sábado, 28 de abril de 2012

Pescando en el mar de Galilea: pesca de noche


"Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: "Voy a pescar". Ellos le respondieron: "Vamos también nosotros". Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada. Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él. Jesús les dijo: "Muchachos, ¿tenéis algo para comer?". Ellos respondieron: "No". Él les dijo: "Tirad la red a la derecha de la barca y encontraréis". Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla. El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: "¡Es el Señor!" Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua. Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla. Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan. Jesús les dijo: "Traed algunos de los pescados que acabáis de sacar". Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió. Jesús les dijo: "Venid a comer". Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: "¿Quién eres?", porque sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos" (Jn. 21, 2-14).
Pesca de noche. Los pescadores galileos a menudo salen de pesca por las noches. Alumbran su camino con una antorcha encendida. Utilizan dos sitemas: o al ver el pez arrojan su arpón, o bien arrojan su red a la mar cuando llegan a zonas donde preveen que pueda haber más peces. Algunas noches se pueden pasar trabajando horas sin pescar nada. De igual manera les sucedió a Simón Pedro y los otros discípulos."Maestro, habiendo trabajado toda la noche, nada hemos cogido" (Lc. 5,5).
Para los pescadores es muy interesante la localización de manchas de peces. Las van buscando para echar las redes. Un pescador Galileo fue observado una vez usando una red de mano mientras se introducía con su barca en las aguas del lago. Arrojaba su red varias veces pero la sacaba vacía. Su compañero que se quedó en la orilla, observó que había una mancha de peces en uno de los lados. Le gritó que arrojara la red hacia la izquierda, y cuando lo hizo, su compañero sacó la red con peces. En ocasiones, las manchas de peces se ven mejor por los que están en la playa, mientras quedan escondidas a los pescadores cuando están en el agua. Esto pudo ser lo que pasó con el Señor en la segunda pesca milagrosa.
En cualquier caso, esta habilidad para ver desde la playa lo que los pescadores en una barca no pueden ver, no quita que Jesús pudiera realizar un milagro. En cualquier caso no es normal que sean tantos los que se pesquen ni que sean todos grandes. Fue el poder del Señor el que aseguró que ese gran número de peces estuvieran en ese lugar preciso. Luego los discípulos obedeciendo a las palabras del Señor recogieron la pesca.

sábado, 21 de abril de 2012

Pescando en el mar de Galilea: red de mano y red barredera

"En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la Palabra de Dios, estando él a la orilla del lago Genesaret; y vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: "Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar". Simón le respondió: "Maestro, hemos estado trabajando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes". Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían. Al verlo Simón Pedro, cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: "Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador". Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: "No temas. Desde ahora serás pescador de hombres". Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron". (Lucas 5, 1-11).
Primero hablaremos de la atarraya, o red de mano. Esta clase de red es de forma circular y dispone de alrededor de cinco metros de diámetro. Tiene unas buenas mallas. Todos los bordes de la red están rodeados de plomos que sirven para hundirla. Un pedazo de cordel largo se asegura en el centro de la red. Este cordel se sostiene con la mano izquierda, y la red se recoge con la mano derecha. Después se arroja al mar efectuando un vuelo ancho con el brazo. Habitualmente se realiza esta operación sobre aguas poco profundas que se encuentran cerca de la ribera, pero también se puede hacer donde se observe que hay una mancha de peces. El centro de la red posteriormente es agarrado por el cordel, y llegados a este punto ya puede el pescador entrar en el agua para recoger la pesca.
Red barredera, o dragadora. Jesús usó esta clase de pesca o base para una de sus parábolas. “ Asimismo el reino de los cielos es semejante a la red, que echada en la mar, recoge toda clase de peces; la cual estando llena, la sacaron a la orilla; y sentados, recogieron lo bueno en cestas, y lo malo echaron fuera" (Mt. 13. 47, 48). La red es grande. Algunas veces puede llegar a medir unos cien metros de largo y unos dos y medio de ancho. Los cordeles se situan en los extremos de la red. Se le ponen corchos a lo largo de uno de los lados para mantenerla flotando mientras que el otro lado tiene pedazos de plomo con objeto de hundirla. Algunas veces la red la echaban entre dos barcos, tirando de ella desde los dos lados. Los barcas se tenían que situar de tal manera que tenían que encerrar un espacio circular. De esta forma, cuando los barcos se acercan entre sí, se va haciendo cada vez más pequeño el circulo, y los peces quedan dentro. Los peces son cercados como en un saco, y luego metidos en los barcos. Algunas veces se coloca la red de tal manera que puede sacarse desde tierra. Entonces, uno de los extremos los lleva una de las barcas mar adentro, tan lejos como es posible. Luego vuelve con el extremo de red trayéndolo en derredor y con un giro hacia el lugar en que comenzó. En ese momento los hombres usan el mismo método de tirar de las redes y traer el pescado a tierra.
De nuevo las dos barcas extienden la red entre ellos a cierta distancia de la playa, forzando a los peces a entrar a ella. No debe haber obstrucciones rocosas para que este proceso llegue a buen resultado. Esta manera de pescar ilustra el valor del esfuerzo cooperativo. Varios hombres trabajan juntos. Algunos remando, otros tirando de las cuerdas con gran fuerza, y otros arrojando piedras, o simmplemente tratando de asustar a los peces para que no se salgan. Cuando se acercan a la playa sujetan los bordes de la red y la sacan a tierra. Ya solo queda recoger los peces. Después de haber recolectado el pescado se divide en los distintos tipos de peces, como hemos leído que se indica en la parábola de Jesús. Los que no sirven los echan fuera.

sábado, 14 de abril de 2012

Pescando en el mar de Galilea. La caña y el arpón

En las próximas entradas hablaremos de la pesca en el mar de Galilea. En concreto de los distintos sistemas de pescar que se utilizaban en aquel momento. En Palestina los principales lugares para la pesca estaban en Gaza, a lo largo de la costa del Mediterráneo, y en el Mar de Galilea. Los israelitas en el desierto decían: "Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto" (Num. 11, 5). Nos interesa más la pesca, en concreto en Galilea, por causa de los sucesos del Evangelio conectados con Jesús y sus discípulos, algunos de los cuales eran pescadores. Los judíos acometieron un gran negocio de pescadería en las aguas del Mar de Galilea en la época del Señor. Vamos a hablar de los sistemas de pesca más habituales.
En primer lugar nos referiremos a pesca con caña. No se piensa que los discípulos en Galilea utilizaran este método para pescar habitualmente. Cuando salían buscanban cantidades más grandes que las que se pueden conseguir con cañas. Que este sistema era usado en ocasiones, podemos afirmarlo por el relato del pez que Pedro extrajo de las aguas y en cuya boca encontró moneda para pagar el tributo (Mt. 17, 27). Isaías se refirió a este sistema de pesca relaccionándolo con la pesca en los ríos, cuando escribió: "Los pescadores también se entristecerán; y harán duelo todos los que echan anzuelo en el río"  (Is. 19, 8). También el profeta Amós se refiere a esta clase de pesca cuando escribe: "He aquí, vienen días sobre vosotros que os llevará en anzuelos, y a vuestros descendientes en barquillos de pescador" (Amós 4, 2). La excavación practicada en las trincheras de Gezer sacó un anzuelo viejo, probando con ello el uso antiguo del método de pescar con caña.
Brevemente diremos algo del sistema de pesca llamada "arponeo del pescado". El libro de Job hace referencia a este método de pescar: “¿Cortarás con tu cuchillo su cuero, o con asta de pescadores su cabeza?"  (Job 11, 7). Asimismo, que este método se utilizó en Egipto se puede probar gracias a las inscripciones que retratan a los egipcios usando arpones.
Evidentemente son métodos de pesca que conocerían los discípulos. Siendo pescadores los habrían empleado en alguna ocasión. Aunque para la pesca profesional utilizaban otros sistemas, a los que nos referiremos en posteriores entradas.

sábado, 7 de abril de 2012

Luz de la casa

"En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron. Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz.
La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo
" (Jn. 1, 1-9).
También quería citar al comienzo de esta entrada otro texto del Evangelio de san Juan. Son también palabras del Señor acerca de la luz, en las que dice: "El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios" (Jn. 3, 18-21).
Jesucristo es la luz del mundo. Con su Resurrección ilumina al mundo y a cada hombre con la esperanza de la futura resurrección. El sentido de la luz está muy presente en la vigilia Pascual. Me parecía interesante, por eso,  hablar hoy del significado y la importancia que tenía la luz en una casa Palestina. La lámpara era considerada como un lujo necesario entre los aldeanos. Cuando el sol se ponía, la puerta de la casa se cerraba, y entonces se encendía la lámpara. El dormir sin luz es considerado entre los aldeanos como un signo de extrema pobreza. En la Biblia son sinónimos los términos lámpara, luz y vida. Un viajero retrasado siempre buscaba ver una luz en alguna casa. Si la encontraba estaba salvado, pues entonces sabía que ahí había vida. De ahí se entiende la frase oriental para condenar. El desear que la luz de un hombre se apague sería como desearle una maldición terrible. De hecho, respecto al hombre malvado, en el libro de Job, se dice: "La luz se oscurecerá en su tienda, y apagarase sobre él su lámpara" (Job 18:6). A la vez, el salmista se considera bendito del Señor, cuando se decía a sí mismo en relación con Dios: ”Tú pues alumbrarás mi lámpara" (Sal. 18:28). Esto es lo que significaba para los orientales. Ellos apreciaban el valor aun de una sencilla lámpara de barro en lo oscuro de la noche o en la oscuridad de la casa. Por eso Jesús dijo:"Así alumbre vuestra luz debute de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos" (Mat.5:16).
También podemos recordar la referencia del profeta Isaias al pabilo que humea. La profecía de Isaías referente al Mesías fue que "ni apagará el pabilo humeante" (Isa. 42:3). Se han podido ver y examinar antiguas lámparas de arcilla en uso. La mecha se hacía de hebras torcidas de lino que luego se ponían en el depósito de aceite de oliva de la lámpara. Cuando el aceite estaba por terminarse, producía un humo molesto. Esto era indicación para llenar de nuevo el depósito de aceite. El apagar la luz era a veces intencional. Si la mecha estaba muy gastada, la señora de la casa la apagaba, y entonces la reponía con otra."La caña cascada no quebrará, Y el pábilo que humea no apagará, Hasta que saque a victoria el juicio" (Mt 12:20).

sábado, 31 de marzo de 2012

Recorrido de la Pasión del Señor



A falta de pocos días para revivir la Pasión del Señor contaré el recorrido que hizo en Jerusalén el Viernes Santo. En esta foto aérea se pueden apreciar los lugares donde estuvo el Señor. Al fondo, en el número 1, el huerto de Gesemaní. Allí, al pie del monte de los olivos, fue a rezar antes de ser apresado. El Señor vería cómo bajaban con las antorchas por la puerta de las ovejas. "Entonces Judas, al frente de un destacamento de soldados y de los guardias designados por los sumos sacerdotes y los fariseos, llegó allí con faroles, antorchas y armas" (Jn. 18,3). Desde el huerto de los olivos se puede ver esa calle. Bajaron desde un lugar elevado. Jesús vería las luces inmediatamente. En un primer momento se le encogería el corazón pensando que llegaba su hora, pero después le vendría el pensamiento de que también ya pronto nos iba a librar de los pecados y nos abriría las puertas del cielo."El destacamento de soldados, con el tribuno y los guardias judíos, se apoderaron de Jesús y lo ataron" (Jn. 18-12).
Desde Getsemaní lo llevan atado hasta la casa de Anás, suegro del Sumo Sacerdote para interrogarle. "Lo llevaron primero ante Anás, porque era suegro de Caifás, Sumo Sacerdote aquel año" (Jn. 18-13). Para eso fueron por el torrente Cedrón. Era un torrente pues por allí pasaba abundante agua. Ahora es un descampado con algunas tumbas y árboles dispersos. Todavía hoy se puede atravesar el valle del Cedrón a través de un caminito que lo cruza trasversalmente. Por ahí debieron llevar a Jesús en dirección al pináculo del templo. Se puede comprobar al verlo desde Getsemaní que de noche es un lugar muy oscuro. Más lo debía estar en aquella época. Bordeándolo subirían hacia la casa de Anás que estaba en el monte Sión. A buen seguro subirían las escaleras de piedra muy antiguas que llevaban hacía la cima del monte Sion. Después de subirlas, a la izquierda se encontraba la casa de Anás, ahora lugar Santo llamado Galicantum, porque allí estuvo el Señor. Se conservan unas grutas subterraneas -antiguas cárceles- donde la tradición dice que tuvieron encerrado al Señor. Allí también Pedro lloró amargamente al oír el canto del gallo y darse cuenta de que había negado tres veces al Señor.
Posteriormente fue conducido a casa de Caifás, que aparece en el número 3 de la fotografía.  "Los que habían arrestado a Jesús lo condujeron a la casa del Sumo Sacerdote Caifás, donde se habían reunido los escribas y los ancianos" (Mt. 26, 57). La casa del Sumo Sacerdote Caifás se encontraba bajando de nuevo hacía la ciudad de David. No sabemos cuánto tiempo estaría en las casas de Anás y de Caifás. Pero entre las dos debió pasar toda la noche, pues el Evangelio dice que cuando llevaron al Señor de casa de Caifás al Pretorio de Pilatos era ya de madrugada. "Desde la casa de Caifás llevaron a Jesús al pretorio. Era de madrugada" (Jn. 18, 28).
En el pretorio, lugar que se encuentra lo que hoy es el comienzo de la Via Dolorosa, estaba la torre Antonia, y allí se realizó el juicio inicuo al Señor. Cerca de ese sitio, en un patio, fue flagelado y coronado de espinas, y poco después, en el Pretorio, fue condenado a muerte. "Pilato mandó entonces azotar a Jesús. Los soldados tejieron una corona de espinas y se la pusieron sobre la cabeza. Lo revistieron con un manto de color púrpura, y acercándose, le decían: "¡Salud, rey de los judíos!", y lo abofeteaban" (Jn. 19, 1-3). Empieza la "Vía dolorosa" del Señor. Al subir por esas calles empinadas de Jerusalén es fácil imaginar a Jesús -ya casi desangrado y doblado por el peso de la Cruz- cargando con el madero por las empinadas calles de Jerusalén hasta el Calvario. Como se ve en la fotografía, el Calvario ahora se encuentra dentro de las murallas construidas por los cruzados. En aquella época la roca del Calvario estaba fuera de las murallas que rodeaban la ciudad. Muy cerca en una baguada, que era como una cantera, había tumbas escavadas en la roca. Nicodemo y José de Arimatea embalsamaron el cuerpo del Señor y lo colocaron en el Sepulcro. "En el lugar donde lo crucificaron había una huerta y en ella, una tumba nueva, en la que todavía nadie había sido sepultado. Como era para los judíos el día de la Preparación y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús" (Jn. 19, 41-42).





sábado, 24 de marzo de 2012

Prisión de Jesús


A pocos días de la conmemoración de la Pasión del Señor, quería mostrar un lugar que se venera por los griegos ortodoxos como aquel donde paso nuestro Señor encerrado la noche del jueves al viernes Santo. Está en la Via Dolorosa, cerca del lugar franciscano de la flajelación. Saliendo a la via dolorosa desde la flagelación hay un arco. Sobrepasándolo se puede ver la Iglesia del Ecce Homo, con restos de la antigua Puerta de Adriano. Esto correspondería a la Segunda Estación del Vía Crucis. Se trata de una prisión de los tiempos de Jesús, que ha sido convertida en una misteriosa y oscura Iglesia Ortodoxa Al entrar en ella, en la parte de abajo, se puede caminar entre húmedas y tétricas grutas, cerradas con enrejados. Si al entrar se gira a la izquierda, en vez de bajar, hay una entrada a otro tipo de cuevas excavadas en la roca, pero unidas entre sí por un pequeño pasadizo. Hay que agachar la cabeza y, al seguir la luz de las velas, se puede acceder a una pequeña dependencia con una capilla repleta de iconos. Hay uno principal -que se muestra en la fotografía- en el que se ve a Jesús atado de manos y con los pies metidos en una roca de piedra con dos agujeros. Delante está situado el bloque de roca que tiene dos agujeros en los que a los presos se les hacía meter las piernas para luego ponerles cadenas en los pies.
Los ortodoxos aseguran que ese fue el lugar exacto en que estuvo encarcelado Jesús. También dicen de otro habitáculo más grande en la misma zona, que era el que correspondía al lugar donde estuvo encerrado el ladrón Barrabás. Dentro se respira un fuerte olor a incienso, y esto junto con la luz tenue del lugar hacen que se facilite mucho el recogimiento y la oración.
Es una pena pues mucha gente pasa de largo porque no se puede ver con facilidad el lugar. A mí lo que más me impresionó fue la roca donde el Señor quedó aprisionado toda aquella noche. Esa roca es un buen símbolo del daño que hacen al Señor los corazones duros -como rocas- que no quieren corresponder a su inmenso amor.




sábado, 17 de marzo de 2012

La pascua judía y la Última Cena: institución de la Eucaristía

La Última Cena, fue la celebración de la pascua judía, un "séder", una solemne comida sacrificial llevada a cabo de acuerdo con los antiguos ritos judíos por nuestro Señor y sus apóstoles. Aquí queremos reconstruir los acontecimientos de esa solemne comida, según se narra en el Evangelio y de la que los eruditos nos dicen de la pascua en el tiempo de Cristo. Realmente la Última Cena fue la "última", en parte porque fue la celebración final de los ritos pascuales de la nueva ley, la Pascua Cristiana. La última Cena es el momento decisivo cuando los símbolos y profecías de antaño del Antiguo Testamento son reemplazados para siempre por los hechos y cumplimiento del Nuevo Testamento. Los evangelistas omitieron a la hora de narrar esa Cena muchos detalles que daban como conocidos por sus lectores judíos. ¿Por qué nuestro Señor toma el cáliz dos veces en la narración de San Lucas en la Última Cena? (Lc. 22: 17-20). Por qué San Pablo habla de la "Copa de bendición" (1Cor 10,16). Por qué se dijo un salmo antes de que los Apóstoles dejaran el Cenáculo? (Mt. 26: 30). Estas y otras frases cobran nuevo significado a la luz de los antecedentes judaicos. La Cena Pascual también nos ayudará a entender y a profundizar en las ceremonias litúrgicas de la Semana Santa y la Pascua, empapadas como están de figuras y alusiones al Antiguo Testamento. "Esta es la solemnidad pascual en la cual el verdadero Cordero, fue sacrificado..." "Oh noche bendita que desposeyó a los egipcios y enriqueció a los hebreos...". Al mismo tiempo comprendiendo más claramente el contexto en el cual Cristo escogió instituir la Santa Eucaristía, se enriquecerá nuestra participación en la Misa.
La Comida Pascual es una especie de preparación de la Misa que enfoca nuestra atención en el corazón del misterio pascual, el Cordero que fue sacrificado y nos redimió de la esclavitud con su sangre. Y así nos prepara para entrar más de lleno en cada Misa, porque la Vigilia Pascual no fue únicamente el fin del viejo rito, sino el principio del nuevo. San Atanasio dice: "Cuando nos reunimos y comemos la carne de nuestro Señor y bebemos su sangre, celebramos la Pascua". La ceremonia de la Cena Pascual nos permite representar los eventos de la vigilia pascual como un drama-oración, para prepararnos para la verdadera representación de la vigilia pascual en la Santa Misa. Pero, ¿por qué Cristo usó la Cena Pascual para instituir la Eucaristía? Es importante que pensemos que esto representa la elección deliberada y completamente considerada de Cristo. Él envía a sus discípulos a preparar el Cenáculo. Él se preocupa acerca del tiempo y el lugar exacto y arregla todo cuidadosamente de antemano, diciéndole: ardientemente deseaba comer esta Pascua con vosotros antes de padecer; porque os digo que no la comeremos hasta que sea cumplida en el Reino de Dios (Lc. 22: 15-16).
La historia del Éxodo de Egipto que la Iglesia lee en preparación a los misterios pascuales, es la más grande parábola de nuestra Redención en el Antiguo Testamento. Cada detalle es significativo. Y, dentro de todos los acontecimientos de la Antigua Ley, el más significativo de todos es la sangre del cordero sacrificado salpicada en las puertas de los hijos de Israel para que el ángel vengador, que vino a matar al primogénito en toda casa de Egipto, "pasa de largo" las casas de los hebreos. La sangre del cordero profetiza el verdadero cordero cuya sangre liberó al mundo de la esclavitud del pecado. Dios ordenó que esta primera Pascua fuera conmemorada solemnemente en una festividad anual; la gente debía sacrificar un cordero y participar de su comida con pan ázimo y lechuga silvestre (un recuerdo de la huida apresurada de Egipto, cuando no hubo tiempo de llevar consigo pan con levadura), en agradecimiento por la libertad que fue un regalo de Dios. La fiesta de la Pascua anual llegó a ser un acontecimiento de primera importancia en la religión de Israel. Gradualmente el ritual llegó a ser más elaborado; gradualmente también la Pascua llegó a ser no únicamente una memoria del agradecimiento a Dios por la bondad de Israel en el pasado, sino como una profecía del futuro; justamente como Dios había una vez conducido al pueblo escogido, lejos de la esclavitud, para que un día los guiara al nuevo éxodo, a la era futura del Mesías.
En el tiempo de nuestro Señor, la comida pascual ya no se comía de pie y apresuradamente, sino reclinados alrededor de la mesa de fiesta. En gran contraste a esa noche de huida, 1,500 años antes, la atmósfera era de amor y alegría espiritual. Pero el corazón verdadero de la celebración permanecía el mismo a través de los siglos: sacrificio y banquete sacrificial, celebrado en acción de gracias. Ahora podemos empezar a ver por qué Cristo escogió este momento para su sacrificio. Esta fiesta familiar del pueblo escogido, celebrada por el pueblo como un todo y con un corazón, existía para que pudiera ser transformada en la gran fiesta de la comunidad cristiana, demostrando caridad, uniendo más íntimamente en un solo cuerpo aquellos alimentados por el único Pan divino. La primera pascua fue conmemorada en una Comida Pascual; la segunda Pascua, el sacrificio de Cristo, nuestra Pascua, fue realizada en la Santa Misa, la Comida Pascual del Nuevo Testamento. En el marco de la Pascua el significado del sacrificio se aclara: "Este es mi cuerpo que es entregado por vosotros" (Lc 22,19) para que vosotros podáis "pasar de largo" de la muerte en el pecado a la vida de Dios. En este contexto se aclara también que el nuevo sacrificio tendrá también su banquete sacrificial: "En verdad os digo que, si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre no tendréis vida en vosotros". (Jn 6,54). En la última Cena, Cristo con toda humildad y reverencia guardó la Pascua con sus discípulos, observando en detalle su ritual. Pero cuando la Cena iba a concluir, Él reemplazó el antiguo rito con el nuevo. Él tomó el pan, lo bendijo y partió y lo que les dio a sus discípulos ya no era simplemente el pan sin levadura de la Pascua. Él tomó el cáliz lo bendijo y lo que les dio ya no era únicamente el ofrecimiento de la Pascua, sino él misterio del Nuevo Pacto que se acababa de establecer. El momento supremo, anticipado en la conmemoración de la Pascua a través de los siglos, había llegado. La redención del hombre iba a realizarse.
Se sostiene generalmente que nuestro Señor celebró la Pascua con sus discípulos el jueves en la noche, anticipando en un día la Pascua legal de los discípulos. El Viernes Santo, a la hora precisa en que los corderos pascuales eran sacrificados en el Templo, símbolo elocuente del cumplimiento de las profecías el Cordero de Dios consumaba su sacrificio en la Cruz. El Viejo Pacto entre Dios y el pueblo escogido había sido sellado por la sangre de muchas víctimas. El Nuevo Pacto estaba ahora sellado por la sangre de la única víctima perfecta. El cordero figurado era reemplazado por le Cordero verdadero. El sacrificio ahora había sido hecho perfecto. Este mismo sacrificio profetizado en la Pascua judía, cumplido en el Calvario, es renovado en cada Misa. Tan a menudo como nosotros los cristianos, el pueblo escogido del Nuevo Testamento, comamos el pan y bebamos el vino, celebramos el misterio pascual. Como dice San Juan Crisóstomo, en cada Misa "es Cristo, quien aquí y ahora celebra la Pascua con sus discípulos. Y la mesa del altar es nada menos que la mesa de la Última Cena". Esta representación de la Comida Pascual es, entonces una preparación para el misterio pascual, como es renovada en cada Misa, y más especialmente como es celebrado el Jueves Santo y durante toda la Semana Santa...ahora que las ceremonias litúrgicas del Jueves Santo, Viernes Santo y Sábado Santo han sido restauradas a las horas de la noche, la dramatización puede hacerse apropiadamente a cualquier hora antes de la Misa del Jueves , y quizá mejor la noche del Miércoles Santo.
"Celebración de la Cena Pascual", de Mons. Mario De Gasperín