sábado, 11 de mayo de 2013

Jerusalén: Polis, más que diálogo II


Además de trabajar juntos, la dedicación a los idiomas aporta un elemento esencial para cualquier diálogo. Una anécdota puede ilustrar la importancia de las lenguas en esta tierra. José Manuel, un gallego que trabaja en Polis, comentó a la empleada del banco –hebrea- que habían empezado cursos de árabe, a lo que ella replicó: “Quizá me vendría bien, pues ahora cuando escucho hablar árabe siento miedo”. 

La división de las lenguas es una dificultad evidente. Por eso fue muy animante lo que ocurrió con los alumnos al final del primer curso intensivo de árabe en julio de 2011. Los profesores los llevaron, para practicar, a la puerta de Damasco de la Ciudad Antigua, donde se instala un mercado árabe cada día. Israelíes y extranjeros chapurreaban el árabe que acababan de aprender con los vendedores de los puestos y éstos les seguían la corriente en un clima de diversión. En ese ambiente distendido, todos disfrutaron y terminaron encantados de la experiencia. No hay duda de que la lengua, vehículo de diálogo y de cultura, está en la base del entendimiento entre los pueblos. Naturalmente, para esto hace falta un aprendizaje bien estructurado y con métodos actuales, y en Polis se aplican tanto a las lenguas modernas como a las antiguas. Incluso con éstas, se habla desde el inicio únicamente la lengua que se aprende. Los resultados son sorprendentes. Por ejemplo, hay alumnos de los niveles avanzados que hablan entre ellos en griego koiné como si vivieran en el siglo I, pues no tienen otro idioma común.

Lanzar una iniciativa así, no es tarea fácil y no resultaría posible sin la generosa colaboración de quienes ven con proyección el impacto sociológico y cultural que puede llevar a cabo este instituto. Uno de los benefactores que apoya el proyecto es un profesional jubilado que tenía como afición el estudio del griego y de los clásicos. Le contaron de esta iniciativa, que aspira a tener estudios de grado e investigación, y se interesó mucho. En un viaje a Jerusalén quiso asistir a clases de griego, que ya conocía bastante bien. Después de hora y media de clase del primer nivel, estaba tan entusiasmado viendo a los alumnos hablar en griego que al enterarse que comenzaba otra clase de hora y media del segundo nivel, quiso asistir también a ésta. Su ayuda ha permitido preparar una nueva sede y otorgar algunas becas para el Master bianual en Filología Antigua que comenzará el próximo mes de septiembre.

En estos momentos el instituto cuenta con alrededor 140 alumnos, repartidos entre griego, hebreo bíblico, hebreo moderno, español –en colaboración con el Instituto Cervantes de Tel Aviv-, árabe dialectal y árabe literario. En el mes de julio se repetirán los cursos intensivos de árabe y hebreo, a los que se añadirá uno de siriaco clásico, también hablado.

Un objetivo común, trabajo en equipo sobre la base del respeto mutuo, y enseñanza de árabe para hebreos y hebreo para los árabes, constituyen la receta singular de este Instituto para construir una paz duradera en este mosaico de culturas, razas y religiones que es Jerusalén. 

José Enrique de Castro Manglano

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