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sábado, 30 de noviembre de 2013

El grano de mostaza

También dijo: «¿Con qué vamos a comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola podemos usar para describirlo? 31 Es como un grano de mostaza: cuando se siembra en la tierra, es la semilla más pequeña que hay, 32 pero una vez sembrada sube hasta convertirse en la más grande de las hortalizas, y echa ramas tan grandes que las aves pueden cobijarse bajo su sombra" (Mc. 4, 30-32).

Citamos el evangelio de san Marcos pues es cronológicamente el más antiguo. Comienza hablando de la pequeñez de la semilla que, con el tiempo se convierte en una hortaliza muy grande. No dice que se transforma en un árbol sino en una hortaliza que forma un arbusto muy grande y extendido. También pueden ser varios arbustos que han ido creciendo unos junto a otros y han formado un arbusto muy extenso y tupido.

Tanto en Mateo como en Lucas los verbos que se utilizan en esta parábola están en el tiempo pasado o el pretérito. En Marcos, en cambio, se desarrolla en el tiempo presente. Además los verbos empleados son distintos en los respectivos evangelios: Mateo y Lucas hablan de "crecer", refiriéndose a la semilla; Marcos, en cambio, dice sencillamente que el árbol "sube" y se convierte en una gran hortaliza.

Parece que el punto esencial que quiere hacer resaltar el Señor cuando cuenta la parábola es la idea de crecimiento: se llega a convertir en la más grande de las hortalizas. Más que un árbol en realidad habría que hablar de una especie de arbusto. Se trata de una planta que, por lo general, de alto no asciende más de un metro y 50 centímetros. Su extensión tan grande no es hacia arriba sino más bien se produce en horizontal. Puede llegar a ocupar varios metros en derredor.

Los pájaros se cobijan o resguardan bajo sus ramas o su sombra. Cuando hace mucho sol se pueden resguardar bajo su sombra, y cuando llueve bajo sus ramas llenas de flores. Quizá también les sirve de cobijo durante la noche, pues las aves pueden ahí dormir tranquilamente sin ser vistas.
Tanto llega a crecer el pequeñísimo grano de mostaza que al final las aves pueden servirse de esa hortaliza como cobijo. La palabra griega (kataskenun) significa cobijo, protección.

La idea fundamental es, pues, siempre la misma: el reino sembrado por Jesús en el campo del mundo tiene un comienzo minúsculo, aparentemente insignificante: unas pocas personas, quizá poco influyentes, sin cultura; pero un día llegará a ser inmenso. Entonces será algo tan grande y tan nuevo que nadie se lo podrá explicar sabiendo cómo comenzó.

sábado, 3 de noviembre de 2012

La purificación de la Virgen


Maqueta del Templo de Herodes que se encuentra en el Israel Museum. FOTO: ALBERTO PERAL- ISRAEL TOURISM.
Maqueta del Templo de Herodes que se encuentra en el Israel Museum. FOTO: ALBERTO PERAL- ISRAEL TOURISM.
Todavía impresionados por las palabras de Simeón, a las que siguió el encuentro con la profetisa Ana, san José y la Virgen se dirigirían a la puerta de Nicanor, situada entre el atrio de las mujeres y el de los israelitas. Subirían las quince gradas de la escalinata semicircular para presentarse ante el sacerdote, que recibiría las ofrendas y bendeciría a la joven esposa mediante un rito de aspersión. Con esa ceremonia quedó rescatado el Hijo y purificada la Madre.

 
–¿Te fijas?, escribió san Josemaría contemplando la escena. Ella –¡la Inmaculada!– se somete a la Ley como si estuviera inmunda.
¿Aprenderás con este ejemplo, niño tonto, a cumplir, a pesar de todos los sacrificios personales, la Santa Ley de Dios?
¡Purificarse! ¡Tú y yo sí que necesitamos purificación! –Expiar, y, por encima de la expiación, el Amor. –Un amor que sea cauterio, que abrase la roña de nuestra alma, y fuego, que encienda con llamas divinas la miseria de nuestro corazón.(Santo Rosario, IV misterio gozoso).


La Iglesia condensa los aspectos de este misterio en su oración litúrgica: “Dios todopoderoso y eterno, te rogamos humildemente que, así como tu Hijo unigénito, revestido de nuestra humanidad, ha sido presentado hoy en el templo, nos concedas, de igual modo, a nosotros la gracia de ser presentados delante de ti con el alma limpia” (Cfr. Misal Romano, Oración colecta en la fiesta de la Presentación del Señor).

J. Gil
www.es.josemariaescriva.info

sábado, 27 de octubre de 2012

El recinto del Templo: el encuentro con Simeón

San José y la Virgen no se detuvieron allí. Atravesando por las puertas de Hulda el muro que dividía el atrio, y dejando atrás el soreg –la balaustrada que delimitaba la parte prohibida a los gentiles bajo pena de muerte–, finalmente llegaron al recinto del templo, al que se entraba por el lado oriental. Probablemente fue entonces, en el atrio de las mujeres, cuando el anciano Simeón se les aproximó. Había ido allí movido por el Espíritu (Lc 2, 27), seguro de que aquel día vería al Salvador, y lo buscaba entre la multitud. Vultum tuum, Domine, requiram! , repetía San Josemaría al final de su vida para expresar su afán de contemplación. 

Mentiría si negase que me mueve tanto el afán de contemplar la faz de Jesucristo.Vultum tuum, Domine, requiram. Buscaré, Señor, tu rostro. Me ilusiona cerrar los ojos, y pensar que llegará el momento, cuando Dios quiera, en que podré verle, no "como en un espejo y bajo imágenes oscuras… sino cara a cara"(1 Cor, 13-12) (San Josemaría, Apuntes tomados en una reunión familiar, 10-IV-1974). 

Gráfico de
Gráfico de "National Geographic"


Por fin, Simeón reconoció al Mesías en el Niño, lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios diciendo: –Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz, según tu palabra: porque mis ojos han visto tu salvación, la que has preparado ante la faz de todos los pueblos (Lc 2, 28-31).

 
«En esta escena evangélica –enseña Benedicto XVI– se revela el misterio del Hijo de la Virgen, el consagrado del Padre, que vino al mundo para cumplir fielmente su voluntad (cfr. Hb 10, 5-7). Simeón lo señala (...) y anuncia con palabras proféticas su ofrenda suprema a Dios y su victoria final (cfr. Lc 2, 32-35). Es el encuentro de los dos Testamentos, Antiguo y Nuevo. Jesús entra en el antiguo templo, él que es el nuevo Templo de Dios: viene a visitar a su pueblo, llevando a cumplimiento la obediencia a la Ley e inaugurando los tiempos finales de la salvación» (Benedicto XVI, Homilía en la celebración de las Vísperas de la fiesta de la Presentación del Señor, 2-II-2011).


Simeón bendijo a los jóvenes esposos y después se dirigió a Nuestra Señora: mira, este ha sido puesto para ruina y resurrección de muchos en Israel, y para signo de contradicción –y a tu misma alma la traspasará una espada–, a fin de que se descubran los pensamientos de muchos corazones (Lc 2, 34-35). En el ambiente de luz y alegría que rodea la llegada del Redentor, estas palabras completan cuanto Dios ha ido dando a conocer: recuerdan que Jesús nace para ofrecer una oblación perfecta y única, la de la Cruz (Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 529). En cuanto a María, «su papel en la historia de la salvación no termina en el misterio de la Encarnación, sino que se completa con la amorosa y dolorosa participación en la muerte y resurrección de su Hijo. Al llevar a su Hijo a Jerusalén, la Virgen Madre lo ofrece a Dios como verdadero Cordero que quita el pecado del mundo» (Benedicto XVI, Homilía durante la Misa en la fiesta de la Presentación del Señor, 2-II-2006).

J. Gil
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sábado, 20 de octubre de 2012

La ruta de la Sagrada Familia al Templo


Zona de excavaciones arqueológicas al sur del Monte del Templo. Foto: Leobard Hinfelaar
Zona de excavaciones arqueológicas al sur del Monte del Templo. Foto: Leobard Hinfelaar
Santa María y san José habrían peregrinado a Jerusalén en su niñez, y por tanto ya conocerían el Templo cuando, cumplidos los días de su purificación, fueron con Jesús para presentarlo al Señor (Lc 2, 22). Eran necesarias varias horas para cubrir a pie o a lomos de cabalgadura los diez kilómetros que separan Belén de la Ciudad Santa. Quizá tendrían impaciencia por cumplir una prescripción de la que pocos sospechaban su verdadero alcance: «la Presentación de Jesús en el Templo lo muestra como el Primogénito que pertenece al Señor» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 529). Con el fin de recordar la liberación de Egipto, la Ley de Moisés ordenaba la consagración a Dios del primer hijo varón (Cfr. Ex 13, 1-2 y 11-16); sus padres debían rescatarlo mediante una ofrenda, que consistía en una cantidad de plata equivalente al jornal de veinte días. La Ley también determinaba la purificación legal de las madres después de haber dado a luz (Cfr. Lv 12, 2-8); María Inmaculada, siempre virgen, quiso someterse con naturalidad a este precepto, aunque de hecho no estaba obligada.


La ruta hasta Jerusalén sigue en ligero descenso la ondulación de las colinas. Cuando ya estaban cerca, desde algún recodo verían perfilado el monte del Templo en el horizonte. Herodes había hecho duplicar la superficie de la explanada construyendo enormes muros de contención –algunos de cuatro metros y medio de espesor– y rellenando las laderas con tierra o con una estructura de arcos subterráneos. Formó así una plataforma cuadrangular cuyos lados medían 485 metros en el oeste, 314 en el norte, 469 en el este y 280 en el sur. En el centro, rodeado a su vez de otro recinto, se levantaba el Templo propiamente dicho: era un bloque imponente, recubierto de piedra blanca y planchas de oro, con una altura de 50 metros.


El camino desde Belén iba a parar a la puerta de Jaffa, situada en el lado oeste de la muralla de la ciudad. Desde ahí, varias callejuelas llevaban casi en línea recta hasta el Templo. Los peregrinos solían entrar por el flanco sur. A los pies de los muros había numerosos negocios donde san José y la Virgen podían comprar la ofrenda por la purificación prescrita a los pobres: un par de tórtolas o dos pichones. Subiendo por una de las amplias escalinatas y cruzando la llamada Doble Puerta, se accedía a la explanada a través de unos monumentales pasillos subterráneos.


El pasadizo desembocaba en el atrio de los gentiles, la parte más espaciosa de aquella superficie gigantesca. Estaba dividido en dos zonas: la que ocupaba la ampliación ordenada por Herodes, cuyo perímetro exterior contaba con unos magníficos pórticos; y la que correspondía a la extensión de la explanada precedente, cuyos muros se habían respetado. Atronado siempre por rumores de multitudes, el atrio acogía indistintamente a cuantos querían congregarse en el lugar, extranjeros e israelitas, peregrinos y habitantes de Jerusalén. Este bullicio se mezclaría además con el ruido de los obreros, que seguían trabajando en muchas zonas aún sin terminar.

J. Gil
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sábado, 23 de junio de 2012

La acogida

“En cualquier ciudad o aldea en que entréis, informaos sobre quién hay en ella digno; y quedaos allí hasta que salgáis. Al entrar en una casa dadle vuestro saludo. Si la casa fuera digna, venga vuestra paz sobre ella; pero si no fuera digna, vuestra paz revierta a vosotros. Si alguien no os acoge ni escucha vuestras palabras, al salir de aquella casa o ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies” (Mt 10, 11-14).
La acogida cordial, la invitación a la casa, o a tomar un café, el recibimiento atento es algo de gran tradición en Oriente Medio. Cuando se deambula por las tiendas árabes, es común recibir una invitación a tomar un café. Es verdad que esas personas quieren vender, pero en el fondo hay algo propio de su cultura: la acogida .
Habitualmente, cuando se recibe una invitación formal por parte de una amigo a su casa, el tiempo no debe contar. Rechazar la invitación es un desdoro, e irse pronto una falta de educación y de amistad. La familia del que invita prepara el recibimiento con comida y bebida. Se van sacando poco a poco los alimentos y refrigerios. También depende de la hora, pero habitualmente se sacan primero productos salados. Después, más adelante, se sacarán los dulces. Al comienzo se ofrecen bebidas como el zumo o también bebidas con gas. Solo al final se ofrecen el café o el té. Se puede decir que es lo último que se ofrece, y que después ya solo quedará irse. Aunque todavía, desde que aparecen estas bebidas, se puede estar bastante tiempo.
En los casos de familiares o amigos cercanos las visitas suelen durar tardes enteras. No hace falta hablar de nada. Lo importante es estar allí. Todos tienen asumido que no hacen la visita para estar un rato, sino todo el día. En algunas ocasiones rechazar una invitación formal a tomar café puede ser una ofensa. Sería distinto, evidentemente, si nos lo ofrecen de una tienda sin conocerno. Pero hay que tener en cuenta que, en otras ocasiones, puede ser duro para la persona que invita el recivir un rechazo a la invitación. Depende de la persona y de la situación. Me contaba un amigo que, caminando por el desierto en cierta ocasión, se encontraron con un beduino que les invitó a tomar un café en su casa. Su casa era una tienda en el desierto. Se negaron alegando cualquier excusa, y el árabe se enfado de veras. Empezó a decir todo tipo de palabras y a agitar los brazos en señal de disgusto profundo. Se asustaron por la reacción de aquel árabe. Mi amigo me decía que no volvería a rechazar una invitación, pues se había dado cuenta del desdoro que en muchas ocasiones suponía para la persona que invitaba.
Lo habitual en estas tierras es la acogida. Es algo que forma parte una tradición milenaria. Rechazar a alguien no es propio de esta cultura, y supone una ofensa grave para los que llegan de fuera, de otras poblaciones. Así se entienden mejor esas palabras del Señor. Si no os acogen... sacudid el polvo de vuestros pies. La planta del pie o del zapato es lo más sucio del cuerpo. Sacudirse el polvo es señal de haber sido ofendido y despreciado. Las personas que actuan así, que no acogen, mostrando así esa falta de delicadeza y educación tan básicas en esta cultura, no son dignos de nuestra atención pues no han sabido acoger.

sábado, 2 de junio de 2012

De higos a brevas

 "Al día siguiente, cuando salieron de Betania, Jesús sintió hambre. Al divisar de lejos una higuera cubierta de hojas, se acercó para ver si encontraba algún fruto, pero no había más que hojas; porque no era la época de higos. Dirigiéndose a la higuera, le dijo: "Que nadie más coma de tus frutos". Y sus discípulos lo oyeron. (...) A la mañana siguiente, al pasar otra vez, vieron que la higuera se había secado de raíz. Pedro, acordándose, dijo a Jesús: "Maestro, la higuera que has maldecido se ha secado" (Mc 11, 12-14; 20-21)
Las brevas salen hacia finales de abril en Tierra Santa, pero en la semana antes de Pascua ya suelen estar maduras para comerse. Los higos en cambio se recogen en agosto, pues es en esa época cuando están listos. Cuando Jesus fue a buscar higos, efectivamente, no era el tiempo adecuado. Pero, aunque así fuera, tampoco era normal que el árbol tuviera solo hojas.
Las higueras dan tres cosechas de higos en Tierra Santa. Primero están los higos tempraneros, que no son muchos en número, pero que pueden encontrarse de gran tamaño. Suelen madurar un mes antes que los de la cosecha principal; en cambio ésta se recoge en verano y se consume habitualmente en agosto y septiembre; por otro lado están los llamados higos de invierno, que son los que permanecen en los árboles hasta más tarde, en el otoño. Se mencionan en la Escritura los higos primeros como muy deseados (Oseas 9, 10); y lo fácil que es conseguirlos cuando se sacude el árbol (Nahum 3, 12). La cosecha de verano que no se come como fruta fresca, se coloca en los techados, para consumirla en los meses de invierno. Vemos así cómo la higuera, por tanto, se ha convertido en un signo de las estaciones. Este árbol es especial, en cuanto que muestra señal de follaje más tarde que los otros árboles frutales de estas tierras. El desarrollo de las hojas y el oscurecimiento de su color, se pueden interpretar como señales de que el verano se acerca. Jesús se refirió a esto: “De la higuera aprended la parábola; Cuando ya su rama se enternece, y las hojas brotan, sabéis queel verano está cerca” (Mt. 24, 32; Mc. 13, 28). El amante en el Cantar de los Cantares, indica que el invierno ha pasado y el verano está cerca porque“ la higuera ha echado sus higos tiernos" (Cant. 2,11-13).
Vemos una relación entre Cristo y la higuera. Para poder entender por qué un día el Señor maldijo a la higuera, es necesario conocer la costumbre del crecimiento de las hojas y el advenimiento del fruto en la higuera. El hábito normal de las higueras es que la fruta comience a formarse en el árbol pronto, cuando empiezan a aparecer las hojas. También las hojas y el fruto suelen desaparecen al mismo tiempo. Por eso, que sólo hubiera hojas no era justificación para la higuera, pues algún fruto se podría haber encontrado.
El Señor quiere hacer ver que siempre podemos tener frutos en nuestra vida. El que sólo haya hojas no es excusa. También se refería a aquellos que pretendían aparentar un fruto que en realidad no tenían, como los fariseos que profesaban ser muy religiosos, pero cuyas vidas eran infructuosas. Por eso Cristo maldijo a la higuera, refieriéndose a aquellos hombres que, pudiendo dar fruto sólo dan hoja, y a aquellos que queriendo aparentar que su vida da fruto, solo se encuentra apariencia de fruto, afán por quedar bien.

sábado, 5 de mayo de 2012

Tempestades mar de Galilea

“Subiendo después a una barca, le siguieron sus discípulos. Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él dormía. Y se acercaron y le despertaron diciendo: ¡Señor, sálvanos que perecemos! Jesús les respondió: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, increpó a los vientos y al mar, y se produjo una gran bonanza. Los hombres se admiraron y dijeron: ¿Quién es éste que hasta los vientos y el mar le obedecen?" (Mt 8, 23-27).
Citaré unas palabras de el famoso arqueólogo J. Gonzalez Echegaray sobre las tormentas en el mar de Galilea: "El hecho de que el lago se encuentre en un entorno montañoso, especialmente por el norte, donde el Hermón con su cima nevada de 2.750 m. es visible desde el agua los días despejados y, sobre todo, la profunda depresión de la superficie de es-te lago, a más de 200 m. por debajo del no lejano Mar Mediterráneo, crea con frecuencia una inestabilidad en el clima, normalmente caluroso y tranquilo, que se traduce en la presencia inesperada de un fuerte viento, que encrespa las olas, las cuales en ocasiones pueden sobrepasar hasta los 2 m. de altura. Estas tormentas repentinas se producen, sobre todo en ve-rano, a la caída de la tarde con vientos procedentes de Oeste y no suelen durar mucho tiempo, mientras que en invierno lo pueden hacer con los vientos que bajan de los altos del Golán, menos violentos, pero más duraderos. En el evangelio se describen ambas tormentas, la más vio-lenta y efímera del Oeste al atardecer (Mt 8, 23-27; Mc 4, 35-41; Lc 8, 22-25) y la otra más persistente, ya de noche, aun-que la dirección del viento en este caso es dudosa (Mt 14, 24-34; Mc 6, 45-51; Jn 6, 16-21)".
También el mismo arqueólogo explicaba el tipo de barca que ulizarían, y que se puede conocer bien tanto por el dibujo de una de ellas en un bello mosaico descubierto en el puerto de Tariquea, como por el inestimable hallazgo de una auténtica barca, cuya datación por el Carbono-14 es de principios del siglo 1 d. C. , y que fue encontrada entre el fango de la orilla junto al quibutz Ginnosar, a unos dos Km. al norte de Tariquea-Mágdala. El hallazgo se produjo en 1986. "Tenía un mástil para la vela cuadrada, que permitía la navegación por la fuerza del viento, a la que unía el desplazamiento por la fuerza de los remos. En la popa tenía un pequeño puente para guardar los aparejos de pesca y los sacos que servían de lastre. Estas embarcaciones, de las que según Josefo había unas 200 en el lago, eran plurivalentes, siendo utilizadas tanto para pesca, como para el transporte. Solían llevar también un pequeño esquife o bote auxiliar, del que nos habla el evangelio (Jn 6, 22). Durante la tempestad que amenazó con hundir la nave en que iba Jesús, éste se hallaba dormido en el castillo de popa, recostada su cabeza en uno de los sacos de arena (Mc 4, 38)".
En efecto, en ocasiones peregrinos que han podido navegar en algún barco por el mar de Galilea, me han contado cómo de repente se levantaba el viento y el barco comenzaba a zarandearse. Me decían que les había ayudado mucho a situarse en la repentina tempestad que se levantó mientrás Jesús dormía, el susto de los discípulos, y la impresión de éstos cuando el Señor realizó el milagro increpando a los vientos y al mar.

sábado, 14 de abril de 2012

Pescando en el mar de Galilea. La caña y el arpón

En las próximas entradas hablaremos de la pesca en el mar de Galilea. En concreto de los distintos sistemas de pescar que se utilizaban en aquel momento. En Palestina los principales lugares para la pesca estaban en Gaza, a lo largo de la costa del Mediterráneo, y en el Mar de Galilea. Los israelitas en el desierto decían: "Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto" (Num. 11, 5). Nos interesa más la pesca, en concreto en Galilea, por causa de los sucesos del Evangelio conectados con Jesús y sus discípulos, algunos de los cuales eran pescadores. Los judíos acometieron un gran negocio de pescadería en las aguas del Mar de Galilea en la época del Señor. Vamos a hablar de los sistemas de pesca más habituales.
En primer lugar nos referiremos a pesca con caña. No se piensa que los discípulos en Galilea utilizaran este método para pescar habitualmente. Cuando salían buscanban cantidades más grandes que las que se pueden conseguir con cañas. Que este sistema era usado en ocasiones, podemos afirmarlo por el relato del pez que Pedro extrajo de las aguas y en cuya boca encontró moneda para pagar el tributo (Mt. 17, 27). Isaías se refirió a este sistema de pesca relaccionándolo con la pesca en los ríos, cuando escribió: "Los pescadores también se entristecerán; y harán duelo todos los que echan anzuelo en el río"  (Is. 19, 8). También el profeta Amós se refiere a esta clase de pesca cuando escribe: "He aquí, vienen días sobre vosotros que os llevará en anzuelos, y a vuestros descendientes en barquillos de pescador" (Amós 4, 2). La excavación practicada en las trincheras de Gezer sacó un anzuelo viejo, probando con ello el uso antiguo del método de pescar con caña.
Brevemente diremos algo del sistema de pesca llamada "arponeo del pescado". El libro de Job hace referencia a este método de pescar: “¿Cortarás con tu cuchillo su cuero, o con asta de pescadores su cabeza?"  (Job 11, 7). Asimismo, que este método se utilizó en Egipto se puede probar gracias a las inscripciones que retratan a los egipcios usando arpones.
Evidentemente son métodos de pesca que conocerían los discípulos. Siendo pescadores los habrían empleado en alguna ocasión. Aunque para la pesca profesional utilizaban otros sistemas, a los que nos referiremos en posteriores entradas.

sábado, 4 de febrero de 2012

Parábola de la dracma perdida


 «O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas, y dice: "Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido." Del mismo modo, os digo, se produce alegría ante los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.» (Luc. 15, 8-10).
En primer lugar para comentar esta parábola me parece que es interesante la referencia al uso de la lámpara para buscar la dracma perdida. Esta parábola de nuestro Señor sobre la dracma perdida -como casi todas-, necesita entenderse desde el punto de vista oriental. Después de perder la moneda en el suelo de piedras y mucha arena en las junturas, la mujer pediría ayuda a uno de sus hijos o a algunas amigas y vecinas para encontrar la moneda perdida. Le ayudarían sujetando una lámpara oriental hecha de tierra, mientras ella buscaba esa moneda o algún objeto de valor que se hubiera perdido. Tenemos que imaginar cómo era una vivienda en aquel entonces. La casa tendría sólo una puerta y una o dos ventanas con postigos de madera. Por esta razón se puede imaginar que estaba muy poco iluminada, especialmente durante el invierno. A las esteras, cojines, y pieles de cabra que cubrían el piso había que darles la vuelta, de forma que se facilitara así la limpieza del piso.
Cuando se encontró la dracma perdida, dice el Evangelio, las vecinas y amigas fueron a regocijarse con la dueña de la casa. Esto hay que entenderlo también, porque la señora estaría preocupada sobre el enfado de su marido al llegar y conocer la mala noticia. Las vecinas la comprendían muy bien y, según muestra el Evangelio, ella llamaría a sus amigas para celebrarlo pues sabía que ellas la entenderían mejor que nadie. Después, guardarían el suceso como un secreto que no debían saber los hombres. Hay que saber que en la cultura oriental suelen estar -en las casas- por un lado los hombres juntos charlando, y por otro lado las mujeres hablando a la vez de sus cosas. Es parte de la cultura de estas tierras, y sigue totalmente viva. Creo que conociendo estas costumbres se entiende un poco mejor la parábola.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Arquelao, el rey de la parábola de las minas

"Oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente. Dijo, pues: Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver. Y llamando a diez siervos suyos, les dio diez minas, y les dijo: Negociad hasta que vuelva. Pero sus conciudadanos le aborrecían, y enviaron tras él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros. Aconteció que vuelto él, después de recibir el reino, mandó llamar ante él a aquellos siervos a los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno. Vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas. Él le dijo: Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades. Vino otro, diciendo: Señor, tu mina ha producido cinco minas. Y también a éste dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades. Vino otro, diciendo: Señor, aquí está tu mina, la cual he tenido guardada en un pañuelo; porque tuve miedo de ti, por cuanto eres hombre severo, que tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste. Entonces él le dijo: Mal siervo, por tu propia boca te juzgo. Sabías que yo era hombre severo, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré; ¿por qué, pues, no pusiste mi dinero en el banco, para que al volver yo, lo hubiera recibido con los intereses? Y dijo a los que estaban presentes: Quitadle la mina, y dadla al que tiene las diez minas. Ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas. Pues yo os digo que a todo el que tiene, se le dará; mas al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y también a aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y decapitadlos delante de mí." (Lc 19, 11-27).
El Señor cuenta esta parábola del rey que se va de viaje para recibir un reino y volver. Este rey fue Arquelao, el hijo del rey Herodes. Antes de morir Herodes había arreglado su sucesión: Arquelao heredaba el título de rey; Herodes Antipas se convertía en tetrarca de Galilea y de Perea; Herodes Filipo, el hijo de Cleopatra, pasaba a ser tetrarca del Gaulanítide, Traconítide, Batanea y Panias. Desde el comienzo de su reinado Arquelao tuvo que enfrentarse con una rebelión fomentada por los fariseos; al mismo tiempo, le discutía el título de rey su hermano Herodes Antipas, que había sido designado anteriormente por Herodes para sucederle. Aunque el ejército quería nombrarle ya rey, Arquelao prefirió ir a Roma para ser nombrado rey por el César. Pero también acudieron a Roma varias delegaciones a presentar sus reivindicaciones. Desde este lugar de Jericó -en la fotografía de arriba se ven las ruinas- donde ya tenía el palacio su padre Herodes se trasladó Arquelao a Roma para ser investido Rey. El César Augusto reflexionó sobre el asunto y acabó confirmando más o menos el testamento de Herodes: Arquelao se quedaba con Judea, Idumea y Samaria, pero sólo con el título de etnarca; Antipas era tetrarca de Batanea, Auranítide y Traconítide. Este arreglo no duró mucho tiempo: Arquelao escandalizó a todos al casarse con una princesa capadocia, esposa anterior de Alejandro (hijo de Mariamme I) y de Yuba de Mauritania. También antes de salir en su viaje a Roma mató a unos tres mil fariseos por una sedición. A la vuelta también procuró matar a todos los que se habían opuesto a su reinado. Finalmente otra legación de judíos y de samaritanos lo acusaron ante Augusto de cruel y de brutal. El año 6 d.C., el emperador depuso a Arquelao y lo desterró a las Galias; en adelante, la etnarquía de Judea, Idumea y Samaria se le confiaría a un procurador.
Vemos cómo las parábolas del Señor en el evangelio están basadas en hechos reales de la época, de forma que la gente las podían entender bien. El Señor se sirve de esas noticias de la vida real para transmitir alguna enseñanza. Y a nosotros también nos ayuda mucho conocer estos hechos que sucedieron en la época del Señor para entender mejor las parábolas o enseñanzas que nos ha dejado a través de las Sagradas Escrituras.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Moneda en la boca del pez

"Al llegar a Cafarnaún, los cobradores del impuesto del Templo se acercaron a Pedro y le preguntaron: "¿Vuestro Maestro no paga el impuesto?". "Sí, lo paga", respondió. Cuando Pedro llegó a la casa, Jesús se adelantó a preguntarle: "¿Qué te parece, Simón? ¿De quiénes perciben los impuestos y las tasas los reyes de la tierra, de sus hijos o de los extraños?". Y como Pedro respondió: "De los extraños", Jesús le dijo: "Eso quiere decir que los hijos están exentos. Sin embargo, para no escandalizar a esta gente, ve al lago, echa el anzuelo, toma el primer pez que salga y ábrele la boca. Encontrarás en ella una moneda de plata: tómala, y paga por mí y por ti" (Mt 17, 24-27).
A la famosa especie conocida como tilapia se la llama “pez de San Pedro” en el Oriente Próximo. Es muy posible que fuera este pez con el que Jesucristo realizó la multiplicación de los panes y los peces. Hoy en día se trata de la segunda especie más importante en la producción mundial de acuicultura. Las tilapias son peces originarios de África pero que actualmente se localizan por países cálidos de todo el mundo. Viven en agua dulce pero aceptan aguas salobre. Las larvas se alimentan de zooplancton, mientras que los adultos son omnívoros y lo hacen de zooplancton, fitoplancton, algas y pequeños animales bentónicos. Están situados en un nivel bajo de la cadena alimentaria, al contrario que otros muchos peces cultivados que son carnívoros. Son peces de crecimiento rápido, si bien los machos lo hacen mas deprisa que las hembras. Alcanzan algo mas de un kilogramo de peso. Las tilapias alcanzan la madurez sexual a los tres meses de vida y presentan una importante capacidad reproductora. Se caracteriza porque las hembras incuban los huevos en el interior de su boca tras el desove y la fecundación. Los mantienen en la cavidad bucal hasta varios días después de la eclosión. Las hembras no ingieren alimento durante la incubación de los huevos. Desovan entre 3 y 10, o a veces incluso mas veces al año. Y cada hembra produce entre 1.500 y 10.000 huevos al año. Estos eclosionan a los 2-5 días y las hembras los protegen en su boca durante otros 8-10 días mas. La tasa de supervivencia es considerablemente alta. Muchas veces no es fácil que salgan los pececillos de la boca de sus padres. Tienen miedo al mundo exterior y algunos se resisten a salir quedándose en las paredes de la boca. Por eso los padres utilizan el método de introducirse objetos en la boca para que, moviéndolos dentro, golpeen a las crias y se decidan a salir.
Así se entiende que no sea extraña la posibilidad de encontrar en ocasiones a estos peces con algún objeto en la boca, como sucedió en el caso del pasaje del evangelio que citamos al inicio. Este, solo aparece en el evangelio de san Mateo, que es el de tradición Petrina. San Pedro debió predicar muchas veces este suceso. Se encuentra recogido justo después del momento en que el Señor les hablara de lo que iba a sufrir en la Pasión. Parece que el Señor, viendo que se habían quedado desanimados al hablarle de las cosas duran que iban a suceder, quiso con este signo levantarles el ánimo. También tiene este pasaje un significado simbólico: Jesús es el pez y nosotros los pececillos. Y es Él quien paga por nosotros el tributo muriendo en la Cruz.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Las parábolas

“Aquel día salió Jesús de casa y se sentó a la orilla del mar. Se reunió junto a él tal multitud que hubo de subir a sentarse en una barca, mientras toda la multitud permanecía en la orilla. Y se puso a hablarles muchas cosas en parábolas. (…) Los discípulos se acercaron a decirle: ¿Por qué les hablas en parábolas? El les respondió: A vosotros se os ha dado conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no se les ha dado.Porque al que tiene se le dará y abundará, pero al que no tiene incluso lo que tiene se le quitará.Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden. Y se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: Con el oído oiréis, pero no entenderéis, con la vista miraréis, pero no veréis” (Mt 13, 1-3; 10-14).
La palabra Etim viene del griego parabola, comparación. Las parábolas son relatos, historias escuetas, claras, sencillas, y su finalidad es transmitir una enseñanza del modo más comprensible y fácil de recordar. En todas destaca la pequeñez de los comienzos; y el crecimiento progresivo de este Reino; su fuerza regeneradora para los llamados por Dios a la salvación, que alcanzarán si corresponden a esa llamada. Jesús predica utilizando parábolas, es decir, ejemplos vivos, imágenes tomadas de la vida ordinaria, dándoles contenidos ricos y amplios. Después un año de recorrer los caminos de Palestina, predicando el Evangelio del Reino y confirmando su doctrina con innumerables milagros. Muchos creen después de oirle, otros no. Jesús habla del Reino de Dios con tacto y utiliza parábolas en las que, sin ocultar que está diciendo cosas nuevas incita a los oyentes a interesarse y les advierte: "Quién tenga oídos para oír, que oiga". Entenderán los que tengan un corazón dispuesto a la conversión a Dios con el rechazo del pecado, también en sus formas más sutiles.

En cuanto al estilo literario, las parábolas de Jesús ofrecen mucha más variedad y belleza que las que se suelen encontrar leyendo las de otros maestros. En las parábolas rabínicas los protagonistas son normalmente unos personajes estereotipados: un amo y sus criados, un rey y sus súbditos, un amo o un rey y sus hijos, son los casos más corrientes. Pero en la predicación de Jesús, las incidencias de la actividad ordinaria ilustran con viveza la enseñanza y proporcionan incentivos para reflexionar acerca de los misterios más altos. Por ejemplo, los pequeños problemas que se pre­sentaban en la vida diaria de la gente del pue­blo debido a las condiciones materiales en las que vivían sirvieron a Jesús para ilustrar de modo gráfico sus enseñanzas.

sábado, 15 de octubre de 2011

Sentido cristiano de Sukkot, fiesta de las tiendas.

Esta semana los judíos están celebrando la fiesta de Sukkot. El padre David Neuhaus, SJ, vicario patriarcal para las comunidades de lengua hebrea en Israel, ofrece una explicación de la evolución de esta fiesta en la tradición cristiana.
"En la tradición bíblica, hay tres fiestas de peregrinación centrales: la Pascua, Pentecostés y la Fiesta de los Tabernáculos. Dos de las tres celebraciones se incluyen explícitamente en el Nuevo Testamento y reciben un nuevo significado. La Pascua se celebra no sólo como liberación de la esclavitud de Egipto, sino como la liberación de la muerte por medio de la cruz y la resurrección de Jesús (Pascua de Resurrección). Pentecostés no es sólo la celebración de los primeros frutos de la tierra, sino del primero fruto del cielo (el don del Espíritu Santo). Pero, ¿qué ha ocurrido con la Fiesta de los Tabernáculos (Sukkot) en la tradición cristiana? En los escritos antiguos de Israel, la Fiesta de los Tabernáculos celebraba la última cosecha; cuando el pueblo iba al Templo de Jerusalén para alegrarse y dar gracias a Dios tras el año agrícola. Conmemoraban entonces los cuarenta años de caminar por el desierto, donde Dios proveyó a todas sus necesidades; mientras se refugiaban en sus frágiles tiendas de campaña (Levítico 23,43). En la literatura profética (cf. Zacarías 14), la Fiesta de los Tabernáculos se asocia al final de los tiempos; cuando Dios recogerá la última cosecha de Israel y las naciones, que vendrán todos a Jerusalén para rendirle culto. A primera vista, parece que esta fiesta haya desaparecido en la tradición cristiana (aunque Jesús vaya a Jerusalén para la Fiesta de los Tabernáculos en el Evangelio de san Juan, cap. 7). En otro momento, se puede encontrar aún un eco de la Fiesta de los Tabernáculos en la Transfiguración de Jesús, una fiesta que se celebra el 6 de agosto. En Tierra Santa, todas las miradas se vuelven en esta fecha al Monte Tabor, venerado como la «montaña alta» del relato evangélico. La historia de la Transfiguración de Jesús ante los ojos de tres de sus discípulos se narra en repetidas ocasiones en los Evangelios (cf. Mateo 17, 1-8; Marcos 9, 2-8; Lucas 9, 28-36). Jesús, con el rostro brillante como el sol y sus ropas resplandecientes de blancura, da a sus discípulos una visión de su gloria antes de entrar en la Pasión y la muerte. En efecto, justo antes de subir a la «montaña alta», Jesús anuncia a sus discípulos por primera vez que debía ir a Jerusalén para sufrir y morir. Pedro se resiste a esta terrible profecía. Ahora, frente a Jesús transfigurado, que conversa con Moisés, que dio la Ley, y con Elías, el profeta por excelencia, Pedro, uno de los tres discípulos que está con Jesús en el monte alto, sugiere la construcción de tres tiendas para Jesús, Moisés y Elías. Pedro parece resistirse de nuevo al hecho de que Jesús debe bajar de la montaña para sufrir y morir en Jerusalén. Preferiría hacer un santuario en la montaña para Jesús. Pero Jesús no se queda en la montaña en una tienda, tiene que ir de Jerusalén; donde será crucificado. Las tiendas que Pedro trata de construir, no son las que Dios desea. Cuarenta días después de la Transfiguración, el 14 de septiembre, la Iglesia celebra la fiesta de la Cruz gloriosa. Muchas tradiciones cristianas comparan el madero de la cruz con la madera del árbol del jardín del Edén. Por el árbol del jardín del Edén, la muerte entró al mundo por la desobediencia (Adán comió del fruto prohibido), y por el madero de la cruz, la vida ha sido restaurada (Jesús fue obediente hasta la muerte en cruz). La cruz se compara también con el arca de Noé (donde se salvaron todas las personas que se refugiaron en ella) o la vara de Moisés, con la que hizo signos y prodigios, y guió al pueblo. Pero también puede compararse con una tienda de campaña. En lugar de las tiendas que Pedro quería levantar para Jesús y sus compañeros en la montaña, la cruz de Jesús ofrece la verdadera tienda para el que se refugia en ella, huyendo del pecado, elevando la mirada al Hijo del hombre que permaneció totalmente obediente a la voluntad de su Padre celestial. Además, la fiesta de la Cruz gloriosa tiene su origen en el día de la dedicación de la Iglesia de la Resurrección (conocida como Iglesia del Santo Sepulcro). El 14 de septiembre del año 335 se celebró la dedicación del edificio constantiniano, una tienda en el corazón de Jerusalén para todos los que buscan refugio a la sombra de la cruz y vuelven su mirada hacia la gloria de Cristo resucitado.
En las comunidades cristianas de Tierra Santa están presentes tres símbolos de la Fiesta de la Exaltación de la Cruz: la luz, la albahaca y la granada. La luz representa la luz de la cruz que ilumina nuestra vida. La albahaca, verde y fragante, significa el árbol de la vida, que está representada por la cruz. La granada, llena de jugo de color rojo (como la sangre de Cristo derramada en la cruz) y de semillas (que representan la fertilidad de la vida), alude al misterio de la muerte de Cristo en la cruz por nosotros. La albahaca y la granada de la Fiesta de la Exaltación de la Cruz cristiana podrían recordar el lulav (la palmera) y el etrog (la cidra), típicos de la fiesta judía de Sukkot.
http://www.catholic.co.il/

sábado, 1 de octubre de 2011

Piscina de Siloé: curación del ciego de nacimiento

"Vio, al pasar, a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos: "Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?". Respondió Jesús: "Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios. Tenemos que trabajar en las obras del que me ha enviado mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo." Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, y untó con el barro los ojos del ciego y le dijo: "Vete, lávate en la piscina de Siloé" (que quiere decir Enviado). El fue, se lavó y volvió ya viendo". (Jn. 9, 1-7)
La historia cuenta que Jesús puso arcilla en los ojos de un hombre y le dijo que se los lavara en las aguas puras de la piscina. Lo hizo y se le devolvió la vista. Arqueólogos en Jerusalén han encontrado los restos de la piscina de Siloam, donde la Biblia asegura que Jesús curó la vista de un ciego. Es muy interesante este milagro pues ayuda a identificar los lazos entre las acciones de Cristo y los antiguos rituales judíos. Bajo lo que ahora es el barrio árabe de Silwan, los arqueólogos han empezado a sacar de la tierra los restos de la piscina. Allí todavía corre agua en la canaleta que la trae de una cercana fuente natural. Esta piscina fue usada por los judíos para actos rituales durante unos 120 años hasta finales del año 70, cuando los romanos destruyeron el templo judío. Muchos de los actos de Jesús están relacionados directamente con los rituales judíos y esta curación del ciego es un ejemplo de ello. Jesús puso arcilla en los ojos del hombre y le dijo que se los lavara en las aguas puras de la piscina, lo cual restauró su vista, según consta en el Evangelio de San Juan, capítulo 9, 1-7.
Durante los últimos cuatro meses, los arqueólogos han develado el área de 50 metros de largo de la piscina y un canal que llevó agua hacia ella desde la fuente de Silwan. Hace pocos años, un camino de piedra que llevaba desde ella al templo fue encontrado. "Desde el momento en que encontramos esto hace cuatro meses estábamos ciento por ciento seguros de que era la piscina de Siloam'', dijo el arqueólogo Eli Shukron. Stephen Pfann, estudioso de la Biblia, asegura que las aguas de esta piscina eran consideradas tan puras que podrían curar incluso a un leproso. Pfann indicó que Jesús con seguridad eligió curar al ciego con el agua más pura disponible, debido a que la gente con discapacidades tenía prohibido ingresar al templo."


El lugar está en la ciudad de David y se puede vistiar. Se trata de un lugar Santo, pues Jesús lo conocía bien ya que estuvo allí muchas veces. El agua pura que cura y limpia es símbolo del agua del bautismo que lava nuestros pecados. Siempre necesitamos de agua para limpiarnos, y de la misma manera esta piscina y este agua son imagen de la necesidad que siempre tenemos de la gracia para purificarnos de nuestras faltas.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Los hermanos de Jesús

“Alguien le dijo entonces: Mira que tu madre y tus hermanos están fuera intentando hablarte. Pero él respondió al que le hablaba: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Pues todo el que haga la voluntad de mi Padre que está en los Cielos, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre” (Mt 12, 47-50).

Este evangelio lo hemos leído en la Santa Misa hace unos días. La de los hermanos de Jesús son unas palabras que salen con mucha frecuencia en el Nuevo Testamento, y que han llevado a una cierta confusión. Hay algunos que piensan -apoyándose muchas veces en estas palabras- que Jesús tuvo hermanos. Esto evidentemente contradice la virginidad de María antes, durante y después del parto. El por qué se llaman hermanos puede explicarse conociendo la mentalidad de la gente en estos lugares. Viviendo y profundizando en su cultura nos damos cuenta de que el concepto hermano tal y como lo utilizan es muy amplio. En la lengua griego helenística, no semítica, hermano significa también hermanastro. En cambio, en el mundo semítico, cuando se utiliza la expresión hermano se hace referencia a un término más general. No hay palabra para primo o sobrino, sino que habitualmente se usa esta.

Puedo contar mi experiencia concreta con los amigos que tengo en territorios palestinos. Después de haberles presentado a mi familia, cuando mis padres y hermanos visitaron Tierra Santa, muchas veces comenzaron a llamarles de esta manera: padre, madre o hermanos. Por ejemplo, uno de mis mejores amigos de Belén, que se llama Faried, conoció desde hace dos años a mis padres y hermanos, y siempre al preguntarme por ellos, o al escribirles un mail o por Facebook les llama con toda naturalidad de este modo: madre, padre, o hermano tal o cual.

Comprobar esto me aclaró la mentalidad de las gentes de estos lugares. Es evidente que esto lo han heredado de las costumbres que ya existían en la época en la que que vivió el Señor.

sábado, 16 de julio de 2011

Mujeres judías en la época del Señor

Como hoy es la Virgen del Carmen, he pensado escribir algo sobre la Virgen. Se me ocurría escribir acerca de cómo viviría María, repasando algunas de las costumbres que tenían las mujeres judías en la época. Para ello me he servido de unos apuntes que me pasó para revisar Carlos Llorente de una novelita que va a publicar sobre Tierra Santa.

"¿Cómo eran las mujeres judías de entonces? ¿Qué costumbres tenían? Es bonito imaginar que la Virgen María se comportaría como una más entre ellas.
Explicaremos un poco por encima cuáles eran sus costumbres. Las mujeres judías hablaban solamente en arameo, porque estaba muy mal visto que tuviesen relaciones con personas de otra raza. Sin embargo María hablaría otras lenguas por su estancia en Egipto y, además, hablaría también el griego, por sus visitas a la ciudad cercana de Sépphoris, que estaba muy helenizada. Desde niñas se las educaba en la religión judía. Esta instrucción era inculcada en el seno familiar por las costumbres que observaban y también en la escuela de la sinagoga, donde les enseñaban a leer y aprenderse de memoria las escrituras. Debían cumplir con la ley de Moisés.
Antes de la puesta del sol de los viernes se preparaban para celebrar el Shabbat. Para ello barrían y limpiaban la casa, mudaban la ropa de la cama y de la mesa. Se purificaban lavándose en una tinaja en casa. Se ponían el mejor vestido. Por la noche celebraban el Shabbat en una cena familiar con todos sus hijos y familiares próximos. Al día siguiente, como les estaba prohibido trabajar, comían de lo que les sobraba la noche anterior. Así se ha hecho siempre. Esta fiesta servía para reunir a los familiares periódicamente y trasmitir la tradición judaica.
Respecto a sus costumbres religiosas viajaban a Jerusalén tres veces al año con motivo de las fiestas de Pascua, Pentecostés y Tabernáculos, y permanecían una semana allí. Rezaban mañana y tarde largas oraciones. Las más fervorosas ayunaban a pan y agua dos veces a la semana, los días 2º y 5º. También lo hacían los fariseos, como dice el evangelio, pero estos solo lo hacían para que se les viese, no actuaban con sinceridad. Jesús les atacó mucho por este motivo.
Otras costumbres que tenían las mujeres es que estaban obsesionadas con cualquier cosa que rompiese la pureza legal. Por ejemplo tenían que hacer abluciones antes de comer (lavarse las manos). No podían tocar sangre humana, comer carne de cerdo, la carne debía de ser exangüe… Eran las encargadas de lavar a conciencia a sus difuntos, además de cortarles las uñas y de afeitarles el pelo. Se explica por qué la Virgen María estaría dentro del sepulcro arreglando la cabeza martirizada de su Hijo. Las demás mujeres que la acompañaban, Salomé, María de Cleofás y María Magdalena quedaron fuera simplemente porque no cabían dentro del sepulcro.
El trabajo manual era prácticamente obligatorio. No podían estar ociosas en sus casas, tenían que hacer trabajos de hilandería o de costura. El fruto de su trabajo era para el marido.
Lo más apropiado para una mujer era permanecer en casa. Por esto estaba muy mal visto que una mujer judía estuviese sola en la calle. Si salía de casa, debía cubrirse la cabeza con un velo.
Una mujer en casa debía madrugar para preparar en el fuego el pan cada día para que su esposo lo encontrase listo y caliente para comer cuando éste se levantaba. Tenía que ir a la fuente del pueblo a por agua en un cántaro. Debía dar de comer a las bestias que tuviese. Era la responsable de todo lo concerniente al hogar, la comida, el huerto del jardín, comprar en el mercado, la educación de los hijos. Tenían una hospitalidad proverbial, por fraternidad, con sus hermanos judíos y por cuestiones religiosas".
Escrito por Carlos Llorente.

sábado, 9 de julio de 2011

Corozaín, Betsaida y Cafarnaum, ciudades malditas

“Entonces se puso a reprochar a las ciudades donde se habían realizado la mayoría de sus milagros, porque no se habían convertido:¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran realizado los milagros que han sido hechos en vosotras, hace tiempo que habrían hecho penitencia en saco y ceniza. En verdad os digo que para Tiro y Sidón habrá menos rigor en el día del Juicio que para vosotras. Y tú, Cafarnaún, ¿te vas a alzar hasta el cielo? ¡Hasta el infierno vas a descender! Porque si en Sodoma se hubiesen realizado los milagros que se han obrado en ti, subsistiría hasta hoy. En verdad os digo que para la tierra de Sodoma habrá menos rigor en el día del Juicio que para ti” (Mt 11. 20-24). El Señor maldijo tres ciudades, y las tres desaparecieron para nunca más volver a existir. De Cafarnaún ya hemos hablado en anteriores entradas. Se pueden visitar las ruinas encontradas por los franciscanos. Pero, ¿qué hay de las ciudades de Corozaín y Betsaida?
Corozaín o Corazín se situaba a tres kilómetros al norte del lago de Genesaret, cerca de las ciudades de Cafarnaún y Betsaida. Eusebio menciona que era una aldea desierta a dos millas de Cafarnaún. Los biblistas suelen identificarla con la ciudad de Karazah o Karaziyyah donde se ha hallado un monumento dentro de las ruinas de una sinagoga.


Betsaida o Betseda (del griego: Βηθσαΐδα, lugar de pesca) es el nombre de dos lugares en Israel mencionados por la Biblia. Herodes Filipos, el tetrarca, la reedificó y le dio el nombre de Julias, en honor de Julia, la hija de Augusto. Plinio y Jerónimo nos dicen que se encontraba al Este del Jordán. Hay dos sitios posibles: al-Tell o Masadiya. (Ambos lugares se encuentran muy cerca uno de otro, pero el segundo está más cerca de la ribera.) Sin embargo, en Mc. 6.45 los discípulos fueron enviados del lado Este del Jordán a Betsaida, hacia Cafarnaum (cf. Jn. 6.17); por ello se ha postulado la existencia de una segunda Betsaida al Oeste del Jordán, localizada tal vez en Ayn al-Tabigha. Se afirma que esta también es Betsaida “de Galilea” (Jn. 12.21), ya que la división política de Galilea puede no haber llegado hasta el Este del Jordán. Pero esto es poco probable.
La Betsaida situada al lado de Cafarnaum sería una modesta aldea, del estilo de Cafarnaúm o incluso más pequeña, y tendría unos 700 a 800 habitantes. Dependería mucho de Cafarnaum que era más grande, y solo separarían a una de otra tres o cuatro kilómetros, lo cual supone unos cuarenta minutos o una hora andando. Quizá. Betsaida no tuviera sinagoga propia y los vecinos acudían a la de Cafarnaúm. Era como una especie de arrabal o suburbio de Cafarnaún, pero que debido a estar situado en una franja costera especialmente fructífera para la pesca, permaneció durante cierto tiempo como centro de población.
Parece que fueron los persas, quienes pusieron fin a esas ciudades o asentamientos. Impresiona cómo -después de esta maldición del Señor- las 3 ciudades desaparecieron, y hasta el día de hoy siguen sin estar habitadas.

sábado, 28 de mayo de 2011

Pez de San Pedro

"Cuando entraron en Cafarnaúm, se acercaron a Pedro los que cobraban el didracma y le dijeron: «¿No paga vuestro Maestro el didracma?». Dice él: «Sí.» Y cuando llegó a casa, se anticipó Jesús a decirle: «¿Qué te parece, Simón?; los reyes de la tierra, ¿de quién cobran tasas o tributo, de sus hijos o de los extraños?». Al contestar él: «De los extraños», Jesús le dijo: «Por tanto, libres están los hijos. Sin embargo, para que no les sirvamos de escándalo, vete al mar, echa el anzuelo, y el primer pez que salga, cógelo, ábrele la boca y encontrarás un estáter. Tómalo y dáselo por mí y por ti»".

La especie más conocida del mar de Galilea es el llamado musht. En árabe musht significa “peine”, y las cinco especies que comprende son muy famosas porque tienen una aleta dorsal larga que se parece a un peine, como se puede comprobar en la imagen. El más grande y más común de éstos es la tilapia galilea, hoy llamado también “pez de San Pedro”, que puede alcanzar una longitud de 40 centímetros y pesar 1,5 kilogramos. Su forma plana lo hace idóneo para freír, y su carne fácil de separar y sus escasas espinas hacen que sea muy solicitado para las comidas. También por supuesto por considerarse éste como el pez al que se refiere tantas veces el Evangelio.

También hay varios pasajes de los evangelios que se refieren probablemente al musht. Cuando llega el invierno, este pez tropical, se congrega en bancos en la parte septentrional del lago. Son atraídos a ese lugar por el agua tibia de los manantiales que desembocan en el lago. Esto ofrece a los pescadores una oportunidad de obtener capturas abundantes. Este hecho podría explicar la pesca milagrosa mencionada en los evangelios (Lc 5, 1-11). En la primavera, los musht se aparean y colocan sus huevos en el fondo del lago. Después de la fertilización, los musht padres llevan los huevos en la boca por tres semanas hasta que los huevos maduran. Entonces cuidan de ellos unos pocos días, y luego los liberan. Para prevenir a su progenitura que entren en la boca otra vez, el pez padre ingiere guijarros para que su antigua “casa” no siga siendo tan confortable. Es posible que traguen también monedas y otros objetos con los guijarros, y se han encontrado muchas monedas en la boca de los musht. Esto podría explicar el pasaje en el que Jesús le pide a Pedro que busque un pez con una moneda en la boca para pagar los impuestos.

sábado, 21 de mayo de 2011

Peces del mar de Galilea

Seguimos en el mar de Galilea. Esta vez nos fijaremos en los tipos de peces que allí se pueden encontrar. Pero antes hay que explicar que los peces, en la época de Jesús, se clasificaban por los judíos entre permitidos y prohibidos, es decir, entre puros e impuros. La ley mosaica (Levítico 11. 9-12) establecía que sólo podían considerarse comestibles los peces vertebrados, con escamas y aletas, mientras que los demás se consideraban prohibidos. Esta es la razón de fondo del texto en el evangelio, en Mt. 13-48, donde se habla de peces buenos (permitidos por la ley) y malos. Al final de cada captura, por tanto, los pescadores debían reunirse en la playa, y separarse los peces impuros, devolviéndolos al agua. Hoy en día entre los judíos esto sigue vigente.
El mar de Galilea ha sido famoso por su pescado desde antiguo. El pez más famoso es el de san Pedro, pero allí se pueden encontrar muchas más. Hay dieciocho especies de pescado autóctonas en el lago, que se clasifican localmente en tres grupos principales:
En primer lugar el de las sardinas. Actualmente, en temporada alta, decenas de toneladas de sardinas son capturadas cada noche. Se parece a la sardina de agua salada, y puede encontrarse en enormes bancos. Se utilizaban mucho para conservas. Estas sardinas constituyeron una parte importante de la dieta diaria en todo el país, especialmente para los que vivieron cerca del lago.
Otro tipo es el llamado biny. Consiste en tres especies de la familia de la carpa. Su nombre viene de una palabra semítica que designa al “pelo”, y se debe referir a las lengüetas típicas de los bordes de la boca del pez. Son pescados carnosos muy populares en banquetes y en la celebración del sábado.
Las sardinas aparecen muchas veces mencionadas en los evangelios como “peces pequeños”, en contraste con las otras dos especies, que eran mayores. Se las menciona claramente en el milagro de la alimentación de los cuatro mil. De acuerdo con Mt 15. 34 y Mc 8. 5-7, “cinco panes y unos pocos peces pequeños” era todo lo que los discípulos de Jesús tenían para comer. A su vez, el milagro en el que el Señor da de comer a los cinco mil aparece en los cuatro evangelios. Mt. 14 17, Mc. 6 38 y Lc. 9 13 mencionan “cinco panes y dos peces.” Pero la versión de Juan (Jn 6 9) es ligeramente diferente y en ella se especifica que el pan es de cebada, y se usa otra palabra griega para el pescado: opsaria (pez pequeño) en lugar de ichthyes (peces). Podemos suponer que estos peces pequeños no son los individuos jóvenes de las grandes especies, sino que eran sardinas y por tanto, pequeñas por naturaleza. Éstos, con pan, de hecho, han constituido la dieta habitual de la población local.
En la Iglesia de la Multiplicación que fue construida para conmemorar el milagro realizado por Jesús, en Tabgha, se muestran dos peces pequeños en un mosaico del siglo sexto. Vemos una cesta con cuatro panes con un pez a cada lado. Sin embargo, estos peces no parecen ser del mar de Galilea. Todos los peces capturados en el mar de Galilea tienen una sola aleta dorsal, mientras que los que figuran en el mosaico tienen dos aletas dorsales. El artista que diseñó el mosaico de Tabgha probablemente llegó desde el extranjero para hacer su trabajo y usó un patrón sin asegurarse de su corrección echando un vistazo a los peces del lago.
Del pez de San Pedro, que es el más común del lago y famoso, hablaremos la semana que viene, si Dios quiere.

sábado, 30 de abril de 2011

La Resurrección: la tumba vacía

"He utilizado también los Evangelios como guía y para contrastar diversos pasajes. Los cuatro Evangelios son de una precisión que asombra. Por ejemplo, un detalle insignificante, pero que evidencia su veracidad y precisión: cuando el Ángel mueve la gran piedra de la entrada del Sepulcro, ésta cae a la derecha de la antecámara donde se sentó, según se lee en el capítulo 16 del Evangelio de san Marcos. Esto quiere decir que la piedra se corría hacia la derecha para abrir la boca del Sepulcro. El único sitio donde podría ubicarse la abertura de la cámara sepulcral era a la izquierda, ya que a la derecha, si se perfora la pared del fondo de la antecámara, se tropieza con el banco sepulcral que está detrás. Por tanto, la entrada debería estar a la izquierda, y la piedra redonda rodaría a su derecha para abrir el sepulcro, según el Ev. Juan, capítulo, 20.5. “Y agachándose vio extendidos los lienzos (en plural) pero no entró”. (Desde fuera y agachándose, el sepulcro estaría muy oscuro y solo sería posible ver los lienzos extendidos, pero sin detalle.) “Llegó tras él Simón Pedro, entró en el sepulcro y vio los lienzos caídos”. Juan 20.7, “y el sudario que estuvo sobre su cabeza, no como el lienzo allanado, en singular sino al contrario, enrollado en su mismo lugar”. (Desde dentro y seguramente iluminados con alguna lámpara apreciarían mejor los detalles. Y éstos serían que efectivamente el lienzo, en singular, de la mortaja estaba extendido y yaciente, pero además apreciarían el abultamiento que haría el lienzo-sudario, porque estaba enrollado y en el sitio que ocuparía antes de desaparecer el cuerpo, debajo de la barbilla. Hay que tener en cuenta que Juan fue testigo de cómo sepultaban el cuerpo le Jesús y cómo pusieron el lienzo-sudario enrollado debajo del mentón.) Y es imposible, por medio natural, extraer el cuerpo sin desplazar el lienzo-sudario enrollado, colocado en ese preciso lugar. Se comprende el asombro de los apóstoles: Juan, capítulo 20.8 (...) “Entonces entró también el otro discípulo que vino primero al sepulcro, y vio, y creyó”. Lucas, capítulo 24.12: “Pedro (...) se volvió a su casa, asombrado por lo sucedido”.


El bulo del Sanedrín surtió efecto a los oídos de Pilato. Debió quedar estupefacto cuando oyó la versión de los cristianos que decían que el Crucificado había resucitado, cosa inconcebible para él. Se ha descubierto en la zona de Nazaret una losa con la inscripción de la advertencia de que a los violadores de tumbas se les castigaba con la muerte. Es curioso que sólo se haya en encontrado en toda Palestina un aviso de este tipo, y sea precisamente en esta humilde y poco poblada aldea, muy próxima a la ciudad de Séforis, capital de Galilea, a una media hora andando. Probablemente fuese ordenado por Pilato, como consecuencia de lo anteriormente dicho, y dirigido hacia los seguidores de Jesús que supondría eran originarios de Nazaret, para amedrentarlos. Constituye otra prueba indirecta de que el cuerpo históricamente desapareció y de su resurrección".


"La primera Semana Santa de la historia", de Carlos Llorente.