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-“Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas para decirles: “¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido”.
Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta» (Lc 15, 8-10).
Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta» (Lc 15, 8-10).
El arqueólogo que dirigía la principal compañía de excavaciones en Cafarnaum, Virgilio Corbo, solía bromear con sus alumnos diciendo que la moneda que perdió la mujer, la encontré yo. Explicaba que al realizar las excavaciones y revisar con mucho cuidado lo que iba apareciendo entre las piedras y el polvo, encontraron -en los huecos del pavimento de varias casas- monedas y otros objetos pequeños, que sin duda habían extraviado sus dueños y que habían quedado ahí enterrados durante siglos.
Se entiende mejor la alegría que -según cuenta el Señor- tendría la mujer al encontrar la moneda. Y con esta imagen quiere expresar el gozo que habrá en el cielo por un pecador que se convierta.
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