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sábado, 28 de octubre de 2017

Cae parte del techo de la Basílica del Santo Sepulcro

El viernes 22 de septiembre se cayó parte del techo de la basílica del Santo Sepulcro, sobre cuyo mal estado venían advirtiendo los expertos hace tiempo. Cerca del lugar del derrumbe había habido hasta momentos antes medio centenar de peregrinos etíopes, que no resultaron heridos. La policía israelí acordonó la zona hasta que sean reparados los desperfectos.

“La iglesia sufrió graves daños, pero gracias a Dios no hubo víctimas”, afirmó Adeeb Joudeh Husseini, uno de los guardianes del templo. Según informa Palestina News Network, en la zona caída ya se estaban llevando a cabo labores de restauración.

La basílica fue cerrada temporalmente hasta asegurarse las autoridades de que la visita al lugar donde se conserva la tumba de Jesús es segura.

El accidente tiene lugar medio año después de que se completase la restauración del Edículo que la contiene. Ya entonces, Antonia Moropoulou, directora de los trabajos, afirmó que la estructura necesitaba ser reforzada y conservada, siendo precisas labores de drenaje de la lluvia y aguas residuales. La humedad es una de las causas del mal estado de algunas paredes del templo.

sábado, 29 de julio de 2017

El Santo Sepucro corre peligro de colapsar

Imagen relacionadaEl Santo Sepulcro corre el peligro de colapsar, si no se aplican medidas adecuadas para consolidar sus fundamentos inestables. La advertencia llega del mismo equipo de arqueólogos y expertos que han completado con éxito la restauración del Edículo (estructura que, dentro del santuario, contiene los restos de una cueva venerada al menos desde el siglo IV de nuestra era como la tumba de Jesús). Todo el complejo del Santo Sepulcro – ha declarado a National Geographic la arqueóloga griega Antonia Moropoulou, docente en la National Technical University de Atenas (NTUA) y coordinadora científica del proyecto de restauración que acaba de terminar – podría verse amenazada por “una falla estructural importante”. Y si esto ocurriese – ha añadido la arqueóloga griega, “no sería un proceso lento, sino más bien catastrófico”.

Las hipótesis alarmantes han tomado forma durante los estudios realizados en el Santo Sepulcro por el equipo de expertos encargados de la restauración del Edículo. Al terminar el trabajo, la investigación del equipo, comunicado a National Geographic, ha puesto de manifiesto que todo el complejo, cuya última restauración se remonta al siglo XIX, parece estar construido en gran parte sobre una base inestable de restos de estructuras anteriores, con un subsuelo atravesado por galerías y canales.

El santuario realizado por el emperador Constantino, construido sobre los restos de un templo romano anterior alrededor de lo que se veneraba como la tumba de Jesús, había sido parcialmente destruido por los invasores persas en el siglo VII, y luego por los fatimíes en 1009. La iglesia fue reconstruida en mitad del siglo XI.

Resultado de imagen de inauguración ediculoLos detalles técnicos del expediente, recogidos también gracias al uso del geo-radar y de cámaras robóticas, describen una situación alarmante en cuanto a la estabilidad del santuario, visitado cada año por millones de peregrinos y turistas, muchos de los pilares de 22 toneladas que sostienen la cúpula descansan sobre un metro y medio de escombros poco consolidados.

La restauración entorno al Edículo, que se celebró el miércoles, 22 de marzo, con una ceremonia ecuménica en la que estaba presente el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I – contó con la cooperación eclesial de las tres componentes que comparten la responsabilidad de la basílica (Patriarcado greco-ortodoxo de Jerusalén, Patriarcado armenio apostólico de Jerusalén y la Iglesia Católica, a través de la Custodia de Tierra Santa).

A la financiación de las obras también contribuyó el Rey de Jordan Abdullah II - que en abril el año 2016 envió como “beneficencia real” (Makruma) una donación personal sustancial para el proyecto - y el presidente palestino, Mahmud Abbas, con una “contribución personal”, el pasado octubre (véase Fides 18/10/2017). 

Ahora, el equipo griego que, después de la conclusión de los trabajos de restauración del Edículo, ha dado la alarma sobre la debilidad estructural del complejo, ha estimado que se necesitan al menos seis millones de euros para la realización de las obras necesarias para asegurar la basílica. El sábado 18 de marzo, un comunicado difundido por la Custodia de Tierra Santa ha informado de que “la Santa Sede ha asignado 500 mil dólares como contribución para comenzar la nueva fase de consolidación y restauración en el Santo Sepulcro. Esta contribución “será concedido después de que las comunidades titulares del Status Quo habrán establecido de mutuo acuerdo un comité especial”.

sábado, 1 de julio de 2017

La escalera "inamovible" del Santo Sepulcro

En la ventana derecha de la fachada principal de la Iglesia del Santo Sepulcro reposa una escalera. La llaman “la escalera inamovible”. Pocas veces desde 1757 ha sido movida.

Alguien trató de robarla en 1981, y fue detenido de inmediato por la policía israelí; en 1997, un bromista logró esconderla por varias semanas, hasta que fue descubierta y devuelta a su sitio; y un grupo de obreros tuvo que moverla en 2009 para al levantar unos andamios para reparar el campanario. 

De hecho, la escalera ha estado allí, fija, desde mediados del siglo XVIII ¿por qué?

Como la mayoría de los lugares y templos de Tierra Santa, la Iglesia del Santo Sepulcro es lugar de culto de numerosas y diversas confesiones cristianas. 

En el siglo XVIII, durante el reinado del sultán otomano Osman III, se firmó forzosamente el Acuerdo del Status Quo: amén de dividir Jerusalén en cuadrantes, el sultán también decretó que quienquiera que controlase cierta área en el momento, la controlaría indefinidamente. Pero si múltiples grupos tenían cierta autoridad sobre cierto sitio, debían acordar entre todos, por unanimidad, cualquier cambio efectuado en el sitio, por mínimo que sea. 

Si bien este decreto se mostró útil a la hora de evitar imposiciones de unos grupos sobre otros, también ha hecho imposible el adecuado mantenimiento de varios de estos sitios de peregrinaje: a no ser que todas las partes estén absolutamente de acuerdo, no hay nada que se pueda hacer.

Resultado de imagen de la escalera del santo sepulcroEsto explica hasta cierto punto el por qué la escalera no se ha movido desde entonces. 

Actualmente, seis grupos cristianos tienen derechos sobre el templo, y ya nadie tiene muy claro a quién pertenece ni esa cornisa, ni la ventana en la que se apoya la escalera ni a quién pertenece la escalera misma. Algunos señalan que es de la Iglesia Armenia Apostólica.

Sin embargo, la escalera tiene hoy, además, un significado anexo. Durante su visita a Tierra Santa a mediados de la década de los sesentas del siglo XX, el papa Paulo VI vio con dolor cómo la escalera, que si bien ha sido hasta ahora un símbolo del Acuerdo del Status Quo, también se había convertido en un triste testimonio de las escandalosas divisiones entre cristianos. Así, y tomando en cuenta que la Iglesia Católica Romana es uno de los seis grupos con poder de veto y voto sobre cualquiera de los cambios a realizar en el templo, decretó que la escalera no se moviese hasta que las divisiones entre cristianos no se resolviesen.

sábado, 17 de junio de 2017

Una noche en el Sepulcro

Imagen relacionadaQuedan pocas fechas para la Semana Santa y los cristianos de Jerusalén, y del resto del mundo, están de enhorabuena. El sepulcro en el que Cristo fue enterrado hace 2000 años luce, por fin, un aspecto renovado. El andamiaje que sostenía el edículo, desde el terremoto de 1927, ha desaparecido y el rosado y beige originales de las paredes, ennegrecidos durante décadas por las velas de los peregrinos, lucen como el primer día. 

Católicos, ortodoxos y armenios se han puesto de acuerdo, por una vez, para devolver la dignidad que merece el lugar más importante del cristianismo. Una colaboración atípica que deja atrás peleas bochornosas como la de 2008, protagonizada por armenios y greco-ortodoxos durante una procesión, o la curiosa escalera de madera, que descansa desde el siglo XIX en el alféizar de una ventana sin que pueda ser movida hasta que todas las confesiones se pongan de acuerdo. 

Si hay un lugar para los cristianos único en el mundo, ese es el Santo Sepulcro. Un imán para peregrinos de los lugares más remotos y un caramelo por el que se han peleado casi todos los pueblos de la tierra. Se podría decir, por tanto, que Tierra Santa es especial, que Jerusalén lo es más, si cabe, pero que el lugar en el que Cristo resucitó no tiene comparación. En el año 2015, tuve la suerte de pasar, junto a un puñado de peregrinos, una noche encerrado en la Iglesia de la Resurrección. Esta fue mi experiencia: 

Son las siete y veinte de la tarde en Jerusalén. El sol ha caído cuando un muecín llama a la oración. Un grupo de chicas españolas corre por las callejuelas del barrio cristiano, mientras los tenderos recogen sus bártulos. Apenas restan diez minutos para que la familia musulmana encargada desde hace siglos de echar el cierre a la Iglesia del Santo Sepulcro haga lo propio un día más. Saltando de escalón en escalón, las jóvenes se impacientan por llegar a tiempo a la basílica. El grupo espera pasar la noche en el lugar más sagrado del cristianismo y vivir de cerca la espiritualidad que este irradia.

En la explanada que hay frente al templo, un puñado de peregrinos se prepara para contemplar la ceremonia de clausura. En el interior, los representantes de las distintas confesiones encargadas de la basílica esperan a que el reloj marque las siete y media. Seis de las jóvenes llegan a tiempo y consiguen entrar. Sin embargo, el grupo no está completo. Tres integrantes se han retrasado lo suficiente como para quedarse fuera. El musulmán se dispone a iniciar la peculiar liturgia cuando un ortodoxo despistado grita para que no cierren todavía. A un lado, en la calle, la Policía israelí acompaña los flashes de los curiosos allí congregados. Al otro, un grupo reducido de peregrinos espera junto a una miscelánea de monjes, sacerdotes y seminaristas ataviados con vestimentas de lo más variopintas.

El carcelero musulmán se sube a una escalera de madera y echa el cerrojo. De allí nadie podrá salir, ni entrar, hasta que sean las cuatro y media de la mañana del día siguiente. Da la vuelta a la llave e introduce por una pequeña ventana que se abre en la puerta principal la escalera en la que estaba subido. En el interior, un franciscano recoge el testigo y la coloca a modo de tranca. El templo queda clausurado. Armenios y ortodoxos vuelven a sus espacios reservados dentro de la basílica. El representante católico, un fraile franciscano, se acerca a los peregrinos y les comenta las estrictas normas que deben seguir. Las jóvenes levantan su "campamento", de bolsas con bocatas y termos de café, en unos bancos apilados junto a la capilla de la Custodia.

Han pasado veinte minutos desde el cierre del templo y, por sorpresa, aparece el musulmán que poco antes había protagonizado la ceremonia de clausura. Pregunta por el encargado franciscano, pero nadie sabe dónde está. Un minuto después, un armenio de barba blanca y sotana negra trae consigo a las tres jóvenes que no habían conseguido entrar. Están emocionadas y comentan al resto la aventura que han vivido para llegar hasta allí, atravesando pasillos secretos y escaleras de emergencia. Por fin, el grupo vuelve a estar completo. Ha transcurrido una hora y el hambre empieza a hacerse notar. Una peregrina saca un bocadillo y el resto sigue su ejemplo. Comen sentadas sobre un escalón, con el debido respeto al lugar en el que se encuentran. Una mujer alemana reparte café. En esta improvisada cena, a escasos metros del Santo Sepulcro, los peregrinos se sumergen en profundas conversaciones sobre la vida de Jesús.

Cuando termina el refrigerio, el grupo se dispersa por las diferentes estancias de la basílica. Algunos aprovechan para rezar sobre la losa en la que fue depositado el cuerpo de Cristo, y otros suben al Calvario para rememorar La Pasión del Señor. A las once menos cinco, una procesión de monjes ortodoxos, armados con incensarios de todos los tamaños, recorre el templo de arriba a abajo. Los peregrinos se tienen que ir cambiando de sitio, si no quieren ser arrollados por la fuerza de unos barbudos que no están dispuestos a que nadie estropee un ritual con demasiados siglos de historia. De la capilla de los franciscanos sale un fraile y deja las puertas abiertas para que el oriental inciense el pilar de La Flagelación que custodian los católicos. Al salir de la capilla, el monje balancea el artilugio ante el franciscano en señal de respeto.

Son las once en punto de la noche y el edículo queda cerrado hasta el día siguiente. Frente al lugar exacto de la tumba de Cristo, los ortodoxos inician una liturgia en la que cantan monodias un tanto repetitivas. A partir de ese momento, queda prohibido cruzar por delante bajo pena de llevarse el grito de un monje con coleta. Al mismo tiempo, en la parte alta del templo, en un lugar al que no tiene acceso el visitante, otro grupo de monjes arranca una ceremonia en la que entonan cánticos durante cerca de dos horas. Para que todo se complique un poco más, en la capilla de los franciscanos, los católicos inician, con las puertas abiertas, el rezo de vísperas. Se produce, entonces, un duelo sagrado de melodías orientales y latinas que transportan al espectador a un increíble espectáculo de belleza.

A la una de la mañana, en la capilla del Calvario, un monje ortodoxo da matillazos a una madera que hace las veces de despertador. Tres de las peregrinas se encuentran en la capilla de la Invención de la Cruz, el punto más profundo de la basílica y donde según la tradición se descubrió la cruz de Cristo. Una de las jóvenes inicia en voz alta la lectura de La Pasión. Cada versículo retumba en las paredes con una solemnidad verdaderamente conmovedora. A esa hora, el Calvario está tranquilo. Una joven genuflexa medita con el crepitar de las velas como banda sonora. Bajo el monte en el que se crucificó a Jesús, un muro acristalado muestra cómo se rasgó la tierra después de su muerte. La roca, que todavía hoy sorprende a los científicos, tiene una línea de rotura que va de arriba abajo, algo que descartaría un origen sísmico.

La noche avanza lentamente, ya solo queda una hora para que las puertas de la basílica se vuelvan a abrir. El sueño hace mella en los peregrinos y algunos aprovechan para echar una cabezada sobre unos bancos. A las cuatro de la mañana, los armenios toman el control del Santo Sepulcro e inician sus rezos. Uno de ellos, que resulta ser el que consiguió que las chicas pudieran acceder al templo, invita al grupo de católicos a participar de su liturgia. Los cánticos, que derrochan una energía sorprendente para la hora que es, se intercalan con rezos ininteligibles. Las agujas del reloj marcan las cuatro y media de la mañana. El templo vuelve a abrir sus puertas y los peregrinos se despiden. Están cansados, pero contentos de haber tenido la suerte de pasar la noche en el mismo lugar en el que Cristo murió y resucitó.

Juan Cadarso

sábado, 15 de abril de 2017

La Tumba, en el centro

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Las fotos que incluimos son ya posteriores a la inaguración del Edículo. Esta tuvo lugar el pasado 22 de marzo. Las principales autoridades eclesiásticas de Jerusalén lo inauguraron una vez terminadas las obras de renovación. Ahora muestra el color original de su mármol rosado. También las inscripciones  y los frescos han sido restaurados. También, se ha abierto una ventana en la pared de la Tumba que permite a los visitantes contemplar la piedra original del interior. Se ha cambiado la iluminación externa, y se han retirado las velas que rodeaban a la capilla, cuyo humo ennegrecía el mármol.

El Edículo del Sepulcro tiene ocho metros de largo por seis de ancho y otros seis de altura. A medida que se profundiza —desde la actual superficie—, van apareciendo otras capas que han ido cubriendo la roca original: primero se encontraría la del siglo XVI y, después, se irían hallando las de los siglos XII, XI, IV. 

La Tumba está situada en el centro de la nave de la antigua basílica de Constantino. El elemento más importante de este complejo es la rotonda que contiene el Sepulcro mismo. Se halla dentro de una elaborada estructura: nave central, ábside con las columnas en semicírculo, y ornamentado techo en forma de cúpula.

La rotonda mide treinta y cinco metros de diámetro por diez metros de alto. Un estudio arquitectónico del muro exterior de la basílica demuestra que mantiene su forma original, la que le fue dada en el siglo IV. El Sepulcro está rodeado por doce columnas, distribuidas en grupos de tres: simboliza este número al de los doce apóstoles. Al realizar la renovación de las pilas, se descubrió que las columnas habían sido originalmente mucho más altas. Los cruzados las cortaron por la mitad en el siglo XII, con el fin de ubicarlas en la rotonda que hoy contemplamos. 

Resultado de imagen de ediculo santo sepulcro ya restauradoCada vez hay un mejor entendimiento y colaboración entre las distintas comunidades cristianas. Incluso, en los últimos años, los representantes de las distintas Iglesias cristianas de Jerusalén, sobre todo aquellas que colaboran según las normas del Status Quo, se reúnen para felicitarse mutua y fraternalmente con motivo de las fiestas navideñas en un clima sincero de simpatía y apertura. Esto es un gran signo de esperanza de cara a la ansiada unidad de los cristianos. 

El Sepulcro del Señor es un lugar de esperanza. Jesucristo ha resucitado verdaderamente -su Tumba está vacía- y nos ha abierto las puertas del cielo. Por eso, decía san Juan Pablo II en la encíclica Ecclesia de Eucaristía, n. 4: “«La hora santa, la hora de la redención del mundo. Cuando se celebra la Eucaristía ante la Tumba de Jesús, en Jerusalén, se retorna de modo casi tangible a su “hora”, la hora de la cruz y de la glorificación”.

Santiago Quemada

sábado, 8 de abril de 2017

Veneración actual de la Tumba

Para entrar en el pequeño recinto de la Tumba, de ordinario hay que guardar una larga fila: a veces es tan prolongada que rodea por fuera toda la estructura del Sepulcro. Este consta de dos estancias. 

La primera se llama «Capilla del ángel». El relicario de mármol en forma de columna, en el medio de la antesala, contiene un fragmento de la piedra del ángel: se la denomina así porque le vieron sentado encima la mañana de Pascua. «Y he aquí que se produjo un gran terremoto, pues un ángel del Señor descendió del Cielo y, acercándose, removió la piedra y se sentó sobre ella» (Mt 28, 2). Es uno de los trozos que perduraron de la Tumba, después de su profanación en el año 1009. 

En la segunda estancia, sobre la losa del Sepulcro, arden día y noche cuarenta y cuatro lámparas de plata. La cubierta de mármol es del año 130. Pertenecía al antiguo templo de Adriano, y ahora cumple la función de proteger la piedra original de la Tumba. 

Resultado de imagen de capilla del angel santo sepulcroAl entrar, primero se accede a la antesala. Allí se espera turno: en el recinto pequeño de la Tumba solo hay capacidad para tres personas. A veces se permite la entrada hasta cuatro visitantes a la vez: no cabe más gente de rodillas delante de la losa. Habitualmente, solo se permite rezar unos pocos segundos. Casi todo el mundo coincide en que es uno de los lugares que más impresión produce. 

También es posible —reservando con tiempo— celebrar y asistir a la Santa Misa dentro de la Tumba. Impacta mucho pensar, durante el Santo Sacrificio, que aquí fue depositado el cuerpo muerto del Señor, y aquí resucitó a los tres días con su cuerpo glorioso. Y de nuevo, cuando el sacerdote consagra la Eucaristía, aquí y ahora, se vuelve a hacer realmente presente en el altar preparado sobre la Tumba.

Santiago Quemada

sábado, 1 de abril de 2017

La Tumba: cruzados, musulmanes, turcos

Resultado de imagen de santo sepulcro epoca cruzadaLos cruzados conquistaron Jerusalén en 1099, y rehicieron el Santo Sepulcro como lo conocemos hoy en día: la iglesia, casi toda de estilo románico, menos la Anástasis. Jerusalén cayó ante el ejército de Saladino en 1188. La iglesia del Santo Sepulcro quedó clausurada y nadie podía oficiar en ella. Estaba siempre cerrada, y las puertas se abrían solamente para los peregrinos que pagaban bien. El mundo cristiano protestó enérgicamente, y el sultán Ajub se disculpó en 1246 ante el papa Inocencio IV. También le informó de que había dado las llaves de la basílica a dos familias musulmanas, quienes se harían cargo del lugar: abrían la iglesia solo en ciertos días y previo pago. Todavía hoy, miembros de esas familias guardan las llaves, como encargados de abrir y cerrar la basílica. 

Durante esta época, peregrinos de Mesopotamia, Egipto, Armenia, Etiopía, Siria, Grecia y Georgia, se establecieron alrededor del Santo Sepulcro. Fue un período muy oscuro, en el que el santuario iba poco a poco decayendo. Los mosaicos de las paredes se deterioraban y junto con ellos la totalidad de la estructura. Las potencias europeas, después de fracasar en varias ocasiones por la conquista de los Santos Lugares, trataron de lograr acuerdos. Angió y Sancha de Mallorca —reyes de Nápoles, a comienzos del siglo XIV— finalmente tuvieron éxito: lo consiguieron tras largas negociaciones y grandes sumas de dinero. Obtuvieron de Melek en-Nazer una residencia para cristianos de Jerusalén dentro del Santo Sepulcro. Con la aprobación del papa Clemente VI, el cuidado del Santo Sepulcro fue encomendado a los franciscanos en 1335.

A finales del siglo XV el centro del poder islámico fue transferido de la dinastía mameluca de Egipto, a los otomanos turcos de Constantinopla. Bajo el nuevo dominio, la comunidad griega —convertida en súbditos del imperio otomano— trató de hacerse con la posesión de la iglesia del Santo Sepulcro. Pero los turcos se habían dado cuenta de que era un trofeo muy valorado, del que el sultán podía sacar pingües beneficios. De este modo, solo en la época de Murad IV (1623-1640), varias partes del Santo Sepulcro cambiaron de mano seis veces, siempre a favor del mejor postor. Los franciscanos no hubieran podido mantener esta costosa batalla de no haber sido por la ayuda de Francia, país que se convirtió en protector de los Santos Lugares. 

En 1644 los georgianos, incapaces de hacer frente a los gastos exigidos por los turcos, dejaron definitivamente la basílica. Unos años después les siguieron los abisinios. Los franciscanos adquirieron la mayor parte de las zonas abandonadas por otras confesiones. De hecho llegaron a tener en propiedad la práctica totalidad de las capillas de la basílica, y el derecho exclusivo de celebrar misa en el Sepulcro. 

En 1676, el patriarca ortodoxo griego Dosithenes, hizo un arreglo con los turcos, y obtuvo la exclusiva posesión de la basílica del Santo Sepulcro para los ortodoxos. Los poderes europeos se indignaron. En 1690, se consiguió que los franciscanos recobraran sus derechos sobre la basílica. Otra vez en 1767 los griegos ortodoxos intentaron hacerse con todo el Santo Sepulcro, mediante acusaciones falsas contra los franciscanos ante el sultán. Después de muchas intrigas y enredos, en 1862, los otomanos dispusieron que se mantuviera el statu quo de 1767. Durante estos acontecimientos, había tenido lugar en la basílica algún incendio más, y precisaba urgentes arreglos.

Después de generaciones de abandono, algunas partes del edificio como la cúpula y las columnas que rodean el Edículo, han podido renovarse en los últimos años: recuperan así gran parte de su antigua belleza y solemnidad. Fue en 1994 cuando el custodio de Tierra Santa, el patriarca griego ortodoxo de Jerusalén, y el patriarca apostólico armenio de Jerusalén, firmaron el histórico acuerdo para restaurar la cúpula. Se terminó en 1997. El diseño definitivo consta de doce rayos de oro que —al igual que las columnas—representan a los doce apóstoles. Cada rayo de luz, termina en tres haces que representan a la Trinidad. La luz natural pasa a través del tambor central, y permite que esté iluminado todo el recinto.

Santiago Quemada

sábado, 25 de marzo de 2017

Historia de la Tumba, del siglo V al X

Resultado de imagen de ancient photos holy sepulcherMás adelante, el peñasco del Gólgota se recortó por los lados norte y oeste, dando así lugar a una nueva construcción. En el año 614, Jerusalén fue conquistada por los persas. Quemaron la iglesia del Calvario y del Sepulcro. Arrasaron casi todas las iglesias. La totalidad de las reliquias fueron robadas, y muchas personas asesinadas. Pero para el año 622 el emperador Heraclio ya había recobrado el territorio, y forzado a los persas a devolver los trofeos de guerra. Entre ellos estaba el más precioso: la reliquia de la Santa Cruz. Así, en el 630, la Vera Crux fue restituida a la basílica del Santo Sepulcro. 

Pocos años después, en 638, se produce una nueva ocupación. Esta vez la protagonizan los sirios. El patriarca de Alejandría Eutichio —del siglo X— describió la conquista: «Omar ibn al-Khattab asedió la ciudad. Sofronio, el patriarca de Jerusalén, se entrevistó con él, y consiguió una carta de protección para la ciudad y sus habitantes. Omar ibn al-Khatab garantizó la salvaguardia de los lugares cristianos y prohibió a los suyos destruirlos o usarlos como viviendas» (Eutiquio de Alejandría. Anales, 17-28). 

En los siglos IX y X se produjeron diversos desastres en el Santo Sepulcro. El primero fue un violento terremoto que dañó la cúpula de la Anástasis. Más tarde, diversos incendios provocados: primero por los sirios y luego por los musulmanes. En 1009 el Califa de Egipto al-Hakim ordenó la destrucción completa de la iglesia. Empezaron por demoler la Tumba misma, la cúpula y las partes altas del edificio, hasta que los restos acumulados impidieron seguir demoliendo. Durante once años se les prohibió a los cristianos visitar los destrozos y rezar entre las ruinas. 

Pasado este tiempo, se firmó un tratado de paz entre el emperador Bizantino Argirópulos y el sucesor de al-Hakim: se declaró y quedó estipulada la reconstrucción del Santo Sepulcro. Los trabajos comenzaron bajo el emperador Constantino Monómaco. Los arquitectos llegaron a la conclusión de que era imposible restaurar la totalidad de la estructura constantiniana. Así pues, optaron por conservar solamente la Anástasis, con un ancho ábside hacia el este y varias pequeñas capillas. Estos trabajos finalizaron en 1048. La basílica estaba reconstruida, aunque Jerusalén seguía en poder de los árabes musulmanes.

Santiago Quemada

sábado, 18 de marzo de 2017

Historia de la Tumba en los primeros siglos

Resultado de imagen de columns holy sepulcherTras la muerte y resurrección de Jesús, los cristianos de la Iglesia madre de Jerusalén acudían a rezar a los lugares santos. Pronto comenzaron grandes dificultades en la ciudad. En el año 70, Jerusalén fue sitiada y destruida por Tito. Más adelante, en el 135, el emperador Adriano sofocó otra revuelta, y decidió destruir la ciudad de Jerusalén. Su finalidad era borrar los lugares que podrían ocasionar nuevos disturbios entre los judíos. Prohibió la presencia judía en la nueva ciudad, y cambió su nombre por el de «Aelia Capitolina». 

Después de estos desastres, una comunidad cristiana gentil siguió viviendo en Jerusalén, y aseguró la continuidad en la veneración de los lugares santos. Posteriormente esto resultaría clave para su localización e identificación. Adriano había rellenado la cantera con inmundicias y escombros. Después de nivelar el terreno construyó —exactamente en el lugar del Calvario— un templo a Venus, diosa del amor.

Lo relataba Eusebio de Cesarea en el siglo IV: «Sucedió entonces que personas impías y ateas, pensaron retirar por completo de la vista de los hombres estos lugares. Suponían, dentro de su locura, que así podrían enterrar la verdad. Con ese fin trajeron una cantidad de desechos desde lejos, y con mucho esfuerzo recubrieron totalmente el lugar; luego, habiendo llevado esto a una altura moderada, lo pavimentaron con piedras, escondiendo la cueva sagrada bajo el masivo montón. Después, como si su intento se hubiera llevado exitosamente a cabo, edificaron sobre esta base, un verdadero sepulcro de almas, mediante la construcción de un altar de ídolos sin vida para el espíritu impuro, al cual llaman Venus» (Eusebio de Cesarea. De vita Costantini III, XXVI).

El Calvario y el Sepulcro permanecieron enterrados casi dos siglos. En el año 325, durante el primer concilio de Nicea, el obispo de Jerusalén Macarios, pidió al emperador Constantino que destruyera los templos paganos edificados encima de los lugares sagrados de la ciudad. El emperador decretó su demolición, y ordenó también profundizar hasta encontrar la roca del Calvario y el Sepulcro.

Imagen relacionadaRefiere este momento Eusebio de Cesarea: «Apenas la superficie original del piso, que estaba debajo de la tierra, apareció inmediata y contrariamente a todas las expectativas, el venerable y respetado monumento a la Resurrección de Nuestro Señor fue descubierto. Entonces realmente esta santísima cueva presentó una fiel similitud con Su regreso a la vida, en que después de haber yacido enterrado en la oscuridad, de nuevo emergió hacia la luz» (Eusebio de Cesarea. De vita Costantini III, XXVIII). 

La construcción de la basílica constantiniana supuso un cambio completo en la topografía del lugar. Los arquitectos aislaron la Tumba del resto de la cantera en los lados norte y oeste. De este modo, el sepulcro, que se encontraba en la fachada oeste de las murallas de la cantera, quedó aislado en el centro. En medio quedaba un amplio espacio vacío. 

Santa Elena se dirigió a Jerusalén con intención de encontrar la Vera Crux. Contaba con los trabajadores que su hijo, el emperador Constantino, le había proporcionado. Estuvo excavando alrededor de la roca del Calvario. Y allí descubrió, finalmente, la Cruz verdadera. Lo comprobó a través de un enfermo que, al tocar el madero auténtico donde murió el Señor, quedó curado de inmediato. En esta estrecha cavidad de la roca, santa Elena halló también los clavos y el título de la condena (Cfr. Jn 19, 19-22).

Santiago Quemada

sábado, 11 de marzo de 2017

Apertura de la Tumba: momento muy especial

Resultado de imagen de waiting for the opening of the tomb in jerusalemEl de finales de octubre de 2016 era, por tanto, un momento muy especial: lo presenciaron el Patriarca Teófilo III, con una pequeña delegación de religiosos y científicos. El padre fray Dobromir Jasztal, vicario custodial, estaba allí en representación del Custodio que se hallaba fuera del país. También se encontraban presentes fray David Grenier, secretario de Tierra Santa, y otros tres frailes, entre ellos el padre Eugenio Alliata, arqueólogo del Studium Biblicum Franciscanum. También asistió, por parte de la Custodia, el arquitecto Osama Hamdam, miembro de la comisión científica del proyecto. Así mismo, una pequeña delegación de armenios, encabezada por el obispo Sévan, además de los coptos del Santo Sepulcro. En total unos cincuenta religiosos y la Sociedad National Geografic, que disponía de la exclusiva sobre las fotografías.

Después de presenciar los hechos, los expertos realizaron algunas declaraciones interesantes. Por ejemplo, el arqueólogo Fredrik Hiebert, comentó: “Estoy completamente sorprendido. Me tiemblan un poco las rodillas porque no me esperaba esto. No podemos asegurarlo al cien por ciento, pero parece prueba visible de que la localización de la Tumba no ha cambiado con el tiempo, algo que científicos e historiadores se han preguntado desde hace décadas”.

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También, los investigadores confirmaron que, dentro del Edículo del siglo XVIII en el que se encuentra la Tumba, se han encontrado las paredes de piedra caliza originales de la cueva. Han decidido abrir una ventana en la pared sur del santuario, de forma que pueda ser visible una de las paredes de la cueva.

Lo primero que encontraron fueron las distintas capas con material de relleno. Posteriormente hallaron una segunda baldosa de mármol con una cruz esculpida en la superficie. Esta pertenece a la época de los Cruzados. Finalmente, se ha descubierto intacto el mencionado lecho fúnebre original de piedra caliza, donde fue depositado el cuerpo de Jesucristo.

Después de que los expertos trabajaran en el lugar, se ha concluido que el subsuelo de la iglesia se encuentra muy afectado a causa de la humedad. Por tanto, se requieren nuevas obras para evitar que sigan las humedades. Para esto es necesario que se llegue a un nuevo acuerdo entre las distintas comunidades cristianas del Santo Sepulcro.

La pregunta surge natural: ¿este lugar es realmente tan santo? ¿Qué certeza hay de que aquí realmente haya estado enterrado el cuerpo de Cristo? La mejor respuesta a estas preguntas es el conocimiento de la historia de este sitio. Probablemente no haya otro lugar del mundo con una historia tan azarosa. Tanto interés por parte de todo el mundo ya de por si supone una clara señal de la importancia histórica del emplazamiento. Este ha sido uno de los lugares más disputados de la historia.

Santiago Quemada

sábado, 4 de marzo de 2017

Reparaciones en el Edículo y Tumba de Jesucristo

Empezamos el tiempo de cuaresma, preparación para la Pasión y Resurrección de Jesucristo. El Señor después de su muerte fue enterrado en un sepulcro excavado en roca. Al tercer día resucitó de entre los muertos. A lo largo de este tiempo fuerte de penitencia nos ayudará acudir a este lugar Santo y a su hora, como decía decía san Juan Pablo II, en la encíclica Ecclesia de Eucaristía, n. 4: “«La hora santa, la hora de la redención del mundo. Cuando se celebra la Eucaristía ante la Tumba de Jesús, en Jerusalén, se retorna de modo casi tangible a su “hora”, la hora de la cruz y de la glorificación”.

El lugar central del cristianismo es el Santo Sepulcro. En la Basílica de Jerusalén se encuentra el lugar del Calvario, donde murió Jesucristo, y la Tumba o el Sepulcro donde fue depositado su cuerpo, y desde donde resucitó al tercer día. La Tumba está cubierta por un edículo que recubre dos estancias: la antesala al Sepulcro, y la pequeña estancia donde se encuentra la Tumba. La palabra Edículo procede del latín aedicule o «casa pequeña». Así narran el evangelio de san Juan el momento en el que dan sepultura al cuerpo de Jesús.

«Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque ocultamente por temor a los judíos, rogó a Pilato que le dejara retirar el cuerpo de Jesús. Y Pilato se lo permitió. Vino, pues, y retiró su cuerpo. Nicodemo, el que había ido antes a Jesús de noche, vino también trayendo una mezcla de mirra y áloe, como de cien libras. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos, con los aromas, como es costumbre dar sepultura entre los judíos. En el lugar donde fue crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo en el que todavía no había sido sepultado nadie. Como era la Parasceve de los judíos y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús» (Jn 19, 38-42).

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En los últimos años se ha visto cómo este Edículo que recubría la Tumba de Cristo se encontraba en muy mal estado. Era urgente hacer algo para su reparación. Las autoridades judías amenazaban con la clausura del lugar por amenaza de ruina. Después de bastantes conversaciones entre las distintas comunidades cristianas, finalmente, se llegó a un acuerdo. Han hecho falta doscientos años para que católicos, griegos ortodoxos y armenios convinieran en la reparación del Edículo que recubre la Tumba de Jesucristo.

Se encargó esta restauración a los expertos de la Universidad Nacional Técnica de Atenas. Este equipo ha estado trabajando seis meses en el lugar del Edículo. Fue el día 26 de octubre cuando accedieron a la superficie de la Tumba con el fin de retirar la losa que la cubre. Todo el proceso duró unas sesenta horas. El fin era estudiar el interior del Sepulcro para reparar los posibles daños existentes.

Esta operación de apertura de la losa que cubre la Tumba se realizó por primera vez en la era moderna: desde 1810 la losa no había sido retirada. La anterior ocasión a esta fecha tuvo lugar en 1555, bajo la dirección del custodio Bonifacio de Ragusa, cuando también él recibió la autorización para efectuar reformas en el Edículo. Entonces también se habían encontrado signos parecidos a los actuales en los que se veía el deterioro provocado por el paso del tiempo.

Santiago Quemada

sábado, 19 de noviembre de 2016

Se abre la Tumba de Jesús

La tumba de Nuestro Señor Jesucristo, abierta por primera vez desde 1810 y tercera en medio milenioMiércoles 26 de octubre. En el aire se percibe una espera febril. Desde el 14 de octubre ya se tenía noticia de que esa jornada y la siguiente, el edículo de la Basílica del Santo Sepulcro estaría cerrado por obras. Acababa de saberse que las autoridades de la iglesia, custodios del Santo Lugar, están invitados a asistir a la apertura de la cámara funeraria. 

El edículo está compuesto de dos partes. La Capilla del Ángel, en cuyo centro se encuentra un pequeño altar relicario con la piedra que cerraba la tumba, y la propia tumba con el lecho fúnebre, es decir, una losa de mármol que cubre el lugar bajo el cual se encuentran los restos de la cámara funeraria de Jesús.

Los invitados han visitado el lugar. En primer lugar, el patriarca ortodoxo Teófilo III, acompañado por una pequeña delegación de religiosos y científicos. En representación del padre custodio, que se encuentra fuera del país, estaban presentes fray Dobromir Jasztal, vicario custodial, fray David Grenier, secretario de Tierra Santa, y otros tres frailes, entre ellos el padre Eugenio Alliata, arqueólogo del Studium Biblicum Franciscanum. También asistió por parte de la Custodia el arquitecto Osama Hamdam, miembro de la comisión científica del proyecto. Así mismo, una pequeña delegación de armenios, encabezada por el obispo Sévan, además de los coptos del Santo Sepulcro.

Resultado de imagen de abierta tumba jesusEl acontecimiento es importante para todos: es la primera vez desde 1810 en que la losa es retirada. La vez anterior tuvo lugar en 1555 bajo la dirección del custodio Bonifacio de Ragusa, cuando también él fue autorizado a efectuar reformas en el edículo porque en aquel momento –como ahora– mostraba los signos del deterioro provocado por el paso del tiempo.

El acceso al edículo estaba cerrado desde las dos de la tarde, pero la apertura para las autoridades estaba prevista a las seis, horario del Santo Sepulcro (las siete legales, ya que en la basílica no se tiene en cuenta el cambio de horario entre invierno y verano, pues el tiempo se mantiene como en el siglo XIX).

El evento se ha celebrado a puerta cerrada, bajo los objetivos de muchas cámaras fotográficas y las videocámaras del famosísimo National Geographic, que ha cubierto el acto en exclusiva. Esto explica la falta de fotos (por el momento…) En los rostros de todos los presentes se puede leer una expresión de curiosa y emocionante espera. En la tumba, los obreros se ponen en marcha. Durante la tarde, han trabajado para separar la losa de mármol. Ahora es necesario desplazarla, horizontalmente, unos veinte centímetros.

La profesora Antonia Moropoulo, directora del proyecto de restauración, da la bienvenida a la Capilla del Ángel al patriarca griego Teófilo, a fray Dobromir Jazstal y a monseñor Sévan. Cubiertos con cascos de construcción, les explica lo que van a ver: … ¡arena! De hecho, se trata de tierra colocada para evitar que la losa de mármol se rompa en caso de que se la someta a contracciones demasiado fuertes.

Resultado de imagen de tumba de jesus abiertaUno detrás de otro, los dignatarios entran en la tumba y salen conmocionados, a pesar de no haber visto nada en la cámara funeraria de Jesús. Sin embargo, son conscientes de que han participado en un momento histórico y es evidente que el Lugar Santo, en este día más que nunca, ejerce su enorme poder de atracción y de emoción.

De hecho, al día siguiente, todos (o casi todos) han vuelto por su cuenta. Por la noche, los obreros han retirado la arena y los científicos han seguido con sus cálculos. El jueves 27, por la mañana, el National Geographic ha publicado el vídeo de las imágenes obtenidas el día anterior.

En los patios del convento de San Salvador, los pocos frailes que han podido acercarse a la tumba, comparten sus impresiones. Otros han decidido probar fortuna el jueves y, de hecho, algunos han entrado y han podido ver. ¡Y esta vez no había solo arena! La lápida de mármol estaba recolocada casi completamente. La arena se había retirado y ha aparecido otra losa de mármol gris, partida. Es tan larga como la que la recubre, pero solo la mitad de ancha, el resto parece estar roto. Se supone que se podría tratar (en condicional) de la losa que habrían colocado allí los cruzados. No hay ninguna certeza, es tarea de los científicos sacar sus conclusiones después de haber analizado los hallazgos.

En los sitios donde falta el mármol gris, aparece la roca. Es la roca original, el lecho funerario de Jesús, tallado en la misma piedra de Jerusalén. En la piedra se pueden ver canales excavados para el desagüe de los fluidos, dicen algunos, para realizar un ritual bizantino que consiste en santificar el óleo, afirman otros. La forma en que está tallada la piedra podría dar una idea a los especialistas sobre la orientación del cuerpo. ¿La cabeza hacia el Este o hacia el Oeste?

Pero lo que todos constatan es que la piedra sobre la que reposó el cuerpo de Cristo es totalmente normal, mientras que el momento de observarla, para todos aquellos que la ven, es absolutamente extraordinario.

Todos están consternados. Delante del edículo se intercambian impresiones. Verifican con la persona que tienen al lado si han visto lo mismo o si había que haber visto otra cosa. En los rostros de estos hombres, independientemente de su edad, se refleja una intensa emoción. No es traicionarles decir que se pueden ver sus ojos húmedos. Hacen pensar en la secuencia pascual Victimæ paschali laudes: "Dic nobis Maria, quid vidisti in via? Sepulcrum Christi viventis, et gloriam vidi resurgentis: [Dinos María, ¿qué has visto en el camino? He visto la tumba de Cristo viviente y la gloria de su resurrección]".

Las órdenes son estrictas: prohibido publicar o enviar a cualquier publicación las fotos obtenidas con cualquier tipo de aparato. Unas órdenes que respetan los franciscanos, pero no está prohibido contar las emociones de los que lo han visto. Algunos mensajes publicados en las redes sociales no engañan. Algunas horas después, quien ha podido entrar y ver, como si respondiera a la invitación de los ángeles en el día de Pascua (Mt 28, 6), todavía está profundamente conmovido, marcado, y bendice al Señor por haber vivido un día extraordinario.

Han visto con sus propios ojos el punto exacto donde reposó el cuerpo del Señor. Les habían dicho que era allí, pero se ha ofrecido ante sus ojos como el costado de Jesús abierto ante los dedos de Tomás. Y, lo hayan tocado o no, han salido de allí con un único grito de alegría: "Scimus Christum surrexisse a mortuis vere. Tu nobis, victor Rex, miserere [Sí, estamos seguros: Cristo ha resucitado verdaderamente. Tú, Rey victorioso, ten piedad de nosotros]".

Fotos: E. Bermejo / Custodia de Tierrra Santa.

sábado, 8 de octubre de 2016

Historia del edículo que protege la Tumba

El edículo tiene 206 años de edad. Construido en 1809-1810 después del gran incendio de 1808 que dañó todo el conjunto del edificio, el edículo actual –de estilo barroco otomano-, no tardó en mostrar señales de fragilidad. Hasta 1868, la cúpula de la rotonda lo protegía solo parcialmente de la intemperie porque en la parte más alta había un oculus a cielo abierto. Sobre todo, el edículo empezó rápidamente a ceder bajo su propio peso. Lo que puede parecer un defecto de concepción proyectual, en realidad podría ser la opción por parte del arquitecto griego de la época, Nikolaos Komnenos, de conservar los vestigios del, o de los edículos precedentes. Las piezas de mármol habrían sido colocadas, por tanto, como una cubierta. "Como una cebolla", escribe Martin Biddle en su libro "La tumba de Cristo". 

Construido de forma tan frágil y sobre una estructura inestable, el fuerte terremoto del 11 de julio de 1927 no mejoró la situación. La basílica resistió la fuerte sacudida sísmica de alta intensidad (6,2 en la escala de Richter). El único daño visible se descubrió en la cúpula, sobre el coro de los griegos ortodoxos, que sufrió una gran fisura.

Estando Palestina bajo el Mandato británico, los ingenieros del Departamento de Trabajos Públicos emplearon dos meses para obtener el permiso de las autoridades religiosas para inspeccionar el lugar. El sondeo efectuado sobre la Tumba confirmó que la estructura incorporaba restos de un edificio anterior. En aquella época, los responsables de las distintas Iglesias no supieron llegar a un acuerdo satisfactorio. La intemperie y nuevas sacudidas sísmicas, sobre todo en 1934, contribuyeron a un mayor deterioro del edificio. 

De la iglesia más importante para la cristiandad quedaba solo un horrible bosque de andamios que apuntalaban los distintos muros, muy frágiles ya. Los griegos, los franciscanos por parte católica, y los armenios procedieron a realizar trabajos esporádicos aquí y allá, pero ninguno tocó la Tumba.

Cuando, en marzo de 1947, los británicos asumiendo su autoridad apuntalaron el edículo con vigas de acero (sobre las cuales todavía se puede leer: «Steel Company of Bengal»), no tuvieron tiempo sin embargo para conseguir la adhesión de las Iglesias a una restauración definitiva. El Mandato británico concluyó en mayo de 1948.

En 1959, las tres principales confesiones llegaron a un acuerdo para poner en marcha una gran obra de restauración. Cada una de ellas llevó a cabo las labores en su espacio y, juntas, trabajaron en la restauración de la cúpula de la rotonda. Los trabajos finalizaron en 1966, pero la Tumba en su lamentable estado no se benefició de ninguna rehabilitación. ¡Y esto es lo que se va a hacer finalmente ahora!

La Tumba de Jesús fue excavada en el flanco de una colina, en una cantera de piedra abandonada. El «Jardín de la Resurrección» y la tumba fueron sepultados en torno al 135 bajo un templo erigido por el emperador Adriano. Hacia el 324, el emperador Constantino pidió al obispo de Jerusalén, Macario, que encontrara la tumba de Cristo y construyera en su lugar una basílica. Se erigió así la primera iglesia del Santo Sepulcro.

Se excavó alrededor de la cámara funeraria, donde había reposado el cuerpo de Jesús, para liberar espacio. La roca original fue recubierta de mármol con decoraciones constantinianas. Se erigió así el primer edículo.

Parcialmente dañado por los persas en el 614 y nuevamente saqueado y destruido a mazazos en 1009 bajo las órdenes de Al Hakim ben Amralá, conocido por los cristiano como Hakim el Loco, fue sustituido por un edículo de factura romana hacia el 1014.

Esta obra mostró a su vez señales de deterioro por los mismos factores –intemperie, incendios y saqueos- que causan los mismos efectos hoy. El edículo fue sustituido en 1555 por una estructura muy parecida a la anterior, pero caracterizada por su influencia de estilo gótico. Este edículo, erigido por el custodio de Tierra Santa fray Bonifacio de Ragusa, no resistió elincendio de 1808 y fue sustituido por el actual.

http://www.fundaciontierrasanta.es/

sábado, 1 de octubre de 2016

El edículo que protege la Tumba se está restaurando

Es posible que los peregrinos presentes en el Santo Sepulcro este martes 22 de marzo se hayan preguntado a qué tipo de ceremonia han asistido al final de la mañana. Griegos ortodoxos, franciscanos y armenios se han reunido para bendecir... ¡los andamios! 

Durante los últimos meses, en secreto, los responsables de las Iglesias de Tierra Santa que custodian la basílica de la Resurrección han trabajado promoviendo una serie de estudios sobre la posibilidad de restaurar la Tumba de Cristo. Sin embargo, no es ningún secreto para nadie que la Tumba, situada en el centro de la rotonda del Santo Sepulcro, está en un estado de deterioro avanzado.

Los trabajos y consultas han dado lugar a una conferencia a principios de marzo en Atenas en presencia de distintos ministros del gobierno griego, de los patriarcas greco ortodoxos de Atenas y de Jerusalén, Teófilo II, del custodio de Tierra Santa, fray Pierbattista Pizzaballa, y del patriarca armenio Nurhán Manuguián, así como de un centenar de invitados. Durante el encuentro, ladoctora Antonia Maropoulou, profesora de la Universidad Técnica Nacional de Atenas, presentó los resultados del estudio dirigido por ella sobre el estado del edificio. El estudio, multidisciplinar, ha estado realizado en colaboración con muchos otros científicos griegos.

La profesora Moropoulou puso en evidencia los defectos estructurales del edificio desde su construcción. Además, reveló que algunos factores contemporáneos contribuyen a hacerlo todavía más frágil. 

En primer lugar está la gran afluencia de peregrinos y turistas a la basílica. La causa principal de la torsión de los bloques de mármol se debe a la alteración de la argamasa, causada por la humedad creciente producida por la condensación de la respiración de los visitantes. Además, el estudio termográfico del lado Sur del edículo ha mostrado que el uso de las velas, consumidas durante horas a pocos centímetros de la estructura (si es que no la tocan directamente), son causa de las fuertes presiones térmicas sobre el mármol.

A todo esto se añade el humo, que provoca una acumulación de depósitos negros y oleaginosos que deterioran el mármol creando las condiciones para que se produzcan reacciones físico-químicas que aceleran la oxidación y el deterioro de las superficies arquitectónicas.

Los trabajos han comenzado al finalizar las fiestas de la Pascua católica y después de las fiestas ortodoxas. Previstos para una duración de al menos ocho meses, terminarán a comienzos de 2017, es decir setenta años después de la colocación de la armadura metálica, instalada durante el Protectorado británico. Los trabajos de restauración se documentarán continuamente por un equipo compuesto por cerca de treinta profesores de distintos departamentos de la Universidad Técnica Nacional de Atenas, así como otros expertos por parte de los católicos y de los armenios que formarán parte del equipo. Durante los trabajos el lugar santo será todavía accesible para el culto y la devoción de los fieles. 

El acuerdo al que han llegado las distintas Iglesias es el de llevar a cabo una restauración para su conservación. Se intentará desmontar el edículo para reconstruirlo de forma idéntica. Solo las partes más frágiles o rotas serán sustituidas. Las piezas de mármol que se puedan conservar serán pulidas y la estructura que las soporta se verá consolidada.

Los trabajos van a estar financiados por las tres confesiones cristianas del Santo Sepulcro: los griegos ortodoxos, los franciscanos y los armenios. A ellos se unirá la participación de financiación pública por parte del gobierno griego y benefactores privados. El Fondo Mundial para los Monumentos (World Monuments Fund, WMF) ha manifestado su interés en participar.

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