Desde marzo de 2013 la vida de estos profesionales transcurre en el interior de una basílica que ha sobrevivido a quince terremotos, invasiones, incendios, disputas entre sus tres inquilinos (Iglesia católica, la Iglesia ortodoxa griega y la Iglesia apostólica armenia), y al encierro durante 39 días de 200 palestinos en 2002. Un proyecto de 16,5 millones de euros para los que la Autoridad Nacional Palestina (ANP) ha logrado recaudar hasta el momento 9,2: trabaja de forma intensa para encontrar donantes que cubran la parte que falta para terminar de restaurar este templo declarado Patrimonio de Humanidad por la Unesco en 2012.
Giammarco Piacenti no oculta la emoción al hablar del «proyecto más importante» de su vida. Este restaurador de la Toscana, con experiencia en proyectos internacionales en Cuba, Rusia o China, presentó la empresa familiar que preside al concurso internacional convocado para rehabilitar un templo que por su valor simbólico para los cristianos «es mucho más que un trabajo, es una gran responsabilidad». Piacenti pertenece a la quinta generación de restauradores y recuerda que nada más llegar la prioridad fue el tejado: reparar la cubierta para cortar la filtración de agua que había arruinado los mosaicos.
Uno de los mosaicos restaurados, con impresionantes figuras angélicas en procesión señalando el lugar del nacimiento de Cristo.
El equipo italiano cuenta también con la colaboración de profesionales palestinos, como el ingeniero Ibrahim Abed Rabo, para quien «es un doble motivo de orgullo tomar parte en el proyecto por ser palestino y cristiano». Su despacho es una mesa en la parte superior del templo, al que se llega después de subir por cuatro pisos de andamios.
El primer ministro francés, Manuel Valls, visitó el 23 de mayo la basílica de la Natividad y pudo ver la evolución de las tareas de restauración.
El esqueleto metálico levantado por los restauradores impide al público ver la marcha de las obras, pero cuando uno escala hasta su última altura se topa con la procesión de ángeles y los profesionales, pincel en mano, trabajando piedra a piedra para devolverles todo su esplendor. «Es fantástico, único. no tengo calificativos para describir estos ángeles que hemos descubierto y que van a dejar al mundo boquiabierto», anuncia Rabo.
Son apenas 75 kilómetros, pero supone cruzar al territorio palestino y es una frontera en toda regla para la mayoría de los israelíes. «Dentro del templo estamos aislados del conflicto, aquí trabajamos en turnos de 50 días seguidos y hasta el momento las autoridades de Israel han respetado todos los envíos de material que nos llegan desde el extranjero», precisa Piacenti, que acabada la Natividad le encantaría trabajar en el Santo Sepulcro de Jerusalén, que también precisa una rehabilitación urgente.
Las próximas navidades ya no habrá andamios y los ángeles volverán a mostrar a los miles de peregrinos el camino hacia el pesebre donde nació Jesús. Después de tantas guerras, desastres naturales e incendios, la llama de este templo único sigue viva.
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