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sábado, 12 de agosto de 2017

Tierra Santa: el "boom" de los peregrinos chinos

Resultado de imagen de peregrinos chinos en tierra santaSegún las estadísticas israelíes, los peregrinos chinos ya han superado a los italianos. La Custodia de la Tierra Santa está llamando a religiosos del oriente para que los acompañen.

Sucede cada vez más a menudo por las estrechas calles de la Ciudad Vieja de Jerusalén, y ahora incluso lo confirman las estadísticas: los católicos chinos ya no son solo el rostro nuevo de los peregrinajes a la Tierra Santa, sino que se han convertido en una de las presencias numéricamente más significativas. Los datos oficiales sobre los primeros cuatro meses de 2017 indican un dato importante: de enero a abril, los visitantes que viajaron a Israel desde China (38.300) fueron más de los que viajaron desde Italia (31.600, número mayor al que se verificó en el mismo periodo del año pasado). 

En conjunto, los chinos se han convertido en la séptima nacionalidad de origen de todos los turistas que viajan a Israel y, sobre todo, aumentan vertiginosamente cada vez más: con respecto al año anterior se registró un 108% más de llegadas desde China, y se trata de una tendencia que continúa con estos ritmos desde hace ya algunos años. Claro, los datos ofrecidos por la Oficina central de estadística israelí se refieren a los turistas en conjunto. Y también es cierto que el aumento de la presencia de viajeros chinos es un fenómeno que se verifica en todo el mercado internacional del turismo. Pero también la "Franciscans Pilgrims Office" (que se ocupa específicamente de los peregrinajes) confirma el marco general: cada año, el número de grupos de chinos que pasan por los Santuarios de Jerusalén se duplica. 

Resultado de imagen de chinese tourism in holy landJustamente por este motivo la Custodia de la Tierra Santa está trabajando para ofrecer una asistencia pastoral específica a estas personas. Lo narra el último número de la revista bimestral "L’Eco di Terra Santa", que ha reunido los testimonios de algunos frailes chinos que acogen a los peregrinos. Por ejemplo fray Johannes: hace algunos años estudió en el "Studium Biblicum Franciscanum" y en febrero de 2016 fue llamado para que se instalara en la Tierra Santa. También trazó un perfil de los peregrinos chinos que encuentra por Jerusalén: la mayor parte tienen más de 50 años, con poco conocimiento de lenguas extranjeras, en muchos casos se trata su primer viaje al extranjero. «Por diferentes motivos —explicó a la revista de los franciscanos— en China no es posible inscribirse en una lista a la salida de la iglesia para inscribirse a un peregrinaje. Al contrario, los grupos se organizan de manera muy discreta, de boca en boca». 

La ambigüedad entre el viaje turístico y el peregrinaje en algunos casos crea dificultades. «La mayor parte de las veces —dice en el artículo fray Lionel, otro franciscano de la Custodia oriundo de Singapur— estos peregrinajes son guiados por mujeres chinas casadas con israelíes. No tienen ningún conocimiento de la fe cristiana y organizan las estancias como si fuera un viaje cualquiera. Una vez hablé con un señor de 80 años: había pasado 20 en la cárcel debido a su fe, e invirtió todos sus ahorros en este viaje. La guía nunca dejaba que el grupo tuviera tiempo para rezar en las iglesias: después de las explicaciones y de las fotografías, se veían obligados a partir inmediatamente hacia el siguiente lugar. Este hombre tuvo que ponerse necio y “luchar” para poder recitar el rosario en los santuarios». 

Justamente a partir de historias como estas nació dentro de la Custodia la urgencia de ocuparse más de la acogida de grupos de peregrinos que llegan desde el Oriente. Entre las iniciativas adoptadas están la «creación de becas de estudio destinadas a religiosos chinos para promover sus estudios en el “Studium Biblicum Franciscanum” —explicó a “L’Eco di Terra Santa”— y la invitación a nuestros hermanos de otras Provincias para que presten servicio en Jerusalén». Pero también nació una idea más ambiciosa, que, gracias al apoyo de la Misión Pontificia, de las Hijas de la Caridad de San Vincenzo de’ Paoli y a las ofrendas de muchos chinos de todo el mundo, está cobrando vida: abrir en Jerusalén una comunidad de religiosas chinas al servicio de los peregrinos. Como enviada de vanguardia, ya se encuentra desde hace algunos meses en la Ciudad Santa sor Anne, una monja china que ya vivió este mismo ministerio en Lourdes. «Las costumbres y las tradiciones en China son muy diferentes de las occidentales o de las del Medio Oriente —dijo a “L’Eco di Terra Santa”. Mi objetivo es unir ambas cosas: que la Biblia se vuelva algo vivo para estas personas y que su estancia aquí las renueve en la fe. Es una oportunidad de catequesis extraordinaria». 

sábado, 14 de noviembre de 2015

Un seminarista en Tierra Santa

Un seminarista en Tierra Santa: «Ya nunca leeré las Escrituras sin pensar que recorrí estos lugares»Tony Amato, seminarista norteamericano de 28 años, viajó a Tierra Santa por primera vez en la segunda quincena de julio. Como cualquier otro peregrino, recorrió y oró en numerosos lugares mencionados en el Antiguo y el Nuevo Testamento, en particular aquellos vinculados a la vida de Jesucristo.

"Desde luego ya nunca podré leer de nuevo las Escrituras sin pensar en que recorrí estos lugares", confiesa este futuro sacerdote de la diócesis de Rochester (Estados Unidos), cuyo obispo, Salvatore Matano, le seleccionó para realizar el viaje junto a otros 19 seminaristas de Nueva York y estados limítrofes.

Cafarnaúm, donde Nuestro Señor desarrolló buena parte de su vida pública; el Monte de las Bienaventuranzas, donde pronunció el Sermón de la Montaña; el Monte Tabor, lugar de su Transfiguración; el Monte de los Olivos, donde Jesús oraba con frecuencia y en cuyo Jardín de Getsemaní fue capturado para su Pasión... Son lugares que Amato y sus compañeros recorrieron entre muchos otros en Jerusalén, Nazaret, Caná, Belén, Jericó, Betania... incluso remaron en barca por el Mar de Galilea y se bañaron en el Mar Muerto con una temperatura exterior de casi 42 ºC.

Tan apretada agenda impedía reflexionar in situ sobre cada uno de los acontecimientos de la vida de Jesús como habría deseado, pero encontró una solución: "Ya me habían aconsejado antes de partir de que llevase un diario, y fue muy valioso ir escribiendo todo lo que veía y sentía". Como, por ejemplo, leer todo el eucarístico capítulo 6 del Evangelio de San Juan en el mismo lugar donde el Salvador nos dijo que Él era "el Pan de Vida".

También fue memorable para todo el grupo visitar el lugar de la Anunciación, "donde la Palabra se hizo carne" y el arcángel Gabriel le dijo a María que sería la madre de Jesús: "Yo estaba allí rodillas y todo el mundo lloraba, fue maravillosamente profundo".

O en el Calvario o en el Santo Sepulcro, donde hicieron una noche completa de oración. Arrodillado ante la tumba, confiesa que se le venían continuamente las palabras del Evangelio: "No está aquí, ha resucitado".

Toda la peregrinación fue para Tony Amato un refuerzo a su vocación. En el Mar de Galilea se había imaginado la conversación entre Cristo y Pedro: "Cristo preguntando ´¿Me amas?´ y Pedro respondiendo ´Sí, tú sabes que te amo´", y sintiendo en silencio -confesó- que mantenía el mismo diálogo con Dios pensando en su sacerdocio.

Le llegará en 2017. Ahora acaba de empezar su tercer año de Teología en la Universidad Católica de América en Washington, y el año que viene será ordenado diácono. 

Y ya tiene un objetivo claro: volver a Tierra Santa guiando un grupo de fieles, "y poder decir misa en los lugares donde ahora sólo he podido escucharla". Y describe su experiencia como "agotadora", pero "feliz, llena de oración, maravillosa... ¡no dejo de utilizar la palabra ´maravilloso´!".

sábado, 26 de septiembre de 2015

Curación milagrosa de un sacerdote en Tiberiades

D. Giraldo es un sacerdote portugues que ahora tiene 85 años. Fue de peregrinación a Tierra Santa en el año 2013. Era el mes de septiembre. El grupo se encontraba en Tiberiades. Era ya por la tarde. Después de un caluroso día recorriendo algunos lugares Santos del norte, d. Giraldo, decidió darse un baño en la piscina del hotel. Le gustaba nadar, y quiso aprovechar la oportunidad del rato libre que tenían en el grupo para refrescarse y hacer algo de ejercicio.
Empezó a nadar, y -según nos contaba- después de dar la vuelta en la piscina, se encontró mal. Estaba en la parte donde cubre poco de la piscina. Se incorporó, y en ese momento perdió el sentido, y se desvaneció hacía adelante. Al principio los que estaban en la piscina no se dieron cuenta. Solo después de unos cuarenta o cincuenta segundos, alguien se fijó en que estaba debajo del agua, como tirado. Todo esto quedó grabado en las cámaras de que dispone el hotel en el recinto de la piscina. Él lo que creía recordar es que había salido de la piscina, y después de ducharse y vestirse, había perdido el conocimiento. Las cámaras reflejaron la realidad de lo que le había sucedido.
Le sacaron del agua y empezaron los intentos de reanimación. Llegaron médicos, y estuvieron bastante rato actuando. No respondía a los masajes cardiacos. Lo intentaron varias veces. Como no reaccionaba y parecía no tener constantes vitales, dejaron pasar el tiempo para llamar a la ambulancia, pues ya parecía inútil, no había nada que hacer. La ambulancia llegó después de más de una hora, y en ese tiempo había persistido la falta de respuesta a los sucesivos intentos de reanimación. 
Cuando llegó al hospital, d. Giraldo tenía encefalograma plano, y ausencia total de constantes vitales. En la pantalla salía una linea recta. Fue ingresado en la UVI, se le entubó, y se sucedieron los protocolos de intento de reanimación. 
Estuvo en estado de coma tres días. Como parecía irreversible, se pensó en desconectarle de las máquinas, pero el tercer día era Yom Kipur, el día judío de la expiación, en el que nadie trabaja. Sus hermanas, que fueron informadas de la situación, habían estado rezando en Portugal para que no lo desconectaran. Los médicos no lo hicieron por ser un día especial, en el que había la mínima actividad en el hospital. Al día siguiente, sobre las diez de la mañana, ante el asombro de todo el personal del hospital, d. Giraldo se despertó.
El médico, en una visita al enfermo un día después, decía que lo que había acontecido era milagroso, que se podía decir que había estado muerto. Afirmaba que de mil pacientes que sufren un colapso de las arterias del corazón tan prolongando solo sobrevivía uno, y además quedaba con graves daños cerebrales. A todo esto se sumaba la elevada edad del paciente. No encontraba explicación humana a lo que había sucedido. A d. Giraldo se le saltaban las lágrimas mientras el doctor detallaba cuál había sido su estado.
La primera noche, después de ser ingresado, a las tres de la madrugada, un obispo católico de rito melquita, acudió al hospital y le impartió el sacramento de la unción de los enfermos. No se sabe quién le avisó. D. Giraldo estaba muy agradecido de que a esas horas de la noche ese buen obispo hubiera acudido a impartirle el sacramento de la unción de enfermos.
D. Giraldo es un sacerdote de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y Opus Dei. Fueron de Jerusalén a verle el vicario y otro miembro del Opus Dei, pensando que no estaría consciente. Al llegar, solo hacía ya una hora que había despertado. Estuvieron charlando un rato con él acerca de todo lo que había sucedido. Preguntó dónde estaban sus pertenencias, pues creía que había entrado con ropa. La enfermera dijo que las habían depositado en el cajón de la mesilla de noche. Al abrirlo encontraron una bolsita con un bañador y un gorro de piscina. Eso era todo. 
Por su habitación no cesaba de pasar personal del hospital para comprobar el milagro de su salida del coma y, además, que estuviera totalmente consciente, sin haber perdido facultades mentales. Hasta el conductor de la ambulancia quiso ir a verle, pues no salía de su asombro de que siguiera con vida.
Después de esa ocasión d. Giraldo ha vuelto a peregrinar a Tierra Santa en dos ocasiones más. La última en septiembre de 2015. Nos volvió a contar la historia de su curación muy emocionado, y renovando su acción de gracias a Dios por todo lo sucedido.

sábado, 9 de febrero de 2013

Aromas de misterio

"En las ciudades milenarias siempre hay recintos amurallados en los que el polvo del camino, la suciedad, el descuido y la pobreza, se convierten en coprotagonistas involuntarios del recuerdo. Aquí en Oriente Medio sucede algo parecido pero suavizado, porque los tejidos gastados y descoloridos de las chilabas y yihabs árabes se mezclan con el arco iris de los mil y un artículos de sus apretados comercios que, en interminables hileras van ofreciendo, junto al brillo dorado, plateado y cobrizo de un sin fin de emblemas religiosos o cachivaches laicos de dudosa utilidad, sus tejidos bordados, recamados, orlados y adornados en un millar de tonalidades llamativas y alegres, entre aromas de azafrán, anís, menta, cilantro comino o incienso que, desde los recovecos insospechados de angostas calles, despiertan nuestros sentidos y envuelven nuestro laberíntico deambular mañanero. Las sonrisas de los niños judíos, musulmanes o cristianos, todos ellos cuidados, protegidos y uniformados, a los que se respeta y quiere por encima de todo, viajan a estas horas tempranas a nuestro lado. Son cientos de ojos, en su mayoría de un negro profundo, que nos miran curiosos cuando, muy de mañana de camino a la escuela, se encuentran con nosotros. Sé que en este viaje no podré detenerme a charlar con ellos, ni con nadie y eso me duele porque los paisajes siempre son mudos e inexpresivos cuando no hay contacto verbal con sus gentes y la perspectiva queda incompleta, cuando no distorsionada.
Y para ellos ¿qué soy yo para ellos? Tan solo una mirada más entre todas las miradas de las gentes que acuden a su tierra, porque muchos de estos pequeños todavía ignoran que para millones de seres humanos su raíz y su fin no tienen más norte ni guía que estas piedras pulidas por el tiempo y teñidas con la sangre de todas las así llamadas civilizaciones que fueron construyendo y destruyendo poblaciones; arrasando y edificando preciosas y preciadas obras de arte; matando y engendrando seres humanos; levantando y derrumbando símbolos, confirmando o renegando de creencias y doctrinas; luchando, en fin, con las armas menos adecuadas, las de la guerra, por preservar la fe que defendían, cada uno en nombre del que para ellos era el único dios. Estos sufridos parajes reciben desde hace milenios el nombre de Tierra Santa y por ellos caminaron, hace ya una eternidad, David en nombre de Yahvé, Mohamed profeta de Alá, y Jesucristo quien, para los cristianos, fue y es la encarnación del Hijo de Dios.
Han pasado miles de años, y cada día comprobamos que las luchas fratricidas siguen asolando estos parajes, de manera intermitente, pero incesante, mientras la comunidad internacional amedrantada por los intereses creados sigue adorando al becerro de oro que, últimamente les está saliendo rana, y mira hacia otro lado permitiendo, cuando no alentando, una situación de dominio-sumisión, vergonzosa y excesivamente peligrosa en pleno siglo XXI, y uno se pregunta sin hallar respuesta la razón por la cual las dos religiones con más fieles del mundo conocido, el cristianismo y el islamismo, junto al judaísmo, que es la más antigua de las creencias monoteístas, tiene su origen en estos territorios que con tanta frecuencia parecen abandonados de la mano del hombre y lo que es más cruel: de la de Dios.
La población judía apareció 2000 años antes de Cristo en la llamada Tierra Prometida, hoy conocida como Israel, con Moisés y la entrega de la Torá en el Monte Sinaí, pero pronto fueron expulsados por los romanos quienes junto a bizantinos y otomanos impidieron su posterior regreso. El cincuenta por ciento de los judíos de hoy aceptan el sionismo de Theodor Herzl como movimiento político salvador que propugnó desde sus inicios el restablecimiento de una patria para los israelitas en dicha tierra, consiguiéndolo, aunque parcialmente, en 1948. De esa mitad de población judía no todos practican de idéntica manera su religión. Los hay laicos y poco interesados en ella; los hay tradicionales pero escasamente practicantes y otros son ortodoxos que participan asiduamente en sus rituales sin rechazar la evolución del mundo actual. La mayoría de ellos son profesionales capacitados y reconocidos que visten a la manera occidental y pasan inadvertidos a nuestro lado por las calles del viejo o del nuevo Jerusalén.
Sin embargo hay otro cincuenta por ciento que llama nuestra atención a simple vista debido a su atuendo especial, La ley judía dicta que tanto mujeres como hombres judíos se vistan siguiendo las normas de tznius (recato) y los llamados ultra ortodoxos siguen inflexibles este mandato. Ellas y ellos suelen ser jóvenes agraciados, quizá porque los de mayor edad abandonan sus barrios con menor frecuencia. Ellas visten blusas claras y amplias faldas negras, largas hasta el tobillo, presentan caras lavadas y tersas, mirada baja y apresurado el paso, deben ser solteras porque no cubren sus cabellos con pelucas o tocados como las ultra ortodoxas casadas. Ellos van de negro con camisa blanca, y por debajo de la levita o americana asoman los Tzitzit (flecos) del talit (chal) de cuatro puntas que prescribe la Torá (nuestro Pentateuco). Van tocados siempre con sombrero o kipá, que es ese gorrito de tela o lana bien tejida, que se confecciona hoy en día de los más diversos tonos, y que estos ultras ortodoxos llevan siempre en negro, y del que no se desprenden en toda la jornada, ello se debe a que obedecen el estricto precepto de que el hombre no debe mostrarse descubierto delante de Dios sino que ha de colocar sobre la cabeza una prenda que le recuerde que por encima de él siempre está Yahvé. El resto de judíos solo se cubre en lugares de culto o en ceremonias especiales. La utilización de los bucles en las sienes o peyes que tanto nos choca, se debe a otro de sus mandamientos que reza: "No cortarás circularmente los extremos de tu cabeza, ni estropearás la punta de tu barba." (Vaikrá/Levítico 19:27).
Al verlos pasar junto a mi, serenos y clonados, no puedo por menos de pensar, con el mayor de los respetos, si serán capaces de cumplir con tanta fidelidad los seiscientos trece mandamientos que les obligan y dictan hasta los más nimios aspectos de su vida cotidiana, y un escalofrío me recorre el alma…
Junto a ellos en Jerusalén conviven o sobreviven los musulmanes desde que en el siglo VII asediaron la ciudad expulsando a los bizantinos. La creencia musulmana tiene su origen tan solo unos años antes, en el 610 d. C. en Arabia cuando el Arcángel Gabriel, se aparece para revelar a Mahoma los designios de Alá en la cima del Monte Hira, al este de la Meca. Esta revelación reproducida en aleyas, da forma a los ciento catorce suras o capítulos de su texto sagrado; El Corán, que va desgranando los cinco mandamientos básicos que lo inspiran; la profesión de fe, la oración; la práctica de la limosna; el ayuno y la peregrinación a la Meca. A su vez, los musulmanes también están divididos en una gran mayoría suní; un diez por ciento de chiis y unos cuantos jarydíes testimoniales. El origen de esta división viene dado por las diferencias de criterio que hubo en su día, para elegir al sucesor de Mahoma, pero en estos veinte siglos son demasiado profundas las brechas que se han ido abriendo y de las que ni siquiera nos permitiríamos hablar. En la actualidad su barrio comienza en una de las siete puertas de la ciudad; la del León, allí tienen sus viviendas y comercios, parecen más bulliciosos y locuaces y algunos de ellos nos sonríen al pasar.
Aquí en Israel, judíos y musulmanes forman, casi igualados en número, la mayoría de la población y tampoco es fácil saber a golpe de vista cuantos de estos palestinos, consideran vital la práctica de su religión. Por este pacto tácito de silencio, sin olvidar que el árabe es tan complicado para un occidental como el hebreo, tampoco con ellos hablamos más allá de los comentarios en inglés, provocados por las escasas compras o debidos a una cortesía que ellos practican desde la distancia, pero he podido escuchar algunas opiniones autorizadas sobre la situación, que me hace sospechar que como en el caso de los cristianos, se van debilitando paulatinamente los signos externos aunque permanece arraigada en ellos lo que nosotros hemos dado en llamar la fe del carbonero.
Finalmente, el total de población cristiana que, mundialmente es la primera religión, aquí en Tierra Santa no llega a un catorce por ciento, reuniendo católicos, protestantes, anglicanos, ortodoxos y evangelistas. Razón tenía Jesús cuando al llegar a Nazareth se sintió preterido por los suyos: "Un profeta no es despreciado sino en su patria, entre sus parientes y en su propia casa". (Marcos, 6/16)
Ha sido demasiado fugaz esta estancia. Recuerdo todos los parajes, las basílicas e iglesias en las que todas las creencias y oraciones se entremezclan, Me llevo en la retina ese mar nocturno de Galilea donde el Gran Pescador mandaba echar las redes y paraba tormentas, esos cementerios enormes con palmas, piedras o flores, muy juntos, sin solución de continuidad; y ese temblor de estar ante el Pesebre y luego en el Calvario redentor. Difícilmente describir el paso por Getsemaní: “Mi alma siente angustias de muerte, quedaos aquí y velad conmigo”. (Mateo, 26/39) y no escuchar una y otra vez aquella voz de infinita clemencia en medio del dolor: “Padre, perdónalos porque no saben lo que se hacen”, (Lucas, 23/24). Y Ya, como a María, no me queda más que "guardar todas estas cosas meditándolas en el corazón". (Lucas 2/199.)
No he podido entrar y permanecer unos minutos ni en una sinagoga ni en una mezquita lo que junto a este obligado silencio y el total alejamiento de sus gentes hace que una parte de mi necesite volver para remediar estas carencias evidentes, pero ello no ha sido obstáculo para advertir que algo ha ocurrido durante este breve espacio de tiempo. Quizá sea prematuro aventurar en qué instante tiene lugar esa revolución interior que sin duda y, a pesar de mi absoluta convicción de que esas cosas no ocurren, se ha producido en mí. No ha habido ningún signo externo; ningún instante mágico y especial; no he caído como Pablo del caballo en pleno éxtasis contemplativo; no he sentido llamadas exclusivas; ni nada que a la luz de la razón pueda explicar de modo conveniente. No me siento cambiada, sino reconfortada. He comprendido el porqué de las renuncias, el verdadero valor de la bondad no recompensada; el sentido de una actitud constante de optimismo y gratitud a la vida que, a pesar de caídas, desmayos y tropiezos mantengo con firme lealtad y sin condiciones durante tanto tiempo. Percibo con amplia claridad que mis eternas dudas se acaban y que, según van pasando los días, el puzzle sin terminar de toda mi existencia va, por fin encajando. Se van abriendo en mi mente parcelas cerradas a cal y canto hasta el momento, y me he reafirmado en el valor de las palabras de San Agustín que presiden cada uno de mis días desde hace tanto tiempo: “Ama y haz lo que quieras”, y he empezado a bucear en otras religiones buscando al Dios de amor y perdón que como un paciente y comprensivo padre les acompañe, y confieso que perdida entre tantos preceptos y mandatos en ninguna de ellas lo he podido encontrar, aunque… se me han llenado las entrañas de sonrisas porque muy en el fondo sé que ya lo había hallado; que ya nada volverá a ser como cuando partí en peregrinación a Tierra Santa y sé también, curiosamente, que todo sigue siendo tan sencillo y tan difícil como lo era antes de partir".

Por Elena Méndez-Leite

sábado, 6 de octubre de 2012

Viajar a Tierra Santa el año de la fe


El Santo Padre, con la carta apostólica "Porta Fidei", del 11 de octubre de 2011, proclamó un Año de la fe, que comenzará el 11 de octubre de 2012, y concluirá el 24 de noviembre de 2013, Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo. Celebramos este año de la fe coincidiendo con el 50º aniversario del Concilio Vaticano II y el 20º Aniversario de la promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica. Esto no es casualidad, ya que Benedicto XVI nos propone dedicar un tiempo a la reflexión y el redescubrimiento de la fe y tanto el Catecismo como el Concilio son instrumentos muy valiosos para conocer mejor la doctrina de la Iglesia y los fundamentos de nuestro credo.

En este año el santo padre quiere ofrecernos la oportunidad de profundizar en nuestro conocimiento de Cristo para conseguir dos objetivos fundamentales: que nuestra adhesión a Jesucristo sea más sincera y real, y por otro lado, que ese conocer mejor nuestra fe y reafirmarnos en ella, nos lleve a ser testigos del amor de Dios y seamos así apóstoles de la buena nueva, ejemplos del gozo de ser Cristianos.

En relación a esta carta del Santo Padre, la congregación para la Doctrina de la fe nos da una serie de indicaciones para el mejor aprovechamiento de esta gracia de la Iglesia. Entre los consejos propuestos están las peregrinaciones a Roma y Tierra Santa.
La peregrinación a Tierra Santa es un privilegio, una invitación del Señor a conocer los lugares donde vivió, murió y resucitó, un encuentro con Jesucristo vivo, escuchando sus Palabras desde el mismo lugar donde fueron pronunciadas y una ocasión para sentir de manera única el Evangelio. La peregrinación a Tierra Santa supone una experiencia de fe que todo cristiano debería vivir, al menos una vez en la vida.

Se recorren los lugares de la infancia y vida pública de Jesucristo. La visita a Nazaret, donde Él creció. Caná, lugar de su primer milagro. Y Cafarnaún, desde donde irradió sus tres años de vida pública. Especialmente emocionante es la travesía en barco por el Mar de Galilea, el mismo en el que Jesús navegó con sus discípulos y caminó sobre las aguas. También la visita al Río Jordán, donde se pueden renovar las promesas bautismales.
En Belén todos los días son Navidad. Allí se puede hacer el mismo recorrido que hicieron los pastores para adorar al Niño, desde el campo de los Pastores hasta la Basílica de la Natividad, construida en el mismo lugar donde estuvo el pesebre.
Jerusalén es la ciudad Santa. Allí se pueden recrear las últimas horas de la vida de Jesucristo, desde la institución de la Eucaristía hasta su pasión, muerte y resurrección.


sábado, 22 de septiembre de 2012

Últimos días de la peregrinación del Venerable Siervo de Dios Álvaro del Portillo

"Durante los días siguientes volvió varias veces a los dos Centros, y en cada uno celebró un día la Santa Misa: en uno el 20 y en el otro el 21.

El 18 celebró en un altar de la Basílica del Santo Sepulcro, y el 19 en la Basílica de la Natividad, en Belén. El día 19, sábado, era mi santo, y don Álvaro me felicitó en cuanto me vio, al bajar a desayunar.

Aquel día hubo por la tarde un encuentro en el hotel Paradise, en Belén, con más de cien personas entrelas que había cristianos, hebreos, musulmanes... Fue una reunión muy cordial: don Álvaro respondió con enorme cariño y delicadeza a las preguntas que le hicieron. Insistió en la necesidadde que árabes y judíos convivieran pacíficamente. Más tarde, en Jerusalén, visitó al Patriarca latino. Dos días después acudiría también a la Delegación apostólica.
El domingo 20 estuvimos por la mañana en Betania y por la tarde en Ain-Karin. A las 11 del día 22 de marzo don Álvaro concelebró en la iglesia del Cenáculo con don Javier, don Joaquín, don Alberto y Father Lawrence Richardson, otro sacerdote del Opus Dei que vivía en Jerusalén: iba a ser la última Misa de aquella peregrinación a los Santos Lugares, pero fue también —¡quién habría podido imaginarlo!— la última de don Álvaro en esta tierra. La homilía la pronunció don Javier. Don Álvaro nos dio la Comunión.

Pocas horas después estábamos ya en el avión, de vuelta a Roma. Durante el vuelo enfoqué con la cámara de vídeo a don Álvaro y empecé a filmarle. Don Álvaro estuvo mirando sonriente al objetivo y,en cierto momento, hizo un gesto afectuoso de saludo —o de despedida— con la mano. Hacia las ocho de la noche, el más joven de la tripulación nos ofreció algo de beber. Don Álvaro y don Javier se interesaron por su familia, por su trabajo, por sus aficiones..., y le explicaron algunos aspectos del espíritu de la Obra. En el aeropuerto de Ciampino esperaban varias familias con ramos de flores. Don Álvaro estuvo muy cariñoso con todos.
Me acosté poco después de llegar a casa, y hacia las 3 de la mañana me llamó don Javier: don Álvaro no se encontraba bien. Cuando llegué a la habitación, don Álvaro presentaba dificultad para respirar. En seguida perdió la conciencia. Le apliqué oxígeno. No tenía apenas pulso. Al tratamiento farmacológico siguieron maniobras de reanimación cardiopulmonar, sin respuesta. Tuve que decirle a don Javier que don Álvaro se moría. Don Javier le dio varias veces la absolución y le administró la unción de enfermos. Hacia las 4 de la mañana, y a la pregunta de don Javier de si don Álvaro había muerto no tuve más remedio que responder afirmativamente. Besé el rostro amable y sin vida de don Álvaro, con la seguridad de que desde el cielo me sonreía".
Dr. José María Araquistain

sábado, 15 de septiembre de 2012

Primeros días de la peregrinación del Venerable Siervo de Dios Álvaro del Portillo

"A primera hora de la tarde del 14 de marzo de 1994 salimos del aeropuerto de Ciampino, con destino a Tel Aviv, don Álvaro, don Javier Echevarría, don Joaquín Alonso y yo. Don Álvaro hacía aquel viaje a Tierra Santa por su gran amor a Jesucristo, es decir, por devoción, pero también por un motivo pastoral, pues desde hacía poco había algunos fieles del Opus Dei que vivían y trabajaban en Jerusalén y desarrollaban allí una incipiente labor apostólica. El viaje había sido costeado por un amigo como regalo a don Álvaro por su 80 cumpleaños. Nunca agradeceré bastante el privilegio de haber podido acompañar a don Álvaro durante aquellos días, que me permitieron vivir una experiencia familiar irrepetible en un clima sereno de cariño humano y buen humor.
El embajador de Uruguay en Israel, Aníbal Díaz, había puesto su coche a disposición de don Álvaro. El día 15 nos dirigimos con ese coche de Tel Aviv a Nazaret pasando por el Monte Carmelo. En Haifa, una turista portorriqueña reconoció a don Álvaro y le pidió que permitiera a su marido fotografiarla con él. Don Álvaro accedió. Escenas parecidas se repetirían en los días siguientes. Ya enNazaret, por la tarde, don Álvaro celebró la Santa Misa en la basílica de la Anunciación. En la homilía habló del Misterio de la Encarnación y también del dolor como regalo de Dios: sin duda pensaba en Aníbal, que en aquel momento padecía una grave enfermedad y que asistía a la Misa con su esposa.

El día 16 por la mañana estuvimos en la iglesia del Primado de Pedro; más tarde en el monte de las Bienaventuranzas, donde Don Álvaro celebró la Misa; después en Cafarnaún... Por la tarde hicimos media hora de oración a la orilla del mar deTiberiades. Don Álvaro, don Javier y don Joaquín se sentaron sobre un tronco caído. Don Joaquín leyó algunos pasajes del Evangelio sobre la presencia de Jesucristo en aquel lugar. Don Alberto Steinworth —uno de los sacerdotes del Opus Dei que vivían en Jerusalén— y yo nos acomodamos en una roca, detrás de don Álvaro.Tuve la neta sensación de que aquel momento era importante, y procurando no distraerles hice algunas tomas de vídeo. Junto a la orilla se veía también a una religiosa y, en otro lugar, a un religioso. Cuando ya nos íbamos, llegaron cuatro chicos jóvenes de diferentes razas y se pusieron a rezar juntos en voz baja. En el camino de vuelta arrancamos hojas de algunas plantas como recuerdo.

Al día siguiente, 17 de marzo, viajamos de Nazaret a Jerusalén pasando por el MonteTabor, donde don Álvaro celebró la Misa. En Jerusalén, después de rezar en el Santo Sepulcro y en el Calvario, don Álvaro acudió a los dos Centros del Opus Dei que había en la ciudad".
Dr. José María Araquistain

viernes, 24 de agosto de 2012

Peregrinación de ciegos a Tierra Santa


Recibí la visita en casa de D. Julián Díez-Antoñanzas, amigo de Zaragoza, que pertenece a la Sociedad sacerdotal de la Santa Cruz y es párroco en esa ciudad. Ante mi asombro me contó que venía de peregrinación con un grupo de ciegos. Le hice varias preguntas para saber cómo era la peregrinación a Tierra Santa de una persona que no podía ver. Después he leído una entrevista que le hicieron sobre esta peregrinación y me gustaría reproducirla por su interés.
"D. Julián, ¿puede una persona ciega aprovechar una peregrinación religiosa a Tierra Santa, cuando parece que todo se basa en poder “ver” los distintos lugares en los que se desarrolló la vida de Jesús?
A los ciegos les gusta viajar, incluso “ver” películas (así se expresan ellos). A través del sonido se hacen una idea bastante real de las cosas. Están acostumbrados a pasar por los lugares sin especiales indicaciones. Por eso creo que para un ciego es más fácil “conectar” con la tierra de Jesús que para alguien que ve, porque no le distraen los edificios modernos, los coches, los postes de la luz… El ciego siente la geografía, paladea el clima, asocia los sonidos naturales a los que escuchó Nuestro Señor… Saben que están en un lugar santo, los guías y acompañantes les describen las cosas, y eso les ayuda mucho. Tocan, palpan la piedra, porque para ellos el sentido del tacto es esencial. Y con su imaginación completan el cuadro.
¿Tuvieron algún problema en la entrada al país?
Desde el propio viaje en avión en una aerolínea israelí hasta la llegada al aeropuerto fuimos tratados de modo excelente por las autoridades de Israel. Pusieron todo tipo de facilidades y amablemente agilizaron los trámites.
Jesucristo curó a varios ciegos a lo largo de su vida. ¿Se ha producido también algún milagro estos días?
Al llegar a Jerusalén varios empezaron a pedir en tono de broma “llévenos a Siloé, que para eso hemos venido…”. No se podía ir al lugar donde el Señor curó al ciego de nacimiento, pero entonces advertí que los ciegos tienen mucho sentido del humor, que les gusta hacer bromas relacionadas con su limitación.
Y lo cierto es que ellos iban a ver con los ojos de la fe, y creo que han cumplido sobradamente su deseo. Han regresado muy removidos religiosamente, y todos con la convicción de que habían “visto” la tierra del Señor.
Uno de los peregrinos ha dejado escrito: “Junto al Cenáculo pudimos tocar el relieve en bronce que representa al colegio apostólico, acariciando la figura del Señor que hace de puerta del Sagrario”. ¿La fe necesita de los sentidos?
Sí. La Encarnación y los Sacramentos son la materialización del amor de Dios para que podamos palparlo con los dedos. Junto al Cenáculo recorrieron un gran retablo en bronce con las figuras de los apóstoles y de Jesús en la Última Cena. Pudieron palpar la gruta de la Encarnación, que está cerrada para los peregrinos, pero a ellos les dejaron. Nos impresionó mucho, cuando cerraron la Basílica, cómo en silencio uno por uno entraban para tocar las paredes, la estrella donde indica que el Verbo se hizo carne...
Les impactó poder mojar sus manos con el agua del Jordán, y también tuvieron el privilegio de tocar uno de los olivos más antiguos de Getsemaní, porque el hermano franciscano custodio del lugar les permitió pisar el jardín con la condición de que no arrancaran ninguna hoja. Se abrazaban al olivo centenario y salían emocionados. Esa noche hicieron una hora de adoración ante el Santísimo delante de la roca de la agonía, y también pudieron confesarse. Fue uno de los momentos más impresionantes.
"Ellos iban a ver con los ojos de la fe, y creo que han cumplido sobradamente su deseo"¿Cómo se vive el espíritu del Opus Dei, tan unido a la vida ordinaria, en una ocasión extraordinaria como ha sido esta peregrinación?
Es muy fácil vivirlo en una peregrinación a Tierra Santa. En realidad, vivir las normas del plan de vida y el espíritu de servicio es lo ordinario, y más con estas personas. Y hay que tener en cuenta que el espíritu de peregrinación también es ordinario, porque es espíritu de vigilancia, de conversión, de estar en camino hacia Dios… Eso puede vivirse en cualquier circunstancia.
¿Qué ha aprendido de estas personas ciegas?
A mirar con más profundidad las cosas, a contemplar, a captar aspectos que el bullicio de la vida en ocasiones no deja ver con claridad. Ellos perciben con todo su ser, porque cuando uno no puede ver con los ojos se esfuerza con el resto de su persona.
Además, los ciegos son personas muy organizadas, necesitan tener siempre cada cosa en su sitio, y son muy puntuales, facilitaron la peregrinación al máximo; diez minutos antes de cada cita ya estaban todos preparados.
Supieron prescindir de las comodidades de los hoteles para estar en las residencias de los franciscanos, junto a los lugares sagrados, y poder emplear el tiempo libre en pasar (siempre acompañados) a los lugares sagrados. Y también era muy contagiosa su alegría, su sentido del humor; rebosaban felicidad.

Fuente:Artículo de la web Opus Dei


sábado, 18 de agosto de 2012

Campo de trabajo del Colegio Retamar. Crónica 3.

Y finalmente la última crónica del campo de trabajo. Cuentan las despedidas de Nazaret y el traslado a Jerusalén, donde terminaría su aventura.

"El campo de trabajo avanza. Hoy, domingo, la mitad del grupo se traslada a Jerusalén para adelantar trabajo allí. El viernes tuvimos una entrañable fiesta de despedida en el Hospital de la Sagrada Familia, donde casi están acabadas las tareas. Y ayer sábado nos dedicamos a ser peregrinos en Tierra Santa: Cafaranaum, Lago de Genesaret, Caná... Los días pasan rápido y tenemos todos la ilusión de aprovecharlos al máximo.

Pero vayamos por orden. En el Hospital Italiano están encantados con nuestro trabajo. Es verdad que materialmente ha sido intensa y grande la tarea. Pero, sobre todo, agradecen el apoyo de católicos de todo el mundo para un proyecto llevado a cabo con muchas trabas. El viernes por la tarde nos organizaron una fiesta de despedida. Nosotros aportamos, bajo la dirección de don Sergio, nuestros artistas: Jimmy, Carlos, Alvaro, Borja, Jacobo, Pepe... Juan Postigo, como en la fiesta de graduación, fue el presentador, aunque esta vez tuvo que hacerlo en inglés. Después, el director del hospital nos entregó a cada uno un diploma de voluntario. Y bajamos al jardín, en el que se inauguró el "Parque Colegio Retamar", en recuerdo de estos días. Entre todos plantamos un granado, un limonero y un laurel, los primeros árboles del parque. Y se descubrió la placa conmemorativa. Toda la prensa local estvuvo presente, y ya nos hemos visto en diversos medios.

En Nazareth Village, sin embargo, aún queda mucho trabajo. Además, el viernes se complicó, con el hundimiento de una viga de una de las cabañas. Esta semana se acabará todo.

También estamos haciendo nuestra peregrinación a Tierra Santa. Dos noches hemos bajado a la Basílica de la Anunciación para la adoración eucarística. Es muy impresionante. Y ayer estuvimos todo el día recorriendo los lugares por los que anduvo Jesús: el Lago de Genesaret, Cafarnaum, el Monte de las Bienaventuranzas, Caná...

Un evento más en esta crónica tan telegráfica: el viernes por la tarde el Obispo de Nazareth celebró la Misa de San Josemaría. Algunos pudieron asistir (escapándose de la fiesta del Hospital). Al final, el obispo quiso hacerse fotos con todos los asistentes".

sábado, 11 de agosto de 2012

Campo de trabajo del Colegio Retamar. Crónica 2.

Siguen contando su experiencia, ya después de haber pasado unos días trabajando. En esta foto salen algunos alumnos en Nazareth Village, con trajes típicos de la época del Señor

"¿Cómo es un día de este campo de trabajo?  Vivimos en una casa-albergue de peregrinos situado sobre una colina desde la que se domina toda la ciudad de Nazareth... No podéis imaginaros lo agradable que es el despertar con el tierno lamento de los almuédanos que llaman a la oración a las cinco y poco de la mañana, coreados por gallos y camiones de la basura.
Después de desayunar, nos dividimos en dos grupos. Uno va a Nazareth Village y el otro corre por las calles de la ciudad para coger el bus que le conducirá al hospital de la Sagrada Familia de los Fatebenefratelli.
Nazareth Village es un parque temático en que se intenta reconstruir cómo era la vida en la antigua aldea de Nazaret en tiempos de Jesucristo. Nos dividimos en dos grupos: el primero liderado por don Luis, realiza un arduo trabajo físico en lo alto de las chozas para construir los tejados. Tienen que fabricar el barro para mezclarlo con arena y yeso, subirlo a base de fuerza bruta para que otros lo coloquen con cuidado sobre una urdimbre de cañas de bambú. El segundo grupo, liderado por Álvaro Cano, se disfraza de pastores, agricultores, molineros, lavanderas, ovejita, etc., de forma que mientras trabajan son admirados, fotografiados y contemplados por hordas de turistas japoneses con cámaras Kodak, americanos que preguntan si uno se gana así bien la vida (la respuesta ha sido un sí rotundo). A todo esto, la temperatura debajo de las chilabas, turbantes y sherbayim, no baja de los cincuenta grados (Celsius, por supuesto). Hemos agotado las reservas de protector solar y cada día es más cierto lo del chiste de los cangrejos.
En el hospital italiano el trabajo consiste en adecentar toda la jardinería, que no es poca. Al principio, se fiaban poco y nos enviaron a limpiar el jardín selvático de la Guest House. Cuando al poco rato lo acabamos, pedimos más trabajo. Hemos ayudado también en el archivo del hospital y mañana nos espera un talud enorme, labores en la lavandería y arreglos con el jefe de mantenimiento. A medida que pasa el tiempo, se entusiasman más con nosotros y nos encomiendan más tareas. El archivo sigue en pie a pesar de los voluntarios que han salido de él tatuados con sus respectivos nombres en hebreo y en árabe. La tinta es indeleble.
Firmado por Alha-baro Cano y Hakobo Mustafá Bernar".

sábado, 4 de agosto de 2012

Campo de trabajo del Colegio Retamar. Crónica 1.

Yo estudié en el Colegio Retamar de Madrid, y siempre le he tenido mucho cariño. Por eso, cuando me enteré de que venían del último curso para tener un campo de trabajo en Tierra Santa, me hizo mucha ilusión. Estuvieron casi un par de semanas. Vinieron unos 30 alumnos con algunos profesores. Trabajaron en Nazaret en un hospital y en Nazaret Village. Copio el link a la entrada para saber lo que es Nazaret Village.

Las próximas entradas serán crónicas de los propios alumnos explicando lo que hicieron los días pasados en el campo de trabajo en Tierra Santa. Escribían a sus familiares y amigos contando su experiencia. Luego estas palabras quedaron en la crónica que se escribió en la web del Colegio Retamar. En la foto aparecen visitando la Basílica de la Anunciación.

"12 de junio. Pentecostés.
Primer día completo en Nazaret. Como es domingo, hemos dedicado el día a conocer la ciudad y visitar los lugares principales.
En esta ciudad todo gira alrededor de la Basílica de la Anunciación, donde hemos podido asistir a Misa. Ha sido emocionante porque AQUÍ fue la Anunciación. AQUÍ el Verbo se hizo carne. AQUÍ nació la Virgen... Hemos podido visitar la iglesia de la sinagoga, en la que Jesús leyó la escritura, los restos del taller de José...
Carlos y Gonzalo se han incorporado sin problemas tras examinarse del First. Mañana temprano, muy temprano, comienza lo duro y para lo que hemos venido. Hoy, después de la cena hemos hecho los grupos que irán a trabajar al Nazareth Village y al Italian Hospital respectivamente. Pero del trabajo y del día a día ya os iremos contando.
Perdonad la brevedad y el estilo, pero esto de escribir en un teléfono...".

sábado, 27 de agosto de 2011

Peregrinación de la iglesia Montalegre I

"A lo largo de los siete días de peregrinación hemos recorrido todos aquellos lugares que se visitan por primera vez, empezando por Nazareth y acabando en Jerusalem. El primer día fue dedicado al viaje. Desembarcamos en el aeropuerto de Ben Gurion, en Tel-Aviv y nos dirigimos hacia Tiberiades, una población turística, que también le da el nombre al Lago, aunque su nombre propio es Lago Kineret; también Lago Genetsaret, o Mar de Galilea, según si lo reconocemos con su nombre original antes de que naciera Jesucristo en Belén o con los nombres bíblicos y del Evangelio. Nos acompañó durante tres días un nublado rojo producido por el polvo del desierto del Sahara y el de Arabia Saudí, pues en aquel territorio confluyen diferentes vientos que incluso provocan olas en el Lago.
El centro de cada jornada fue siempre la Santa Misa. Parecía que, en el segundo día de peregrinación, después de aquel revivir de nuestra alma en Nazareth en la misma gruta donde la Virgen Santísima fue visitada por el Ángel no iba ser posible sentir algo mejor. Allí celebramos la primera Misa. Pero solo era el preámbulo de un acercamiento cada vez mayor al corazón de la Virgen, a la Palabra de Dios y a la predicación de Nuestro Señor Jesucristo. Visitamos la ciudad, convertida hoy en una de las más populosas del país; por la tarde nos dirigimos al Monte Carmelo en lo alto de la ciudad de Haifa, una de las ciudades más extensas y con un tráfico tremendo, y que por otra parte la vimos con ojos de tristeza pues nos costó más de dos horas atravesarla, cosa que nos impidió hacer más cosas en esa jornada.
El tercer día de peregrinación fue una delicia, fuimos primero a Cafarnaún, estuvimos en la casa de Pedro, paseamos por la sinagoga, y rezamos un ratito en la iglesia de construcción moderna que allí se ha erigido. En la paz de la sinagoga de Cafarnaum, te parecía sentir la tertulia y la polémica de los hombres de entonces, que se sabían de memoria la Sagrada Escritura, y que por ello plateaban abiertamente sus dudas, y cómo Jesús aclaraba los textos, haciéndolos más entendibles. Seguimos hacia el Monte de las Bienaventuranzas con la Santa Misa, al aire libre teniendo al fondo el Lago, allí donde Jesucristo hizo tantos milagros, lugar que al verlo se entiende que fuera a predicar Jesús en más de una ocasión. Seguidamente en el Mensa Christi disfrutamos del Lago con el agua hasta las rodillas recogiendo conchas y caracolillos como auténticos mariscadores; y sin dilación seguimos la ruta hasta el paseo en barca, en medio de aquel mar tranquilo, sin ruidos de ninguna clase. Te llevaba la imaginación al surcar de aquellas mismas aguas junto a Jesús, pensando que lo hiciera de la misma manera, pues aquel paisaje no ha variado en nada, solo el transcurso de los años. Vimos con nuestros ojos la otra riba…. los montes del Golán…
Por la tarde los 11 matrimonios que participamos en la peregrinación tendríamos una celebración: renovamos nuestras promesas matrimoniales en Caná de Galilea, muy cerca de Natzareth. La celebración fue especial no solo por el lugar sino por la peculiaridad de que éramos muchos matrimonios celebrando lo mismo al mismo tiempo. No importaba el tiempo pasado ni las fechas, todos queríamos renovar nuestra fidelidad y nuestro amor a nuestro esposo o esposa, ante Dios. Fue un acto feliz pues experimentamos nervios, emociones muy diversas, también hubo lágrimas… teniendo en cuenta que el matrimonio más joven solo había cumplido su 33 aniversario…. Acabada la celebración en la iglesia, erigida en el mismo lugar donde se celebraron las Bodas de Caná, degustamos unos dulces dulcísimos! de aquella región.
El cuarto día nos iba a crecer en emociones pues se trataba de subir al mismo lugar donde Jesús mostró su divinidad en lo alto del monte Tabor, allí se puede contemplar todo el Valle de Armagedón, el valle que daba paso a todas las caravanas, un valle lleno de riqueza natural, donde se producen tres recolecciones anuales de frutas y hortalizas de todas clases, allí donde antes era un desierto, hoy se ha convertido en un vergel, y donde puedes comprender que Moisés al ver aquel lugar, dijera que aquella tierra era la tierra prometida por Dios a su pueblo. Continuamos hacia el sur, siguiendo el río Jordán, y nos paramos casi en el punto donde sale del Lago, una zona en la que tradicionalmente muchos peregrinos renuevan sus promesas bautismales por inmersión en sus aguas, aunque no se tratase del mismo sitio donde Jesús recibió el bautismo de Juan. A continuación nos dirigimos hasta el desierto de Qumram. Durante muchos kilómetros pudimos ver las miles y miles de palmeras replantadas que producen millones y millones de deliciosos dátiles, que desde tiempo inmemorial alimentaron a Israel, pues se trata de una fruta que tarda un año en descomponerse. El sol de justicia en el desierto era abrasador, a pesar de que estábamos en primavera. Por la tarde, el que quiso experimentó algo nuevo en el Mar Muerto, todo un balneario natural. Estabas en un lugar que no distinguías entender si era un trocito del Ganges, o realmente estabas en medio de un mar de lodo por el que patinabas con el riesgo evidente de caerte y probar sin duda aquellas aguas saturadas de sal. Se dice de ellas, ya desde tiempos muy antiguos, que son muy curativas, en especial de enfermedades de la piel. Después de flotar o hundirse, se trataba de frotarse y embadurnarse con aquel lodo y recuperar la belleza y la salud de años atrás… Luego a la vista de todos y uno de tras de otro íbamos pasando por las duchas al sol para deshacernos de todo el fango y miserias".

Escrito por Isabel Hernández Esteban

sábado, 25 de junio de 2011

Entrevista: "Nos vamos a Tierra Santa".

Mn. Santiago Quemada, nos place entrevistarle pues nos sentimos entusiasmados con nuestra peregrinación a Tierra Santa. La mayoría de nosotros vamos por primera vez y usted que hace tantos años que vive en la misma capital de la cristiandad queremos que nos transporte con sus palabras a la Tierra de Jesucristo.
Mn. Santiago Quemada, tenemos un plan de viaje básico empezando por Galilea y acabando en Jerusalén, ¿Qué no debemos dejar de visitar?
Los lugares santos fundamentales se encuentran en Galilea y Jerusalén. Se entiende que al estar en Galilea visitaréis la Basílica de la Anunciación en Nazaret, y el monte Tabor, que se encuentra cerca de esta población. Los lugares más importantes para visitar alrededor del lago de Tiberiades son: el monte de las bienaventuranzas, Tabga o multiplicación de los panes y de los peces, el lugar del primado de Pedro y Cafarnaum. En Jerusalén diría que de los muchos sitios que se pueden visitar los imprescindibles son: la Basílica del Santo Sepulcro, la via dolorosa y el lugar de la flagelación, Getsemaní y el Cenáculo.
¿De qué nos vamos a sorprender?
Eso depende de cada uno. Creo que impresionan mucho los lugares que permanecen como los vio el Señor cuando pasó por esta tierra: me refiero sobre todo al mar de Galilea, la vista desde el lugar de las bienaventuranzas, el monte Tabor. En Jerusalén sobre todo el huerto de los olivos y el valle del Cedrón.
¿Qué nos puede decepcionar?
Quizá de la falta de cuidado material de algunos lugares santos. Y también al comprobar en ocasiones el poco recogimiento –ruido, voces- en personas que los visitan. Hay peregrinos, pero también mucho turista de distintos países que no sabe bien donde está.
¿Qué veremos en nuestro corazón, qué sentiremos?
Lo importante es no quedarse en lo externo sino interiorizar. Por eso ayuda tanto leer el Evangelio en los lugares Santos para poder imaginarse lo que allí sucedió y contemplar la escena y a Jesucristo en ese momento concreto. Si cada uno busca con sinceridad en su corazón podrá ver la voluntad de Dios.
¿Cómo hemos de ir predispuestos?
Lo importante es ir a esos sitios con la disposición de hacer oración, y de ir a tener un encuentro personal con el Señor. Por eso siempre recomiendo una buena confesión antes de salir. Así el alma está bien limpia y preparada para vivir esos momentos con el Señor en su tierra.
¿Es tan emocionante como dicen casi todos los católicos cuando regresan?
Hay que tener en cuenta que hay mucha gracia de Dios en estos sitios. Son los lugares donde ha vivido el Señor y donde ha dado su vida por nosotros. Lugares especialmente emocionantes son el Calvario, Getsemaní y la Tumba del Señor. A veces al visitar tantos sitios impresionantes y con cierta prisa, no da tiempo a asimilar bien todo. Esa labor se va haciendo posteriormente poco a poco, al volver a casa. Desde el momento en que se ha visitado Tierra Santa ya no se lee el Evangelio de la misma manera. Cuando lo lees te sitúas mucho más, lo ves con otros ojos, con una claridad y nitidez nuevas.
¿Cómo se vive el respeto interreligioso?
Depende de las religiones. Entre los cristianos hay respeto mutuo. Con judíos y musulmanes a veces hay falta de entendimiento. Creo que a todos les debe llamar positivamente la atención cómo tratan de bien los franciscanos a todos los que se acercan a los lugares Santos custodiados por ellos.
Hemos leído que hay iglesias relativamente recientes, del siglo pasado, ¿qué ocurrió en el siglo XX para que se produjera la reconstrucción de templos católicos?
Hubo un empeño, sobre todo por parte de los franciscanos, para reconstruir y mejorar los lugares Santos. Consiguieron personas y países que ayudaron económicamente, y el resultado fueron iglesias preciosas, como la Basílica de la Anunciación o la de Getsemaní. También descubrieron lugares importantes que estaban ocultos como es el caso de Cafarnaum.
El tema de la seguridad, en relación a los muchos conflictos que en el mundo árabe se han producido en los últimos meses, ha producido impacto, incluso miedo, ¿los peregrinos podemos sentirnos tranquilos?
Efectivamente hay preocupación por parte de los peregrinos antes de venir. Es lógico por las noticias que llegan. Pero al estar aquí se puede comprobar que no hay motivos para alarmarse, pues la seguridad en Tierra Santa es grande.
Hay muchas ciudades en el mundo como Nueva York o Londres donde las cámaras de seguridad son familiares y muchos hombres armados hasta los dientes protegen muchos lugares, ¿qué veremos en ese sentido en Tierra Santa?
En Tierra Santa se ven muchos militares, normalmente gente joven. Están haciendo el ejército que dura 3 años –las mujeres 2 años-, y se trasladan de un lado para otro con su arma. También se ve mucha policía patrullando. En ese sentido, yo diría que eso favorece a la seguridad.
Hemos leído en su blog * que el Opus Dei también está en Jerusalén ¿cómo ha entendido un israelí que la santidad es un camino que se puede realizar en la vida ordinaria?
La verdad es que a los israelíes cuando les explicamos la espiritualidad del Opus Dei les parece muy interesante. Tienen tradición de trabajar mucho y bien. Y el espíritu del Opus Dei es santificarse realizando el trabajo de la mejor forma posible, y ofrecido a Dios. Eso les atrae, les parece sugestivo. Aunque sobre todo me estoy refiriendo a los judíos ortodoxos, o a los que no creen. Con los ultra ortodoxos de aquí no hay mucho diálogo. A los que no creen les llama la atención que personas laicas, como ellos, puedan hablar con Dios y ofrecerle las cosas más normales. Esas personas a menudo piensan que o se es ultra ortodoxo, y por tanto se viven todos los preceptos de la Torá, o no se es creyente.
La película “Encontrarás Dragones” de Rolan Joffé que relata episodios de la vida San Josemaria Escrivá, en España ya es hoy la segunda película española más vista desde el día de su estreno el pasado 25 de marzo, y próximamente se estrena en Estados Unidos ¿ha sido ya estrenada en Jerusalén? ¿le ha llegado algún eco al respecto?
Todavía no se ha estrenado en Jerusalén. Estamos ilusionados con el hecho de que se pueda llegar a estrenar aquí, para que muchos judíos y árabes conozcan a san Josemaría y oigan hablar del Opus Dei. Pienso que depende mucho del éxito que llegue a tener en Estados Unidos. Además, en la película sale una escena de san Josemaría con un judío que ayudaría y gustaría a muchos hebreos.
Por último, me da la sensación que con ir una vez, la sed de ir a Tierra Santa no se sacia, ¿es cierto esto?
Todos los que vienen desean volver. Sobre todo al venir la primera vez te sueles quedar con la sensación de que te hubiera gustado estar y rezar en los lugares Santos con más calma. De hecho hay mucha gente que vuelve, una vez ha visto todo en su primer viaje, con la idea de estar en menos sitios pero más tiempo.

Entrevista realizada por Isabel Hernández Esteban

sábado, 7 de agosto de 2010

Aumentan las peregrinaciones a Tierra Santa

Pocas veces hablo de un tema que tiene tanto interés para Tierra Santa como es el de las peregrinaciones. En los últimos años han ido aumentando paulatinamente. Es verdad que bajaron en momentos concretos, como la guerra de Gaza, pero en general no ha dejado de subir el número de cristianos que visitan esta Tierra Santa. En lo que va del año 2010 el número de peregrinos y turistas ha aumentado en un 30%, superando así la cifra de 1.600.000 visitantes. Los peregrinos provienen especialmente de Estados Unidos, Rusia, Francia, Gran Bretaña, Alemania, Italia y España. Poco a poco se va descubriendo la posibilidad de viajar a Tierra Santa, como algo no muy difícil. A veces a través del boca a boca se va transmitiendo lo impresionante del viaje y, además, la idea importante de que no hay sensación de guerra en el país. También posibilitó esto el reciente viaje del Papa Benedicto XVI, que ha animado a mucha gente a visitar estos lugares. Los mencionados son algunos de los factores que han facilitado un mayor interés por viajar a Tierra Santa. También eso ha favorecido que se están construyendo nuevos hoteles. Muchas veces me escriben preguntando por la situación, y preguntando si les animo a venir o es un poco precipitado. Mi respuesta siempre es la misma:
-Es un viaje muy especial para un cristiano. No se olvida nunca. Si alguien tiene la oportunidad de conocer la Tierra del Señor que la aproveche. El viaje le marcará para toda la vida.

sábado, 29 de agosto de 2009

Una peregrinación a Tierra Santa V

MARTES. Subimos en bus por la mañana al monte de los olivos y el plan consiste, en síntesis, en la visita de lo que se encuentra en el camino de descenso. Primero, el lugar de la Ascensión del Señor. Después la iglesia del paternoster. A continuación el lugar del Dominus flevit, desde donde existe una magnífica vista de la ciudad y donde Jesús lloró por ella (“Jerusalem, Jerusalem...”). Sigue el huerto de Getsemaní, ya en la parte baja de la ladera. Tenemos misa en la gruta del prendimiento, con un grupo de italianos que se nos une. Entramos seguidamente a la iglesia –casi podría decirse que enterrada- de la tumba de la Virgen. Comida. Tarde libre. Seis del grupo tomamos un taxi para visitar el museo del holocausto. La arquitectura me parece magnífica. El conjunto se ha construido prolongando artificialmente una colina, de forma tal que la edificación queda en parte como colgando. Después de pasar por las salas del horror y la locura del abismo moral humano, se sale a un mirador que resucita la esperanza en la vista de la creación. Para los judíos parece que a este motivo de esperanza debe añadirse otro: que en lo que se ve, las bellas montañas cercanas a Jerusalén, se tiene ahora un hogar de refugio, el Estado de Israel. Nos despedimos del Calvario y del sepulcro vacío. De forma inexplicable lo encontramos así, vacío, y pasamos a él como si estuviera esperándonos. Cenamos. No me acuesto. A las 2:00 h. salimos hacia el aeropuerto.
MIÉRCOLES. Fatigosas medidas de seguridad en el aeropuerto. El cansancio empieza a surtir efectos. Vuelo Telaviv-Madrid.
Colaboración: Jose María Rodríguez de Santiago

sábado, 22 de agosto de 2009

Una peregrinación a Tierra Santa IV

LUNES. Gólgota temprano. Cenáculo (gran habitación en la que no hay culto; debajo está -muy improbablemente- la tumba de David). Dormición de María (iglesia pagada por el Kaiser alemán; imagen de María dormida de tamaño natural, de madera y marfil; un hombre mayor de aspecto fantasmagórico y una chica que lee con ayuda de una vela cantan una fantástica polifonía a media voz en la oscuridad de una capilla lateral). Gallicanto (casa de Caifás, lugar del juicio y la condena por parte de la autoridad judía, prisión nocturna de Jesús que aparece en la foto). Subimos por viejos escalones que pisaría Jesús varias veces aquella noche. Misa en el Cenáculo franciscano (impresiona revivir la primera misa en el lugar de la primera misa). Torre de David (muy objetiva exposición pedagógica de la Historia de Jerusalén, en especial, por medio de maquetas). Comida y café. Salimos de Jerusalén por la puerta nueva y volvemos a entrar por la puerta de las ovejas (así se llama en el evangelio en el relato de la curación de la piscina de los cinco pórticos; hoy, puerta de los leones). Inmediatamente, a la derecha, encontramos la basílica de santa Ana y la piscina probática. Seguimos la calle y llegamos al solar de la antigua Torre Antonia (pretorio) y allí: la capilla de la flagelación, la capilla de la condena (la condena romana, de Pilatos) y el litóstrotos. Ahí comenzamos el via crucis por la via dolorosa. De camino pasamos por el paupérrimo convento de los etíopes. Terminamos en el Santo Sepulcro. Algo allí provoca un efecto embriagador, hipnótico, como si se entrara en otra dimensión de la realidad: pueden ser la penumbra entreverada por las luces mágicas y las velas colgantes, el humo de la procesión de franciscanos que cantan gregoriano con voz profunda y firme, la multitud de voces y de idiomas, algunos irreconocibles, las figuras de otro mundo como los monjes ortodoxos, o de este mundo como el policía israelí... Toco la piedra del calvario (en la foto se ve cómo salgo después de meter el brazo en el agujero donde estuvo la Cruz) y pasamos, después de la espera, al sepulcro del que salió vivo el que venció a la muerte, el sepulcro fracasado, que no pudo retener a su presa. Terminamos de visitar la iglesia en la que todo es real y fantástico, desorden histórico y ordenación cósmica. Jerusalén es en grande lo que la iglesia del santo sepulcro es en pequeño: mezcla, multitud de estratos históricos solapados, costumbres que se respetan para no perturbar un equilibrio inestable, desorden en armonía, voces que se pierden en el aire, actividad libre y vigilada... Volvemos rendidos a Casa Nova. Cena muy agradable en restaurante armenio.
Colaboración: Jose María Rodríguez de Santiago.

sábado, 15 de agosto de 2009

Una peregrinación a Tierra Santa III

SÁBADO. Hoy nos despedimos de Nazaret. Antes de montar en el bus entro un minuto a la casa de la Virgen. Bajamos por la ribera oeste del Jordán hasta el Mar Muerto. Visitamos las excavaciones del Qumran (se aprecia en la foto). Vemos una proyección sobre los esenios: puritos gnósticos (como dirían en México). Después nos bañamos en el Mar Muerto y nos cubrimos de barro negro. Es una experiencia única. Y llegamos a Jericó, un fantástico oasis verde y frondoso en medio de un desierto duro y bañado por la luz cegadora. Se ve desde allí la montaña de la Cuarentena. Comemos en un comercio “occidentalizado” donde venden cremas para la piel, sirven café espresso, preparan platos con sabor europeo y atraen a los “hijos de la decadencia” consumista occidental con un rótulo que a ellos les resulta familiar: “temptation center”, que, al menos en este caso, está justificado por el significado de la montaña nombrada, donde Jesús fue tentado. Subimos a Jerusalén. Queda claro por qué se emplea la expresión “subir” para referirse a la marcha a Jerusalén, al menos desde Jericó: el trayecto consiste en un fatigoso ascenso entre peñas desérticas. Llegamos y pasamos de largo, después de poder divisar por primera vez, desde la autopista, el templo con la reluciente cúpula dorada de la mezquita de Omar. Pasamos junto al cementerio donde está enterrado Theodor Herzl y junto al museo del holocausto.
Vamos a las “montañas de Judea”. Difícilmente podría expresarse de forma más sencilla y precisa el sitio al que llegamos nosotros y al que fue la Virgen a visitar a su prima en Ain Karim. Entramos en la iglesia construida sobre la casa donde nació Juan el bautista. Todo dentro recuerda a España: cerámica de Manises cubre por completo las paredes, pintura española con motivos de la vida y muerte de Juan, una imagen de María en el retablo, como podría verse en una iglesia andaluza... El templo tuvo estatuto internacional de extraterritorialidad a favor de España, al que se renunció hace treinta años. También esto es típicamente español. Después bajamos un trecho y subimos otro empinado hacia la iglesia de la visitación de la Virgen a su prima Isabel. Celebramos allí la misa. Volvemos a Jerusalén. Bajamos del bus para ver el exterior del parlamento israelí y el monumental candelabro de bronce de los siete brazos que regaló el Reino Unido al Estado de Israel. Entramos en la ciudad vieja por la puerta nueva y llegamos a nuestro alojamiento en la Casa Nova. Primera visita al Gólgota en la iglesia del santo sepulcro. La escena que puede contemplarse allí cada día a las 9 de la noche es indescriptible. Desde hace casi mil años un miembro de la aristocracia musulmana se encarga de cerrar la puerta de la iglesia a los cristianos a esa hora y se queda con la llave. A la mañana siguiente “les” abre la puerta. Naturalmente el acto tiene un contenido simbólico, que con facilidad puede imaginarse si se tiene en cuenta que el privilegio procede de una victoria militar. El personaje que ahora ejerce la facultad no tiene desperdicio: un andar algo altanero y aspecto distinguido, a pesar de que va en chanclas y vaqueros.
DOMINGO. Visita tempranera al Gólgota. Visita a Belén. El muro de cemento que aísla la zona por la que se entra, con dos controles: uno judío y otro palestino, puede compararse a una brecha en la carne. Misa en el monte de los pastores y visita al lugar donde nació Jesús (Fotografía del interior de la Basílica). Comida en la Casa Nova de Belén. Vamos a Betania, a la casa de Marta, María y Lázaro. Llegada a Jerusalén, entrada por la puerta de Sión. Paseo por el cardo máximo y el barrio judío. Templo y muro de las lamentaciones. Me pregunto si el rezo cristiano causará en los judíos una impresión tan rara como la que causa el judío (una oración acompañada del movimiento corporal) a los cristianos. Entramos al barrio musulmán. Conferencia en la sede de la Custodia de la Tierra Santa de los franciscanos. Cena y debate sobre el diálogo interreligioso.
Colaboración: Jose María Rodríguez de Santiago.

sábado, 8 de agosto de 2009

Una peregrinación a Tierra Santa II

VIERNES. Sueño reparador. En bus al mar de Galilea. Día cálido de primavera. Misa al aire libre junto a la iglesia del monte de las bienaventuranzas. Un lugar de paz infinita. Miro al lago y no me extraña que el Hijo de Dios eligiera esta tierra para entrar en la Historia de los hombres. Entramos en la iglesia de planta octogonal. Seguimos en las orillas del lago. Visitamos la iglesia de la multiplicación de los panes y de los peces, con sus mosaicos. Después, muy cerca, la iglesia del primado de Pedro, en la playa donde tuvo lugar la aparición de Jesús resucitado que relata Juan (“Pedro, ¿me amas más que éstos?”). En todos los sitios leemos los pasajes correspondientes del evangelio. Vamos entonces a Cafarnaúm, a las excavaciones donde se encuentra la casa de Pedro. Encima hay una construcción moderna que la protege ingeniosamente. Enfrente está la sinagoga. Empieza a apretar el calor. Tomamos un barco y cruzamos navegando a la orilla del otro lado. El agua está tranquila, muy tranquila. Comemos en un restaurante explotado por un Kibbutz. Ambiente veraniego. Montamos en bus, vamos a la salida del río Jordán del mar de Galilea, desde donde sigue su curso hacia el Mar Muerto. En la orilla del río rezamos, algunos se descalzan y meten los pies allí, otros llenan botellitas con agua del Jordán. Salimos hacia Caná. Después de la visita a la iglesia tomamos un vasito de vino. Volvemos a Nazaret. En total, el recorrido de hoy ha consistido en una vuelta completa al lago: de Nazaret a la costa norte, recorrido de la costa este y retorno a Nazaret bordeando la costa sur. Por la noche refresca algo; vino y guitarra.

Colaboración: Jose María Rodríguez de Santiago.

sábado, 1 de agosto de 2009

Una peregrinación a Tierra Santa I

JUEVES. Salida de la T4 de Barajas. Vuelo Madrid-Barcelona y Barcelona-Tel Aviv. Llegamos al amanecer. Me detienen en el control de entrada del aeropuerto, por motivo para mí desconocido. Me dejan salir a los 20 minutos. Viaje en bus a Nazaret. El cura José menciona la teología del “aquí” como contexto interpretativo de la experiencia que vendrá. Desayuno en Casa Nova. Visita a la basílica de la Anunciación, a la casa de José, a la fuente de María –conservada en el interior de una iglesia ortodoxa- y regreso por el zoco. Todo parece moro, muy moro. Comida. Don Luis, José y yo nos instalamos en la casa de las Hermanas de Nazaret. Misa en la casa de María. Resulta muy emocionante leer allí el evangelio de Lucas: “desposada con José”, que vivía apenas unas manzanas más arriba en el pueblo. Salida al monte Tabor. Subida desde el pueblo en taxi. Lectura del pasaje de la transfiguración de Marcos en la basílica. Vista de Naím y el precioso valle –que recorría Jesús cuando iba a Jerusalén- desde el mirador. Es una lástima que el día esté tan nublado, aunque no llueve. Vuelta a Nazaret. Cae el cansancio sobre nosotros en el bus. Cena en Casa Nova. Guitarra y un chupito. Oímos el último canto de los muhaidines de increíble semejanza a una saeta. Diez minutos de adoración del Señor en la basílica. Se lee en castellano y alemán el pasaje de la “nueva Jerusalén” del Apocalipsis.

Colaboración: Jose María Rodríguez de Santiago

domingo, 14 de septiembre de 2008

Diario de un peregrino. Quinto día y despedida.

Domingo, 4 de mayo. Esplanada del Templo.

También hoy hemos caminado por la muralla hasta Jaffa. Cierta aflicción se va apoderando de mí al saber que quizás sea la última vez que atravieso esta puerta para recorrer las que parecen ahora cotidianas calles. Siento ya una melancolía prematura, una tristeza inefable mientras doblo las esquinas, cada vez que los altos muros de piedra rosada quedan atrás, ante el día que nace atravesando las techumbres del zoco iluminando tenuemente su despertar, por el aroma del incienso que nos conduce ya al Santo Sepulcro. Siento nostalgia de todo ello; esta sensación me acompaña mientras escuchamos misa en nuestra Crucifixión y, después, cuando recorro por última vez las penumbras y rodeo mansamente el primitivo monumento. Todo sigue igual esta mañana: la visita aún no ha comenzado, el ermitaño no se mueve desde su eternidad, la pálida niña continúa mirando con ojos llorosos el vacío gris sin importarle nada ese otro mundo de allá fuera, los inmensos cirios se elevan hacia la cúpula como un grito que resultase ser un lamento desgarrado salido de un profundo y ancestral órgano. De aquí surge el encantamiento, de aquí, la fe. Antes de salir miro postreramente hacia atrás y, ¡ay!, tengo quizás celos de los que mañana puedan contemplar el misterio profundo que de allí emana.



Aún nos queda tiempo para visitar la Explanada del Templo, hoy en día Haram el Cherif o Explanada de las Mezquitas. Paseando su enormidad primitiva olvidas la vieja ciudad que se extiende hacia poniente. Aquí no hay más que un gran vacío en la cumbre convertida en altiplano por la legendaria obra del rey Salomón. Desde el Pináculo, el valle de Josafat y el Monte de los Olivos ofrecen una visión grandiosa y bíblica, casi un preludio al más allá, convertida su ladera en cementerio milenario de creyentes que esperan de cerca el gran día del Juicio Final. Hombres y mujeres salen y entran de la Mezquita de al-Aqsa, se detienen sin prisas, sin excesos en su expresión devota, rezan y se retiran sin aparentar premuras de ningún tipo, tampoco aglomeraciones. Resulta tan diferente a las muestras de fervor místico que apenas hace unos instantes hemos contemplado en el Santo Sepulcro…, o a la actitud de esos hebreos desconsolados frente al muro que soporta esta plaza grandiosa y divina, que llenan de súplicas apocalípticas el común espacio… Resulta tan ajeno este lugar…tan limpio y cerca del cielo, que te produce una inesperada sensación, como si desde una atalaya contemplaras la historia de todas estas gentes antiguas: Abrahán trae hasta la cumbre de esta montaña a su hijo para ofrecerlo en holocausto, el arcángel Gabriel se posó en la piedra, Salomón edificó el primer Templo, las mismas Tablas de la Ley descansaron aquí custodiadas, Jesucristo caminó por este entorno, como tantos fieles se dirigía al templo para orar, desde aquí acusó de hipócritas a escribas y fariseos y predicó sus nuevas enseñanzas, desde aquí, en fin, Mahoma ascendió a los cielos. Parece como si toda la historia de nuestra vida comenzara en este púlpito. Es verdaderamente un lugar sagrado. La Cúpula de la Roca parece refulgir de esplendor en aquel ambiente de sobriedad. Su colorido es tal que casi resulta disonante, un zafiro coronado de oro guardado en un vetusto joyero. Allí también acuden los musulmanes para adorar la santa piedra, guardada así con celo y primor, inaccesible para otros credos. El sol que baña estas alturas desaparece tras la misteriosa puerta que te introduce de nuevo en el ambiente fresco que emana de las callejuelas del barrio musulmán. Ahora ya todo queda atrás mientras caminamos de vuelta a casa. ¡Adiós, Jerusalén!