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sábado, 17 de octubre de 2015

San Josemaría y el hogar de Nazaret

Cripta de la Basílica de la Anunciación. Foto: Leobard Hinfelaar.La Virgen dejaría la casa de san Joaquín y santa Ana e iría a vivir a la de su esposo, que seguramente estaba muy cerca, ya que las excavaciones realizadas en Nazaret han revelado que las casas que componían este pueblecito ocupaban una superficie de unos cien metros de ancho por ciento cincuenta de largo. ¿Cómo era la vida de familia en Nazaret?

En el hogar de la Sagrada Familia, en Nazaret, Jesús, María y José santificaban la vida ordinaria, sin acciones espectaculares o llamativas. Llevaban una existencia aparentemente igual a la de sus conciudadanos, importante no por la materialidad de lo que realizaban, sino por el amor, en perfecta adhesión a la Voluntad del Padre. 

San Josemaría animaba a buscar el trato con Jesús, María y José, a realizar las tareas de cada día como si estuviésemos con la Sagrada Familia en la casa de Nazaret:

Bajo la cúpula, se abre un espacio hacia la cripta y la Gruta de la Anunciación.    Foto: Leobard Hinfelaar."Al pensar en los hogares cristianos, me gusta imaginarlos luminosos y alegres, como fue el de la Sagrada Familia (...) Que la paz de Cristo triunfe en vuestros corazones (Col 3,15), escribe el apóstol. La paz de sabernos amados por nuestro Padre Dios, incorporados a Cristo, protegidos por la Virgen Santa María, amparados por San José. Esa es la gran luz que ilumina nuestras vidas y que, entre las dificultades y miserias personales, nos impulsa a proseguir adelante animosos. Cada hogar cristiano debería ser un remanso de serenidad, en el que, por encima de las pequeñas contradicciones diarias, se percibiera un cariño hondo y sincero, una tranquilidad profunda, fruto de una fe real y vivida" (Es Cristo que pasa, 22).

"La vida familiar, las relaciones conyugales, el cuidado y la educación de los hijos, el esfuerzo por sacar económicamente adelante a la familia y por asegurarla y mejorarla, el trato con las otras personas que constituyen la comunidad social, todo eso son situaciones humanas y corrientes que los esposos cristianos deben sobrenaturalizar.

Ábside la Iglesia de San José. Foto: Alfred Driessen.La fe y la esperanza se han de manifestar en el sosiego con que se enfocan los problemas, pequeños o grandes, que en todos los hogares ocurren, en la ilusión con que se persevera en el cumplimiento del propio deber. La caridad lo llenará así todo, y llevará a compartir las alegrías y los posibles sinsabores; a saber sonreír, olvidándose de las propias preocupaciones para atender a los demás; a escuchar al otro cónyuge o a los hijos, mostrándoles que de verdad se les quiere y comprende; a pasar por alto menudos roces sin importancia que el egoísmo podría convertir en montañas; a poner un gran amor en los pequeños servicios de que está compuesta la convivencia diaria.

Santificar el hogar día a día, crear, con el cariño, un auténtico ambiente de familia: de eso se trata. Para santificar cada jornada, se han de ejercitar muchas virtudes cristianas; las teologales en primer lugar y, luego, todas las otras: la prudencia, la lealtad, la sinceridad, la humildad, el trabajo, la alegría... Hablando del matrimonio, de la vida matrimonial, es necesario comenzar con una referencia clara al amor de los cónyuges" (Es Cristo que pasa, 23).

sábado, 10 de octubre de 2015

Con la familia de Nazaret

Panorámica de Nazaret desde el sur, con la Basílica de la Anunciación en el centro de la imagen. Foto: Daphna Tal - Israel TourismQuiero incluir estas entradas sobre la Sagrada Familia de Nazaret en estos días, para que nos ayuden a rezar por el Sínodo de la Familia que esta teniendo lugar en Roma. Acudimos a la Sagrada Familia de Nazaret por los frutos de este Sínodo. Para que todas las familias del mundo vivan como la Sagrada Familia, donde el centro de la vida en familia era el amor.

La ciudad de Nazaret cuenta hoy con unos 70.000 habitantes, aunque en tiempos del Señor no pasaba de ser un pequeño poblado en el que vivían poco más de un centenar de personas, dedicadas en su mayoría a la agricultura.

La aldea estaba situada en la falda de una colina, rodeada de otros promontorios que formaban algo así como un anfiteatro natural. El trabajo de los arqueólogos ha permitido descubrir cómo eran las casas en esta zona de Galilea hace dos mil años: muchas eran cuevas excavadas en la roca, a veces ampliadas exteriormente con una sencilla construcción. Algunas disponían de una bodega, de un granero, de una cisterna para guardar agua.

Gráfico: J. GilEn Nazaret hay varios enclaves en los que se conserva el recuerdo de la presencia del Señor: el más importante es la basílica de la Anunciación; otros lugares evangélicos son la Sinagoga y el cercano Monte del Precipicio, que rememoran el rechazo de algunos nazarenos tras haber escuchado la predicación de Jesús; además, están la Fuente de la Virgen, donde según algunas tradiciones antiguas María iría a buscar agua; la Tumba del Justo, en la que habría sido enterrado el Santo Patriarca; y la iglesia de San José, construida sobre los restos de una casa que la piedad popular ha identificado desde hace muchos siglos con el hogar de la Sagrada Familia. 

La “cripta de san José”. El templo que vemos hoy se encuentra a cien metros de la basílica de la Anunciación. Fue construido en 1914, con estilo neo-románico, sobre las ruinas de edificaciones anteriores: existía, en efecto, una iglesia del tiempo de los cruzados (siglo XII), que los musulmanes habían asolado en el siglo XIII. 

Cuando los franciscanos llegaron a Nazaret, por el año 1600, encontraron que entre los cristianos del lugar se había transmitido una tradición popular que identificaba esa iglesia –llamada también de la Nutrición, por ser el sitio donde habría sido criado el Niño Jesús– con el taller de José y la casa donde vivía la Sagrada Familia. Las excavaciones realizadas en 1908 sacaron a la luz restos de una primitiva iglesia bizantina (siglos V-VI), que habría sido construida en el lugar donde todavía hoy –en la cripta– pueden observarse algunas dependencias de una casa que los arqueólogos datan en el primer o segundo siglo de nuestra era: una bodega excavada en la roca, varios silos, cisternas para el agua..., así como lo que posiblemente era un baptisterio, al que se bajaba por una escalera de siete peldaños y que contiene algunos mosaicos.

Aunque estos hallazgos son significativos, sin embargo no permiten a los arqueólogos asegurar con toda certeza que esta y no otra fuese efectivamente la casa de la Sagrada Familia. Sería preciso contar con fuentes antiguas que lo atestiguasen, como sucede en otros lugares santos: por ejemplo, en la cercana basílica de la Anunciación. No obstante, tomando pie de la antigua y venerable tradición popular, bien podemos acercarnos con cariño a la cripta de la iglesia de San José para, de la mano de san Josemaría, meternos en aquel hogar de Nazaret donde Jesús pasó treinta años de su vida en la tierra. "Al despertarse José hizo como el ángel del Señor le había mandado y recibió a su esposa", narra san Mateo (Mt 1, 24).

Fachada principal de la Basílica de la Anunciación. Foto: Leobard Hinfelaar.De las narraciones evangélicas –comenta san Josemaría- se desprende la gran personalidad humana de José: en ningún momento se nos aparece como un hombre apocado o asustado ante la vida; al contrario, sabe enfrentarse con los problemas, salir adelante en las situaciones difíciles, asumir con responsabilidad e iniciativa las tareas que se le encomiendan.

"No estoy de acuerdo con la forma clásica de representar a San José como un hombre anciano, aunque se haya hecho con la buena intención de destacar la perpetua virginidad de María. Yo me lo imagino joven, fuerte, quizá con algunos años más que Nuestra Señora, pero en la plenitud de la edad y de la energía humana" (Es Cristo que pasa, 40).

San Josemaría Escrivá de Balaguer solía utilizar una breve definición de San José: "es el santo de la humildad rendida..., de la sonrisa permanente y del encogimiento de hombros". Con ello quería expresar la absoluta disposición del Santo Patriarca, noche y día, para hacer la Voluntad de Dios, sereno y confiado para abrirse paso a través de las dificultades, atento a las personas que Dios había puesto bajo su tutela.

"Para San José, la vida de Jesús fue un continuo descubrimiento de la propia vocación (...). José se sorprende, José se admira. Dios le va revelando sus designios y él se esfuerza por entenderlos. Como toda alma que quiera seguir de cerca a Jesús, descubre en seguida que no es posible andar con paso cansino, que no cabe la rutina. Porque Dios no se conforma con la estabilidad en un nivel conseguido, con el descanso en lo que ya se tiene. Dios exige continuamente más, y sus caminos no son nuestros humanos caminos. San José, como ningún hombre antes o después de él, ha aprendido de Jesús a estar atento para reconocer las maravillas de Dios, a tener el alma y el corazón abiertos" (Es Cristo que pasa, 54).

sábado, 2 de mayo de 2015

Descubierta una casa al lado de la basílica de Nazaret

Un grupo de arqueólogos liderado por Ken Dark, un profesor de la Universidad de Reading (ubicada en el Reino Unido) ha descubierto una cueva en Nazaret que, según creen, podría ser la casa en la que Jesucristo pasó su infancia.

Así lo afirma, al menos, el susodicho investigador en un artículo publicado por la revista «Biblical Archaeology Review». La vivienda está fechada en el siglo I y, según afirman, podría ser el lugar en el que María y José criaron a su hijo.

El lugar fue descubierto en 1880 bajo una iglesia de la región. Sin embargo, fue en 2006 cuando los arqueólogos comenzaron a excavar los restos para descubrir –entre otras cosas- que la vivienda había sido edificada en mortero y piedra junto a una ladera.

A su vez, los expertos también han podido averiguar que, posteriormente, los gobernantes del Imperio Bizantino ordenaron construir una iglesia sobre este lugar para protegerlo. Todo ello, por considerar que era el hogar donde había crecido Jesucristo.

Por ello, Dark considera que existe la posibilidad de que esta vivienda sea la casa de Jesús, aunque también ha destacado en la revista su escepticismo a corroborarlo hasta que no se lleven a cabo las pruebas pertinentes. «No hay ninguna razón arqueológica para afirmar esto, aunque la identificación no debe descartarse», determinaba el experto en la publicación.

De lo que sí está seguro el profesor es de que muchas de las características de la vivienda están intactas (incluyendo puertas y ventanas) y de que posteriormente se utilizó como cementerio improvisado, cisterna de agua y, finalmente, templo.

«La estructura incluye una serie de habitaciones, uno de ellas tiene una altura considerable, otra de las habitaciones tenía una escalera ascendente junto a una de sus paredes», destaca el experto en su artículo. En palabras de Dark, la vivienda fue abandonada durante el siglo I. Posteriormente fue construida una iglesia encima y sus muros fueron venerados por los cruzados.

Además de la vivienda, el que se construyera un edificio encima de la cueva ha permitido recuperar todo tipo de objetos en un estado casi perfecto de conservación. Entre ellos destacan ollas de cocina o vasos de piedra caliza (muy usados por los judíos en aquella época).

sábado, 23 de agosto de 2014

D. Álvaro en Nazaret

Por la tarde del martes 15 de marzo visitamos la iglesia y la gruta de San José, la “fuente de la Virgen” y la Basílica de la Anunciación, donde hicimos un rato de oración y concelebramos la Misa en el altar de la gruta. Don Álvaro hizo la homilía, conmovido, recordando el “Hic Verbum caro factum est”. Asistían a la Misa un grupo de personas del Opus Dei entre los que estaba el matrimonio Laura y Aníbal. Aníbal estaba ya gravemente enfermo y la mujer estaba serena y profundamente emocionada. El Dr. Araquistain hizo algunas tomas con una pequeña máquina de televisión.

Desde que comenzó este viaje por Tierra Santa, don Álvaro quiso que leyéramos en voz alta los textos del Evangelio relacionados con los diversos Santos Lugares y así hicimos. Todas estas visitas fueron precedidas o acompañadas de esta lectura y meditación del Santo Evangelio.

Estas son algunas de las palabras que dijo en la homilía:

"Siempre y en todo momento es un gran privilegio celebrar o asistir a la Santa Misa. Pero el Señor es tan bueno que ha querido dejar estos recuerdos de su paso por la tierra, de su venida al

mundo. Aquí parece que es más fácil hablar con Dios, considerar con alegría el Amor que el Señor nos tiene, y es un especial privilegio celebrar la Santa Misa. 

En esta gruta, ahí abajo, donde está marcada la señal, el Verbo se hizo carne. El Dios todopoderoso, infinitamente grande, toma carne humana. ¿Dónde? En un hogar lleno de pobreza. ¿Y en dónde nació también? En otra gruta, que ahora, con el paso de los años, está muchos metros debajo de la tierra. Ahí ha estado el Señor. Ahí nació el Señor. ¿Para qué? Para darnos a nosotros la vida. Él se hizo mortal, viviendo de esa manera –y después, muriendo como murió–, para que nosotros pudiésemos vivir. 

Permite el Señor que pasemos dolores, sufrimientos y penas. Pero son caricias que nos acercan más a Él. Hoy, al contemplar aquella escena maravillosa que nos narran los evangelistas, pienso con más facilidad en que el Señor, cuando permite que suframos, después nos transmite más su Amor, para que nos parezcamos más a Él.

Estamos reunidos para asistir al Santo Sacrificio de la Misa y le decimos: ¡Señor,gracias por lo bueno que eres! ¡Gracias porque te has dignado venir al mundo, tomando carne de aquella Doncella maravillosa que era la Virgen María! Para que nosotros fuésemos santos, para que aprendiésemos a luchar, y para que supiésemos decirte: ¡Señor, quiero lo que Tú quieras, quiero porque Tú lo quieres, lo quiero cuando Tú lo quieras!

Estad llenos de alegría siempre, llenos de paz, porque tenemos un Dios en el Cielo capaz de hacer maravillas y una Madre en el Cielo que recibió todo el amor que puede albergar una Madre.

Vamos a rezar en primer lugar por el Santo Padre y por la Iglesia universal, por la Iglesia católica. Especialmente por el Papa, que está muy necesitado de oraciones. Tiene muchos enemigos, pero el Señor le llena de paz y de alegría. No piensa en eso: piensa en que falta amor de Dios. Hijos míos: ¡falta amor de Dios!

Es el momento de examinarnos nosotros también, a ver cómo estamos de amor de Dios. A ver si no podemos dar algo más al Señor, que tiene derecho a pedirlo y que nos lo pide, mientras nos ofrece la gracia para corresponder. ¡Así de fácil es! Y así podremos decirle al Señor cuando llegue el momento: Señor, he hecho todo lo que estaba en mi mano, todo lo que podía. Y Tú me recibirás, Señor, cuando llegue el momento, como has recibido al hijo pródigo de aquel padre bueno. Que nosotros no seamos hijos pródigos; que seamos fieles,siempre, hasta la muerte, que vendrá cuando Dios quiera. Que

Dios os bendiga. Vamos a rezar un Avemaría a la Virgen".

sábado, 12 de octubre de 2013

Un día en la vida de la Virgen María


La jornada comenzaba con la salida del sol. Alguna oración sencilla, como el Shemá, y enseguida se iniciaba la dura faena. El Shemá es una oración, tomada de la Biblia, que comienza en hebreo por esa palabra, y dice así: “Shemá Israel (Escucha Israel), el Señor nuestro Dios es uno solo Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Guarda en tu corazón estas palabras que hoy te digo. Incúlcaselas a tus hijos y háblales de ellas estando en casa o yendo de viaje, acostado o levantado. Atalas a tu mano como signo, ponlas en tu frente como señal. Escríbelas en las jambas de tu casa y en tus puertas” (Dt 6, 4-9). 

Una de las primeras tareas a realizar cada jornada, después de la oración, era la preparación del pan, alimento básico de cada día. Para eso, María, como solían hacer las mujeres, comenzaría por moler el grano de trigo o cebada para hacer la harina. Se han encontrado algunos molinos domésticos, de piedra, de la época de nuestro Señor, que se utilizaban para esta tarea. Después la harina se mezclaba con agua y un poco de sal para formar la masa, a la que se añadía —excepto durante la fiesta de la Pascua— una pizca de levadura. Con la masa fermentada se hacían unas tortas muy delgadas, o unos panecillos, que se cocían en el horno o enterrados en unas brasas, y se comían recién hechos.

La comida de cada día sería bastante parecida a la que conocemos actualmente en las regiones mediterráneas. El pan se partía con la mano, sin utilizar cuchillo, y se tomaba solo o con aceite, y acompañado por vino, leche, fruta, y cuando era posible por algo de carne o pescado. La leche se solía guardar en odres hechos con pieles de cabra cosidas, y se bebía directamente de los mismos. Lo más probable es que casi siempre al tomarla estuviese ácida. De la leche también se obtenían la mantequilla y el queso, que eran alimentos básicos allí donde había ganados, como en Galilea. Otro elemento importante en la alimentación de aquellas gentes era el aceite. Y también se tomaban las aceitunas conservadas en salmuera. El aceite se llevaba incluso cuando se iba de viaje, en unas botellitas planas de arcilla de forma parecida a una cantimplora. También era frecuente beber vino, que solía ser fuerte, y por eso se tomaba habitualmente rebajado con agua, y a veces mezclado con algunas especias, o endulzado con miel.

Entre los guisos más habituales estaban los de garbanzos o lentejas. Las verduras más conocidas eran las habas, los guisantes, los puerros, las cebollas, los ajos, y los pepinos. La carne que más se solía comer era la de cordero o cabra, y algo la de gallina. Las frutas más habituales eran los higos, los dátiles, las sandías y las granadas. Las naranjas, hoy tan abundantes en aquella zona, todavía no eran conocidas en la Galilea en la que vivió Santa María.

Antes de comer cada día, se solían recitar unas oraciones para dar gracias a Dios por los alimentos recibidos de su bondad. La bendición de la mesa se hacía más o menos en estos términos: “Benditos seas, Señor, Dios nuestro, rey del Universo, que nos has dado hoy para comer el pan, fruto de la tierra”. Y se respondía: “Amén”.

Para la preparación de la comida, un trabajo duro que era necesario realizar cada día era el transporte del agua. La fuente de Nazaret estaba a cierta distancia, algo más de quince minutos andando desde las casas de la aldea. Posiblemente María iría allí cada mañana a llenar su cántaro, y regresaría a su hogar cargándolo sobre la cabeza, como es costumbre en la zona, para seguir su trabajo. Y algunos días tal vez tuviera que volver a sus inmediaciones en otros momentos del día, para lavar la ropa.

La ropa que tendría que lavar María sería la que utilizaban ella, José y Jesús. La vestimenta habitual estaba compuesta por un vestido o túnica interior, amplia, que solía ser de lino.Caía hasta las rodillas o pantorrillas. Podía ser sin mangas o con mangas hasta la mitad del brazo. La túnica se ceñía al cuerpo con una especia de faja, hecha con una franja larga y ancha de lino, que se enrollaba varias veces alrededor del cuerpo, pero no siempre ajustada de modo liso, sino que en algunas de esas vueltas se formaban pliegues, que podían utilizarse para llevar el dinero. Sobre la túnica se llevaba el vestido exterior, o manto, de forma cuadrada o redondeada, que habitualmente era de lana.

La mayor parte de los días de María fueron, sin duda, totalmente normales. Gastaba muchas horas en las tareas domésticas: preparación de la comida, limpieza de la casa y de la ropa, e incluso ir tejiendo la lana o el lino y confeccionando la ropa necesaria para su familia. Llegaría agotada al final del día, pero con el gozo de quien sabe que esas tareas aparentemente sencillas tienen una eficacia sobrenatural maravillosa, y que haciendo bien su trabajo estaba realizando una tarea de primera magnitud en la obra de la Redención.

Francico Varo, en www.primeroscristianos.com

sábado, 5 de octubre de 2013

Nazaret y la casa de María

Hace unos dos mil años Nazaret era una aldea desconocida para casi todos los habitantes de la tierra. En ese momento la Roma imperial brillaba llena de esplendor. Había muchas ciudades prósperas en las orillas del Mediterráneo. El bullicio de mercaderes y marineros inundaba muchas calles y plazas de ciudades portuarias o emporios comerciales. Nazaret, en cambio, era un puñado de pobres casas clavadas en unos promontorios de roca en la Baja Galilea. Ni siquiera en su región tenía una gran importancia. A algo más de dos horas de camino a pie se podía llegar a la ciudad de Séforis, donde se concentraba la mayor parte de la actividad comercial de la zona. Era una ciudad próspera, con ricas construcciones y un cierto nivel cultural. Sus habitantes hablaban griego y tenían buenas relaciones con el mundo intelectual greco-latino. En cambio, en Nazaret vivían unas pocas familias judías, que hablaban en arameo. La mayor parte de sus habitantes se dedicaban a la agricultura y la ganadería, pero no faltaba algún artesano como José, que con su ingenio y esfuerzo prestaba un buen servicio a sus conciudadanos haciendo trabajos de carpintería o herrería.

La casa de María era modesta, como la de sus vecinos. Tenía dos habitaciones. La interior, era una cueva que servía como granero y despensa. Tres paredes de adobe o mampostería adosadas a la roca delante de esa habitación interior sostenían un entramado de ramas, maderas y hojas que servía de techo, y formaban la habitación exterior de la casa. La luz entraba por la puerta. Allí tenían algunos útiles de trabajo y pocos muebles. Gran parte de la vida de familia se hacía fuera, a la puerta de la casa, tal vez a la sombra de una parra que ayudaría a templar el calor del verano.

Casi todos sus vecinos tenían una casa similar. Las excavaciones arqueológicas han sacado a la luz parte del antiguo Nazaret. En las casas se aprovechaban las numerosas cuevas que presenta el terreno para acondicionar en ellas sin realizar muchas modificaciones alguna bodega, silo o cisterna. El suelo se aplanaba un poco delante de la cueva, y ese recinto se cerraba con unas paredes elementales. Posiblemente las familias utilizarían el suelo de esa habitación para dormir.

Francico Varo, en www.primeroscristianos.com

sábado, 7 de septiembre de 2013

Nazaret y Cafarnaum

NAZARET

Hace unos dos mil años Nazaret era una aldea desconocida para casi todos los habitantes de la tierra. Era un puñado de pobres ca­sas clavadas en unos promontorios de roca en la Baja Galilea. Ni siquiera en su región tenía una gran impor­tancia. A algo más de dos horas de camino a pie se podía llegar a la ciudad de Séforis, donde se concentraba la mayor parte de la activi­dad comercial de la zona. Se trataba de una ciudad próspera, con ricas construcciones y un cierto nivel cultural. Sus habitantes hablaban griego y tenían buenas relaciones con el mundo intelectual greco-latino.

En cambio, en Nazaret vivían unas pocas familias judías, que hablaban en arameo. La mayor parte de sus habitantes se de­dicaban a la agricultura y la ganadería, pero no faltaba algunos ar­tesanos y obreros que se desplazaran a diario a trabajar en las construcciones de la vecina Séforis.
Las excavacio­nes arqueológi­cas han sacado a la luz parte del antiguo Nazaret. En las casas se aprovechaban las numerosas cuevas que presenta el terreno para acondicionar en ellas sin realizar muchas modifi­caciones alguna bodega, silo o cisterna. El suelo se aplanaba un poco delante de la cueva, y ese recinto se cerraba con unas pare­des elementales. Posiblemente las familias utilizarían el suelo de esa habitación para dormir (Lc 11,5-9.

CAFARNAUM

Junto al lago de Genesaret se encontraba Cafarnaum. No era una gran ciudad, pero sí una de las poblaciones ju­días más importantes de la región, ya que estaba en una zona fronteriza, junto al camino que unía Galilea con la tetrarquía gobernada por Filipo, por lo que había en ella servicio de aduanas y una guarnición militar. Tenía una buena sinagoga, de la que todavía se conservan sus funda­mentos de piedra basáltica. En un terre­no llano, a la orilla del lago, se aglomeraban las casas y habitaciones alrededor de patios y calles angostas. Aquí no hay un terreno rocoso como en Nazaret, por lo que la técnica de construcción era distinta, así como el tipo de casas. Sus casas estaban construidas con paredes formadas de grandes piedras basálticas de forma parecida a la de un disco, y los huecos entre unas y otras se tapaban con cantos y barro, pero sin argamasa. Había muy pocas piedras talladas, que se utilizaban para los dinteles y las jambas de las puertas y ventanas. Las casas estaban cubiertas por travesaños de ramas de árboles reforzados con ca­pas de tie­rra, de juncos y de paja.

Todavía se conservan las paredes de una habitación que una antigua tradi­ción, avalada por las recientes exca­vaciones arqueológicas, identi­fica con la casa de San Pedro. Tiene unas dimensiones de siete metros de longitud por seis me­tros y medio de anchura, y en ella hay signos de veneración a partir del siglo primero, que testimonian el respeto con que ha sido cuidada por los cris­tianos casi desde sus orígenes. Junto a su puerta hay una plazuela que muchas veces resultaría pequeña para contener a la gente que acudía para ver y escuchar a Jesús (cfr. Mc 2,1-5).


sábado, 27 de abril de 2013

Prohibido robar cadáveres


Una vez pasado el sábado, al amanecer el primer día de la semana, algunas mujeres se dirigieron al sepulcro. Eran conscientes de las dificultades con las que se iban a encontrar al llegar para poder entrar, pero no se acobardaron y siguieron su camino. 

Al llegar tuvieron la fortuna de ser las primeras en contemplar el prodigio. En efecto, San Marcos cuenta que mientras iban andando “se decían unas a otras: ¿Quién nos quitará la piedra de entrada al sepulcro? Y al mirar vieron que la piedra estaba quitada; era ciertamente muy grande. Entrando en el sepulcro, vieron a un joven sentado a la derecha, vestido con una túnica blanca, y se quedaron asustadas. El les dice: No tengáis miedo; buscáis a Jesús Nazareno, el crucificado. Ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar donde lo colocaron” (Mc 16, 3-6).
Un primer hecho real desde el punto de vista histórico es que el cadáver de Jesús, al amanecer el tercer día tras su muerte en cruz, ya no estaba en el sepulcro donde lo habían dejado. Había desaparecido. 

Una noticia como esa corrió veloz de puerta en puerta, de casa en casa, y de tienda en tienda por las callejas de Jerusalén que estaban abarrotadas de gentes desplazadas a la ciudad santa para celebrar la Pascua. Comerciantes, soldados, viajeros y curiosos iban intentando conocer más detalles. El cuerpo de Jesús de Nazaret, que había sido crucificado y murió a la vista de todos los que entraban en la ciudad, una vez bajado de la cruz, había quedado en el sepulcro. Pero al amanecer el tercer día, la losa que sellaba la sepultura había sido abierta. Dentro no había cadáver alguno.

El revuelo de comentarios en torno a la desaparición del cadáver, que comenzó entonces a correr, llegó tan lejos que fue necesaria una llamada oficial al orden por parte de las autoridades romanas. En Nazaret se ha encontrado una inscripción del siglo I dC. que es testimonio elocuente de lo alto que llegaron los rumores levantado por el suceso.

La losa de piedra de mármol con la inscripción se encuentre en el Cabinet des Médailles de París formando parte de la colección Froehner. La inscripción está en griego, y en su encabezamiento lleva las palabras «Diátagma Kaísaros»(Decreto del César, es decir, ordenanza imperial). El texto completo dice así:

"Ordenanza imperial. Sabido es que los sepulcros y las tumbas, que han sido hechos en consideración a la religión de los antepasados, o de los hijos, o de los parientes, deben permanecer inmutables a perpetuidad. Si, pues, alguno es convicto de haberlos destruido, de haber, no importa de qué manera, exhumado cadáveres enterrados, o de haber, con mala intención, transportado el cuerpo a otros lugares, haciendo injuria a los muertos, o de haber quitado las inscripciones o las piedras de la tumba, ordeno que ése sea llevado a juicio, como si quien se dirige contra la religiosidad de los hombres lo hiciera contra los mismos dioses. 
Así, pues, lo primero es preciso honrar a los muertos. Que no sea en absoluto a nadie permitido cambiarlos de sitio, si no quiere el convicto por violación de sepultura sufrir la pena capital."

Para la autoridad imperial no cabía otra explicación que un robo, lo que ya de por sí suponía un gran delito puesto que se trataba de la profanación de una sepultura, pero es que, además, en este caso, el suceso había encrespado mucho los ánimos. 

La resurrección de Jesús causó un fuerte impacto en sus discípulos. Los Apóstoles dieron testimonio de lo que habían visto y oído. Hacia el año 57 San Pablo escribe a los Corintios: «Porque os transmití en primer lugar lo mismo que yo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; y que se apareció a Cefas, y después a los doce» (1 Co 15,3-5).

Cuando, actualmente, uno se acerca a esos hechos para buscar lo más objetivamente posible la verdad de lo que sucedió, puede surgir una pregunta: ¿de dónde procede la afirmación de que Jesús ha resucitado? ¿Es una manipulación de la realidad que ha tenido un eco extraordinario en la historia humana, o es un hecho real que sigue resultando tan sorprendente e inesperable ahora como resultaba entonces para sus aturdidos discípulos?
A esas cuestiones sólo es posible buscar una solución razonable investigando cuáles podían ser las creencias de aquellos hombres sobre la vida después de la muerte, para valorar si la idea de una resurrección como la que narraban es una ocurrencia lógica en sus esquemas mentales.

De entrada, en el mundo griego hay referencias a una vida tras la muerte, pero con unas características singulares. El Hades, motivo recurrente ya desde los poemas homéricos, es el domicilio de la muerte, un mundo de sombras que es como un vago recuerdo de la morada de los vivientes. Pero Homero jamás imaginó que en la realidad fuese posible un regreso desde el Hades.

Platón, desde una perspectiva diversa había especulado acerca de la reencarnación, pero no pensó como algo real en una revitalización del propio cuerpo, una vez muerto. Es decir, aunque se hablaba a veces de vida tras la muerte, nunca venía a la mente la idea de resurrección, es decir, de un regreso a la vida corporal en el mundo presente por parte de individuo alguno.
En el judaísmo la situación es en parte distinta y en parte común. El sheol del que habla el Antiguo Testamento y otros textos judíos antiguos no es muy distinto del Hades homérico. Allí la gente está como dormida. Pero, a diferencia de la concepción griega, hay puertas abiertas a la esperanza.

El Señor es el único Dios, tanto de los vivos como de los muertos, con poder tanto en el mundo de arriba como en el sheol. Es posible un triunfo sobre la muerte. En la tradición judía, aunque se manifiestan unas creencias en cierta resurrección, al menos por parte de algunos.

También se espera la llegada del Mesías, pero ambos acontecimientos no aparecen ligados. Para cualquier judío contemporáneo de Jesús se trata, al menos de entrada, de dos cuestiones teológicas que se mueven en ámbitos muy diversos. Se confía en que el Mesías derrotará a los enemigos del Señor, restablecerá en todo su esplendor y pureza el culto del templo, establecerá el dominio del Señor sobre el mundo, pero nunca se piensa que resucitará después de su muerte: es algo que no pasaba de ordinario por la imaginación de un judío piadoso e instruido.

Robar su cuerpo e inventar el bulo de que había resucitado con ese cuerpo, como argumento para mostrar que era el Mesías, resulta impensable. En el día de Pentecostés, según refieren los Hechos de los Apóstoles, Pedro afirma que «Dios lo resucitó rompiendo las ataduras de la muerte», y en consecuencia concluye: «Sepa con seguridad toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús, a quien vosotros crucificasteis» (Hch 2,36).

La explicación de tales afirmaciones es que los Apóstoles habían contemplado algo que jamás habrían imaginado y que, a pesar de su perplejidad y de las burlas que con razón suponían que iba a suscitar, se veían en el deber de testimoniar.

D. Francisco Varo.
www.primeroscristianos.com

sábado, 18 de agosto de 2012

Campo de trabajo del Colegio Retamar. Crónica 3.

Y finalmente la última crónica del campo de trabajo. Cuentan las despedidas de Nazaret y el traslado a Jerusalén, donde terminaría su aventura.

"El campo de trabajo avanza. Hoy, domingo, la mitad del grupo se traslada a Jerusalén para adelantar trabajo allí. El viernes tuvimos una entrañable fiesta de despedida en el Hospital de la Sagrada Familia, donde casi están acabadas las tareas. Y ayer sábado nos dedicamos a ser peregrinos en Tierra Santa: Cafaranaum, Lago de Genesaret, Caná... Los días pasan rápido y tenemos todos la ilusión de aprovecharlos al máximo.

Pero vayamos por orden. En el Hospital Italiano están encantados con nuestro trabajo. Es verdad que materialmente ha sido intensa y grande la tarea. Pero, sobre todo, agradecen el apoyo de católicos de todo el mundo para un proyecto llevado a cabo con muchas trabas. El viernes por la tarde nos organizaron una fiesta de despedida. Nosotros aportamos, bajo la dirección de don Sergio, nuestros artistas: Jimmy, Carlos, Alvaro, Borja, Jacobo, Pepe... Juan Postigo, como en la fiesta de graduación, fue el presentador, aunque esta vez tuvo que hacerlo en inglés. Después, el director del hospital nos entregó a cada uno un diploma de voluntario. Y bajamos al jardín, en el que se inauguró el "Parque Colegio Retamar", en recuerdo de estos días. Entre todos plantamos un granado, un limonero y un laurel, los primeros árboles del parque. Y se descubrió la placa conmemorativa. Toda la prensa local estvuvo presente, y ya nos hemos visto en diversos medios.

En Nazareth Village, sin embargo, aún queda mucho trabajo. Además, el viernes se complicó, con el hundimiento de una viga de una de las cabañas. Esta semana se acabará todo.

También estamos haciendo nuestra peregrinación a Tierra Santa. Dos noches hemos bajado a la Basílica de la Anunciación para la adoración eucarística. Es muy impresionante. Y ayer estuvimos todo el día recorriendo los lugares por los que anduvo Jesús: el Lago de Genesaret, Cafarnaum, el Monte de las Bienaventuranzas, Caná...

Un evento más en esta crónica tan telegráfica: el viernes por la tarde el Obispo de Nazareth celebró la Misa de San Josemaría. Algunos pudieron asistir (escapándose de la fiesta del Hospital). Al final, el obispo quiso hacerse fotos con todos los asistentes".

sábado, 11 de agosto de 2012

Campo de trabajo del Colegio Retamar. Crónica 2.

Siguen contando su experiencia, ya después de haber pasado unos días trabajando. En esta foto salen algunos alumnos en Nazareth Village, con trajes típicos de la época del Señor

"¿Cómo es un día de este campo de trabajo?  Vivimos en una casa-albergue de peregrinos situado sobre una colina desde la que se domina toda la ciudad de Nazareth... No podéis imaginaros lo agradable que es el despertar con el tierno lamento de los almuédanos que llaman a la oración a las cinco y poco de la mañana, coreados por gallos y camiones de la basura.
Después de desayunar, nos dividimos en dos grupos. Uno va a Nazareth Village y el otro corre por las calles de la ciudad para coger el bus que le conducirá al hospital de la Sagrada Familia de los Fatebenefratelli.
Nazareth Village es un parque temático en que se intenta reconstruir cómo era la vida en la antigua aldea de Nazaret en tiempos de Jesucristo. Nos dividimos en dos grupos: el primero liderado por don Luis, realiza un arduo trabajo físico en lo alto de las chozas para construir los tejados. Tienen que fabricar el barro para mezclarlo con arena y yeso, subirlo a base de fuerza bruta para que otros lo coloquen con cuidado sobre una urdimbre de cañas de bambú. El segundo grupo, liderado por Álvaro Cano, se disfraza de pastores, agricultores, molineros, lavanderas, ovejita, etc., de forma que mientras trabajan son admirados, fotografiados y contemplados por hordas de turistas japoneses con cámaras Kodak, americanos que preguntan si uno se gana así bien la vida (la respuesta ha sido un sí rotundo). A todo esto, la temperatura debajo de las chilabas, turbantes y sherbayim, no baja de los cincuenta grados (Celsius, por supuesto). Hemos agotado las reservas de protector solar y cada día es más cierto lo del chiste de los cangrejos.
En el hospital italiano el trabajo consiste en adecentar toda la jardinería, que no es poca. Al principio, se fiaban poco y nos enviaron a limpiar el jardín selvático de la Guest House. Cuando al poco rato lo acabamos, pedimos más trabajo. Hemos ayudado también en el archivo del hospital y mañana nos espera un talud enorme, labores en la lavandería y arreglos con el jefe de mantenimiento. A medida que pasa el tiempo, se entusiasman más con nosotros y nos encomiendan más tareas. El archivo sigue en pie a pesar de los voluntarios que han salido de él tatuados con sus respectivos nombres en hebreo y en árabe. La tinta es indeleble.
Firmado por Alha-baro Cano y Hakobo Mustafá Bernar".

sábado, 4 de agosto de 2012

Campo de trabajo del Colegio Retamar. Crónica 1.

Yo estudié en el Colegio Retamar de Madrid, y siempre le he tenido mucho cariño. Por eso, cuando me enteré de que venían del último curso para tener un campo de trabajo en Tierra Santa, me hizo mucha ilusión. Estuvieron casi un par de semanas. Vinieron unos 30 alumnos con algunos profesores. Trabajaron en Nazaret en un hospital y en Nazaret Village. Copio el link a la entrada para saber lo que es Nazaret Village.

Las próximas entradas serán crónicas de los propios alumnos explicando lo que hicieron los días pasados en el campo de trabajo en Tierra Santa. Escribían a sus familiares y amigos contando su experiencia. Luego estas palabras quedaron en la crónica que se escribió en la web del Colegio Retamar. En la foto aparecen visitando la Basílica de la Anunciación.

"12 de junio. Pentecostés.
Primer día completo en Nazaret. Como es domingo, hemos dedicado el día a conocer la ciudad y visitar los lugares principales.
En esta ciudad todo gira alrededor de la Basílica de la Anunciación, donde hemos podido asistir a Misa. Ha sido emocionante porque AQUÍ fue la Anunciación. AQUÍ el Verbo se hizo carne. AQUÍ nació la Virgen... Hemos podido visitar la iglesia de la sinagoga, en la que Jesús leyó la escritura, los restos del taller de José...
Carlos y Gonzalo se han incorporado sin problemas tras examinarse del First. Mañana temprano, muy temprano, comienza lo duro y para lo que hemos venido. Hoy, después de la cena hemos hecho los grupos que irán a trabajar al Nazareth Village y al Italian Hospital respectivamente. Pero del trabajo y del día a día ya os iremos contando.
Perdonad la brevedad y el estilo, pero esto de escribir en un teléfono...".

sábado, 15 de enero de 2011

Visita del Obispo a nuestra casa de Nazaret

Antes de las fiestas de Navidad vino a la casa que tenemos en Nazaret Mons. Giacinto-Boulos Marcuzzo, Vicario Patriarcal Latino para Israel. Tuvo un encuentro con diversos miembros, cooperadores y amigos que frecuentan los medios de formación espiritual que imparte la Obra en esta ciudad, y que ayudan en el desarrollo de las diversas actividades que aquí realiza. En un clima de familia su Excelencia se interesó por cada uno de los presentes y por el tipo de formación que reciben en el centro. Uno de ellos empezó hablando de cómo aprovechaba esta formación, la aplicaba a su propia vida y la procuraba trasmitir a los demás. También se refirió a la ayuda que encontraba en los retiros mensuales, en el curso de retiro anual y en las charlas sobre virtudes. Alguno comentó que le gustaba especialmente, en concreto, la visión de conjunto que ofrece el curso de doctrina católica. Otro subrayó el aspecto de la atención personalizada que recibía al acudir a la dirección espiritual y en el sacramento de la penitencia. Un cooperador dijo que sentía la responsabilidad de la formación al ver cómo las sesiones tenían lugar aunque sólo acudiera una sola persona, como el Fundador del Opus Dei, san Josemaría, recomendaba hacer a sus hijos. Sobre estos medios de formación y acerca de cómo influyen en la vida, otro cooperador explicó que le ayudaban a dar pleno sentido cristiano a sus esfuerzos en el trabajo, en su vida familiar y social. En concreto, le venían muy bien para proponerse metas ambiciosas en su vida cristiana procurando alcanzar la santidad en cada circunstancia, con realismo y sin desanimarse nunca. Otra persona también señaló la importancia que para él había tenido aprender a mantener una relación personal con Dios, dedicando algunos momentos específicos del día al diálogo con Él, y de cómo esto había influido luego positivamente en las demás actividades de su jornada. Una cooperadora dijo que antes de frecuentar estos medios de formación le parecía imposible entre el trabajo y los hijos, que se pudiera encontrar precisamente ahí la santidad. Pero ahora había llegado a entender que precisamente en ese lugar es donde la debe buscar, porque ese es además un sitio privilegiado para encontrarse con el Señor. Este espíritu la empujaba a mejorar siempre, a ofrecer su trabajo a Dios y a cuidar los detalles pequeños que son manifestaciones de amor. Otra madre de familia habló de las actividades que se realizan con jóvenes, y cómo algunas veces son los padres los que llevan a los hijos a las actividades, pero otras son los hijos los que hacen conocer el centro a sus padres.
La segunda parte del encuentro se centró en el Sínodo de los Obispos para Oriente Medio. Entre los presentes se encontraban los padres del chico que hizo una de las lecturas en la Misa de clausura del Sínodo, y que está haciendo sus estudios en Roma siguiendo la vocación franciscana. Estos padres comentaron también su experiencia. Después su Excelencia hizo un resumen del trabajo que ha supuesto este Sínodo y de las conclusiones fundamentales que de allí salieron. Después contó algunas anécdotas del desarrollo de los trabajos aludiendo al notable esfuerzo que se llevo a cabo para organizarlo.
Esta visita del Obispo a nuestra casa de Nazaret se publicó en el boletín del Patriarcado y en su página web. Esperamos que ayude a muchos para conocer el espíritu del Opus Dei, y también para que, si lo desean, puedan venir a participar en la formación que aquí se imparte.

sábado, 1 de agosto de 2009

Una peregrinación a Tierra Santa I

JUEVES. Salida de la T4 de Barajas. Vuelo Madrid-Barcelona y Barcelona-Tel Aviv. Llegamos al amanecer. Me detienen en el control de entrada del aeropuerto, por motivo para mí desconocido. Me dejan salir a los 20 minutos. Viaje en bus a Nazaret. El cura José menciona la teología del “aquí” como contexto interpretativo de la experiencia que vendrá. Desayuno en Casa Nova. Visita a la basílica de la Anunciación, a la casa de José, a la fuente de María –conservada en el interior de una iglesia ortodoxa- y regreso por el zoco. Todo parece moro, muy moro. Comida. Don Luis, José y yo nos instalamos en la casa de las Hermanas de Nazaret. Misa en la casa de María. Resulta muy emocionante leer allí el evangelio de Lucas: “desposada con José”, que vivía apenas unas manzanas más arriba en el pueblo. Salida al monte Tabor. Subida desde el pueblo en taxi. Lectura del pasaje de la transfiguración de Marcos en la basílica. Vista de Naím y el precioso valle –que recorría Jesús cuando iba a Jerusalén- desde el mirador. Es una lástima que el día esté tan nublado, aunque no llueve. Vuelta a Nazaret. Cae el cansancio sobre nosotros en el bus. Cena en Casa Nova. Guitarra y un chupito. Oímos el último canto de los muhaidines de increíble semejanza a una saeta. Diez minutos de adoración del Señor en la basílica. Se lee en castellano y alemán el pasaje de la “nueva Jerusalén” del Apocalipsis.

Colaboración: Jose María Rodríguez de Santiago

sábado, 25 de julio de 2009

La aldea de Nazaret (Nazareth Village) IV

Entramos en otra casita. Allí estaba un carpintero trabajando en su taller. Ese taller y los instrumentos de trabajo podrían ser muy similares a los que utilizarían San José y Jesús para su trabajo. Nos enseñó cómo realizarían en aquel entonces algunos trabajos. El guía -el chico de azul qe aparece en la foto- bromeaba con el artesano mientras le hablaba en árabe: al enseñarnos los instrumentos de trabajo utilizaba la sierra sobre la mesa burda de madera, y el carpintero le increpaba diciendo que si hacía eso cada vez que fueran visitantes se acabaría quedando sin mesa.
También nos enseñó -en la misma casita- otras salas tal y como estarían en aquel entonces. La habitación dormitorio era para toda la familia. Se trataba de una cueva donde, en la parte del fondo, solían tener la despensa con los alimentos. Nos explicó entonces el guía la parábola que cuenta el Señor en el Evangelio del vecino inoportuno que -a mitad de noche- va a pedir algo para un invitado. La excusa del padre de familia es que están todos los miembros de su familia durmiendo. Efectivamente, por la disposición de la habitación, tenía que pasar por encima de toda la familia para ir a la despensa y volver de nuevo -intentando no pisar a nadie- y darle así el alimento al vecino.
Después fuimos a una habitación que reproducía una pequeña sinagoga de la época. Nos sentamos en los bancos laterales alargados, que tenían siempre las sinagogas y que los judíos habitualmente utilizaban para sentarse. Ahí nuestro guía nos explicó el pasaje del Evangelio en que el Señor se levantó para leer, y desenrollando el pergamino pronunció las palabras del profeta Isaias. Después les dijo: "Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír". En otras palabras, se dieron cuenta de que les estaba anunciando que él era el Mesias que esperaban y que había de venir para salvar a Israel. Estaban sorprendidos preguntándose cómo decía eso él que era hijo de José, el carpintero, bien conocido por todo el pueblo. Jesús les habló de que los planes de Dios tantas veces son distintos a los de los hombres, y les recordó cómo -por ejemplo- fue un extragero el que curó el profeta Eliseo y no uno de Israel. Ellos quedaron heridos en su orgullo y quisieron lapidarle. Nos contaba el guía con mucha precisión el Evangelio ayudándonos a recrearlo, y a imaginarnos la escena en Nazaret, en esa reconstrucción de la pequeña sinagoga en la que nos encontrábamos.
Ahí finalizó la visita. Al salir nos regalaron una pequeña lamparita de barro, como serían las de la época del Señor. Ojalá esta iniciativa tan bonita ayude a muchos que pasen por allí -personas que viven en Tierra Santa y peregrinos- a conocer mejor la vida de Nuestro Señor Jesucristo, conociendo mejor la aldea donde vivió la mayor parte de su vida.

sábado, 18 de julio de 2009

La aldea de Nazaret (Nazareth Village) III

Salimos al exterior, y lo primero que nos llamó la atención fue un campo elevado con olivos y unas ovejas pastando. Con asombro vimos que había un pastorcito con las ovejas, vestido con un traje burdo de los que usaban los pastores antiguamente. Luego observamos que había toda una familia de pastores, y todos vestidos según los usos de hace dos mil años.
Primero el guia nos explicó una tabla con agujeros, con la que en aquella época separaban el grano de la paja. Después nos enseñó una prensa de vino de aquel momento. Aprovechaban una inmensa roca plana y las hendiduras que tenía. Por allí pasaba el líquido de la uva después de ser pisado. Desde donde nos encontrábamos, en la parte de abajo, había una techumbre -en aquel momento unos maderos- para agarrarse por si se resbalaba.
Llegamos a una casa según el modelo de la época. Allí había, en la primera estancia al aire libre, una hilandera con su hija que estaban trabajando la lana. Nos mostró todo el proceso casero de fabricación. También nos explicó los posibles colores tal y como los tenían en la antigüedad: el blanco era el más común y barato, el color amarillo se conseguía aplicando la flor del azafrán. El púrpura era el más caro, pues se hacía con molusco. Ese era el color de la realeza. La niña purificaba la lana pasándola repetidas veces por un pincho. La madre nos enseño el trozo de madera que se usaba para enrollar la lana. Finalmente quedaba un hilo que luego se utilizaba para fabricar los vestidos en el telar.
También vimos en una gran habitación una prensa de aceituna para sacar aceite. El aceite poco prensado no era para acompañar a las comidas sino para su uso en el templo.

sábado, 11 de julio de 2009

La aldea de Nazaret (Nazareth Village) II

Para empezar el guía nos condujo a través de unas habitaciones dentro del edificio que situaban Tierra Santa en el mundo, y Nazaret dentro de Tierra Santa. Mostraban las fotografías ampliadas lo pequeña que era esa población –aldea de pocas casas en aquel entonces-, y nos hacía considerar la maravilla de que Dios eligiera ese lugar tan apartado para encarnarse y, después, para vivir la mayor parte de sus días en la tierra trabajando como artesano. También nos explicó con mapas la situación de la región. Nazaret era un sitio importante para el comercio, pues se trataba de un lugar de paso, para ir del norte al sur de Asia menor.
Nos enseñó una habitación donde se mostraba en una gran reproducción cómo eran los pozos de aquel entonces, con las distintas capas freáticas. De ahí se pasaba a otra sala que constaba de una puerta muy grande y -dentro de ella- otra pequeña, que es la que se solía abrir en tiempo de guerra. Desde ahí accedimos a una sala grande donde nos mostraron en primer lugar una escultura de un soldado romano, con su armadura, y su espada. El guía desenvainó la espada y nos hizo ver que tenía dos filos. Por eso Jesús en el Evangelio utiliza expresiones como: “La palabra es penetrante, más afilada que espada de dos filos”. En la misma sala, detrás de un cristal había una cruz: dos maderas cruzadas, de tamaño relativamente pequeño. Nos dijo que la gente tenía idea de que a los malhechores se les crucificaba en cruces grandes y altas, pero que en realidad no era así. Nos explicó que en verdad las cruces eran bajas y pequeñas. El ajusticiado estaba atado y encogido pues casi no cabía. Tenían un pequeño asiento que –según afirmaba- solo servía para prolongar el sufrimiento de los condenados.
Después nos mostraron otra habitación donde se veía cómo sería la habitación de trabajo de un artesano. Así podría haber sido la de San José en Nazaret. Se podía observar el taller, con los instrumentos propios de un carpintero. También al lado -supuestamente en la misma casa- había una habitación con una banqueta para rezar y un rollo de la Torá enrollado.

sábado, 4 de julio de 2009

La aldea de Nazaret (Nazareth Village) I

La aldea de Nazaret -Nazareth Village- es una iniciativa que tiene como finalidad recrear los lugares y las costumbres en la época de Jesucristo. Fue puesta en marcha con intención ecuménica. La actual coordinadora general es católica, pero también se encuentran trabajando en el proyecto cristianos de otras confesiones.
La sede y las instalaciones están situadas en un complejo cultural y deportivo de Nazaret que se llama WMCA. Dentro de ese área –una parte del edificio y algo de terreno no edificado- se reproducen costumbres de la época del Señor. Tienen locales con mapas y fotografías de la época. Hay habitaciones preparadas para mostrar cómo vivían en aquel momento: talleres de trabajo, dormitorios, las salas que utilizaban para rezar… También disponen de algo de campo, donde se muestran algunos trabajos que se realizaban al aire libre –de agricultura y ganadería- y donde te encuentras personas -niños y mayores- vestidas según los usos de aquellos años.
Los peregrinos pueden visitar Nazareth Village reservando con algún día de antelación su asistencia, y especificando el idioma que entienden para ser guiados. Al llegar allí sacarán su entrada y tendrán asignado un guía que les enseñará el complejo, explicando y recreando usos y costumbres de aquella época. A nosotros nos lo enseñaron en inglés. Lo hizo un guía árabe católico que había vivido unos años en Estados Unidos, y hablaba con un fuerte acento de aquel país. Me llamó la atención lo bien que conocía la época, y cómo la explicaba con ejemplos concretos del Evangelio. Conocía bien la Biblia. El grupo con el que íbamos eran unos peregrinos ingleses, de religión anglicana.

sábado, 21 de marzo de 2009

Lugar de la Encarnación

"En el sexto mes fue enviado el ángel Gabriel, de parte de Dios, a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David. La virgen se llamaba María". (Lucas 1, 26) El día 25 de marzo, 9 meses antes del día de Navidad, celebramos la solemnidad de la Encarnación del Hijo de Dios. El punto del mundo elegido para que Dios asuma nuestra carne es un pueblecito pequeñísimo y desconocido, situado en Galilea. La Nazaret evangélica no tenía más de 30.000 m. cuadrados (200 por 150 m), con medio centenar de grutas-vivienda. La ciudad actual asciende a 71.500 habitantes: 25.000 árabes musulmanes, 22.500 árabes cristianos y 24.000 hebreos. Aunque pertenece al estado de Israel, es la comunidad árabe más importante del país fuera de Jerusalén. Musulmanes y cristianos ocupan las laderas y el valle, mientras los judíos viven en el barrio alto (Nazaret Illit) de nueva construcción. Nazaret es hoy el centro administrativo de toda la Galilea. En tiempos antiguos, este papel lo ejercieron Hazor, Séforis y Tiberiades. Entre los siglos II-VII dC, abundan los testimonios de peregrinos. Egeria (381-384) dice que "la gruta en que habitó Santa María es grande y clarísima; allí había un altar". El peregrino de Piacenza (570) precisa: "la casa de María es ahora una basílica". Y Arculfo (670) vio "la iglesia construida sobre la casa en la que el ángel Gabriel entró y saludó a María". La primera invasión musulmana fue tolerante y respetuosa con los santuarios, pero las cosas empeoraron en los siglos VIII-XI, como acreditan los peregrinos Wilibaldo y otros.
Los cruzados (Tancredo, 1109) restauran Nazaret y sus santuarios. El de la Anunciación se convierte en catedral (52 por 30 m.) al trasladar el obispado de Escitópolis (Bet Sheán) a Nazaret, que duró hasta 1187. Pero, en 1263, Bibars la arrasó y asesinó a los cristianos. Siguió un abandono de cuatro siglos (s. XIII-XVII), hasta que el emir Druso de Saida, Fakhr ed-Din, devolvió a los franciscanos (1620) los solares que ocultaban la Gruta y los terrenos adyacentes. En 1730, levantan la una pobre iglesia sobre la Gruta. La Iglesia cruzada había sido destruída. En 1871 se amplía. En 1955, este templo fue demolido.
La nueva basílica de la Anunciación se alzó en los años 1960-1969 y se inauguró en 1969. Durante el transcurso de las obras, recibió la visita del Papa Pablo VI (1964). En el año 2000 pudo visitarla Juan Pablo II, y esperamos que Benedicto XVI lo haga este año. Las excavaciones de un franciscano, el P. Bagati, demuestran que la Nazaret evangélica, no sobrepasaba la colina que es actualmente propiedad de la Custodia. Incluso podemos señalar el lugar del precipicio (Lc. 4, 29) a unos 300 m de la sinagoga.
La Basílica actual tiene dos plantas. En la más baja encontramos los restos de la casa de María. Delante de la gruta de la Anunciación aparecieron restos de una construcción en cuyos sillares, se leían inscripciones en diversos idiomas, del estilo: alégrate María. En 1964 se acabó de construir la actual Basílica por Giovanni Muzio. La fachada sur está dedicada al misterio de María. Se la ve jovencísima. Según normas rabínicas de la época, convenía que las jóvenes se desposaran a la edad de once a trece años.
Me decía un peregrino que era el sitio donde más a gusto había rezado. Realmente, en ese lugar tan encantador, es fácil hacer oración, imaginándose a la Virgen hablando con el ángel, contemplando la gruta y el marmol -debajo del altar- donde se leen las palabras hic Verbo Caro hic factum est, "El Verbo aquí se hizo carne". Ahora no se puede rezar dentro de la gruta por problemas en la estructura. Sólo se ve desde detrás de una reja. Hace un año -cuando todavía se podía- me gustaron mucho unas rosas azules y blancas que había en el lugar, y quise sacar una foto con mi pobre movil, que sale borrosa. Cuánto ayuda rezar aquí para ser generosos con Dios, y decirle que sí -como hizo nuestra Madre- en todo lo que nos pida.