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sábado, 24 de febrero de 2018

Creer lo que anunciaron los profetas

Resultado de imagen de saxum camino de emaus«El mismo día, dos de ellos iban a una aldea llamada Emaús, que distaba de Jerusalén sesenta estadios. Y conversaban entre sí de todo lo que había acontecido. Y sucedió que, mientras comentaban y discutían, Jesús mismo se acercó y caminaba con ellos; pero sus ojos estaban incapacitados para reconocerle. Y les dijo: ¿Qué conversación lleváis entre los dos mientras vais caminando? Y se detuvieron entristecidos. Uno de ellos, de nombre Cleofás, le respondió: ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado allí estos días? Él les dijo: ¿Qué ha pasado? Y le contestaron: Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y ante todo el pueblo: cómo los príncipes de los sacerdotes y nuestros magistrados lo entregaron para que lo condenaran a muerte y lo crucificaron. Sin embargo nosotros esperábamos que él sería quien redimiera a Israel. Pero con todo, es ya el tercer día desde que han pasado estas cosas. Bien es verdad que algunas mujeres de las que están con nosotros nos han sobresaltado, porque fueron al sepulcro de madrugada y, al no encontrar su cuerpo, vinieron diciendo que habían tenido una visión de ángeles, los cuales les dijeron que está vivo. Después fueron algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como dijeron las mujeres, pero a él no le vieron. Entonces Jesús les dijo: ¡Oh necios y tardos de corazón para creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era preciso que el Cristo padeciera estas cosas y así entrara en su gloria? Y comenzando por Moisés y por todos los Profetas les interpretaba en todas las Escrituras lo que se refería a él.

Resultado de imagen de discipulos de emaus. Aristides artalEl cuadro es del artista Arístides Artal, y está en Saxum, en el auditorio del centro de visitantes. La pintura representa el momento del encuentro del Jesús en el camino a Emaús con dos de sus discípulos.

Hoy me quiero fijar en las palabras que les dijo el Señor: ¡Oh necios y tardos de corazón para creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era preciso que el Cristo padeciera estas cosas y así entrara en su gloria? Y comenzando por Moisés y por todos los Profetas les interpretaba en todas las Escrituras lo que se refería a él. En estos días de la cuaresma, con el objetivo de que nos sirva como preparación para la Semana Santa, queremos repasar las profecías del Antiguo Testamento que hablaban de la Pasión del Señor.

Esto es lo que se quiere hacer desde el Centro de Visitantes de Saxum. Marcar el camino de Emaús con el fin de que se pueda recorrer escuchando las palabras que Jesús les dijo a los dos discípulos. Para eso se ha profundizado en el paralelismo entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. El Señor les citó y explicó las profecías que se referían a Él, a su Pasión y a su Resurrección. Las recogeremos en las siguientes entradas con intención de que nos sirvan para vivir bien la cuaresma y prepararnos para la Semana Santa.

sábado, 22 de abril de 2017

Saxum, en el camino de Emaús

Foto: En Saxum los peregrinos se podrán detener y encontrar un lugar acogedor en el que orar y reflexionar, pero desde Saxum los peregrinos podrán también partir a pie, para vivir una etapa especial de su peregrinación. ¿De qué manera? Recorriendo “El camino de Emaús”, un sendero que desciende desde las colinas de Judea de Abu Gosh, donde se encuentra Saxum, hasta Emaús Nicopolis, localidad conocida desde la antigüedad como el lugar en el que Jesús partió el pan con los dos discípulos.

“El camino se ha puesto a punto como una reconstrucción del recorrido que hizo Jesús con los dos discípulos desde Jerusalén a Emaús —explica Henry Gourinard, del Instituto Polis. Ahora el camino comienza desde Abu Gosh, pero el proyecto es proseguirlo hasta Jerusalén.”

El camino de Emaús ha sido estudiado como ocasión de reflexión sobre las Escrituras (especialmente sobre el Mesías y el paralelismo entre el Antiguo y el Nuevo Testamento) y sobre la propia peregrinación, siguiendo el objetivo general del Saxum Multimedia Center. “Y ofrecerá a los peregrinos —explica Gourinard— la ocasión de un último encuentro con Jesús en el camino de regreso a casa, al final de la peregrinación, precisamente como le sucedió a los dos discípulos…”

En el Saxum Multimedia Center, punto de partida del camino hacia Emaús, los peregrinos recibirán una guía con informaciones sobre el lugar, citas y reflexiones.

“El camino de Emaús” o “Emmaus Trail” es una iniciativa de Saxum Foundation, patrocinada por el Ministerio de Turismo y del Jewish National Fund KKL. Es un sendero excursionista inmerso en la naturaleza, a lo largo de unos 15 kilómetros, y que se puede recorrer en leve descenso sin ninguna dificultad.

Mira aquí el vídeo sobre el “Camino de Emaús”. https://vimeo.com/120929936

sábado, 8 de noviembre de 2014

Saxum, centro de convenciones en el camino de Emaús


Antonio José Quintana, secretario general de la fundación Saxum, entidad que promueve el proyecto, explica, de paso por Colombia desde Chicago en su viaje de promoción del proyecto, el centro de convenciones Saxum, que se encuentra en el camino de Emaús.

Saxum llevará asociado un centro de visitantes, que "estará gestionado por la Fundación Saxum y promocionará peregrinaciones desde todo el mundo para facilitar que muchas personas puedan venir a Tierra Santa. Se ofrecerá al peregrino información histórica, arqueológica, teológica, de los lugares santos, con todo tipo de recursos multimedia. Sin perder de vista que lo que queremos es que sea como una puerta de entrada para poder entender mejor la Tierra Santa”.

"Y todo esto en el mismo Camino de Emaús, un camino vivo por donde anduvo el Señor y que puede atraer a muchos peregrinos jóvenes a Tierra Santa. Tenemos también otros proyectos, el ministerio ha desarrollado el camino de Nazaret hasta Cafarnaúm. Quién sabe si un día podemos unir Emaús con Nazaret y Nazaret con Cafarnaúm, Cafarnaúm con Jericó y Jericó con Jerusalén. Estamos dando la vuelta a todo Israel recorriendo todos los lugares santos. Saxum está en el Camino de Emaús en el sentido real”.

El lugar del futuro Centro de Actividades Saxum está ubicado en las afueras del pueblo de Abu Gosh, en medio de las montañas de Judea, mirando hacia el Valle de Ayalón. El lugar está rodeado de pinos y bellas panorámicas, lo que contribuye a crear un ambiente de paz y ofrece muchas posibilidades para pasear. Localizado a sólo 15 km. de Jerusalén, ofrece fácil acceso a los principales lugares santos de Jerusalén, como el Santo Sepulcro, el Monte de los Olivos y el Cenáculo, y está cercano a Ein Karem (el sitio de la Visitación) y a Belén. 

“En Israel, como en muchos otros sitios del mundo, la gente se levanta muy temprano. De Jerusalén a Abu Gosh hay solamente tres horas y media de camino; no tiene mucho sentido que los discípulos [el Domingo de Resurrección] le dijeran al Señor "quédate con nosotros que está cayendo la tarde" en Abu Gosh. Lo que tiene sentido es que el Señor se apareciera a los discípulos en algún momento de su camino desde Jerusalén y fuera caminando con ellos explicándole las escrituras que hacían referencia a su persona. Los discípulos llegarían a Abu Gosh como primera etapa. Desde Abu Gosh saldrían hacia Emaús Nicópolis, a la que llegarían sobre las cinco o las seis de la tarde que es cuando en esa época se puede hacer de noche allí. De Jerusalén a Abu Gosh hay unos 15 kms, y unos 10 más de Abu Gosh hasta Emaús Nicópolis, o sea que andarían una jornada de camino. El Evangelio describe Emaús como una ciudad que estaba a una jornada de camino. En aquella época todo el mundo caminaba, no me extraña que caminaran unos 25 Km", calcula Quintana.


sábado, 20 de abril de 2013

Conversación en el camino de Emaus


“Iban aquellos dos discípulos hacia Emaús. Su paso era normal, como el de tantos otros que transitaban por aquel paraje. Y allí, con naturalidad, se les aparece Jesús, y anda con ellos, con una conversación que disminuye la fatiga. Me imagino la escena, ya bien entrada la tarde. Sopla una brisa suave. Alrededor, campos sembrados de trigo ya crecido, y los olivos viejos, con las ramas plateadas por la luz tibia” (Amigos de Dios, n. 313).

"La presencia del Señor inspiraba una gran confianza, pues con apenas dos frases provocó la confidencia de los discípulos: “comprende su dolor, penetra en su corazón, les comunica algo de la vida que habita en Él” (Es Cristo que pasa, n. 105). Sus esperanzas de que Jesús redimiera a Israel habían terminado con la crucifixión. Al salir de Jerusalén, sabían ya que su cuerpo no se encontraba en el sepulcro, y que las mujeres afirmaban haber recibido el anuncio de su resurrección a través de unos ángeles; pero no creen (Cfr. Lc 24, 17-24), están tristes y titubeantes en la fe. “Entonces Jesús les dijo: -¡Necios y torpes de corazón para creer todo lo que anunciaron los Profetas! ¿No era preciso que el Cristo padeciera estas cosas y así entrara en su gloria? Y comenzando por Moisés y por todos los Profetas les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él” (Lc 24, 25-27).

¡Qué conversación sería aquella! Pero “se termina el trayecto al encontrar la aldea, y aquellos dos que -sin darse cuenta- han sido heridos en lo hondo del corazón por la palabra y el amor del Dios hecho Hombre, sienten que se vaya. Porque Jesús les saluda con ademán de continuar adelante” (Amigos de Dios, n. 314). Sin embargo, “los dos discípulos le detienen, y casi le fuerzan a quedarse con ellos” (Es Cristo que pasa, n. 105). Le ruegan: “mane nobiscum, quoniam advesperascit, et inclinata est iam dies” (Lc 24, 29); quédate con nosotros, porque sin ti se nos hace de noche. Jesús se queda, “y cuando estaban juntos a la mesa tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su presencia. Y se dijeron uno a otro: -¿No es verdad que ardía nuestro corazón dentro de nosotros, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?” (Lc 24, 30-32).

Comentando este pasaje, san Josemaría lo aplicaba también al apostolado de aquellos cristianos que, en medio del mundo, están llamados a hacer presente a Cristo en todos los ámbitos donde se desarrollan las tareas de los hombres (cfr. Es Cristo que pasa, n. 105).

“Nonne cor nostrum ardens erat in nobis, dum loqueretur in via? -¿Acaso nuestro corazón no ardía en nosotros cuando nos hablaba en el camino? Estas palabras de los discípulos de Emaús debían salir espontáneas, si eres apóstol, de labios de tus compañeros de profesión, después de encontrarte a ti en el camino de su vida” (Camino, n. 917). El Señor quiso aparecerse a Cleofás y a su compañero de un modo corriente, como un viajero más, sin hacerse reconocer inmediatamente. Como los treinta años de vida oculta de Jesucristo.

La reacción de los discípulos de Emaús, que se levantaron al instante y regresaron a Jerusalén (cfr. Lc 24, 33), también supone una lección para todos los hombres: “Se abren nuestros ojos como los de Cleofás y su compañero, cuando Cristo parte el pan; y aunque Él vuelva a desaparecer de nuestra vista, seremos también capaces de emprender de nuevo la marcha -anochece-, para hablar a los demás de Él, porque tanta alegría no cabe en un pecho solo. Camino de Emaús. Nuestro Dios ha llenado de dulzura este nombre. Y Emaús es el mundo entero, porque el Señor ha abierto los caminos divinos de la tierra” (Amigos de Dios, n. 314).

J. Gil

sábado, 13 de abril de 2013

Historia de Emaus


Con el nombre de Emaús existía una ciudad al oeste de Jerusalén que aparece en el Antiguo Testamento: en el año 165 antes de Cristo, el ejército seléucida de Nicanor y Gorgias, acampado en las proximidades, sufrió una importante derrota a manos de la rebelión judía liderada por Judas Macabeo (Cfr 1 Mac, 3-38; 4-25). También se construyó allí una fortaleza por la misma época (1 Mac 9, 50), de la que todavía quedan algunos restos. 


Su situación estratégica –en el camino entre la ciudad portuaria de Jaffa y Jerusalén, donde termina la llanura y comien-zan las montañas centrales de Palestina– hizo que los romanos la convirtieran en un importante núcleo administrativo a mediados del siglo primero antes de Cristo. Sin embargo, como represalia por un ataque a una de sus cohortes, fue incendiada y arrasada en el 4 a.C. La ciudad debía de estar reconstruida hacia los años 66-67 de nuestra era, porque los historiadores Flavio Josefo y Plinio la enumeran entre las capitales de distrito, y Vespasiano la conquistó en su campaña para someter el levantamiento de los judíos. Pasó entonces a llamarse Nicópolis, ciudad de la victoria, nombre que quedó confirmado cuando recibió el título de ciudad romana, en el año 223.




En el año 638, los árabes invadieron Palestina y conquistaron Nicópolis, que pasó a llamarse Ammwas.Aunque hay noticias de que su población fue evacuada dos años después a causa de una plaga, la ciudad mantuvo su importancia como cabeza de distrito durante la dominación islámica. En junio de 1099, fue el último bastión tomado por los cruzados en su camino hacia Jerusalén. En el siglo XII, durante los reinos cristianos, se construyó una iglesia sobre las ruinas de una basílica de época bizantina. 

Al mismo tiempo, la tradición que identificaba Nicópolis con la Emaús evangélica perdió fuerza frente al dato de la distancia, y se empezó a buscar otro lugar, en un radio de sesenta estadios desde la Ciudad Santa. Primero se sugirió el castillo de Fontenoid, en la actual Abu-Gosh, pero no obtuvo mucho éxito; y en el siglo XIV se propuso El Qubeibeh, que persiste todavía hoy en la tradición recogida por los franciscanos. Desgraciadamente, la iglesia de Emaús-Nicópolis quedó abandonada al irse los cruzados, y la presencia cristiana desapareció de la ciudad hasta finales del siglo XIX. Por iniciativa de la beata Mariam de Belén, religiosa carmelita, en 1878 se compró el terreno donde estaban las ruinas del templo y se reanudaron las peregrinaciones. Las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en 1880, en 1924 ( y las que se realizan actualmente han puesto al descubierto los vestigios de dos basílicas bizantinas y de una iglesia medieval –la de los cruzados–, construida con piedras tomadas de las ruinas de las dos primeras.

J. Gil

sábado, 6 de abril de 2013

La aldea de Emaus

La resurrección de Cristo, realizada en las primeras horas del domingo, es un hecho que los Evangelios afirman de modo claro y rotundo. Junto a la presentación de los primeros testimonios del sepulcro vacío –las santas mujeres, los apóstoles Pedro y Juan–, narran diversas apariciones de Jesús resucitado. Entre todas, la de los discípulos de Emaús, descrita con detalles conmovedores por san Lucas, es especialmente entrañable. 

Conocemos bien el principio del relato: "ese mismo día, dos de ellos se dirigían a una aldea llamada Emaús, que distaba de Jerusalén sesenta estadios. Iban conversando entre sí de todo lo que había acontecido.Y mientras comentaban y discutían, el propio Jesús se acercó y se puso a caminar con ellos, aunque sus ojos eran incapaces de reconocerle" (Lc. 24, 13-16).

La Iglesia antigua identificó Emaús-Nicópolis con el sitio evangélico, y los cristianos veneraban allí la casa de Cleofás. Los testimonios más antiguos se remontan al siglo III: Eusebio de Cesarea, en el Onomasticon, un elenco de lugares bíblicos elaborado hacia el 295, sostiene que «Emaús, de donde era Cleofás, el que es mencionado en el Evangelio de Lucas, es hoy en día Nicópolis, una ciudad relevante de Palestina»; y san Jerónimo, además de confirmar esta tesis al traducir el libro de Eusebio al latín, nos ha transmitido que peregrinó en el año 386 a «Nicópolis, que se llamaba antes Emaús, en la que el Señor, reconocido a la fracción del pan, consagró en iglesia la casa de Cleofás» (San Jerónimo, Epistola CVIII. Epitaphium Sanctæ Paulæ). Durante la época bizantina, entre los siglos IV y VII, Emaús-Nicópolis contaría con una nutrida población cristiana, pues fue sede episcopal. 

Con el nombre de Emaús existía una ciudad al oeste de Jerusalén que aparece en el Antiguo Testamento: en el año 165 antes de Cristo, el ejército seléucida de Nicanor y Gorgias, acampado en las proximidades, sufrió una importante derrota a manos de la rebelión judía liderada por Judas Macabeo (Cfr 1 Mac, 3-38; 4-25). También se construyó allí una fortaleza por la misma época (1 Mac 9, 50), de la que todavía quedan algunos restos. Su situación estratégica –en el camino entre la ciudad portuaria de Jaffa y Jerusalén, donde termina la llanura y comien-zan las montañas centrales de Palestina– hizo que los romanos la convirtieran en un importante núcleo administrativo a mediados del siglo primero antes de Cristo. Sin embargo, como represalia por un ataque a una de sus cohortes, fue incendiada y arrasada en el 4 a.C. La ciudad debía de estar reconstruida hacia los años 66-67 de nuestra era, porque los historiadores Flavio Josefo y Plinio la enumeran entre las capitales de distrito, y Vespasiano la conquistó en su campaña para someter el levantamiento de los judíos. Pasó entonces a llamarse Nicópolis, ciudad de la victoria, nombre que quedó confirmado cuando recibió el título de ciudad romana, en el año 223.

Esta tradición antigua y concordante que situaba en Nicópolis la manifestación de Jesús resucitado se mantuvo a lo largo de los siglos a pesar de contrastar con otros dos datos aportados por san Lucas. El evangelista afirma que se trataba de una aldea y no de una ciudad; y que se encontraba a sesenta estadios de Jerusalén, cuando la distancia es de ciento sesenta. Teniendo en cuenta que esa medida griega equivalía a una longitud variable de entre 185 y 200 metros, hay una diferencia de veinte kilómetros. 

Calificar Emaús-Nicópolis de aldea podría justificarse si en tiempos de Jesucristo realmente lo era; es decir, si no había recuperado todavía su esplendor tras haber sido destruida treinta años antes. La disconformidad con la distancia habría de explicarse por un error de transcripción. Se conservan manuscritos del Evangelio de Lucas donde aparecen tanto sesenta como ciento sesenta estadios; y aunque sonmás numerosos los de la longitudmenor, algunos de la mayor se hallaron en Palestina. En griego clásico, las cifras se representaban con letras: sesenta, con una xi; y ciento sesenta, con una rho antes de la xi. Pudo suceder que en alguna copia importante desapareciera la primera letra; si no se conocían los lugares, el descuido habría pasado inadvertido y así se transmitió en las copias sucesivas: un trayecto de sesenta estadios –once o doce kilómetros– parece más asequible que otro de ciento sesenta –treinta kilómetros–, si se considera que los discípulos volvieron a Jerusalén esa misma noche; aunque cabe imaginar que regresaran a lomos de cabalgadura, nada de eso dice el texto evangélico que, sea como fuere, quedó fijado con la lectura de sesenta estadios. 

J. Gil

sábado, 24 de abril de 2010

Jesús, buen pastor, les acompañó hasta Emaus

"En aquel tiempo, dijo Jesús: - Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno" (Jn. 10, 27-30).
El Evangelio de hoy habla del buen pastor, y es el día en que rezamos por las vocaciones. Al ser el año del sacerdocio, pedimos al Señor de forma particular por las vocaciones sacerdotales. Hay un pasaje muy especial que se lee en Pascua. Se trata de el camino que realiza Jesús con los dos discípulos que vuelven a su pueblo. Jesús se hace el encontradizo, les deja que se desahoguen, y después les explica las escrituras. Este acompañamiento acaba con una aceptación a cenar en su casa, hasta que, al partir el pan, se les abrieron los ojos. No hay mejor imagen de lo que es el buen Pastor, y por eso quería hoy recordar este pasaje, dando algunos datos bonitos del verdadero Emaus que quizá muchos no saben.
Emaus, según la mayoría de los manuscritos del Evangelio de san Lucas, se encuentra a 60 estadios de Jerusalén. Se entiende que más o menos un estadio corresponde a lo que sería la distancia del campo de un estadio de futbol. Con este dato, se ha tratado de localizar el lugar en un radio de esos 60 estadios descritos. Se han buscado posibles lugares con esa distancia alrededor de Jerusalén. Los posibles sitios que se han propuesto han sido sobre todo Motza y Alqubeibe. Pero ninguno de los ellos tiene una tradición antigua. En cambio, algunos manuscritos muy antiguos, entre ellos el Sinaiticus, dicen que Emmaus se encontraba a 160 estadios de Jerusalén. El error se pudo producir al resultar muy fácil que, en su transcripción, los copistas se pudieran haber equivocado. Se trataría de un error muy pequeño pero que finalmente equivaldría a una distancia muy grande. El número 60 se escribía con una letra griega seguida de un apostrofe y, en cambio, el número 160 con dos letras griegas más un pequeño apostrofe.
Hay un solo lugar en Tierra Santa que llevaba antiguamente el nombre de Emaús: se trataba de la localidad de Emaús-Nicópolis. Este sitio pasó a llamarse Nicopolis en la época helenística. Los árabes, de hecho, hoy en día la siguen llamando Amwas: esta palabra proviene del término Emaús. El problema reside en que, por vía directa, desde Jerusalén hasta Amwas hay bastantes más de los 60 estadios del Evangelio. En concreto la distancia ronda más bien la cifra de los 160 estadios. En la Antigüedad, en la época de Jesús, hay una sóla vía romana que va de Jerusalén a Emaús: pasa cerca de Modiin, y por esa vía, Emaús queda a unos 160 estadios más o menos de Jerusalén. Los peregrinos iban a pie. Para llegar hasta allí no seguían la vía romana sino el sendero más corto, el que pasa por la actual población denomina Abu Gosh.
Ver las fotos de este camino que recorrió el Señor con los discípulos de Emaus nos puede ayudar a rezar mucho por las vocaciones sacerdotales que tanto necesita la Iglesia. Ayudemos a tantos jóvenes, acompañándoles con nuestra oración, para que descubran su vocación y sepan entregar su vida generosamente para servir a la Iglesia y a todas las almas.

sábado, 18 de abril de 2009

Emaús

"Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día a un pueblo llamado Emaús, que estaba a ciento sesenta estadios de Jerusalén. E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido. Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos". (Lc 24,13-35). Conocemos muy bien este pasaje del Evangelio tan bonito. Actualmente, se discute mucho sobre cual es el auténtico lugar de Emaus, pues aquel pueblecito -en aquel entonces pequeño- hoy no existe. Hay tres sitios que se barajan. Por muchos datos parece que el más fidedigno es Latroun. Contaré la siguiente anécdota que le sucedió a la única santa de Palestina beatificada hasta ahora. El Señor le concedió abundantes gracias extraordinarias, una de las cuales es la que narro a continuación. María de Jesús crucificado –ese era su nombre de religiosa- iba desde Belén hacia Nazaret en una carroza. Pararon para repostar los caballos y la monjita salió corriendo en dirección a un bosque que había a la derecha. Las demás monjas la siguieron corriendo alarmadas y, cuando llegaron a un lugar algo elevado, con sorpresa se la encontraron en un promontorio con las manos abiertas, y diciéndoles con mucha alegría:
-Este es el lugar donde el Señor partió el pan con los discípulos de Emaus.
En ese año 1878 las religiosas compraron el terreno. A los dos años se hicieron excavaciones arqueológicas y se encontraron dos iglesias bizantinas muy antiguas y una iglesia Cruzada que, con el paso del tiempo, habían quedado ocultas.
El lugar de Emaús está situado en el terreno fértil del valle de Sefelá, en el cruce de las vías de comunicación que unen el norte y el sur del país con el acceso a Jerusalén. En la antiguedad fue calificado como "lugar de aguas deliciosas y de estancia agradable". El nombre de Emaús proviene de la palabra hebrea Jamot, que se traduce por "fuente o aguas calientes". En el siglo III d.C. la ciudad cambia de nombre llamándose Nicópolis, que en griego significa "ciudad de la victoria". La rica historia de Emaús está marcada por el paso de numerosos conquistadores y personajes ilustres. En la Biblia el libro de Josué explica como el sol y la luna se pararon sobre el valle vecino de Ayalón mientras Israel luchaba contra sus enemigos. En el año 165 a.C. Judas Macabeo obtiene aquí una victoria importante contra las tropas griegas de Nicanor, abriendo el camino hacia Jerusalén y permitiendo a los judíos la purificación del Templo y la restauración del culto divino, hecho que se conmemora anualmente en la fiesta judía de Januka. Hacia el año 30 d.C., la ciudad de Emaús -destruida por los romanos- se convierte en un pueblo pequeño y en el lugar del encuentro de Jesús con dos de sus discípulos que le reconocen en el gesto de la fracción del pan. En el siglo III d.C. Emaús es reconstruida por los romanos y una comunidad cristiana numerosa nace aquí. En el periodo bizantino, Emaús Nicópolis se transforma en una importante sede episcopal. Se construyen dos basílicas aquí entre los siglos IV y V en el lugar del encuentro de Cristo con sus discípulos. En el siglo VII d.C. los persas y los árabes destruyen el santuario de Emaús que será reconstruido por los cruzados en el siglo XII. Desgraciadamente, al irse los cruzados el edificio queda abandonado, y la presencia cristiana desaparece de Emaús.
Las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en 1880, en 1924 y las que se realizan actualmente, han puesto al descubierto las ruinas de dos imponentes basílicas bizantinas con bellos mosaicos, y una tercera iglesia construida por los cruzados con las piedras tomadas de las ruinas de las iglesias anteriores. En el edificio construido en la colina en los años 1930 por los padres franceses de Betaram, se pueden también visitar el museo que alberga preciosos mosaicos del lugar, y la capilla de la Comunidad de las Bienaventuranzas. A partir del año 1993, la Iglesia ha confiado a la Comunidad Católica de las Bienaventuranzas la animación y el cuidado del lugar. Esta orden es de origen francés, fundada por Efraim Croissant en 1973. Con su presencia en Israel la comunidad quiere contribuir a la reconciliación y al conocimiento mutuo entre los cristianos y los judíos por las vías del estudio y la oración. Están abiertos para acoger a toda persona que desee visitar y orar en este lugar. Cuando estuve visitando este sitio me trataron muy bien, y me facilitaron un folleto que ayudaba a entender las riquezas que allí tienen. Cuánto ayuda haber visitado Emaús en estos días para trasladarse con la imaginación a esos momentos preciosos en los que Jesús estuvo allí con los dos discípulos.