domingo, 2 de noviembre de 2008

Nadie nos ha contratado

Me asombré el otro día al comprobar cómo una parábola que cuenta el Señor en el Evangelio seguía viva en Tierra Santa. Se trata de aquella en la que Jesús dice que “el Reino de los Cielos es como un hombre, dueño de una propiedad que salió al amanecer a contratar obreros para su viña. Después de haber convenido un denario al día, los envió a su viña. Salió también hacia la hora de tercia y vio a otros que estaban en la plaza parados, y les dijo: Id también vosotros a mi viña y os daré lo que sea justo. Ellos marcharon. De nuevo salió hacia la hora de sexta y de nona e hizo lo mismo. Hacia la hora undécima volvió a salir y todavía encontró a otros parados, y les dijo: ¿Cómo es que estáis aquí todo el día ociosos? Le contestaron: Porque nadie nos ha contratado. Les dijo: Id también vosotros a mi viña”. (Lc, 20,1-7). Cual fue mi sorpresa al darme cuenta que en Jerusalén sigue habiendo trabajadores esperando en un lugar muy concreto para que vaya alguien a contratarlos. Están en un cruce que se encuentra cerca de la ciudad antigua, entre la puerta Nueva y la puerta de Damasco. Al pasar en coche por la mañana temprano siempre veía algunos árabes sentados en la acera, o de pie en grupos, que al paso de los vehículos les hacían señas ofreciéndose para algo. No sabía de qué se trataba hasta que me lo explicaron.
Organizamos el curso pasado un campeonato de futbito que sería un día por la tarde. Conseguimos que nos dejaran unas instalaciones pero solo había unas porterías y dos campos. En otro lugar nos ofrecieron unas porterías pero estaba la dificultad del traslado al lugar de las instalaciones. Entonces surgió la brillante idea de acudir a los trabajadores que están esperando que les contraten. Fuimos al lugar y allí estaban. Mucha gente en Jerusalén cuanto tiene necesidad de contratar rápidamente a alguien se dirige a esa calle. Hay trabajadores manuales, electricistas, camioneros, y algunos tienen sus vehículos para transportar lo que haga falta. Eso era justo lo que necesitábamos. Vimos qué tipo de vehículo nos interesaba y convinimos el precio por trasladar las porterías de un lugar a otro. Fue de gran utilidad.
Me gustó comprobar cómo la parábola sigue viva. Ahí están los trabajadores esperando que se les contrate. Por supuesto también esta enseñanza del Señor está viva en el sentido de que Él hoy sigue llamando gente, personas que todavía no han descubierto la belleza de la fe, o que tienen una vocación específica pero aun no la han visto. Recemos y hablemos de Dios para que mucha gente se convierta y se entregue a Él, para que llegue a todo el mundo el anuncio de Cristo y ninguna persona pueda decir: “Nadie me ha contratado”.

1 comentario:

Jose Manuel dijo...

Impresiona ver cómo en Tierra Santa se puede convivir todavía con tantas costumbres de la época de Nuestro Señor.
Muchas gracias por estar ahí para contárnoslo.
Encomiendo su labor pastoral.

José Manuel