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sábado, 22 de junio de 2013

Iglesia del lugar del Primado Petrino

“Cuando acabaron de comer, le dijo Jesús a Simón Pedro: -Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? Le respondió: -Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Le dijo: -Apacienta mis corderos. Volvió a preguntarle por segunda vez: -Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Le respondió: -Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Le dijo: -Pastorea mis ovejas. Le preguntó por tercera vez: -Simón, hijo de Juan, ¿me quieres? Pedro se entristeció porque le preguntó por tercera vez: «¿Me quieres?», y le respondió: -Señor, tú lo sabes todo. Tú sabes que te quiero. Le dijo Jesús: -Apacienta mis ovejas” (Jn 21, 15-17).

Las investigaciones arqueológicas realizadas en 1969 han confirmado que bajo la iglesia del Primado se encuentran restos de dos santuarios más antiguos: del primero, datado a finales del siglo IV, quedan visibles algunos fragmentos de sus paredes con revoque blanco; el segundo, construido cien años más tarde en piedra basáltica, es reconocible en los muros perimetrales. Los dos tenían como centro una roca llamada por los peregrinos ‘Mensa Christi’, que sigue venerándose en la actualidad delante del altar como el sitio del almuerzo con los Apóstoles. Además, los escalones referidos por Egeria se pueden observar en el exterior, en el lado sur de la capilla, protegidos por una verja.

Comentando el diálogo entre Jesús y san Pedro que hemos considerado, san León Magno -romano pontífice entre los años 440 y 461- destacaba que la solicitud del Príncipe de los Apóstoles se extiende especialmente a sus sucesores: «en Pedro se robustece la fortaleza de todos, y de tal modo se ordena el auxilio de la gracia divina, que la firmeza que se confiere a Pedro por Cristo se da a los demás apóstoles por Pedro. Por eso, después de la resurrección, el Señor, para manifestar la triple confesión del eterno amor, después de haber dado al bienaventurado apóstol Pedro las llaves del reino, con demostración llena de misterio, dice tres veces: apacienta mis ovejas. Esto lo hace sin duda ahora, y el piadoso pastor manda que se realice el mandato del Señor, confirmándonos con exhortaciones y rogando sin cesar por nosotros, para que no seamos vencidos por ninguna tentación. Si realiza este cuidado de su piedad para con todo el pueblo de Dios, y en todo lugar, como se ha de creer, ¿cuánto más se dignará conceder su ayuda a nosotros, que inmediatamente fuimos instruidos por él, que estamos junto al sagrado lecho de su sueño, donde descansa la misma carne que presidió?» (San León Magno, Homilía en la fiesta de san Pedro Apóstol).


En el inicio de su pontificado, Benedicto XVI también se refirió a la misión de velar por la Iglesia que el Señor confió a Pedro y sus sucesores, y por tres veces pidió oraciones para ser fiel a su ministerio: «una de las características fundamentales del pastor debe ser amar a los hombres que le han sido confiados, tal como ama Cristo, a cuyo servicio está. "Apacienta mis ovejas", dice Cristo a Pedro, y también a mí, en este momento. Apacentar quiere decir amar, y amar quiere decir también estar dispuestos a sufrir. Amar significa dar el verdadero bien a las ovejas, el alimento de la verdad de Dios, de la palabra de Dios; el alimento de su presencia, que él nos da en el Santísimo Sacramento. Queridos amigos, en este momento sólo puedo decir: rogad por mí, para que aprenda a amar cada vez más al Señor. Rogad por mí, para que aprenda a querer cada vez más a su rebaño, a vosotros, a la Santa Iglesia, a cada uno de vosotros, tanto personal como comunitariamente. Rogad por mí, para que, por miedo, no huya ante los lobos. Roguemos unos por otros para que sea el Señor quien nos lleve y nosotros aprendamos a llevarnos unos a otros» (Benedicto XVI, Homilía en el solemne inicio del ministerio petrino, 24-IV-2005)





sábado, 15 de junio de 2013

Tabga, lugar del Primado de Pedro


Tabgha. Se trata de un paraje situado a tres kilómetros al oeste de Cafarnaún, que se extiende por unas pocas hectáreas desde la orilla del lago tierra adentro, hacia las colinas que lo rodean. El nombre parece una derivación árabe del original bizantino Heptapegon, que significa en griego “siete fuentes”: se debe a los manantiales que existían entonces, y que siguen activos todavía hoy. Según la tradición de los cristianos que habitaron aquella zona ininterrumpidamente desde los tiempos de Jesús, allí habría multiplicado los cinco panes y los dos peces para dar de comer a una multitud (Cfr. Mt 14, 13-21; Mc 6, 32-44; Lc 9, 12-17; Jn 6, 1-15); allí habría pronunciado el Discurso de la Montaña que comienza con las Bienaventuranzas (Cfr. Mt 5, 1-11; Lc 6, 17-26); y allí se habría aparecido a los Apóstoles después de resucitado, cuando propició la segunda pesca milagrosa y confirmó a san Pedro como primado de la Iglesia (Cfr. Jn 21, 1-23). Apenas unos cientos de metros separan los tres lugares donde se sitúan estos episodios de la vida del Señor.


Un texto atribuido a la peregrina Egeria, quien visitó Palestina en el siglo IV, nos ofrece un testimonio elocuente de la memoria cristiana sobre Tabgha: «no lejos de Cafarnaún se ven los peldaños de piedra sobre los cuales se sentó el Señor. Allí, junto al mar se encuentra un terreno cubierto de hierba abundante y muchas palmeras y, junto al mismo lugar, siete fuentes manando de cada una de ellas agua abundante. En este lugar el Señor sació una multitud con cinco panes y dos peces. La piedra sobre la cual Jesús depositó el pan ha sido convertida en un altar. Junto a las paredes de aquella iglesia pasa la vía pública, donde Mateo tenía su telonio. Sobre el monte vecino hay un lugar donde subió el Señor para pronunciar las Bienaventuranzas» (El texto aparece en el Liber de Locis Sanctis, escrito por el monje de Montecassino san Pedro Diácono en 1137).


Centraremos nuestra atención en el primer sitio enumerado por Egeria: «los peldaños de piedra sobre los cuales se sentó el Señor». Según esta tradición, se refieren al sitio desde el que Jesús habría indicado a los de la barca que echaran la red a su derecha, durante la aparición del Señor resucitado que narra san Juan al final de su evangelio: “Estaban juntos Simón Pedro y Tomás —el llamado Dídimo—, Natanael —que era de Caná de Galilea—, los hijos de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Les dijo Simón Pedro: —Voy a pescar. Le contestaron: —Nosotros también vamos contigo. Salieron y subieron a la barca. Pero aquella noche no pescaron nada. Cuando ya amaneció, se presentó Jesús en la orilla, pero sus discípulos no se dieron cuenta de que era Jesús. Les dijo Jesús: —Muchachos, ¿tenéis algo de comer? —No —le contestaron. Él les dijo: —Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis. La echaron, y casi no eran capaces de sacarla por la gran cantidad de peces. Aquel discípulo a quien amaba Jesús le dijo a Pedro: —¡Es el Señor! Al oír Simón Pedro que era el Señor se ató la túnica, porque estaba desnudo, y se echó al mar. Los otros discípulos vinieron en la barca, pues no estaban lejos de tierra, sino a unos doscientos codos, arrastrando la red con los peces. Cuando descendieron a tierra vieron unas brasas preparadas, un pez encima y pan. Jesús les dijo: —Traed algunos de los peces que habéis pescado ahora. Subió Simón Pedro y sacó a tierra la red llena de ciento cincuenta y tres peces grandes. Y a pesar de ser tantos no se rompió la red. Jesús les dijo: —Venid a comer. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Tú quién eres?», pues sabían que era el Señor. Vino Jesús, tomó el pan y lo distribuyó entre ellos, y lo mismo el pez. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos, después de resucitar de entre los muertos”


El relato de Egeria no afirma que existiera una iglesia en la orilla donde se apareció Jesús, pero un texto tardío -de los siglos X-XI- atribuye a la emperatriz santa Elena la construcción de un santuario dedicado a los Apóstoles en el lugar donde el Señor comió con ellos. Algunos documentos a partir del siglo IX lo denominan indistintamente ‘Mensa, Tabula Domini’, de los Doce Tronos o de los Carbones, nombres todos que rememoran aquel almuerzo. Por un testimonio de la Edad Media, sabemos también que el templo estaba dedicado en particular al Príncipe de los Apóstoles: «al pie del monte está la iglesia de san Pedro, muy hermosa pero abandonada», afirma el peregrino Saewulfus en 1102 (Saewulfus, Relatio de peregrinatione ad Hierosolymam et Terram Sanctam). Tras diversas vicisitudes, fue definitivamente destruida en 1263. La actual, levantada por los franciscanos en 1933 sobre los cimientos de la antigua capilla, se llama iglesia del Primado para recordar el sitio donde Jesús confirmó a Pedro como pastor supremo de la Iglesia

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sábado, 8 de junio de 2013

Mar de Galilea, lugar del Primado de Pedro

Pocos lugares de Tierra Santa acercan con tanta inmediatez al Nuevo Testamento como el mar de Genesaret, en Galilea. En otros sitios, después de dos mil años de historia, la topografía se ha transformado radicalmente: se han edificado iglesias, santuarios y basílicas; algunas se han destruido, reconstruido de nuevo, ampliado o restaurado; muchas aldeas y pueblos se han convertido en populosas ciudades, mientras otras han desaparecido; se han trazado calzadas, carreteras, autopistas... En cambio, en el lago, aunque sus alrededores no son ajenos a estas variaciones, el paisaje se mantiene casi inalterado; su contemplación, que recrea la vista y relaja el espíritu, llena el alma de una sensación intraducible: el recuerdo de Jesús y el eco de sus palabras, que aún parecen resonar en estos parajes, hacen trascender el tiempo presente.

Con todo, en el pasado quizá no se respiraba tanta calma en la zona. Cuando Jesús recorrió estas tierras, no menos de diez poblaciones se bañaban en el lago o se reflejaban en sus aguas desde las colinas circundantes. Existía un próspero comercio de orilla a orilla, sostenido por innumerables embarcaciones. Ninguna de esas ciudades bulliciosas ha llegado hasta nosotros. Solo la moderna Tiberias rememora en algo a la Tiberia romana, la más joven de las antiguas, fundada a principios de nuestra era y situada entonces más al sur. De las poblaciones que Jesús conoció, podemos hacernos una idea únicamente a través de sus ruinas.

La riqueza de la comarca se debía en primer lugar a los recursos de pesca en el lago, que tiene veintiún kilómetros de largo de norte a sur, una anchura máxima de doce kilómetros, y una profundidad media de cuarenta y cinco metros. Su caudal procede principalmente del río Jordán y de algunos manantiales que nacen en sus orillas o bajo la superficie del agua. El pescado más abundante es el “tilapie”, también conocido como “pez de san Pedro”.

La agricultura constituía el otro medio principal de subsistencia. Por encontrarse a 210 metros bajo el nivel del mar Mediterráneo, la región goza de un clima templado en invierno y primavera, mientras sufre un calor agobiante muchos días de verano. Estas condiciones favorecen una vegetación de tipo subtropical. El historiador Flavio Josefo fue testigo de la fertilidad que se daba allí en el siglo primero: «esta tierra no rechaza ninguna planta, y los agricultores cultivan en ella de todo, pues la temperatura suave del aire es apropiada para diversas especies. Los nogales, que son, más bien, árboles de climas fríos, florecen aquí en abundancia. Y junto a ellos también germinan las palmeras, que crecen en zonas calurosas, y las higueras y los olivos, que requieren un aire más templado.

Podríamos hablar de un orgullo de la naturaleza, que se ha esforzado por unir en un solo lugar especies tan contrarias, y de una hermosa competencia de las estaciones, donde cada una de ellas parece aspirar a imponerse en esta tierra. Pues esta región no solo produce los frutos más diversos, en contra de lo que se esperaría, sino que también los conserva. Durante diez meses sin interrupción suministra los considerados reyes de todos los frutos, es decir, las uvas y los higos, mientras que el resto de los productos maduran a lo largo de todo el año. Además de la buena temperatura del aire, la zona está regada por una fuente muy caudalosa, que la gente de allí llama Cafarnaún. Algunos creían que esta era una rama del Nilo, pues en ella se cría un pez parecido al corvino del lago de Alejandría» (Flavio Josefo, La guerra de los judíos, III, 516-520).

Las huellas más importantes del paso del Señor por estas tierras se conservan en la parte noroeste del mar de Genesaret, alrededor de Cafarnaún. Al principio de su vida pública, después de haber abandonado Nazaret, Jesús convirtió en su segunda patria esa pequeña población de pescadores, donde algunos de los Doce o sus parientes disponían de casas. Son tantos los lugares que merecen nuestra atención en la comarca, que le dedicaremos varios artículos durante el año.

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sábado, 1 de mayo de 2010

La barca de Jesús

Después de la Resurrección del Señor los discípulos estuvieron los primeros días de Pascua en Jerusalén. Después fueron al mar de Galilea. Allí tuvieron unos preciosos encuentros con el Señor. Recordando el mar de Galilea y todo lo que le rodea, nos fijamos ahora en las barcas que entonces lo cruzaban. Sabemos cómo serían pues, una antigua barca de pescadores construida en el siglo I, fue descubierta en 1986, durante una inusual bajada en el nivel de las aguas del Lago Kinéret. El bote de 8 metros de largo se preservó gracias a el lodo del fondo del lago. Se encontraron en él diversos complementos, entre los que se incluyen una lámpara de aceite y una olla. Apodada "la barca de Jesús", la embarcación ha sido cuidadosamente preservada y actualmente es exhibida en el cercano kibutz Guinosar. Los habitantes fueron responsables de tan insigne hallazgo. Es cierto que no podemos saber si Jesús empleó esta barca o no, pero probablemente la vio, pues éste es un lago pequeño y no había muchos barcos. Su descubrimiento tuvo lugar en 1986 por dos hijos de un pescador de la costa noroeste -del también llamado en la Biblia lago Genesaret o de Tiberíades- supuso toda una hazaña y razón de orgullo para esa granja comunal israelí. Contaban los que lo presenciaron que el mar retrocedió de forma extraordinaria, hasta el punto de que sabían que iban a encontrar barcazas antiguas, pero nunca imaginaron que encontrarían algo tan bonito. Esto lo contaba uno de los hermanos Luftan, que fueron quienes la descubrieron. Tras la fuerte sequía que hubo ese año, y que provocó el descenso de las aguas del lago, los hermanos rastrearon su fondo en busca de vestigios antiguos, como hicieron también otros lugareños. Entonces encontraron varios clavos sujetos a unos trozos de madera. Eran parte de la nave que logró sobrevivir al paso del tiempo, gracias a que quedó sepultada y protegida por el barro, lo que impidió que el oxígeno descompusiera la madera del armazón. Fue milagroso, porque las embarcaciones de madera no sobreviven en agua dulce tantos siglos. Es la barca más antigua hallada en estas circunstancias. La embarcación fue extraída por expertos y voluntarios de la Dirección de Antigüedades de Israel tras una extraordinaria excavación arqueológica que duró once días, y que requirió titánicos esfuerzos y no poca creatividad. Para facilitar su transporte y evitar que la madera se desintegrara, fue cubierta con un caparazón de poliuretano espumoso y fibra de vidrio, que protegió su débil y anegado casco. Durante catorce años fue minuciosamente limpiada en una piscina especialmente construida en el kibutz para su conservación. Allí fue sometida a una solución química que deshizo la costra y deshidrató la madera con una cera sintética, endureciendo así su casco. De 8,2 metros de largo por 2,3 metros de ancho y 1,2 metros de altura, se exhibe hoy en día a una temperatura de 21 grados centígrados y un 60 por ciento de humedad ambiente, y gracias a un armazón de acero que apuntala sus endebles vigas. Compuesta por doce tipos de madera -principalmente de cedro y roble- es un modelo típico de las antiguas construcciones de caparazón propias del Mediterraneo. Fue empleada tanto para el transporte de personas -hasta 15- como para la pesca. Fue descubierta a 300 metros de la aldea Magdala, de donde era oriunda María Magdalena, lugar en el que también se encontró un mosaico que representa una barca del siglo I y que se proyecta junto al hallazgo para dar una idea de cómo eran este tipo de botes.
Los arqueólogos piensan que la barca debió de ser similar a la que utilizaron los judíos en la batalla naval de Migdal (nombre hebreo de Magdala) o las que usaron Simón, Andrés, Santiago y Juan cuando el Señor les llamó y, después de la Resurrección cuando fueron a pescar y Él les esperaba en la orilla. Cuánto nos ayuda ver esta barca para irnos con la imaginación a esas escenas del Evangelio, y contemplar a Jesús con los discípulos en el lago. El Señor ha querido que llegue hasta hoy esta barquichuela para que nos metamos en ella con Él y vayamos mar adentro en nuestra entrega, en nuestra búsqueda de la santidad y en nuestro afán apostólico.

sábado, 17 de abril de 2010

La roca donde estaba Jesús en el mar de Galilea

"Después de esto, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera. Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dice: "Voy a pescar." Le contestan ellos: "También nosotros vamos contigo." Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada. Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Díceles Jesús: "Muchachos, ¿no tenéis pescado?" Le contestaron: "No." El les dijo: "Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis." La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces. El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: "Es el Señor", se puso el vestido - pues estaba desnudo - y se lanzó al mar. Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos. Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan. Díceles Jesús: "Traed algunos de los peces que acabáis de pescar." Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: "Venid y comed." Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: "¿Quién eres tú?", sabiendo que era el Señor. Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez. Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos (Jn 21, 1-14)".
Este impresionante relato evangélico tuvo lugar en la llamada playa del Primado de Pedro. Como explicamos en una entrada sobre esta iglesia el año pasado, alrededor del año 381 la peregrina española Egeria visitó esta zona y pudo estar en este lugar, que se encuentra muy cerca del de la multiplicación de los panes y los peces. Aquí decía: "Se encuentran algunos escalones sobre los que el Señor estuvo". Efectivamente, Jesús les esperaba en la orilla, entendieron que era Él al ver el milagro de la pesca, y después cuando arrivaron Jesús ya les había preparado el desayuno: "Unas brasas y un pez sobre ellas y pan". Egeria no menciona que hubiera una iglesia en aquel lugar, pues fue construida a finales del siglo IV. Es fácil identificar la roca, como la mesa donde el Señor les ofreció ese desayuno a los discípulos. Esta iglesia está construida sobre la roca. En latin delante del altar están las palabras "Mensa Christi" señalando el lugar donde se presupone que Jesús les tenía preparada esa comida a los discípulos cuando llegaron a la orilla. A la derecha de la iglesia -dando al lago- hay unos escalones, que fueron esculpidos en el segundo o tercer siglo. Debajo de las escaleras hay seis corazones que forman dobles bloques de columnas, y que son conocidos como los doce tronos. Cuando el nivel del lago está alto algunos pueden quedar ocultos. Originariamente diseñados para el ángulo de una columna, fueron probablemente tomados de edificios en desuso que habían estado aquí situados para conmemorar a los doce apóstoles.
Estuve hace unos meses visitando este lugar con un sacerdote experto en arqueología. Me dijo que esta roca es lo que más le había impresionado de todos los lugares del mar de Galilea. Además, imaginarse aquí a Jesús, la escena de la pesca milagrosa, y después la del Primado de Pedro, hace que este lugar y esta roca tengan un colorido especial. Jesús nos sigue esperando desde la orilla, y nos sigue preguntando si le amamos: espera que nos lancemos como Pedro, y que le pidamos perdón por no quererle lo suficiente para entonce volcarse dándonos toda su gracia y convirtiéndonos en instrumentos suyos.

sábado, 8 de agosto de 2009

Una peregrinación a Tierra Santa II

VIERNES. Sueño reparador. En bus al mar de Galilea. Día cálido de primavera. Misa al aire libre junto a la iglesia del monte de las bienaventuranzas. Un lugar de paz infinita. Miro al lago y no me extraña que el Hijo de Dios eligiera esta tierra para entrar en la Historia de los hombres. Entramos en la iglesia de planta octogonal. Seguimos en las orillas del lago. Visitamos la iglesia de la multiplicación de los panes y de los peces, con sus mosaicos. Después, muy cerca, la iglesia del primado de Pedro, en la playa donde tuvo lugar la aparición de Jesús resucitado que relata Juan (“Pedro, ¿me amas más que éstos?”). En todos los sitios leemos los pasajes correspondientes del evangelio. Vamos entonces a Cafarnaúm, a las excavaciones donde se encuentra la casa de Pedro. Encima hay una construcción moderna que la protege ingeniosamente. Enfrente está la sinagoga. Empieza a apretar el calor. Tomamos un barco y cruzamos navegando a la orilla del otro lado. El agua está tranquila, muy tranquila. Comemos en un restaurante explotado por un Kibbutz. Ambiente veraniego. Montamos en bus, vamos a la salida del río Jordán del mar de Galilea, desde donde sigue su curso hacia el Mar Muerto. En la orilla del río rezamos, algunos se descalzan y meten los pies allí, otros llenan botellitas con agua del Jordán. Salimos hacia Caná. Después de la visita a la iglesia tomamos un vasito de vino. Volvemos a Nazaret. En total, el recorrido de hoy ha consistido en una vuelta completa al lago: de Nazaret a la costa norte, recorrido de la costa este y retorno a Nazaret bordeando la costa sur. Por la noche refresca algo; vino y guitarra.

Colaboración: Jose María Rodríguez de Santiago.

sábado, 1 de agosto de 2009

Una peregrinación a Tierra Santa I

JUEVES. Salida de la T4 de Barajas. Vuelo Madrid-Barcelona y Barcelona-Tel Aviv. Llegamos al amanecer. Me detienen en el control de entrada del aeropuerto, por motivo para mí desconocido. Me dejan salir a los 20 minutos. Viaje en bus a Nazaret. El cura José menciona la teología del “aquí” como contexto interpretativo de la experiencia que vendrá. Desayuno en Casa Nova. Visita a la basílica de la Anunciación, a la casa de José, a la fuente de María –conservada en el interior de una iglesia ortodoxa- y regreso por el zoco. Todo parece moro, muy moro. Comida. Don Luis, José y yo nos instalamos en la casa de las Hermanas de Nazaret. Misa en la casa de María. Resulta muy emocionante leer allí el evangelio de Lucas: “desposada con José”, que vivía apenas unas manzanas más arriba en el pueblo. Salida al monte Tabor. Subida desde el pueblo en taxi. Lectura del pasaje de la transfiguración de Marcos en la basílica. Vista de Naím y el precioso valle –que recorría Jesús cuando iba a Jerusalén- desde el mirador. Es una lástima que el día esté tan nublado, aunque no llueve. Vuelta a Nazaret. Cae el cansancio sobre nosotros en el bus. Cena en Casa Nova. Guitarra y un chupito. Oímos el último canto de los muhaidines de increíble semejanza a una saeta. Diez minutos de adoración del Señor en la basílica. Se lee en castellano y alemán el pasaje de la “nueva Jerusalén” del Apocalipsis.

Colaboración: Jose María Rodríguez de Santiago

sábado, 25 de abril de 2009

Playa del Primado de Pedro

Quedan poco más de dos semanas para la visita del Santo Padre a Tierra Santa. Preparando este próximo gran evento hablaré de la playa del Primado de Pedro. En estos días de Pascua hemos leído el Evangelio que tiene lugar aquí, cuando los discípulos volvían de intentar pescar y el Señor les esperaba en la orilla. Se produjo el milagro de la pesca milagrosa, y al llegar se encontraron que Jesús les había preparado el desayuno. Al rezar en esta playita nos imaginamos perfectamente, a unos 100 metros, la barca con los discípulos remando hacia la orilla. Pedro se lanza al lago dándose cuenta que ese hombre es el Señor. También resulta muy fácil aquí revivir la escena del paseo que se dan Jesús y Pedro por la playa, cuando el Señor le pregunta si le ama, y después le entrega el Primado. Es uno de los nombres que se le ha dado a la iglesia que hay en este lugar: iglesia del Primado. Aquí le dijo Jesús a Pedro "Apacienta mis ovejas, apacienta mis corderos". También se la ha llamado "iglesia de los Doce Tronos", por aquellas palabras de Cristo: "Y os sentaréis en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel". Por último se la ha denominado alguna veces como "iglesia de los Carbones", que alude a las brasas que se mencionan en el Evangelio de san Juan, donde se dice que Jesús les tenía preparado un pez asado. Por eso es interesante fijarse -dentro de la Capilla- en la roca sobre la que está el altar, donde estarían las brasas y los peces. En esta roca grande que allí vemos les esperaría el Señor con las brasas. La orilla se encuentra hoy algo separada del lugar, como a unos 50 metros. Por eso se llama a esta roca "Mensa Domini", "la Mesa del Señor", aunque también este elemento puede simbolizar a la "roca" que es Pedro. Fuera de la Capilla, en pared lateral que da al mar, también es interesante fijarse en los escalones excavados en la roca -hoy muy gastados y protegidos por una pequeña verja- sobre los que estuvo el Señor, según nos transmite la peregrina Egeria. Esta famosa peregrina española -provenía de Galicia- que visitó los lugares Santos alrededor del año 381, explica que “cerca del lugar de la multiplicación de los panes y los peces hay unos escalones donde el Señor estuvo”. Hay en esta roca muchas inscripciones antiguas que señalan el lugar como muy importante para el cristianismo. Egeria no menciona que aquí hubiera ninguna iglesia, pero sabemos que en este lugar fue construida una a fines del siglo IV. Tenía aproximadamente las mismas dimensiones de la iglesia que encontramos actualmente. En el siglo IX, año 808, aparecen por primera vez referencias a esta iglesia como el lugar de los Carbones. La iglesia sobrevivió más que cualquier otra de la zona. Finalmente fue destruida en el 1263. La actual iglesita franciscana fue construida en 1933.
En la playa, a un lado de la roca, hay unas piedras planas que se pueden pisar. Muchas veces la gente no se fija, pero son unas rocas que sobresalen un poco de la arena y que tienen forma de corazones. Son muy antiguas, y recuerdan esas tres preguntas del Señor a Pedro, a las que finalmente Pedro responde con fe y humildad: "Señor, tu lo sabes todo, tu sabes que te amo".
Para mi gusto este es uno de los lugares más agradables para visitar de los que estuvo el Señor. Se te queda muy grabado en la cabeza y en el corazón. Siempre que puedo vuelvo para rezar un rato en este lugar Santo. Y, en estos días, si consigo ir, pediré de forma especial por los frutos del viaje del Papa a Tierra Santa.