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sábado, 13 de enero de 2018

El secreto mejor guardado de Oriente Medio

Es un secreto bien guardado en sociedades como el Líbano, donde un gran número de cristianos y musulmanes viven cara a cara, trabajando juntos, socializando juntos, a veces incluso casándose entre sí. En estas sociedades a menudo hay más conversiones de una fe a la otra de las que nadie está dispuesto a admitir públicamente.

Para los musulmanes que adoptan el cristianismo, es una propuesta especialmente delicada, ya que corren el riesgo de ser declarados apóstatas y sufrir represalias, a veces de grupos extremistas, a menudo de sus propias familias, donde pueden ser rechazados, desheredados e incluso atacados físicamente.

Esta dura realidad, sin embargo, no significa que no se sucedan las conversiones, y algunas veces en cantidades sorprendentemente altas.

Un católico libanés, por ejemplo, me dijo esta semana que un amigo sacerdote ha estado predicando en el centro del país durante seis años, y durante ese lapso de tiempo ha tenido más de 300 conversiones del Islam al cristianismo.

Muchos católicos libaneses tienen historias que contar sobre las conversiones que han presenciado personalmente o en las que desempeñaron un papel. Sin embargo, pocas historias reúnen tanto impacto como la que me contó un CEO al que conocimos mi colega Inés San Martín y yo la semana pasada.

(El CEO pidió que no se usara su nombre, no porque temiera las consecuencias contra él mismo, sino porque no quiere poner a su familia y a su negocio en peligro).

Sucedió durante la guerra de 2006 entre Israel y Hezbollah, el movimiento militar de la Shi’ite en el Líbano. Este CEO dirigía una ONG que se encargaba de desplazar a las personas localizadas en una región del país, donde los bombardeos de Israel eran habituales.

El CEO es un católico ferviente, miembro del Opus Dei (es un supernumerario, que está casado y tiene hijos), que asiste a misa diariamente. Durante la guerra, él continuó saliendo de los búnkeres de la ciudad en la que se encontraba para dirigirse a la iglesia local cada mañana, a pesar del riesgo de las bombas al que se exponía.

Una mañana, de camino a misa, se le acercó un musulmán que había conocido a través de la ONG y le preguntó si podía unirse a él. El nombre de aquel hombre era “Jihad” (en realidad es un nombre masculino muy común entre los musulmanes, a pesar de su asociación en Occidente con la violencia terrorista).

Jihad tenía una discapacidad, siguió contando, ya que perdió un brazo a los 14 años en un accidente en una carpintería. El CEO lo desalentó de ir a Misa, convenciéndolo de que no era seguro, no sólo por el peligro de ser herido en el bombardeo, sino porque los vecinos musulmanes de Jihad podrían enojarse, o incluso culpar al CEO y a la organización de “proselitista de musulmanes”.

Jihad aceptó no ir a Misa, relató el CEO, pero se notaba que no estaba contento. A mediados de agosto de ese año, Jihad regresó y le dijo que había escuchado que al día siguiente había una gran fiesta dedicada a la Virgen María (se refería a la fiesta de la Asunción). Tenía un amor especial por María, explicó, y realmente quería ir a Misa.

El CEO me contó que Jihad parecía determinado, casi desesperado, por lo que aceptó que le acompañara.

Luego, encontró a Jihad de pie ante una estatua de la Virgen en profunda oración. El CEO se arrodilló a su lado y cerrando los ojos oró. En ese momento escuchó un goteo a su lado... Miró y vio que Jihad lloraba lágrimas de alegría, que caían ruidosamente al suelo.

Más tarde, Jihad confesó que había estado esperando ese momento durante años. Cuando perdió su brazo, contó el CEO, Jihad fue tratado en un hospital con otros dos hombres, ambos cristianos. Un sacerdote venía a darles la Comunión acompañado de una monja. La primera vez que vino, administró el sacramento a los dos hombres y cuando comenzó a acercarse a Jihad, la monja se llevó al sacerdote.

El suceso en la Iglesia desencadenó una serie de conversaciones entre Jihad y el CEO sobre varios aspectos de la creencia y la práctica cristiana. El CEO le explicó la diferencia entre las interpretaciones islámicas y cristianas de la “yihad”: cómo Cristo desafió las expectativas de lo que significaba ser un “mesías”, describiéndolo no como un revolucionario político sino como un liberador espiritual.

“¿Cuál es el tipo más difícil de yihad?” le preguntó el CEO a su amigo. “¿Es salir y matar a mis enemigos, o matar el pecado que hay dentro de mí?”.

Durante todo ese proceso, Jihad le dijo al CEO que quería convertirse al cristianismo. El CEO habló con un sacerdote quien le instó a la cautela, entre otras cosas, porque le preocupaba que Jihad simplemente se sintiera agradecido por la ayuda de la ONG y estuviera proyectando esa gratitud al CEO y a su fe cristiana.

Jihad persistió y se le dijo que, eventualmente, se inscribiera en un curso de catequesis de dos años para prepararse para el Bautismo. El CEO le ofreció un pequeño consejo: “No te desanimes por los cursos que debas recibir, o incluso por el mal ejemplo de algunos de los cristianos que puedas conocer", dijo. “Recuerda ese momento con la Virgen y recuerda lo que hay en tu corazón”.

Finalmente llegó el día del Bautismo de Jihad. El CEO estaba allí, con su esposa e hijos, mientras que otro funcionario de la ONG actuó como el padrino de bautismo de Jihad. Ellos han seguido siendo amigos, y Jihad actualmente es un miembro activo de su parroquia local.

Por razones obvias, nadie está ansioso por transmitir este tipo de historias en un entorno en el que los malentendidos sobre las religiones pueden convertirse rápidamente en mortales.

Sin embargo, tales movimientos del corazón tienen lugar con sorprendente frecuencia. Tal vez lo que ilustran es la paradoja misionera: cuando el precio de la fe es más elevado, abunda más el hambre de recibirla.

Traducción de varios extractos del artículo de John L. Allen Jr. en Crux Middle East’s well-kept secret revealed when Jihad met the Virgin / El secreto mejor guardado de Oriente Medio se reveló cuando Jihad conoció a la Virgen (15 de octubre de 2017)

sábado, 28 de noviembre de 2015

Doctor árabe y judío. Salvar vidas contra todo prejuicio

Resultado de imagen de El cirujano árabe Ahmed Eid y el anestesista judío Jochanan SchiffmanDos hombres y un destino. Salvar vidas contra todo prejuicio. El cirujano árabe Ahmed Eid y el anestesista judío Jochanan Schiffman se entienden sin necesidad de hablar. Una mirada es suficiente ya sea en el comedor, en el ascensor o en el quirófano del Hospital Universitario Hadassah Mt Scopus de Jerusalén. O donde estamos: en el despacho del primero, en una pausa entre la operación a una víctima de un nuevo apuñalamiento y la visita a un atacante herido gravemente.

Entenderse sin hablar no es un lujo, sino su obligación. El profesor Eid es jefe de Cirugía del hospital y el doctor Schiffman es el máximo responsable de anestesia.

Días de tensión y violencia en Jerusalén donde las sirenas de ambulancias y policías toman la palabra en sus calles. Días de locura para estos dos veteranos que han operado y anestesiado todo lo que uno puede imaginar. Quién les iba a decir en los años 70, cuando compartían pupitre en la Universidad Hebrea de Jerusalén, que un día serían jefazos de este importante centro sanitario. Y que de sus manos dependería la vida de muchísimas personas. Judíos y musulmanes. Israelíes y palestinos. Víctimas y agresores.

El bisturí de Eid no diferencia orígenes, religiones, motivaciones o ideología y atraviesa densas capas de hostilidad y fanatismo. Se declara orgulloso de ser ciudadano árabe de Israel y disipa dudas: "Créame, me da igual la identidad del paciente. Para mí, que sea judío o árabe no tiene importancia. Mi único objetivo cuando recibo al herido es evitar que muera". Schiffman asiente con la cabeza: "Yo no sé quién es la víctima ni el atacante. Les tratamos exactamente igual. Ni más ni menos".

Media mañana. Desde hace varias horas no reciben alertas para correr a urgencias. En el reposo del guerrero recuerdan el momento en que, hace un mes, un niño judío de 13 años llegó a sus manos en estado extremadamente crítico. Naor Ben Ezra presentaba heridas muy profundas en la parte superior del cuerpo tras ser apuñalado por el palestino Ahmed Manasra, de su misma edad, y su primo, de 15 años.

"Llegó casi muerto", apunta Eid. Mientras era operado, su familia, judía practicante, rezaba todo lo que estaba escrito. Pedían en hebreo la ayuda divina para que un árabe salvara la vida a su hijo atacado por otro árabe mientras iba en bicicleta. "Le dije a su padre que haríamos todo lo posible para que siguiese vivo. Estaba en estado de shock y para animarle le comenté en broma: "Un Ahmed apuñaló a tu hijo y otro Ahmed intenta salvarle"".

Resultado de imagen de El cirujano árabe Ahmed Eid y el anestesista judío Jochanan SchiffmanEl atemorizado padre lo agradeció y lamentó: "Ojalá no hubiera aparecido Ahmed y así mi hijo no necesitaría que otro Ahmed le salve la vida". Tras varias semanas en rehabilitación, recibió el permiso de Eid para volver a casa. Naor no necesitaba al ángel del bisturí árabe para tumbar al estereotipo. Cuando salió del hospital quedó con su mejor amigo del cole, el musulmán Ismail.

No es la primera vez que el cirujano palestino salva la vida de un judío que casi es arrebatada por otro palestino. En agosto de 2014 llegó a su mesa de quirófano el soldado Jen Schwartz (19 años) gravemente herido por dos balazos de un palestino en moto. El equipo de Eid obró el milagro.

El hospital se encuentra al lado de la Universidad Hebrea de Jerusalén y delimita algunos barrios palestinos. A escasos kilómetros aparece la Ciudad Vieja. En el camino, el tranvía. "Atendemos a muchos heridos entre otros motivos porque en esta zona se han producido bastantes atentados", cuenta a Crónica el profesor, que durante una época vivió en uno de esos barrios de Jerusalén Este.

Hace unos días, un palestino atacó a varios viandantes en una parada del tranvía a pocos minutos del hospital. "Le frenaron con varios disparos. Le recibimos en estado crítico y lo dimos todo para salvarle. Sabíamos que era el terrorista, pero nos dedicamos a él exactamente igual que a una de sus víctimas. Al final murió, pero le prometo que todos los equipos trabajamos sin pausa para salvarle", señala el anestesista judío.

Schiffman resta importancia al hecho de salvar a alguien que habría deseado asesinarle. Sabe que tras más de 60 apuñalamientos en un mes muchos israelíes prefieren que el agresor no salga con vida de su ataque. "Un familiar me preguntó cómo puedo ayudar a estos terroristas. Entiendo que la situación es muy tensa y las emociones están a flor de piel, pero una vez entramos en el quirófano, todo se queda en la puerta", comenta.

Cuesta creer que la ola de violencia y odio que azota a israelíes y palestinos no acabe arrastrando su trabajo... "Todos tienen sus opiniones sobre la situación, pero aquí somos profesionales" -dice Schiffman. "La sensación en mi equipo no es sencilla porque, por ejemplo, uno teme ser apuñalado en las calles. Pero en el trabajo, la situación no influye para nada. Hacemos operaciones, anestesias y punto" -repone Eid.

Antes de estudiar Medicina, Eid eligió Matemáticas. Sabe que la estadística no le daba en su infancia muchas opciones de acabar siendo jefe de cirugía de Hadassah. Nació hace 65 años en la pequeña localidad árabe de Daburiyya (norte de Israel) en una familia de 12 almas y ningún académico. Confió en el trabajo duro, su cerebro y sus manos.

Cuando en el 68 llegó a Jerusalén, le avisaron de que sin enchufes no podría estudiar en la facultad. "El día que ingresé miré a la derecha y a la izquierda y no vi ningún enchufe", ironiza ante la tímida sonrisa de su colega.

Su padre tenía la esperanza de que su exitoso hijo abriese una clínica en el pueblo. Tendrá que esperar. Tras cuatro años en EEUU regresó a Jerusalén para quedarse. Y triunfar. La prueba del diploma -aunque, a diferencia del algodón, a veces engaña- es rotunda. Numerosas hojas encuadradas en la pared dibujan el camino a la cima.

¿Ser árabe estos días tan convulsos no ha generado reacciones de enfado o críticas? "La tensión y violencia provocan comentarios agresivos, pero yo nunca me he sentido mal o incómodo aquí. Todo lo contrario. Me tratan mejor que a un doctor judío", nos responde.

Recorremos las arterias del hospital guiados por la pareja de moda. Nos topamos con la directora, Osnat Levtzion-Korach, que bromea sobre la fama adquirida por sus dos empleados. "Estamos muy orgullosos de que la convivencia funcione en Hadassah. La medicina demuestra que es un puente para la paz. Aquí no discriminamos a nadie en el tratamiento. El único criterio que seguimos es su situación médica".

Schiffman pide a los líderes de los dos pueblos que aprendan del ejemplo de Hadassah. Enfermos judíos y árabes comparten habitaciones y plegarias. Sus familiares comparten café y deseos. Doctores y enfermeros de distinto credo colaboran en la máxima naturalidad. Hadassah es un Estado dentro de un Estado.

Una burbuja que no es inmune. Varios palestinos lanzaron hace una semana un cóctel molotov contra la entrada del Hospital. "Son chavales que hacen tonterías. Muchos de los palestinos que viven en sus barrios trabajan o son tratados en el hospital, pero no tienen control sobre esos chicos que se sienten discriminados y radicalizan su mensaje", resume Eid.

Antes de entrar en el quirófano, lanza un deseo compartido por su amigo judío: "Espero que los dirigentes intenten mejorar la situación que es mala". La convivencia en Hadassah afronta su examen más exigente de la última década. "Jochanan y yo somos como marido y esposa... todo el día juntos", bromea Eid, a lo que Schiffman añade sonriendo: "Desgraciadamente".

sábado, 25 de octubre de 2014

Mezquita de la Roca IV


La mezquita de la Cúpula de la Roca (Qubbat as-Sajrah) de Jerusalén es la primera, desde el punto de vista cronológico, construida entre los años 688 y 692, unos 60 años después de la muerte del Profeta. Es por tanto el monumento más antiguo de los que sobreviven de la época primitiva y en el se conjugan ascendientes bizantinos con elementos doctrinales, materiales y simbólicos que el nuevo orden musulmán exigía.

La Cúpula de la Roca es única en el arte del Islam, en cuanto a su arquitectura, y se relaciona directamente con el estilo de templo bizantino de planta central octogonal, de origen paleocristiano, con particular influencia del Santo Sepulcro, de Jerusalén. Tiene dos naves de circunvalación y está rematada por una cúpula que se levanta sobre un cimborrio octogonal. Cuatro pórticos se abren a los cuatro puntos cardinales, situando de esta manera simbólica al santuario en el centro del mundo. La cúpula está formada por una cubierta doble de madera forrada por una capa de metal dorado, de tal que modo que no precisa de pesados estribos de descarga. 

En el interior se aprecia un estilo clasicista (romano y bizantino) debido al uso de antiguas columnas unidas por arquitrabes, formando una doble estructura de pilares y columnas (4 pilares y 12 columnas en la línea interior que sustenta el cimborrio, y 8 pilares y 16 columnas en el deambulatorio). Simbólicamente representan los 40 santos o "pilares espirituales" que son el soporte de la fe musulmana; la planta poligonal estrellada de ocho puntas que generan las líneas y ángulos que se derivan de las columnas y pilares expresan la síntesis del círculo y el cuadrado, del movimiento y el reposo, del espacio y del tiempo. 

En cuanto a la decoración de mosaicos que cubren las paredes interiores del cimborrio están formados por ornatos de pámpanos estilizados enriquecidos con joyas y diademas en las que se pueden distinguir emblemas y símbolos sasánidas y bizantinos, que tal vez pretendan simbolizar al imperio universal del Islam. 

Aunque los artífices de estos mosaicos habían aprendido su oficio en escuelas sirio-bizantinas, esta asociación de temas vegetales y joyas es originaria de Asia y tiene ciertas analogías con él, los ornamentos budistas e hinduistas. La Cúpula de la Roca, globalmente considerada, es la muestra más clara de la encrucijada entre el arte bizantino y el incipiente arte islámico.

Generalmente se la conoce también con el impropio nombre de mezquita de Omar, al atribuirse a este compañero de Muhammad (sws) su fundación; si bien es cierto que sobre la roca de este lugar, cima del monte Moira, Omar levanto una pequeña capilla de oración en madera, el verdadero creador de la mezquita fue el califa Omeya Abd al-Malik en el año 688 con la finalidad de expresar el triunfo de las doctrinas Islamicas.

sábado, 18 de octubre de 2014

Mezquita de la Roca III

Al atravesar el denso callejero de la misma Jerusalén se produce de vez en cuando y desde el punto más inesperado, la aparición de una grandiosa y esquiva cúpula dorada, rotunda y pulida, que contrasta con el caótico caserío de piedra que nos rodea: es la Cúpula de la Roca, el más antiguo de los edificios musulmanes conservados.

Si su apariencia es insólita, no lo es menos su aislamiento en medio del inmenso rectángulo del Haram al-Sarif y aún aparece sobreelevada en el centro de una amplia plataforma yerma, en la que únicamente florece la arquitectura. Es un ente de razón, riguroso y autosuficiente, que anula los tímidos intentos para acompañarla del resto de la ciudad.

Consta que se acabó en el año 72 de la Hégira (691 ó 692), durante el califato de Abd al-Malik; es indudable que se construyó en el solar del Templo de Salomón, sobre el Ara de los Sacrificios, y esto no puede ser casual, aunque la tradición afirma que sólo se quiso preservar el recuerdo del viaje del Profeta al Paraíso: de esta manera se formalizó un tercer lugar sagrado para el naciente Islam, cuya apariencia competía, además, con los edificios cristianos de la ciudad, como el Santo Sepulcro, la iglesia de la Ascensión y la tumba de la Virgen; por tanto, no se construyó una mezquita, sino un mashad, que significa lugar de martirio, aunque en este caso se refiera a la manifestación del Profeta. 

Es un edificio dotado de rigurosa simetría central, con perímetro octogonal y cúpula de madera de planta circular, entre los que, gracias a una bien articulada arquería ochavada, se organizan dos naves concéntricas, destinadas al desarrollo del tawaf (la procesión) en torno al círculo que alberga la Roca. La arquería que sustenta el tambor de la cúpula y la intermedia ofrecen una inteligente alternancia de pilares y columnas, procedentes éstas de edificios romanos y bizantinos, aunque integrados en una organización tan novedosa en lo estructural como clásica en su decoración, pues los arcos aparecen atirantados con unos arquitrabes de madera recubiertos de metal damasquinado.

Las naves del tawaf llevan techo plano, en contraste con la cúpula interior, que está separada de la cubierta. El carácter de la decoración interior es casi abstracto, ya que sólo vegetación esquematizada, detalles romanos estereotipados y unas figuras bizantinas de joyas la animan. Nada se sabe sobre el diseñador del edificio, pero todo hace suponer que fue un cristiano sirio, pues como demostró Creswell, a partir de una lista de rasgos significativos, el 5 por 100 son de origen clásico, el 15 por 100 bizantinos y el resto de la tradición regional, de tal forma que, si no fuese por el letrero cúfico, sus contemporáneos hubiesen creído estar en un martirium o baptisterio.

El edificio que promovió Abd al-Malik quedó ya para siempre como el brillante inicio de una nueva etapa de la historia de la Arquitectura, aunque en el fondo fuese el epígono de una serie de hitos que, arrancando en el Pantheon de Roma pasan por Santa Sofía de Constantinopla hasta cerrar en este ente de razón, posado como un milagro en la plataforma del Haram al-Sarif.

http://www.islamhoy.org/

sábado, 11 de octubre de 2014

Mezquita de la Roca II

En el centro de la explanada de las mezquitas, la cúpula se eleva unos 30 metros de altura sobre la Roca. Está situada sobre un tambor cilíndrico que descansa sobre cuatro pilares separando arcadas de tres arcos. Alrededor de la cúpula fue colocada una construcción octogonal dividida en dos naves por una corona de ocho pilares, separados asimismo por arcadas. Cuatro portales se abren a los cuatro puntos cardinales, y permiten el acceso al interior del edificio. La luz penetra en el interior gracias a dieciséis ventanales abiertos en el tambor, y las cuarenta ventanas (cinco sobre cada lado) que circundan la base octogonal del edificio.

La ornamentación interior, que prácticamente conserva su estado original, resulta impresionante. Las zonas bajas están revestidas de magníficas piedras decoradas con motivos animados. Encima, las paredes se hallan revestidas de mosaicos con fondo de oro representando un jardín maravilloso. Los árboles representados por hojas de acanto y otros motivos vegetales, están cargadas de frutas y de joyas. Hasta los arquitrabes llevan un revestimiento de bronce decorado según el modelo antiguo con palmeras, acanto y uva.

Por primera vez en un edificio islámico se encuentra una inscripción monumental en escritura cúfica y que, como una cinta de mosaico, envuelve las arcadas de la galería interior. Todos los textos proceden del Qur’ân, pero su selección es poco corriente. Debe ponerse en relación con la función particular de la Roca, y con su situación en la "ciudad santa" de los judíos, así como su proximidad inmediata de los santuarios cristianos. Hallamos citas del Qur’ân presentando a Muhammad como "el sello de la Profecía", continuador de todos los profetas. Un extracto particularmente largo trata de Issa y de Maryam, seguido de una exhortación a abrazar el Islam. Todos los textos hacen referencia a la función del edificio: situado en el centro de Jerusalén, tan vinculado al cristianismo y al judaísmo, la cúpula de la Roca tenía que subrayar la magnificencia del Islam.

La inscripción se acaba con esta datación: "Esta cúpula fue elevada por Addal-lâh (el servidor de Al-lâh) el Imán al-Mamun, el comendador de los creyentes en el año 72. ¡Que Al-lâh tenga por bien aceptarlo!" Esta última parte del texto es un enigma, porque el nombre del califa y la fecha no concuerdan: se trata de una falsificación histórica. En el año 831 el califa abbasida al-Mamun procedió a numerosas transformaciones en la cúpula y no vaciló en borrar el nombre del que consideraba "falso califa" Abdel Malik, para sustituirlo por el suyo. Aunque, extrañamente, no rectificó la fecha de construcción, otorgando a esta inscripción un carácter anómalo, como si se nos quisiera indicar que toda temporalidad es susceptible de un nuevo ordenamiento, que acaba siendo superada por un contexto metahistórico.

Hemos hablado hasta aquí de la Roca como un edificio, y podríamos ahondar en las vicisitudes histórico-políticas que motivaron su construcción, incluso hablar de las disputas que aún hoy en día genera. La explanada de las mezquitas ha sido testigo de numerosos acontecimientos, pero nada equiparable en el sentir del musulmán al viaje nocturno. Desde aquí diremos que no importa el lugar geográfico, que la Roca es solo un símbolo, y como tal no debe ser motivo de "apropiación" política: debe permanecer abierto, no convertirse en templo.

sábado, 4 de octubre de 2014

Mezquita de la Roca I

Junto a la de al-Aqsa, y ocupando un lugar central, se eleva el Qubbat al-Sakhra: la Mezquita de la Roca, también llamada Mezquita de Omar.

Entramos y pudimos -como se ve en las fotografías, meter la mano en el agujero desde el cual se toca algo de la roca. Después descendimos por unas escaleras a un lugar que se encuentra debajo de la roca. Allí hay representaciones de los lugares más importantes del islám: el de la foto es el de la Meca.

Esta mezquita -de ahí su nombre- cubre y acuna la Roca sobre la cual Ibrahim, padre de todos los judíos y de todos los cristianos y musulmanes, estuvo a punto de sacrificar a su hijo Ismael, y desde donde el Profeta inició el mijray (el viaje nocturno). Por ello es considerado como uno de los principales "santuarios" del Islam, conocido como el Quds -Santo- de Jerusalén, haciendo referencia con ello al carácter insondable de dicha experiencia mística. Los musulmanes dicen que fue Ismael, mientras que judíos y cristianos afirman, según dice el Antiguo Testamento, que fue su hijo Isaac.

Existe un momento en la vida del profeta Mohamad en que recibe la orden de dejar de orientar la salat -oración- hacia Jerusalén. Debemos notar, sin embargo, que durante gran parte de su vida el profeta, y los primeros musulmanes, realizaron la salat en dirección a la ciudad santa de Jerusalén. Este cambio de orientación fue provocado, por lo menos en un sentido externo, por la actitud de las tribus judías de Medina, pero no por ello Jerusalén dejó de ser una referencia para todos los musulmanes hasta la toma de la ciudad el 638. La Kaaba de Meka y el Templo de Jerusalén se hallan vinculados por el viaje nocturno de Muhammad. Dice el Qur’ân (17,1) que el Profeta fue transportado de la "mezquita sagrada" (la Kaaba) hasta "la mezquita prohibida" (Haram al-quds). Desde ahí ascendió hasta los pies del Trono de Al-lâh, siendo la Roca de Ibrahim el lugar desde el cual inicia su ascensión. Ésta ha sido desde entonces objeto de una veneración particular.

Existe toda una serie de vínculos entre los dos santuarios, que desempeñan un papel importante en la historia de Ibrahim. La Kaaba de Meka fue construida originalmente por el mismo Ibrahim, y la Roca, situada en el lugar del Templo de Herodes, fue edificada en el monte Moriah, en el mismo lugar del sacrificio (no consumado) de Ismael. Tanto en Meka como en Jerusalén la circunvalación de los santuarios a sido siempre un elemento esencial de la peregrinación.

Según una lectura histórica, fueron motivos de política interior los que provocaron la construcción del santuario en el monte del Templo. El califa Omeya Abdel Malik buscaba crear un centro importante de peregrinación y culto, que desviase algo la atención de Meka y de Medina como acaparadores de todas las miradas. Se encontraba en conflicto con las autoridades de estas dos ciudades, que ponían en duda su nombramiento como califa. Muchos musulmanes no aceptaron que el califato pasase de su padre Muawiya a él, según los principios de la sucesión dinástica. En un momento dado Abdel Malik llegó a prohibir a los sirios la peregrinación a Meka, a pesar de ser obligatoria para todos los musulmanes, con la excusa de que no abandonasen los lugares donde el Islam debía ser defendido. Siendo así, la Mezquita de la Roca se convirtió, por su cercanía a Siria, en un lugar "alternativo" de peregrinación.

La Mezquita de la Roca Junto con la Kaaba es el edificio islámico más antiguo que, a lo largo de trece siglos, ha conservado su función original. Su mantenimiento, como el de los santuarios de Meka y Medina, ha corrido siempre a cargo del gobierno central. Después de la conquista de Palestina y de Egipto por el sultán otomano Suleyman I en los años 1516-1517, paso a estar a cargo de los turcos. Es en esa época cuando fue puesto el revestimiento exterior de cerámica según el estilo otomano, en 1552.

Es casi el único edificio musulman que ha sobrevivido basicamente intacto en su forma original. Construido por Caliph ab al-malik y completado en 691.

sábado, 12 de julio de 2014

Mezquita de Al-Aqsa

Estamos en los días de Ramadán, y quería hablar de las dos mezquitas más importantes de Jerusalén. Después de casi 8 años en Tierra Santa, el otro día -gracias a un amigo- pude visitar las mezquitas de Al-Aqsa, y de la Roca.

La mezquita de Al-Aqsa (en árabe, المسجد الاقصى, Al-Masyid Al-Aqsa) es parte del complejo religioso de la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén. Masjid al-Aqsa se traduce del árabe al español como «la mezquita lejana», el cual se refiere al capítulo del Corán llamado «El Viaje nocturno» que dice: Mahoma viaja de La Meca a la «mezquita más lejana» "

La tradición musulmana establece que el profeta Mahoma subió al cielo desde la explanada el 621, esto supone que la mezquita es el tercer lugar más importante para el islám.

Al-Aqsa fue construida por la Dinastía de los Omeyas y finalizada en 710. Existen pruebas que confirman que la mezquita fue construida sobre las ruinas originales del Templo de Salomón. La estructura fue destruida debido a sucesivos terremotos, y reconstruida al menos cinco veces. La última gran reconstrucción fue en 1035.

Al-Aqsa es la mezquita más grande de Jerusalén; puede albergar a 5.000 personas dentro y alrededor de la mezquita. Está construida siguiendo unos patrones de estilos arquitectónicos. En tiempos del Reino Cruzado de Jerusalén, la mezquita se usó como palacio y se le llamó el Templo de Salomón, debido a que se cree que fue edificada en el mismo lugar donde estuvo dicho templo.

El interior de la mezquita Al-Aqsa está compuesto de siete naves, que datan en su mayoría del siglo veinte. La que está ubicada en la parte oriental fue reconstruida en la primera mitad del siglo veinte. Allí también se pueden ver partes más antiguas como el mihrab en la parte sur, que es del siglo decimosegundo, y los mosaicos de los arcos de la nave central y del domo, que datan de principios del siglo decimoprimero.

En muchas ocasiones ha sido objetivo de ataques extremistas, pero la mayoría de los intentos han sido frustrados por los servicios de seguridad israelíes. Parte del muro exterior que rodea a la mezquita es el Muro de las lamentaciones, venerado por los judíos, este es un «punto caliente» donde se producen a veces enfrentamientos, como el de algunos musulmanes que han arrojado piedras sobre judíos que rezaban en el muro.

Una facción judía denominada Los fieles del Monte del Templo, tiene planes de reconstruir el templo de Jerusalén en este lugar, en consecuencia, provocando la destrucción de la mezquita. Un grupo de judíos extremistas pertenecientes a este movimiento, han llegado a cometer actos vandálicos como en 1999, cuando intentaron invadir la mezquita, pero fueron expulsados por palestinos; sin embargo, la policía y guardias de frontera israelí intervinieron en el hecho, agrediendo a los palestinos quienes resultaron heridos.

Después, en el año 2000 entró Ariel Sharón, y se produjeron disturbios que dieron lugar a las segunda intifada, a la que se llamó por eso, intifada de Al-Aqsa.