árboles dispersos. Todavía hoy se puede atravesar el valle del Cedrón a través de un caminito que lo cruza trasversalmente. Por ahí debieron llevar a Jesús en dirección al pináculo del templo. Se puede comprobar al verlo desde Getsemaní que de noche es un lugar muy oscuro. Más lo debía estar en aquella época. Bordeándolo subirían hacia la casa de Anás que estaba en el monte Sión. A buen seguro subirían las escaleras de piedra muy antiguas que llevaban hacía la cima del monte Sion. Después de subirlas, a la izquierda se encontraba la casa de Anás, ahora lugar Santo llamado Galicantum, porque allí estuvo el Señor. Se conservan unas grutas subterraneas -antiguas cárceles- donde la tradición dice que tuvieron encerrado al Señor. Allí también Pedro lloró amargamente al oír el canto del gallo y darse cuenta de que había negado tres veces al Señor.
Posteriormente fue conducido a casa de Caifás, que aparece en el número 3 de la fotografía.  "Los que habían arrestado a Jesús lo condujeron a la casa del Sumo Sacerdote Caifás, donde se habían reunido los escribas y los ancianos" (Mt. 26, 57). La casa del Sumo Sacerdote Caifás se encontraba bajando de nuevo hacía la ciudad de David. No sabemos cuánto tiempo estaría en las casas de Anás y de Caifás. Pero entre las dos debió pasar toda la noche, pues el Evangelio dice que cuando llevaron al Señor de casa de Caifás al Pretorio de Pilatos era ya de madrugada. "Desde la casa de Caifás llevaron a Jesús al pretorio. Era de madrugada" (Jn. 18, 28).
En el pretorio, lugar que se encuentra lo que hoy es el comienzo de la Via Dolorosa, estaba la torre Antonia, y allí se realizó el juicio inicuo al Señor. Cerca de ese sitio, en un patio, fue flagelado y coronado de espinas, y poco después, en el Pretorio, fue condenado a muerte. "Pilato mandó entonces azotar a Jesús. Los soldados tejieron una corona de espinas y se la pusieron sobre la cabeza. Lo revistieron con un manto de color púrpura, y acercándose, le decían: "¡Salud, rey de los judíos!", y lo abofeteaban" (Jn. 19, 1-3). Empieza la "Vía dolorosa" del Señor. Al subir por esas calles empinadas de Jerusalén es fácil imaginar a Jesús -ya casi desangrado y doblado por el peso de la Cruz- cargando con el madero por las empinadas calles de Jerusalén hasta el Calvario. Como se ve en la fotografía, el Calvario ahora se encuentra dentro de las murallas construidas por los cruzados. En aquella época la roca del Calvario estaba fuera de las murallas que rodeaban la ciudad. Muy cerca en una baguada, que era como una cantera, había tumbas escavadas en la roca. Nicodemo y José de Arimatea embalsamaron el cuerpo del Señor y lo colocaron en el Sepulcro. "En el lugar donde lo crucificaron había una huerta y en ella, una tumba nueva, en la que todavía nadie había sido sepultado. Como era para los judíos el día de la Preparación y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús" (Jn. 19, 41-42).





sábado, 24 de marzo de 2012

Prisión de Jesús


A pocos días de la conmemoración de la Pasión del Señor, quería mostrar un lugar que se venera por los griegos ortodoxos como aquel donde paso nuestro Señor encerrado la noche del jueves al viernes Santo. Está en la Via Dolorosa, cerca del lugar franciscano de la flajelación. Saliendo a la via dolorosa desde la flagelación hay un arco. Sobrepasándolo se puede ver la Iglesia del Ecce Homo, con restos de la antigua Puerta de Adriano. Esto correspondería a la Segunda Estación del Vía Crucis. Se trata de una prisión de los tiempos de Jesús, que ha sido convertida en una misteriosa y oscura Iglesia Ortodoxa Al entrar en ella, en la parte de abajo, se puede caminar entre húmedas y tétricas grutas, cerradas con enrejados. Si al entrar se gira a la izquierda, en vez de bajar, hay una entrada a otro tipo de cuevas excavadas en la roca, pero unidas entre sí por un pequeño pasadizo. Hay que agachar la cabeza y, al seguir la luz de las velas, se puede acceder a una pequeña dependencia con una capilla repleta de iconos. Hay uno principal -que se muestra en la fotografía- en el que se ve a Jesús atado de manos y con los pies metidos en una roca de piedra con dos agujeros. Delante está situado el bloque de roca que tiene dos agujeros en los que a los presos se les hacía meter las piernas para luego ponerles cadenas en los pies.
Los ortodoxos aseguran que ese fue el lugar exacto en que estuvo encarcelado Jesús. También dicen de otro habitáculo más grande en la misma zona, que era el que correspondía al lugar donde estuvo encerrado el ladrón Barrabás. Dentro se respira un fuerte olor a incienso, y esto junto con la luz tenue del lugar hacen que se facilite mucho el recogimiento y la oración.
Es una pena pues mucha gente pasa de largo porque no se puede ver con facilidad el lugar. A mí lo que más me impresionó fue la roca donde el Señor quedó aprisionado toda aquella noche. Esa roca es un buen símbolo del daño que hacen al Señor los corazones duros -como rocas- que no quieren corresponder a su inmenso amor.




lunes, 18 de abril de 2011

La Pasión: la Via Dolorosa

"El trayecto desde la torre Antonia hasta el Calvario -La Via Dolorosa- tiene una longitud de unos 600 metros. Una persona físicamente normal necesita dar unos 1.200 pasos para recorrerlo. El camino actual es el que la tradición ha conservado a lo largo del tiempo, aunque no se sabe con certeza el punto desde donde comenzó y tampoco el trazado de las calles, porque el trayecto actual corresponde, en parte, al de la ciudad romana Aelia Capitolina que se construyó sobre las ruinas de la ciudad. Es una vía trazada por la fe de los fieles. Los padres franciscanos comenzaron con esta devoción en el siglo XIV. El recorrido histórico-arqueológico es otro distinto al actual. Partiría del palacio de Herodes el Grande, junto a la muralla occidental, que estaba ubicado en el lugar más alto de la ciudad con una cota de 760 metros sobre el nivel del mar, bajaría en fuerte pendiente unos 300 metros hacia el este para buscar una puerta en la segunda muralla, pues tenía que descender la ladera del monte Akra con un desnivel de unos 20 metros, vadearía por un puente una vaguada que iría hacia el Tiropeón, luego el camino iría al lado de la muralla de Ezequías en dirección norte, subiendo en ligera pendiente, para salir por la puerta de Efraín al exterior de la ciudad, donde a unos 200 metros estaría el Gólgota y con un desnivel de unos 15 metros. Comparativamente corresponde a la altura de una torre de viviendas de unos siete pisos. Si el que tenía que salvar este desnivel iba flagelado, con dificultades para respirar y con un peso encima de 45 kilos, podemos imaginarnos el esfuerzo tan titánico que debió realizar. Salió el séquito hacia el Calvario. Iría por delante el centurión y su ayudante. Dos filas de legionarios a derecha e izquierda. A continuación vendrían los reos. Los bandidos irían desnudos con el patíbulo atado a sus brazos en cruz. Unos soldados les llevarían tirando de unas cuerdas atadas a sus cuellos, mientras que otros soldados les irían castigando por detrás con unos látigos. A Jesús le llevaron vestido, descalzo y con la corona de espinas clavada en su cabeza y, además, el madero atado a sus brazos, que ha dejado marcada su espalda en la Sábana de Turín a la altura de los omoplatos en ambos hombros, dos areas más marcadas en las imágenes con unas dimensiones de 10 x 9 centímetros. Un soldado tiraba de él por delante con una cuerda atada a su cuello, como a animal que llevan al matadero, y otro soldado por detrás se encargaría de levantarle a base de patadas cuando caía. Irían flanqueados por soldados con sus armas y escudos. Cerraría el cortejo una doble fila de legionarios. Por delante de cada reo iría un soldado con una tabla en lo alto de una vara, a modo de estandarte, indicando a la gente la causa de la condena, el titulus. A derecha e izquierda de la comitiva estaría la población apiñada viendo el espectáculo. Muchos de ellos expresaban su odio con blasfemias y amenazas, según los evangelios. Había quien le escupía al pasar y le tiraban boñigas de animal, según María Valtorta. La duración que debió de tener el trayecto, si nos acomodamos al paso de Jesús en sus condiciones de flagelado, con el madero sobre sus hombros y cuesta arriba, se puede calcular en aproximadamente una hora y cuarto. Hay que tener en cuenta que hizo este trayecto después de sufrir la terrible flagelación que le dejó su sistema muscular muy dañado y dolorido, además tenía gravísimos problemas con la respiración, siendo ésta jadeante, corta, ruidosa y muy dolorosa. Especialistas forenses han calculado que le llevaría dos horas y media completar el trayecto, pero quizás su duración fuese más corta por la ayuda prestada por Simón y, sobre todo, por la divinidad de Jesús, que sacó fuerzas realmente sobrehumanas para poder realizarlo. Iría muy despacio, salvando unos 30 centímetros cada paso. Debió dar más de 1.700 pasos. El ritmo de la marcha lo decidiría el jefe de la expedición punitiva, el centurión, y para ello, controlaría al soldado que tiraba de una cuerda atada al cuello del reo. Pasada la puerta judiciaria, le ayudaría Simón de Cirene a llevar el patíbulo, obligado a la fuerza por los soldados romanos, por lo que se aceleraría el paso, quedando solamente unos 200 metros de terreno abierto y muy empinado, con un desnivel de unos 15 metros. Las rodillas se ven muy golpeadas, especialmente la izquierda, que está destrozada. Esto se debe a que Jesús, mientras cargaba con el patíbulo en su trayecto al Calvario, en las numerosas veces que pudo caer al suelo y al no poderse defender con sus manos, pues las tenía atadas al madero, se supone que se defendería instintivamente poniendo primero la rodilla izquierda contra el suelo, ya que ésta es la más castigada, luego la derecha y, por último, la cara, especialmente el lado derecho, más traumatizado. Las caídas debieron de ser tremendas. Los soldados, en sus prisas, le levantan a patadas. En los análisis que se han hecho de la parte correspondiente a la rodilla izquierda se ha descubierto barro de Jerusalén mezclado con sangre humana; el contenido del barro es rico en aragonita, sustrato corriente en la tierra de esta ciudad. La túnica que llevaba le llegaría hasta las rodillas; si hubiese sido más larga, no estarían las rodillas llenas de barro. Esto lo confirma la reliquia de la túnica inconsútil que se conserva en la catedral de Tréveris".

"La primera Semana Santa de la historia", de Carlos Llorente.

sábado, 16 de abril de 2011

La Pasión: flagelación y coronación de espinas

Este es el patio del colegio donde se piensa que estaba antes el lugar de la flagelación. En estos días tan especiales previos a la Semana Santa y durante la misma, publicaré entradas cada dos días sobre la Pasión del Señor. Utilizaré los textos de un libro recientemente escrito por Carlos Llorente, y que se titula: "La primera Semana Santa de la historia".

"Siempre solemos observar los golpes recibidos en la parte delantera del cuerpo de Jesús, pero también la parte trasera estaba llena como de una granizada de golpes debido a la flagelación. Para esta tortura se utilizó un flagelo especialmente cruel porque desollaba la piel del reo y con frecuencia provocaba su muerte. Los que sobrevivían quedaban lisiados para el resto de su vida. Estaba solamente reservado para delitos especialmente odiosos. Se llama lagrum taxilatum, formado por tres cuerdas de cuero atadas con cera, rematadas cada una por dos bolas de lomo de un diámetro alrededor de 0.9 y 1 centímetro unidas por una barrita metálica; cada bola pesaba unos 20 gramos. Este instrumento de castigo tan terrorífico se conoció tras unas excavaciones en el pasado siglo, antes solo se sabía de su existencia documentalmente. Sus huellas han quedado impresas en el lienzo por la sangre que provocaron. El numero de golpes contabilizado pasa de 120 en todo el cuerpo. Hay zonas ocultas del cuerpo en las que no pueden visualizarse los golpes, aunque se supone que también los recibiría. Sin embargo, vemos que los brazos, la cara, la cabeza y la zona precordial del pecho fueron respetados. La razón por la que no le pegaron en la zona del corazón fue para no provocarle la muerte inmediata. Sin embargo, la flagelación fue extraordinariamente cruel y dura. No se comprende cómo sobrevivió, ni tampoco cómo pudo estar tan sereno después. Sin duda, otra prueba de su divinidad. El número 120 no es frío, estadístico: es un dato asombroso; 120 golpes suponen muchísimo castigo. Resulta difícil creerlo, pero, sin embargo, los golpes están marcados en el lienzo de Turín y son reales, no fruto de una falsificación. La medicina moderna ha dictaminado sobre la autenticidad de estas muestras de sangre. ¿Cómo fue la flagelación? Por el estudio de las marcas que dejaron las bolas de plomo sobre el cuerpo se puede interpretar que a Jesús le pusieron de pie, de espaldas a una columna con los brazos hacia arriba y las manos atadas a alguna argolla en lo alto, por lo que no hay huellas de flagelación en los brazos, ni en la cabeza. Los pies debieron de amarrarlos a otra argolla en la base de la columna. El cuerpo lo dejaron totalmente desnudo y a merced de los verdugos. Comenzarían a golpearle sin piedad por delante, posición apropiada para controlar los golpes y no darle en la zona cardiaca ni tampoco en la cara para no dejarlo ciego. Un verdugo le castigaba por un lado y, al finalizar el golpe, el segundo comenzaba a pegarle por el otro lado, sucediéndose rítmicamente en la acción. El trabajo fue sistemático, no dejando zona del cuerpo sin castigar. Cada golpe de flagelo lleva tres cuerdas con dos bolas de plomo cada una por lo que golpean el cuerpo, cada vez, seis bolas con sus cuerdas. Si multiplicamos 120 golpes por las seis bolas de plomo, nos da la cantidad de 720 golpes de bolas de plomo aplicadas con todas las fuerzas del verdugo. Hay que tener en cuenta la energía cinética con que se estrella el plomo contra el cuerpo. Se ha calculado la energía liberada en la flagelación, y resulta ser de aproximadamente 396 kilos. Es tan fuerte que hace rasgar la piel donde golpea y, sobre todo, por su efecto más pernicioso, que actúa en profundidad, se daña todo el sistema nervioso periférico y sus receptores del dolor, el tejido muscular, vasos sanguíneos, nervios y órganos adyacentes, como la pleura, el corazón, el hígado y los riñones. Las fibras musculares se desgarran con cada golpe que reciben. Sus consecuencias serían una gran impotencia para moverse y respirar, no solo por el tejido muscular destruido, sino también por el inmenso dolor que provocaría cada movimiento. En cuanto al hígado, su lesión produce una caída dramática del glucógeno, elemento esencial para la energía celular, que originaría una pérdida de fuerza muy grande. El riñón quedaría inflamado por los golpes, y, además, se taponaría por los fragmentos de mioglobina procedentes de la destrucción muscular, que, transportados por la vía sanguínea, sin duda, le produciría una insuficiencia renal aguda con todo su cortejo de cambios electrolíticos y una gravísima uremia. En cuanto al corazón, debió sufrir una inflamación del pericardio por el traumatismo y la fatiga, que al exudar líquido seroso se comprimiría, disminuyendo su eficacia y provocando un dolor torácico como de muerte. Médicamente es inexplicable que, después de sufrir este tormento, fuese capaz de caminar hasta el Calvario. Una vez que se cansaron de golpearle por delante, aflojaron las cuerdas que lo tenían amarrado por las manos y el cuerpo se derrumbaría. Debieron de seguir golpeándole por la parte de atrás, estando Jesús, esta vez, de rodillas con los pies atados al suelo y el cuerpo inclinado hacia delante. Esto último se sabe por el estudio microscópico de las marcas que han dejado en el dorso de la espalda los plomos.

Ahora hablaremos de la coronación de espinas. En todo crucifijo la podemos encontrar. Tras el fallecimiento se la retiraron de la cabeza. Pero más importante es quizá la forma de la corona. No tenía, como acostumbramos a ver en las representaciones artísticas, forma de diadema, sino más bien de gorro o casquete de espinas que cubría toda la cabeza: la frente, el occipital y todo el cuello por detrás, incluida la nuca. En el lienzo de Turín se han contabilizado unas 50 heridas puntiformes procedentes de las espinas, con sus regueros de sangre vital, venosa y arterial. Estas se clavaron profundamente en su cuero cabelludo, como se puede deducir por la sangre que originaron. Debieron afectar a troncos nerviosos, como los occipitales entre otros, provocando dolores intensísimos. En Jerusalén se encuentran plantas espinosas, tales como el Zízyphus spina o el Paliurus spina Christi, que con alta probabilidad utilizaron los soldados romanos de la cohorte para trenzar dicha corona".
"La primera Semana Santa de la historia", de Carlos Llorente.

sábado, 2 de abril de 2011

Alégrate Jerusalén

"Alégrate, Jerusalén, vosotros, y todos los que la amáis, reuníos. Regocijaos con ella todos los que participais de su duelo y quedaréis saciados con la abundancia de sus consuelos" (Sal. 121, 1).

Con estas palabras celebra la Misa en su introito el domingo laetare o de la alegría. La Iglesia no puede permanecer seria durante tanto tiempo y, a mitad de Cuaresma, celebra el domingo de la alegría. Entre otras cosas se usa el color rosaceo en los ornamentos, siempre que sea posible, y está permitido hacer sonar el órgano en las celebraciones litúrgicas. Así, aprovecharé esta semana para contar algunas anécdotas simpáticas recientes que han sucedido alrededor de los lugares santos.

Tres sacerdotes que estudian Biblia en la Flagelación -Instituto llevado por los Franciscanos- se encontraban cerca de la Via dororosa. Se les acercaron un grupo de italianos y les dijeron en italiano que estaban buscando una iglesia que debía estar por allí cerca. Uno de los sacerdotes les habló de la iglesia de Santa Ana, pues se encuentra relativamente cerca de donde estaban, y que de hecho se encuentra en la misma Via dolorosa. Contestaron que no era esa la que estaban buscando. Otro sacerdote les dijo que quizá se referían a la iglesia de la Flagelación. Tampoco parecía que esa era la iglesia a la que se dirigían. Finalmente, a un sacerdote se le ocurrió mencionar la Basílica del Santo Sepulcro. Ahí los peregrinos saltaron diciendo: sí, sí, ese es el nombre. Del grupo de sacerdotes salió una carcajada espontánea. El Santo Sepulcro no es una iglesia de por aquí, es LA IGLESIA. Debían estar bastante perdidos, pues también preguntaron después si sabían cual era la Via della rosa. Rápidamente los sacerdotes se dieron cuenta de que se estaba refiriendo a la Via Dolorosa, que no es lo mismo, y que no fue precisamente un camino de rosas para el Señor.

La otra anécdota que quería contar sucedió en el Calvario. Había allí un grupo de soldados israelíes. Una chica, también soldado, que sabía más, les estaba explicando quién era Jesús, cómo había cargado con la Cruz hasta ese lugar, y los hechos de su crucifixión y muerte. Les explicó todo lo que había sufrido antes de llegar a ese lugar: cárcel, ir de un sitio a otro, golpes, sueño, la terrible flagelación, la coronación de espinas... Los soldados escuchaban asombrados. Ya se ve que no habían oído antes hablar de la Pasión del Señor, y uno de ellos comentó:

-Pues con lo mal que estaba sí que le habrá costado llegar hasta aqui. Las escaleras para acceder a este lugar me han parecido bastante empinadas.

Ya se ve que no se situaba mucho de cuando sucedieron los hechos de la Pasión del Señor y cuándo estaba construida la Iglesia del Santo Sepulcro. Da pena ver la gente que no sabe cosas básicas de los lugares santos, como este soldado, cuando fue precisamente ahí, en el Calvario, donde Jesucristo murió por él y por sus pecados para abrirle las puertas del cielo.

sábado, 20 de marzo de 2010

Décima estación del Via Crucis en Jerusalén

Décima Estación: Jesús fue despojado de sus vestiduras.
Las cinco últimas estaciones del Vía Crucis se recuerdan dentro de la Basílica del Santo Sepulcro. Para entrar llegando desde la novena estación hay dos opciones: la primera es la que sigue el Via Crucis oficial que hacen el viernes los franciscanos, y que consiste en volver al zoco para seguir por la via pública. Pero hay otra opción más corta, que consiste en pasar a través del convento etíope, visitando a nuestro paso sus dos capillas, y saliendo desde la capilla copta de San Miguel directamente al patio de entrada de la Basílica.
Nada más cruzar la puerta de entrada a la Basílica del Santo Sepulcro, a la derecha hay unas escaleras que suben al lugar del Calvario. Se trata de una escalera de piedra que sube en forma de caracol y que es poco cómoda de subir por ser estrecha y empinada. Una vez arriba se puede rezar esta estación. Es fácil imaginarse la escena en la que Jesús es despojado de sus vestiduras para ser clavado en la Cruz. Al fondo a la izquierda se levantaría la Cruz. Quizá al fondo, donde está el mosaico se situaría la Cruz tumbada y preparada para clavar al Señor allí. Y posiblemente donde nos encontramos, nada más subir las escaleras -arriba ya del monte-, a Jesús le quitaron las vestiduras.
Podemos imaginar la escena como San Josemaría Escrivá de Balaguer hace en la décima estación de su "Via Crucis":
"Al llegar el Señor al Calvario, le dan a beber un poco de vino mezclado con hiel, como un narcótico, que disminuya en algo el dolor de la crucifixión. Pero Jesús, habiéndolo gustado para agradecer ese piadoso servicio, no ha querido beberlo (cfr. Mt XXVII,34). Se entrega a la muerte con la plena libertad del amor. Luego, los soldados despojan a Cristo de sus vestidos. Desde la planta de los pies hasta la cabeza, no hay en él nada sano. Heridas, hinchazones, llagas podridas, ni curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite (Is I,6).
Los verdugos toman sus vestidos y los dividen en cuatro partes. Pero la túnica es sin costura, por lo que dicen:
- No la dividamos; mas echemos suertes para ver de quién será (Ioh XIX,24).
De este modo se ha vuelto a cumplir la Escritura: partieron entre sí mis vestidos y sortearon mi túnica (Ps XXI,19). Es el expolio, el despojo, la pobreza más absoluta. Nada ha quedado al Señor, sino un madero.
Para llegar a Dios, Cristo es el camino; pero Cristo está en la Cruz, y para subir a la Cruz hay que tener el corazón libre, desasido de las cosas de la tierra
".

miércoles, 17 de marzo de 2010

Novena estación del Via Crucis en Jerusalén

Novena Estación: Jesús cae por tercera vez.
La situación en la actualidad de las estaciones octava y novena fuera del camino nos lleva a pensar que, en aquel tiempo, habría una calle más directa que se dirigía hacia el Calvario. Para llegar a la novena estación desde la octava, hay que volver al zoco y tomar la dirección sur hasta encontrar, a la derecha, una escalera de piedra que sube hasta el convento etíope, que ocupa las ruinas de un Claustro Canónico del siglo XII. Una vez arriba se debe bordear el muro de ese convento hasta el final del callejón a la derecha. Una columna situada en el rincón izquierdo, entre la entrada del convento copto llamado de "San Miguel" -que se encuentra de frente- y la puerta del patio de los etíopes, señala el lugar de la estación IX. La columna es de la época romana, y aquí considera la tradición que, poco antes de llegar a la gran roca del Calvario, el Señor caería por tercera vez. Se puede ver el sitio, pues en la foto está marcado por el disco que se encuentra encima de la cruz apoyada en la pared. Desde aquí se puede ver, arriba al frente, la cúpula de la Basílica del Santo Sepulcro, y, por tanto, es fácil imaginarse lo cerca que nos encontramos de lo que sería la gran roca del Calvario.
Incluyo aquí un croquis de la localización de las distintas estaciones. Ayudará a recorrer el Via Crucis a través de la via dolorosa hasta llegar a la Basílica del Santo Sepulcro.

sábado, 13 de marzo de 2010

Octava estación del Via Crucis en Jerusalén

Octava Estación: Jesús habla a las mujeres de Jerusalén. A muy pocos metros de la séptima estación se encuentra la octava. Está en la calle que sube en dirección oeste, y que lleva por nombre calle de San Francisco. A unos pocos metros, en el muro de la izquierda se puede observar un disco de bronce con el número romano VIII. Debajo hay una cruz que sobresale un poco de la pared y que marca el sitio. Los cristianos del lugar al pasar por ahí tocan esa cruz y se besan la mano. Gesto típico árabe. Está en el muro exterior del monasterio griego ortodoxo, que lleva por nombre "Monasterio de San Caralambos". Por tanto, esta estación sólo la marca está sencilla cruz, que está tallada en el muro ya ennegrecida por el tiempo. En la foto mostramos el número que señala la estación, y la cruz a la que nos hemos referido, que se encuentra justo debajo del VIII.
Aquí el Señor les dirige unas palabras a esas mujeres de Jerusalén que le seguían compungidas. Esto es lo que les dijo según recogen los Evangelios:
"Un gran número de personas lo seguían, y entre ellos las mujeres que se golpeaban sus pechos y gemían. Pero Jesús se dirigió a ellas y les dijo: "Hijas de Jerusalén, no lloren por mí, llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos. Porque llegarán días en que se dirá: «Felices las mujeres que no tienen hijos. Felices las que no dieron a luz ni amamantaron.» Entonces dirán: «¡Que caigan sobre nosotros los montes, y nos sepulten los cerros!» Porque si así tratan al árbol verde, qué harán con el seco?»" (San Lucas 23:27-32).

miércoles, 10 de marzo de 2010

Séptima estación del Via Crucis en Jerusalén

Séptima Estación: Jesús cae por segunda vez.
Subiendo la calle en cuesta desde la sexta estación se llega a otra transversal que viene de la puerta de Damasco y que se llama Khan ez-Zait. Esta calle sigue el trazado norte-sur del antiguo Cardo romano. Se trataba de la calle principal tanto en las épocas romana como bizantina. Al llegar a la confluencia de estas dos calles, nos encontramos enfrente con la estación que señala el sitio donde tuvo lugar la segunda caída del Señor.
Una capilla católica marca el lugar donde la tradición sostiene que Jesús cayó por segunda vez al salir fuera de la ciudad a través de esta puerta. El lugar está señalado con un pilar situado entre la Vía Dolorosa y la pintoresca calle del Mercado. Esta capilla es propiedad de los franciscanos. Como muchas de las otras capillas se abre los viernes a la hora del Via Crucis y en pocos momentos más. Encima de la puerta se lee en números romanos: "Septima estación". Al entrar hay una primera estancia muy pequeña, con un altarcito. Ahi se puede observar una columna que está desde la época del Señor y que formaba parte de los pórticos que flanqueaban el Cardo romano. Esa columna la vería Nuestro Señor a su paso por aquel lugar. Entrando a la derecha se puede acceder -bajando un poco- a otra Capilla más espaciosa. Como se puede observar en la fotografía las paredes son de piedra, hay un altar en el centro para poder celebrar la Santa Misa, y como retablo una imagen del Señor cayendo bajo el peso de la Cruz.

sábado, 6 de marzo de 2010

Sexta estación del Via Crucis en Jerusalén

Sexta estación: Verónica enjuga el rostro de Jesús.
Esta capilla pertenece a la congregación llamada de las hermanas pequeñas de Jesús. Son monjas católicas de rito melquita. La capilla corresponde a la época del periodo cruzado. Esta estación se halla aproximadamente a mitad de la calle que sube desde el Tiropeón; está señalada por un fragmento de columna que se encuentra metido en el muro de la izquierda. Se puede apreciar en la fotografía.
La Iglesita se llama de Santa Verónica y está en el lugar donde la santa utilizó su velo para limpiar el rostro de Cristo. Se encuentra en el sitio donde se cree que Verónica vivía en aquel entonces. En 1883, el lugar se pone al cuidado de los Griegos católicos o de rito melquita.
En esta estación hay un conjunto escultórico del siglo XIX en el que se aprecia a la Verónica ofreciéndole el velo al Señor. También dentro de la iglesia se puede visitar la tumba de esta santa. Además está la reliquia de este encuentro: el pañuelo de seda con el que, según la tradición, la Verónica limpió el rostro del Señor, y en el que sus facciones quedaron impresas. Es difícil saber si es el verdadero, pues actualmente existen diferentes iglesias que aseguran conservar el llamado velo del Santo Rostro.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Quinta estación del Vía Crucis en Jerusalén

Quinta Estación: Simón de Cirene ayuda a llevar la Cruz de Jesús
En el cruce entre Tariq Wad y Tariq al-Alam, se encuentra una capillita franciscana construida en el siglo XIX, que señala el sitio donde Simón de Cirene cargó la Cruz. La calle Tariq al-Alam es una de las calles más características de la Jerusalén antigua. Desde este punto, la Vía Dolorosa comienza la ascensión hacia el Gólgota, se empina, y llama la atención al peregrino al meditar el via crucis y pensar lo que le quedaba por recorrer al Señor, ya muy debilitado. Muchas veces al llegar a esta estación con peregrinos y ver las escaleras alargadas que suben, han comentado: -Por vaya subida tuvo que llevar la Cruz. Se entiende que los soldados al ver la pendiente y comprobar que no iba a poder solo, echaran mano de un hombre fuerte que pasaba por allí.
Una inscripción en el arquitrabe de una puerta indica el lugar del encuentro entre Jesús y Simón el Cirineo. Este episodio es recogido en los tres Evangelios sinópticos.

sábado, 27 de febrero de 2010

Cuarta estación del Via Crucis en Jerusalén

Cuarta estación: Jesús se encuentra a su Santísima Madre.
Esta iglesia pertenece, al igua que al pequeña capilla de la tercera estación, al Patriarcado armeno católico de Jerusalén. Sólo a 25 metros al sur de la Tercera Estación se encuentra este Patriarcado, y allí se encuentra también la Iglesia de Nuestra Señora del Espasmo. En este lugar se venera el momento tan especial del encuentro con la Virgen, que está justo al lado de la primera caída del Señor.
La iglesia armena que conmemora esta estación es bastante grande y muy sobria. Bajando unas escaleras desde el lateral de la iglesia lo primero que llama la atención es una escultura del Señor con la Virgen. Después se llega a un oratorio donde desde hace poco hay adoración perpetua al Santísimo Sacramento. Fue consagrado el 28 de enero de 2009 por el Papa Benedicto XVI. El frontal es un inmenso tríptico muy moderno y luminoso, como una gran luneta, que llena toda la habitación. Realizado en el estudio del artista Mariusz Drapikowski, quien se inspiró en e Apocalipsis de san Juan. Representa a la Virgen con Jesús en brazos. Jesús es la Sagrada forma. A la Virgen la rodea un gran corazón. Se trata de una Virgen negra.
Estuve el otro día por primera vez en este oratorio rezando el rosario y haciendo un rato de oración. Casi siempre hay gente rezando allí y acompañando al Señor. La verdad es que ha sido un descubrimiento, pues se reza de maravilla. La capilla ayuda al recogimiento, pero también el meditar el consuelo del Señor en esos momentos de sufrimiento, al encontrarse con su Madre bendita.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Tercera estación del Via Crucis en Jerusalén

Tercera estación: Jesús cae por primera vez.
Pertenece al Patriarcado armeno católico. El lugar representa el momento donde Jesús cae por primera vez camino del Calvario. Como es lógico, justo al lado está la estación del encuetro con la Virgen. Está como a unos 100 metros del lugar desde donde salió con la Cruz a cuestas. Quedó señalado el lugar por la Capilla Católica Polaca, denominada así porque fue restaurada en 1948 por donación de los soldados polacos en la segunda guerra mundial. Antes de entrar representa esta escena una pequeña piedra tallada sobre el frontal dela capilla. Anexa tiene una tienda donde se venden objetos religiosos. Ya detro se puede admirar la escultura de Jesús que cae bajo el peso de la Cruz, y detrás una pintura impresionante de los ángeles adorando al Señor y sufriendo al ver su padecimiento.

sábado, 20 de febrero de 2010

Segunda estación del Via Crucis en Jerusalén

La segunda estación: Jesús carga con la Cruz.
Se encuentra cerca de la antigua construcción romana conocida como el Arco del Ecce Homo, en memoria de las palabras pronunciadas por Poncio Pilato, mientras mostraba a Jesucristo al pueblo jerosolimitano. Sólo una parte de este arco triunfal, erigido por Adriano en el año 135 a. C. para celebrar la caída de Jerusalén, es visible actualmente en la via dolorosa. El arco izquierdo, que no ha llegado a nuestros días, formó parte de un monasterio islámico. En cambio el arco derecho todavía se conserva dentro de la Iglesia del Ecce Homo, propiedad de las hermanas de Sion. Esta capilla se encuentra muy cerca de la iglesia franciscana que explicábamos en la primera estación.
La iglesia que aparece en las fotografías se llama iglesia de la flagelación y también pertenece a los franciscanos. Fue construida en 1927 por Antonio Barlucci. Se elevó en el lugar donde habia restos de antiguas ruinas, como el mencionado arco romano, parte de las fortificaciones y patio de la Fortaleza Antonia e importantes vestigios del pavimento de la calzada romana, el llamado litoestrato o litóstrotos.
Una faceta muy interesante de la Iglesia son las tres vidrieras que representan diferentes escenas referentes a ese momento: el lavado de manos de Pilatos acerca de la culpabilidad de Jesús, la flagelación y la coronación de Jesús con la corona de espinas, y el grito de victoria de Barrabás cuando fue puesto en libertad. En la pequeña cúpula de la iglesia, en el techo, hay una gran corona de espinas. Impresiona mucho ver la vidriera que representa la flagelación y esta gran corona de espinas, pensando en lo que sufrió por cada uno en ese mismo lugar Nuestro Señor.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Primera estación del Vía Crucis en Jerusalén

La primera estación: condenan a muerte a Jesús.
Se encuentra muy cerca del Monasterio de la Flagelación, donde Cristo fue interrogado por Poncio Pilato y posteriormente condenado. No se sabe exactamente si este suceso se produjo en el Palacio de Herodes o en la fortaleza Antonia.
El lugar donde se conmemora tradicionalmente la primera estación es en una iglesita que actualmente pertenece a los franciscanos. Al entrar en el patio franciscano, encontramos a la izquierda esa pequeña iglesia. Ahí se conmemora esta estación. Tradicionalmente, la Corte de la Ley o "Pretorium" se encontraba en la fortaleza Antonia. Hoy, una escuela musulmana ocupa este sitio. Subiendo unas escaleras que se ven a la derecha desde la via dolorosa, y entrando por una puerta grande, se llega a la parte alta del colegio, desde donde se puede observar el patio. Normalemente está cerrado, pero el Viernes Santo se puede entrar, y desde ese recinto de la escuela se comienza el recorrido del Via Crucis.
La iglesia está en el lado de enfrente de estas escaleras. Entrando hay dos iglesias pequeñas, una a la izquierda, que conmemora la primera estación, y otra a la derecha que conmemora la segunda. Hablamos ahora de la primera estación. Esa iglesita está construida entre 1903 y 1904, por Wendelin de Meden, en las ruinas de una capilla que allí había y que era del siglo XIII. Esta es la iglesia de la condenación e imposición de la Cruz. Parte del pavimento es muy antiguo, de la época del Señor. De ahí salen grandes piedras que continuan a través de la pared dentro de la propiedad adjunta que pertenece a los hermanos de Sion: es el llamado convento del Ecce Homo. La piedra larga que se puede ver allí, a la salida de la iglesia era parte del litóstrotos, palabra griega que significa "piedra del pavimento". Esa piedra es la que usó Póncio Pilatos para juzgar y condenar al Señor. Y desde ese lugar Jesús tomó la Cruz. Dentro de la capilla, en el pavimento hay piedras grandes que han sido trabajadas y forman surcos pequeños. Lo hacían los romanos para sus juegos de dados.